21-09-2026, 08:12 AM
No puedo luchar cuando ella me sostiene la mirada de esa manera. Me hizo sonreír, me hizo sentir acompañado y apoyado, cosa que no pasaba hace nunca. Eso es lo que se debe sentir tener compañía. Esa calidez que es agradable como una fogata en medio de una noche fría. No me percaté cuando yo ya estaba acercándome para sentir su cobijo. La tiara le quedaba muy bien. Parece por completo una princesa de la familia de los mares.
Ella tomó más cosas y mi cuerpo me comenzó a pedir comida, porque eso de trabajar toda la noche y todo el día es una falta de respeto. Comenzó a pedir mucho combustible de golpe y sentí como los colores comenzaban a perder intensidad o brillo. Me sentí un poco agotado y quizá se notó en mi semblante, como que las cosas comenzaron a ir un poco más rápido de lo esperado. Claro que pagamos por las joyas, pero por mi cansancio ni pude dar atención a que nos las vendieron caras. Incluso me di el ademán de ser yo quien pagara por los obsequios de la joyería, era como un deseo que viera que podía, me invadió se apoderó de mí, me hizo pagar cuando solté el dinero el espíritu me abandonó y sentí el dolor.
Su mirada picara me atrapó un poco y me distrajo, no pude evitar caer a sus encantos. Estaba molesto, pero conmigo mismo por dejarme engatusar de unas miraditas. Bueno mi gesto lo decía todo, como si estuviera pensando en algo que me molestaba. El hambre me estaba volviendo cada vez menos volátil y lo reconocía.
— La verdad me gustaría un poco algo como un collar, no lo sé. Pero el hambre me puede. Vámonos de aquí y busquemos algo de comer que esté bueno. Antes que el hambre me posea y sea yo quien te muerda. JAJAJA. —
Claro que necesitaba aligerar mi mente, siempre quiero ir liviano y agarré de la mano a Mizuki. Me la llevé, sin dar duda, señalando tiendas donde habían otras cosas para ver. Una parecía tener brújulas especiales, otra mapas, las tiendas de navegación siempre son entretenidas. En una me pare y me probé unos parches para el ojo y me puse para ver que tal me veía.
— Yiarg~ Ahora si parezco un verdadero lobo de mar, experto de todo el mundo. —
Claro que tras ponerme lo sin dar lugar a las dudas me lo quité, no quería tener un parche en el ojo. Aunque decían era una práctica excelente aun cuando tus dos ojos funcionan bien. Pero la idea de perder un ojo me preocupaba un poco. Llegamos donde el olor de la comida me traia flotando. Con mi princesa Gyojin vi un lugar donde tenían carne girando en un eje vertical. Dios Mío, si el olor, ese olor que me alborotó. Mi semblante que se había sostenido recibió un cambio elevado, de alegría. Alterado por imagen sensorial de ese olor lleno de jugos y aderezos que señalaban que esa carne estaba buena.
Un hombre con barba y bigote, cuidados, pero no tanto para notarse, cabello oscuro, peinados hacia atrás, lentes oscuros y redondos. No parece cocinero, la verdad parece alguien que modela en una cocina. Si bien se ve bien presentado es bastante estrambótico como maneja los cuchillos. Debe ser que hay una academia donde enseñan a hacerlos girar entre los dedos. Afilados los cortes hacían caer la carne y el los atrapaba en una tortilla que los enrollaba y ponía aderezos varios.
Nah, tienes que estar bromeando. Traía a las chicas locas. Sobre todo por como dejaba caer la sal sobre la carne. Es sal no chispas de arcoiris. Era impresionante como algo así podía atraer público, pero también era que daban comida muy rápido pues tenía mucha carne cocinando en simultáneo.
— Cómemos aquí. Parece bueno. —
La verdad estaba famélico. Claro pero el hambre no tiene que hacerte perder a tu princesa, busqué una mesita, no tan al centro, pero no tan lejos como para no ver el espectáculo de cortes. Con una sonrisa le abrí el puesto a la princesa y rodeé la mesa para tomar asiento yo. Mi estomago sonó de nuevo, puse mi mano sobre mi abdomen, sí, estaba con bastante hambre. Mi atención dividida, alternaba mirando a Mizuki y a la comida, deseando que en cualquier momento ordenamos y fuéramos los siguientes.
— Mizuki. Que bueno no nos quedamos, creeme que no habría resistido. —
Sonreí, notando que si en ese momento me sentía así, no me imaginaba luego de ceder a la tentación. Puse mis manos en la mesa e inconsciente repiqueteo los dedos sobre esta.
— ¿Pero cuéntame un poco, hay algo que fuera tu favorito? ¿Hablo de la comida, hay alguna que te guste?—
No era el mejor tema hablar de comida frente a quien tiene hambre, pero hacía el esfuerzo por que no hubiese desesperación en mi.
Ella tomó más cosas y mi cuerpo me comenzó a pedir comida, porque eso de trabajar toda la noche y todo el día es una falta de respeto. Comenzó a pedir mucho combustible de golpe y sentí como los colores comenzaban a perder intensidad o brillo. Me sentí un poco agotado y quizá se notó en mi semblante, como que las cosas comenzaron a ir un poco más rápido de lo esperado. Claro que pagamos por las joyas, pero por mi cansancio ni pude dar atención a que nos las vendieron caras. Incluso me di el ademán de ser yo quien pagara por los obsequios de la joyería, era como un deseo que viera que podía, me invadió se apoderó de mí, me hizo pagar cuando solté el dinero el espíritu me abandonó y sentí el dolor.
Su mirada picara me atrapó un poco y me distrajo, no pude evitar caer a sus encantos. Estaba molesto, pero conmigo mismo por dejarme engatusar de unas miraditas. Bueno mi gesto lo decía todo, como si estuviera pensando en algo que me molestaba. El hambre me estaba volviendo cada vez menos volátil y lo reconocía.
— La verdad me gustaría un poco algo como un collar, no lo sé. Pero el hambre me puede. Vámonos de aquí y busquemos algo de comer que esté bueno. Antes que el hambre me posea y sea yo quien te muerda. JAJAJA. —
Claro que necesitaba aligerar mi mente, siempre quiero ir liviano y agarré de la mano a Mizuki. Me la llevé, sin dar duda, señalando tiendas donde habían otras cosas para ver. Una parecía tener brújulas especiales, otra mapas, las tiendas de navegación siempre son entretenidas. En una me pare y me probé unos parches para el ojo y me puse para ver que tal me veía.
— Yiarg~ Ahora si parezco un verdadero lobo de mar, experto de todo el mundo. —
Claro que tras ponerme lo sin dar lugar a las dudas me lo quité, no quería tener un parche en el ojo. Aunque decían era una práctica excelente aun cuando tus dos ojos funcionan bien. Pero la idea de perder un ojo me preocupaba un poco. Llegamos donde el olor de la comida me traia flotando. Con mi princesa Gyojin vi un lugar donde tenían carne girando en un eje vertical. Dios Mío, si el olor, ese olor que me alborotó. Mi semblante que se había sostenido recibió un cambio elevado, de alegría. Alterado por imagen sensorial de ese olor lleno de jugos y aderezos que señalaban que esa carne estaba buena.
Un hombre con barba y bigote, cuidados, pero no tanto para notarse, cabello oscuro, peinados hacia atrás, lentes oscuros y redondos. No parece cocinero, la verdad parece alguien que modela en una cocina. Si bien se ve bien presentado es bastante estrambótico como maneja los cuchillos. Debe ser que hay una academia donde enseñan a hacerlos girar entre los dedos. Afilados los cortes hacían caer la carne y el los atrapaba en una tortilla que los enrollaba y ponía aderezos varios.
Nah, tienes que estar bromeando. Traía a las chicas locas. Sobre todo por como dejaba caer la sal sobre la carne. Es sal no chispas de arcoiris. Era impresionante como algo así podía atraer público, pero también era que daban comida muy rápido pues tenía mucha carne cocinando en simultáneo.
— Cómemos aquí. Parece bueno. —
La verdad estaba famélico. Claro pero el hambre no tiene que hacerte perder a tu princesa, busqué una mesita, no tan al centro, pero no tan lejos como para no ver el espectáculo de cortes. Con una sonrisa le abrí el puesto a la princesa y rodeé la mesa para tomar asiento yo. Mi estomago sonó de nuevo, puse mi mano sobre mi abdomen, sí, estaba con bastante hambre. Mi atención dividida, alternaba mirando a Mizuki y a la comida, deseando que en cualquier momento ordenamos y fuéramos los siguientes.
— Mizuki. Que bueno no nos quedamos, creeme que no habría resistido. —
Sonreí, notando que si en ese momento me sentía así, no me imaginaba luego de ceder a la tentación. Puse mis manos en la mesa e inconsciente repiqueteo los dedos sobre esta.
— ¿Pero cuéntame un poco, hay algo que fuera tu favorito? ¿Hablo de la comida, hay alguna que te guste?—
No era el mejor tema hablar de comida frente a quien tiene hambre, pero hacía el esfuerzo por que no hubiese desesperación en mi.
