29-09-2026, 08:02 AM
La forma animada de la ciudad era increíble pero no fue hasta que vine con el capitán que me di cuenta de una cosa: Era increíblemente tentadora; Ofertas aquí, allá, productos y mucha mucha publicidad con el que muchos vendedores de los blues se quedarían perplejos ¿Había caido en algo de esto? Por supuesto que no, la gran Tezca Norova tiene una fortaleza mental increíble, había pensando con una sonrisa mientras miraba el nuevo delineador que había comprado a prueba de agua, golpes, fuego y muerte ¡Que buen producto! Por supuesto y si tenía suerte, el capitán ni siquiera se había dado cuenta en el momento que me había escabullido y regresado. Tal vez Tocho Morocho fuera más astuto pero desde hace días lo había sobornado con zanahorias, yo confiaba.
Parecía ser que a ambos piratas nos había llamado la atención el mismo stand, deteniéndonos frente a este para mirar la maquina y el muy optimista y escurridizo vendedor que estaba al mando. Olía raro y no era la combinación de perfume y sudor, me refería a que regalar 50 millones de berries por una apuesta de mil era extraño: No pude evitar arrugar la nariz en desconfianza, alzando la ceja mientras bajaba la palanca hasta que de esta salió una pequeña figura de la reina. Siendo honesta, era una figura muy bonita, recordándome lo tentadora que era la suerte y sobretodo esta tierra rosa.
La voz del capitán me sacó de mis más consumistas pensamientos y claro, me atrajo a los suyos aunque parecía que no sabía la obvia respuesta que iba a darle.
—Imposible, no te voy a dar ni medio berry ¿Me entiendes? Este dinero es para nuestra supervivencia y esta cosa tiene pinta de estafa, debe estar truqueado ¿Sabes cuanto queda en el cofre? A Barald le van a dar tres infartos cuando lo vea. — No había ni una mentira en mis palabras, negando con la cabeza. —También es mi día de suerte, todos mis días son de suerte y la suerte dice que no te preste nada. La única forma en la que dejaría que apuestes es si me arrancas el dinero de la mano ¡Andando! Vamos, Tocho… ¿Qué nos falta? ¿Ya agarramos las naranjas?— Y aún así había decidido por esconder algo de dinero en mis bolsillos por si algún carterista lograba pasarse de listo.
La fila continuaba avanzando, podía escuchar de fondo el canto de la sirena que lograba atraer a cualquiera o en este caso, cada vez que alguien jalaba la palanca obteniendo un premio. Intenté callarlo, tomando una de las pequeñas bolsas de dinero para lanzarla y atraparla sobre la palma mientras caminábamos.
Parecía ser que a ambos piratas nos había llamado la atención el mismo stand, deteniéndonos frente a este para mirar la maquina y el muy optimista y escurridizo vendedor que estaba al mando. Olía raro y no era la combinación de perfume y sudor, me refería a que regalar 50 millones de berries por una apuesta de mil era extraño: No pude evitar arrugar la nariz en desconfianza, alzando la ceja mientras bajaba la palanca hasta que de esta salió una pequeña figura de la reina. Siendo honesta, era una figura muy bonita, recordándome lo tentadora que era la suerte y sobretodo esta tierra rosa.
La voz del capitán me sacó de mis más consumistas pensamientos y claro, me atrajo a los suyos aunque parecía que no sabía la obvia respuesta que iba a darle.

—Imposible, no te voy a dar ni medio berry ¿Me entiendes? Este dinero es para nuestra supervivencia y esta cosa tiene pinta de estafa, debe estar truqueado ¿Sabes cuanto queda en el cofre? A Barald le van a dar tres infartos cuando lo vea. — No había ni una mentira en mis palabras, negando con la cabeza. —También es mi día de suerte, todos mis días son de suerte y la suerte dice que no te preste nada. La única forma en la que dejaría que apuestes es si me arrancas el dinero de la mano ¡Andando! Vamos, Tocho… ¿Qué nos falta? ¿Ya agarramos las naranjas?— Y aún así había decidido por esconder algo de dinero en mis bolsillos por si algún carterista lograba pasarse de listo.
La fila continuaba avanzando, podía escuchar de fondo el canto de la sirena que lograba atraer a cualquiera o en este caso, cada vez que alguien jalaba la palanca obteniendo un premio. Intenté callarlo, tomando una de las pequeñas bolsas de dinero para lanzarla y atraparla sobre la palma mientras caminábamos.

Contrato confidencial: Tezca Norova

![[Imagen: Firma-Tezca.png]](https://i.ibb.co/sJMGWw7F/Firma-Tezca.png)
