28-09-2026, 11:25 AM
Los participantes habían sido arrastrados a un certamen que poco tenía que ver con lo que tenían en mente. Habían realizado entrenamientos de todo tipo. Unos se habían dedicado a golpear rocas, otros a transportar montañas absurdas de sacos, otros se habían limitado a pasar horas meditando bajo la corriente de una cascada. Pero tan solo dos de ellos estaban preparados para un concurso como aquel. Había llegado el turno del lunarian y su amigo, los cuales subieron a aquella suerte de escenario y llenos de seguridad en sí mismos, deleitaron a los presentes con una de sus mejores poses. Una especie de gemido recorrió aquella plaza. Uno que venía de alguno de los presentes, más en concreto desde la mesa de los jurados. Sin embargo, las palabras provocadoras de Road causaron una nueva reacción, una mucho más unánime. Los luchadores, ofendidos por sus palabras comenzaron a gruñir y maldecir al viento. Pero, por el contrario, alguien se había visto aún más emocionada.
—¡Sí! ¡Eso es! Llévatelo todo. Eres el mejor. Sí, Te declaro campeón del torneo. Se acabaron las rondas.
—¡¿Pero qué?! Si aún no hemos hablado. No hemos decidido nada —se quejó el otro miembro del jurado.
—¡Sí! ¡Eso es! Llévatelo todo. Eres el mejor. Sí, Te declaro campeón del torneo. Se acabaron las rondas.
—¡¿Pero qué?! Si aún no hemos hablado. No hemos decidido nada —se quejó el otro miembro del jurado.
—No hay nada que decidir. ¿Tú lo has visto? Sin duda es el más guapo. Es bellísimo. Nadie es como él —la mujer guiñó un ojo hacia Road.
Los acontecimientos terminaron por caldear el ambiente. Los murmullos se convirtieron en gritos. Los gritos, en insultos. Las palabras dieron paso a una actitud hostil. Lejos había quedado aquella idea inicial en la que los luchadores iban a enfrentarse unos contra otros. Ahora, parecían haberse puesto de acuerdo. Todos tenían un mismo objetivo. Ya no era el premio de los 10000 berries.
—¡A por él! Démosle su merecido.
—Es todo su culpa. Seguro que tiene comprado al jurado.
—¡Tramposo!
Los hombres parecieron comenzar a organizarse. Ya no eran guerreros que se enfrentarían unos a otros en solitario. Ahora habían pasado a ser una turba agresiva. Como si de una pandilla de matones se tratase. Comenzaron a rodear a Road y Puchero. Algunos alzaron sus armas, otros apretaron sus puños. Todos se cernían sobre el lunarian y su amigo con actitud hostil, mientras la mujer organizadora y los miembros del jurado, observaban desde detrás del dúo de bellos.
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