20-12-2023, 01:39 AM
(Última modificación: 20-12-2023, 01:40 AM por Erika Storm.)
La noche pasaba. El frío cada vez era más fuerte. Aquella caja fuerte abandonada en la playa no era suficiente para intentar entrar en calor junto a una pequeña tela rota. Pero eso le daba igual a Erika. Se durmió. Quizás la costumbre de dormir en las mismas condiciones donde creció hizo en ella que fuera algo normal y común. A pesar de estar en una zona completamente peligrosa, la noche pasó rápidamente, sin ningún problema, nadie fue allí de madrugada, por lo que estuvo a salvo durmiendo. Con los primeros rayos del sol saliendo, e impactando directamente en la cara de Erika, la pequeña se despertó refunfuñando y gruñendo por la incomodidad que la luz proyectaba en su rostro - gñgñgñ - Se la escuchaba levemente.
Intentó cubrirse con la tela rota, escondiendo su cabeza dentro de ella, pero era demasiado fina como para impedirlo. Comenzó a dar vueltas como pudo, pero ya era tarde, la luz del sol cada vez iba a más, y además comenzaba a calentar aquella caja metálica, por lo que la sensación al estar allí dentro era muy incómoda. Erika salió de allí, dejando la tela caer al suelo, y acto seguido frotarse los ojos con sus pequeños puños - quiero dormir más - gruñía mientras ponía cara de culo. No se dio cuenta de que aún llevaba la otra tela con la cual tapó la herida de la mano, por lo que se manchó la cara aún más, dejando en ella un poco de sangre oscura, ya seca. Comenzó a mirar a sus laterales, moviendo la cabeza, como si no se acordase de que durmió allí, pero no la importaba mucho. Miró detrás de ella, por el cual podía verse la gran ciudad en lo alto - tengo hambre, jo - miraba con tristeza. Comenzó a andar lentamente hacia allí. Ella no era consciente de lo que hacía. No sabía que era una niña marginada para el resto de gente "normal", una sin techo, un lastre, una delincuente, daba igual que fuera una niña pequeña, ella no iba a ser bien recibida en la gran ciudad. Pero como no podía saberlo, siguió adelante, hasta llegar a una de las rampas que subía hacia la parte alta de la ciudad. Se quedó mirándola con asombro, era muy grande.
Dicha rampa conectada con una de las fábricas de astilleros y carpinteros de la isla. Podía verse como desde temprano los trabajadores ya estaban manos a la obra, preparándose para la jornada laboral. Erika miraba como podía a la gente que había por allí - oe... ¡oe! - gritaba sin ningún tipo de respuesta, puesto que con el ruido de las maquinarias, jaleo y demás no se la llegaba a escuchar. Erika comenzó a entristecerse. Empezaba a sentirse mal y estaba muerta de hambre. Así que decidió tirar hacia delante ella sola, subiendo por una escalera que había al lado de la rampa para ir más segura, la cual llevaba a una pequeña garita en la que había un guarda, el cual estaba leyendo el periódico sin prestar mucha atención. Erika dio un par de golpecitos al cristal para llamar su atención, y resultó efectivo. Aquel hombre giró la cabeza lentamente, y cuando vio a la pequeña Erika despeinada, con la ropa y cara sucias, y la sangre en el pañuelo de su mano - ¡Pero bueno! - Se sorprendió aquel hombre, el cual se levantó rápidamente para abrir la puerta, y poniendo sus manos encima de los hombros de Erika le preguntó - ¿¡Que haces así, estás sola, donde están tus padres!? - Preguntaba confundido el guarda. Erika le miraba con cara triste, pero parece ser que no entendía bien lo que decía - Tengo hambre... - Dijo mientras se llevaba su mano izquierda a su barriga.
Aquello puedo entenderlo el hombre - ¡Claro, ven! ¡Pasa, tengo galletas! - Le dijo efusivamente. Erika entró a la garita con alma en pena, mirando las cosas que había allí dentro. No sabía donde estaba, ni que hacía allí, solo miraba al hombre, el cual le prometió unas galletas - ¡Dame un segundo, tengo aquí también leche caliente! - Realmente, aquel guarda quería ayudarla.

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