29-09-2026, 10:39 PM
La rama se balanceaba ligeramente de arriba a abajo en el extremo en el que Kibai se encontraba, ya que este era más estrecho, y el peso del mink hacía que la madera cimbrease, soltando pequeños quejidos. Pero aquello no llegaba a sus oídos, pues todos sus sentidos estaban puestos en aquella joven, la cual claramente parecía conocerlo, pues no se extrañó con su presencia.
Ante la pregunta de Kibai, la rubia reaccionó casi como si aquello no fuese con ella, incluso pareciendo esperanzada de que efectivmente aquella prenda de ropa fuese de alguien. La mente de Kibai viajó rapidamente, hasta las gélidas tierras de Drum. El mink volvió a oler su propia carne quemada, mientras la banda de Malkovich hablaba de como podrían vender su piel al mejor postor como habían hecho con muchos otros minks anteriormente. Las garras de Kibai se crisparon, y sus colmillos superiores asomaron levemente por fuera de su labio superior. Podría haber sido aquella joven una de las clientas de aquellos malditos bastardos que cazaban a su gente por su piel? Al menos, de acuerdo a sus palabras, bien podría serlo.
Para más inri, la chica alzó una mano hacia él.
—Eres un gatito del gobierno, veeeen minino, minino, minino.
Aquello fue la gota que colmó el vaso.
La ira de Kibai se focalizó en aquel mismo punto anudado en el interior de su espíritu, y la misma onda vibrante se expandió fuera de su cuerpo. Solo que esta vez, los ojos del mink, refulgentes en la oscuridad, estaban fijos en un objetivo. Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, creía notar una auténtica sed de sangre en su garganta.
Notando como el aire vibraba a su alrededor, Kibai dio un paso sobre la rama, colocando un pie delante del otro, manteniendo su equilibrio perfectamente estable gracias a su cola, mientras taladraba con la mirada a la joven rubia.
— Acaso te tengo pinta de ser un gato?
El mink levantó una mano, cerrando todos los dedos menos uno en un puño, con el índice apuntando, armado con una afilada garra negra, hacia el rostro de la joven.
— Ya he encontrado antes a humanos que pretendían usar a mi gente como meros animales a los que desollar y emplear como material para ropa. Ninguno de esos humanos vive ya para ver salir el sol un día más, chica.
Ladeando la cabeza un poco, Kibai tomó una nueva inspiración, analizando el olor de la joven. Para su sopresa, le resultaba muy familiar, lo que lo llevó a recordar las palabras de Nyra acerca de que había habido cambios de género y de raza además de las ofertas de extracción de Akuma no mi en el coliseo de los Juegos. Ello, unido a lo que había mencionado aquella inconsciente sobre sus negocios con el subordinado del malnacido de Sohem, le hizo atar cabos con el chico de pelo rubio que había visto bastante acaramelado con Jin. Para su sorpresa, también habia un pesado olor a miedo presente en el ambiente, que había surgido en cuanto la onda de aire vibrante había alcanzado a la joven. Un poco extrañado, pero aún bastante furioso, Kibai miró hacia el rostro de la chica.
— Mi nombre es Kibai, y provengo de Zou. Y para no ser descortés, Tezca Norova, no has demostrado demasiada educación al tratar a un mink como a un simple animal. Y tampoco soy ningún siervo del gobierno, no te equivoques. Tengo mis propias cuentas que saldar con varios de ellos, así que no vuelvas a insinuarlo.
Ante la pregunta de Kibai, la rubia reaccionó casi como si aquello no fuese con ella, incluso pareciendo esperanzada de que efectivmente aquella prenda de ropa fuese de alguien. La mente de Kibai viajó rapidamente, hasta las gélidas tierras de Drum. El mink volvió a oler su propia carne quemada, mientras la banda de Malkovich hablaba de como podrían vender su piel al mejor postor como habían hecho con muchos otros minks anteriormente. Las garras de Kibai se crisparon, y sus colmillos superiores asomaron levemente por fuera de su labio superior. Podría haber sido aquella joven una de las clientas de aquellos malditos bastardos que cazaban a su gente por su piel? Al menos, de acuerdo a sus palabras, bien podría serlo.
Para más inri, la chica alzó una mano hacia él.
—Eres un gatito del gobierno, veeeen minino, minino, minino.
—Eres un gatito del gobierno
—Eres un gatito del gobierno
La ira de Kibai se focalizó en aquel mismo punto anudado en el interior de su espíritu, y la misma onda vibrante se expandió fuera de su cuerpo. Solo que esta vez, los ojos del mink, refulgentes en la oscuridad, estaban fijos en un objetivo. Y por primera vez en mucho, mucho tiempo, creía notar una auténtica sed de sangre en su garganta.
Notando como el aire vibraba a su alrededor, Kibai dio un paso sobre la rama, colocando un pie delante del otro, manteniendo su equilibrio perfectamente estable gracias a su cola, mientras taladraba con la mirada a la joven rubia.
— Acaso te tengo pinta de ser un gato?
El mink levantó una mano, cerrando todos los dedos menos uno en un puño, con el índice apuntando, armado con una afilada garra negra, hacia el rostro de la joven.
— Ya he encontrado antes a humanos que pretendían usar a mi gente como meros animales a los que desollar y emplear como material para ropa. Ninguno de esos humanos vive ya para ver salir el sol un día más, chica.
Ladeando la cabeza un poco, Kibai tomó una nueva inspiración, analizando el olor de la joven. Para su sopresa, le resultaba muy familiar, lo que lo llevó a recordar las palabras de Nyra acerca de que había habido cambios de género y de raza además de las ofertas de extracción de Akuma no mi en el coliseo de los Juegos. Ello, unido a lo que había mencionado aquella inconsciente sobre sus negocios con el subordinado del malnacido de Sohem, le hizo atar cabos con el chico de pelo rubio que había visto bastante acaramelado con Jin. Para su sorpresa, también habia un pesado olor a miedo presente en el ambiente, que había surgido en cuanto la onda de aire vibrante había alcanzado a la joven. Un poco extrañado, pero aún bastante furioso, Kibai miró hacia el rostro de la chica.
— Mi nombre es Kibai, y provengo de Zou. Y para no ser descortés, Tezca Norova, no has demostrado demasiada educación al tratar a un mink como a un simple animal. Y tampoco soy ningún siervo del gobierno, no te equivoques. Tengo mis propias cuentas que saldar con varios de ellos, así que no vuelvas a insinuarlo.
La Caja de Pandora
