21-09-2026, 01:47 AM
La música siempre me ha transmitido calidez en el corazón, conocer a más personas que pertenecieran a mi mundo era un regalo que atesoraría por toda la eternidad, mi lazo junto a Maki esperaba que trascendiera para toda mi vida, y quizás por eso, al dejarme guiar por su melodía sentí como si nuestras propias almas comenzaran a entrelazarse.
Pero los sueños no siempre suelen ser perfectos…
Tan pronto como nos internamos en una vereda solitaria, algunas personas comenzaron a aparecer atraídas por nuestra música, la doncella de la guitarra me había dicho que mantuviera la calma, ¿pero por qué debería tener miedo?
Mi tarareo poco a poco perdió su ritmo cuando algunos hombres comenzaron a interponerse en nuestro camino mientras otros cerraban el paso detrás de nosotras hasta que finalmente nos vimos rodeadas, aquella situación me hizo sentir confundida como en alerta, expectativa a lo que pasaba alrededor, no era como cuando las personas se emocionaban al escuchar una buena melodía y se acercaban curiosas… se sentía diferente, muy diferente.
Sus apariencias eran ciertamente notorias, la mayoría llevaba peinados bastante similares, algunos con atrevidos tupés y otros con el cabello peinado hacia atrás, sus ropas eran sencillas, algunas incluso estaban rasgadas aunque parecían llevar cierta clase de uniformidad que los hacía pertenecer a un mismo grupo, ¿pandilleros?, ¿piratas?, no tenía ni idea.
Aun así, permanecí atenta a cada uno de ellos, eran demasiadas personas y yo no tenía suficiente munición como para encargarme de todos provocándoles heridas que los imposibilitaran para continuar luchando, fue entonces que su líder dictó la orden de “el compás de la muerte” y chasquido tras otros se acoplaron más y más, inmediatamente tomé mi arco en posición defensiva, preparando varias flechas mientras me giraba en dirección contraria, por donde habíamos venido, lista para protegernos desde aquel lado y dejando que Maki estuviera cubriendo el del frente.
Quien parecía ser la voz del grupo comenzó a hablar preguntando por nuestra presencia en un tono extrañamente afectuoso, después incluso preguntó si queríamos pasar un buen rato con ellos, llegando a mencionar a varios de sus compañeros por sus nombres, ¿entonces no eran personas malas?, ¿solo querían conocernos o algo así? permanecí en silencio, reflexionando sobre aquellas palabras, sin embargo antes de bajar la guardia, Maki determinó nuestra posición ante aquella propuesta, y me tomó completamente por sorpresa lo último que dijo… “Que más da un asesinato… que mil” — ¿Qué?....
Con discordia en mi expresión, me giré levemente hacia ella, cuestionando aquellas palabras que pensé quizás había escuchado mal… ¿asesinar?, pero no recibí ninguna respuesta puesto en cuestión de segundos, aquella mujer de múltiples cicatrices se abalanzó contra los pandilleros que se encontraban en la trayectoria de su espada, cortando todo a su paso y barriendo sin piedad a quienes había considerado sus enemigos, y con ninguno tuvo piedad, no se contuvo, no hubo tregua ni oportunidad para un diálogo. Contemplar aquella escena me asombró tanto que, durante el primer abatimiento por parte de ella, lo único que pude hacer fue seguirla a penas con la mirada, observando cómo tomaba al filo de sus espadas la vida de esos hombres.
La sangre salpicó todo a su paso con cada corte, a nuestro alrededor el suelo comenzó a llenarse de aquellos líquidos rojos que formaban pequeños charcos mientras ella exigía indicaciones sobre dónde se encontraba la plaza de la ciudad, ante la impaciencia, volvió a alzarse contra aquellos que aún quedaban en pie, arrebatándoles la vida nuevamente, en mi pecho oprimía el dolor de observar tal masacre.
Era una danza macabra de golpes, cortes y asesinatos tras otros, hasta que sus ojos dorados se encontraron con los míos, en ese efímero momento lo comprendí, aquella pregunta que había rondado mi cabeza desde el principio, aquella duda sobre el origen de sus cicatrices… finalmente encontré la respuesta frente a mis propios ojos, era consecuencia del campo de batalla, de la violencia, de todo aquello que sus manos habían aprendido a hacer para sobrevivir, y quizás también de una crueldad que ella misma había tenido que experimentar en algún momento de su pasado. Mi mirada sobre la suya mostró miedo, miedo absoluto, pero no hacia ella, ni siquiera por lo que acababa de suceder, era el temor de encontrarme frente a una persona que no tenía piedad ni remordimiento de arrebatar la vida de otros.
La vida es sagrada…
Y aunque pequeñas lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, a pesar de aquella escena grabada en mi cabeza, lo recordé… yo también soy una pirata.
Aparté la mirada en cuanto acepté que aquello era real, tomé nuevamente mi arco y mis flechas para disparar contra aquellos que todavía podían ponerse en pie o que había salido ilesos de aquella barrida de espada, clavé mis proyectiles en zonas específicas de sus cuerpos, buscando sacarlos de combate sin acabar con sus vidas, no quería matarlos, solo necesitaba impedir que pudiera continuar moviéndose, cuando todo terminó, procedí a recuperar cada una de mis flechas en silencio.
— Maki, yo… — Guardé las flechas después de limpiarlas de la sangre que las había cubierto, tenía aún el arco sobre mi mano por si aparecían más personas queriendo enfrentarnos— Daré mi vida por ustedes, lo juré el día que me uní… pero… espero que comprendas que, dentro de mi naturaleza, no estoy de acuerdo con acabar con la vida de otros, sea por mi propia mano o por la de alguien más.
Me acerqué nuevamente a ella, aunque todavía había cierta preocupación en mi mirada — ¿Me aceptas así? — Esperaba que pudiera comprender mi forma de ser, yo daría todo de mí por proteger a los míos, mis nakamas, incluso llegaría a matar si algún día fuera absolutamente necesario…
Pero aun entonces, en lo más profundo de mi corazón… siempre existirá la duda para hacerlo.
Pero los sueños no siempre suelen ser perfectos…
Tan pronto como nos internamos en una vereda solitaria, algunas personas comenzaron a aparecer atraídas por nuestra música, la doncella de la guitarra me había dicho que mantuviera la calma, ¿pero por qué debería tener miedo?
Mi tarareo poco a poco perdió su ritmo cuando algunos hombres comenzaron a interponerse en nuestro camino mientras otros cerraban el paso detrás de nosotras hasta que finalmente nos vimos rodeadas, aquella situación me hizo sentir confundida como en alerta, expectativa a lo que pasaba alrededor, no era como cuando las personas se emocionaban al escuchar una buena melodía y se acercaban curiosas… se sentía diferente, muy diferente.
Sus apariencias eran ciertamente notorias, la mayoría llevaba peinados bastante similares, algunos con atrevidos tupés y otros con el cabello peinado hacia atrás, sus ropas eran sencillas, algunas incluso estaban rasgadas aunque parecían llevar cierta clase de uniformidad que los hacía pertenecer a un mismo grupo, ¿pandilleros?, ¿piratas?, no tenía ni idea.
Aun así, permanecí atenta a cada uno de ellos, eran demasiadas personas y yo no tenía suficiente munición como para encargarme de todos provocándoles heridas que los imposibilitaran para continuar luchando, fue entonces que su líder dictó la orden de “el compás de la muerte” y chasquido tras otros se acoplaron más y más, inmediatamente tomé mi arco en posición defensiva, preparando varias flechas mientras me giraba en dirección contraria, por donde habíamos venido, lista para protegernos desde aquel lado y dejando que Maki estuviera cubriendo el del frente.
Quien parecía ser la voz del grupo comenzó a hablar preguntando por nuestra presencia en un tono extrañamente afectuoso, después incluso preguntó si queríamos pasar un buen rato con ellos, llegando a mencionar a varios de sus compañeros por sus nombres, ¿entonces no eran personas malas?, ¿solo querían conocernos o algo así? permanecí en silencio, reflexionando sobre aquellas palabras, sin embargo antes de bajar la guardia, Maki determinó nuestra posición ante aquella propuesta, y me tomó completamente por sorpresa lo último que dijo… “Que más da un asesinato… que mil” — ¿Qué?....
Con discordia en mi expresión, me giré levemente hacia ella, cuestionando aquellas palabras que pensé quizás había escuchado mal… ¿asesinar?, pero no recibí ninguna respuesta puesto en cuestión de segundos, aquella mujer de múltiples cicatrices se abalanzó contra los pandilleros que se encontraban en la trayectoria de su espada, cortando todo a su paso y barriendo sin piedad a quienes había considerado sus enemigos, y con ninguno tuvo piedad, no se contuvo, no hubo tregua ni oportunidad para un diálogo. Contemplar aquella escena me asombró tanto que, durante el primer abatimiento por parte de ella, lo único que pude hacer fue seguirla a penas con la mirada, observando cómo tomaba al filo de sus espadas la vida de esos hombres.
La sangre salpicó todo a su paso con cada corte, a nuestro alrededor el suelo comenzó a llenarse de aquellos líquidos rojos que formaban pequeños charcos mientras ella exigía indicaciones sobre dónde se encontraba la plaza de la ciudad, ante la impaciencia, volvió a alzarse contra aquellos que aún quedaban en pie, arrebatándoles la vida nuevamente, en mi pecho oprimía el dolor de observar tal masacre.
![[Imagen: Chat-GPT-Image-20-sept-2026-12-12-11-p-m.png]](https://i.ibb.co/kVFHm8Md/Chat-GPT-Image-20-sept-2026-12-12-11-p-m.png)
Era una danza macabra de golpes, cortes y asesinatos tras otros, hasta que sus ojos dorados se encontraron con los míos, en ese efímero momento lo comprendí, aquella pregunta que había rondado mi cabeza desde el principio, aquella duda sobre el origen de sus cicatrices… finalmente encontré la respuesta frente a mis propios ojos, era consecuencia del campo de batalla, de la violencia, de todo aquello que sus manos habían aprendido a hacer para sobrevivir, y quizás también de una crueldad que ella misma había tenido que experimentar en algún momento de su pasado. Mi mirada sobre la suya mostró miedo, miedo absoluto, pero no hacia ella, ni siquiera por lo que acababa de suceder, era el temor de encontrarme frente a una persona que no tenía piedad ni remordimiento de arrebatar la vida de otros.
La vida es sagrada…
Y aunque pequeñas lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas, a pesar de aquella escena grabada en mi cabeza, lo recordé… yo también soy una pirata.
Aparté la mirada en cuanto acepté que aquello era real, tomé nuevamente mi arco y mis flechas para disparar contra aquellos que todavía podían ponerse en pie o que había salido ilesos de aquella barrida de espada, clavé mis proyectiles en zonas específicas de sus cuerpos, buscando sacarlos de combate sin acabar con sus vidas, no quería matarlos, solo necesitaba impedir que pudiera continuar moviéndose, cuando todo terminó, procedí a recuperar cada una de mis flechas en silencio.
— Maki, yo… — Guardé las flechas después de limpiarlas de la sangre que las había cubierto, tenía aún el arco sobre mi mano por si aparecían más personas queriendo enfrentarnos— Daré mi vida por ustedes, lo juré el día que me uní… pero… espero que comprendas que, dentro de mi naturaleza, no estoy de acuerdo con acabar con la vida de otros, sea por mi propia mano o por la de alguien más.
Me acerqué nuevamente a ella, aunque todavía había cierta preocupación en mi mirada — ¿Me aceptas así? — Esperaba que pudiera comprender mi forma de ser, yo daría todo de mí por proteger a los míos, mis nakamas, incluso llegaría a matar si algún día fuera absolutamente necesario…
Pero aun entonces, en lo más profundo de mi corazón… siempre existirá la duda para hacerlo.
Amphitrite Toca la Canción
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