18-09-2026, 07:25 AM
(Última modificación: 18-09-2026, 07:35 AM por Hyákinthos.)
Vestimenta
Adiós, Skypea.
La isla que se alza en lo alto del cielo, para el día de mañana no sería más que un recuerdo borroso en la mente del médico de los Valar.
Entonces… ¿Qué quedaba ahora si no era el disfrutar de las últimas horas que pasaría en aquel lugar?
La invitación de Maki le cayó como anillo al dedo, pues justo esa tarde no podría pasar el rato con el amigo que había hecho en Skypea, así que, antes de que su calva capitana llegara a él, había pensado en pasar la tarde descansando, preparando las provisiones para el viaje del día siguiente o explorando los alrededores para conseguir aquellos hongos tóxicos que recordaba haber visto cuando llegó por primera vez a la isla…Qué rápido pasaba el tiempo.
—Maki, querida, te he repetido mil y un veces que mi único amor es el océano…y puede que también los berries, así que desiste de tus intentos por encontrarme una pareja que eso puede ser una muy mala idea —. Habló mientras regaba perfume de menta por su cuerpo, tanto como para que el aroma quedara bien compenetrado tanto en su ropa como en su cabello y piel. —Pero dejando eso de lado, acepto tu invitación…pero solo porque es mejor que ser el único que pasaría su tarde trabajando. Las provisiones serán problemas para el yo del futuro.
Con eso dicho, el médico se fue hasta la habitación de la residencia que el emperador “Zukaritas” les habría ofrecido y se arregló hasta ser digno de pisar cualquier lugar en el que hubiera una fiesta.
Menos mal que Maki lo había guiado por todo el camino, porque de otro modo se habría perdido entre los recovecos de Shandora, pues, la distancia desde la residencia hasta el sitio de la fiesta fue bastante considerable, lo suficiente para que las suelas de sus botas negras se notaran llenas de polvo por todo lo que habían caminado; sin embargo, debía admitir que la caminata había valido la pena.
Desde la larga mesa rebosante de todo tipo de manjares hasta la vista de las nubes que rodeaban los alrededores, dotando al ambiente de una visión blanca que parecía tan pacífica que era difícil creer que, según lo que entendió de Maki cuando le habló en el camino, las personas que los acompañaban también eran piratas.
Se quedó quieto, observando el sitio sin decir ninguna palabra y sin acercarse demasiado a nadie, de hecho, era como si estuviera en el borde de la fiesta y del camino de regreso a su residencia, no porque no quisiera participar, sino porque, antes que nada, leía el ambiente, analizaba a los que estaban ya ahí, disfrutando, comiendo y bebiendo, además, de ese modo podría identificar si conocía a alguien además de a Maki.
Achinó sus ojos cuando vio a dos minks… ¿Por qué tenían algo familiar? No es como que todos los minks se parecieran, pero esos dos en específico tenían algo que lo hacían recordar memorias borrosas de un pasado no tan lejano. Quiso acercarse a ellos, pero en ese momento, la voz de Maki lo hizo perder el hilo de sus pensamientos al sacarlo abruptamente de su concentración.
—¿Aceitunas?, ¿aceites?, ¿belleza?... ¿Qué? —Su frágil mente intentó unir las palabras a las que en verdad le prestó atención, para sacar una conclusión propia de la necesidad de la chica porque se llevara aceitunas de la fiesta. —Ah…supongo que podemos conseguir aceitunas antes de irnos, así podría…
Ni siquiera terminó de hablar cuando la chica se apartó de su lado para acercarse a una mujer con bella piel de bronce. El médico suspiró y rodó los ojos… ¿Cómo se atrevía a dejarlo solo cuando ella lo había invitado a la fiesta? Y peor aún, no le había presentado a nadie, aunque…
Volvió a repasar sus mirada por encima y, por fin, una cara conocida, una con la que no tenía que forzar su memoria para recordar su nombre, apareció en la vista de esa extendida mesa.
—¿Eh? ¡COCINERO! —Se acercó al hombre, casi de un salto que lo situó justo al lado del mencionado, para luego pasar un brazo justo sobre sus hombros, lo que hizo que, inevitablemente, el pelinegro del mechón blanco se acercara al pelirrosa, quien debía desprender un intenso aroma a menta. —No te veía desde que llegamos a este lugar ¡Que buena pelea diste en el coliseo! Deberías entrenar algún día ¿No crees? Seguro que podré darte un golpe o dos…pero no me trates tan mal como a tu oponente que… ¿Quién era? ¡Meh! No importa…solo no me trates así de mal, que podrías romperme una uña y eso sería una tragedia —. Bromeó con su viejo conocido antes de soltarlo y tomar una copa de vino de la extensa mesa para después fijarse en que, por desgracia para el cocinero y el mink, parecía haber interrumpido una conversación.
—¡Ah! Perdonen, soy un poco distraído, no sabía que estaban en una conversación privada, es que mi capitana, que fue quien me trajo aquí, se fue a bailarle a la chica alada y solo salté para acaparar a quien me resultara familiar —. ¿Era demasiado sincero? Sí, pero en verdad no tenía problema con ello. —Por cierto…
Volvió a achinar sus ojos en cuanto miró mejor al mink ¡Cierto! Cuando llegó creyó reconocer cierta familiaridad en los dos minks que ya estaban en la fiesta y justamente este era uno, pero…no, no podía decir de dónde lo conocía… ¿Sería un viejo cliente? ¿Un colega? O quizá… ¿Solo había leído su nombre en el periódico?
—Jmmmm… ¿Usted y yo nos conocemos? —Preguntó al fin mientras se acercaba al viejo mink burro para analizarlo más de cerca como quien estudia un cuadro en un museo. —Algo en mi mente me dice que si, pero no puedo recordar de donde, me pasa lo mismo con…
Un estruendo interrumpió su interrogatorio.
Algo caía de la mesa provocando que algunos platos tintinearan y que objetos más sólidos generaran un sonido seco al caer al suelo.
Giró su cabeza y… ¡Hablando del Diablo!
—… ¡Con él! Me pasa lo mismo con él —. Señaló al mink responsable de haber tirado al suelo lo que el médico reconoció como duraznos luego de haber echado un vistazo. —Yo quiero uno, Peluche —. Le colocó un sobrenombre que parecía al azar, pero no lo era, pues había escuchado a Merlot llamar “Peluche” al mink del poster de “Su busca” que tenía pegado en su habitación. —¿Y sabes? Le decía a tu compatriota mink que creo que los conozco a ambos de algún lugar —. Mientras hablaba se inclinó para recoger unos cuantos duraznos del suelo, un gesto que compartió con la mujer de bronce a la que su capitana le había estado bailando antes.
—A usted no la conozco —. Comentó al ponerse de pie para ayudar a la mujer alada a acomodar sobre la mesa los duraznos que el mink había tirado al suelo. —Soy Hyákinthos, un simple médico —. Eso era una verdad a medias. —Y puede decirme Hyak o Cherry…por el color de mi cabello, vine a acompañar a mi capitana, la misma que le estaba bailando minutos antes…No sabía que tenía una amiga tan…interesante —. Lo decía en serio, muy en serio…era primera vez que conocía a un birkiniano, no porque no hubiera tenido la oportunidad en Skypea, si no porque estuvo ocupado en otras cosas durante su estancia en la isla.
—Oye, Maki —. Se movió para atraer a su capitana consigo, la tomó del brazo, como solían hacer cuando caminaban juntos por la calle. —¿Por qué no me presentas formalmente a tu amiga? —Bebió un trago más de su copa antes de que su atención se posara sobre alguien más en la fiesta, un lunarian que se acercó hablando sobre algo de un “locho” y con la mención de aquella frase, el médico inclinó su cabeza hacia un lado, como si algo en su cerebro se hubiera acomodado de repente.
Locho…Morocho…¡OCHO! ¡Equipo ocho!
Los minks y el lunarian eran aquellos con quienes compartió plataforma, de manera obligada, durante aquellos juegos a los que asistió, de nuevo, por obligación.
—¡Ah! ¡Son ustedes! Los del equipo para los juegos —. Se dio una palmada en la cabeza, al menos ahora podía ponerles un rostro, aunque seguro que, cuando saliera de la fiesta, olvidaría de nuevo sus caras. —¿A ti no te vi después de eso, moreno? —Le habló directamente al lunarian. —Me parece que si…me recuerdas algo sobre una consulta médica o algo así, aunque bien puedo estarme equivocando —. Se soltó de Maki para mirar al lunarian de arriba abajo solo para intentar reconocer con quien hablaba…porque a él si que parecía haberlo visto en más de una ocasión.
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