30-09-2026, 06:24 AM
No podía olvidar la tontería de la madre con el hijo, Maki era una persona que olvidaba muy lentamente las cosas, sobre todo aquellas que le parecían a ella sin justificación. Pero cualquiera en su sano juicio se alejaría de un per de mujeres de apariencia exótica llenas de sangre. Pero… rondaba en su mente algún tipo de venganza. Hasta que otra cosa ocupara ese espacio tan grande de su mente. Algún atolondrado que le mirase mal, algún vendedor puerta a puerta o simplemente alguien que se tropezase con ella o con los suyos por accidente.
Gracias a los dioses que Miyori estaba presente, su actitud y sonrisa siempre tan destellante hizo que rápidamente se calmara que no buscase quizás tantos problemas. Que no fuera… bueno… tan Maki. Con las indicaciones ya dispuestas y ambas no siendo unas completas lerdas en cuanto a orientación. Simplemente continuaron con su travesía. Solo… un momento. Maki miro hacia atrás. El sendero recorrido, las calles por donde habían pasado ya. Esperaba volver pronto para recoger a Rochallor y Kazzu Di Ella. La gallina y el pato. Ambas monturas que por extrañas circunstancias ahora estaban bajo su cargo. —Ok ok… lo siento, es que…— Hizo el ademan nuevamente de querer lanzarles una piedra… aun estaban a tiro… pero mejor… mejor perderse en los profundos ojos de Miyori. No quería ver la expresión de “Decepción” de antes de la muchacha.
Cuando Naranjotas se separó de ella, Aprovecho de sacar un cigarrillo… dios cuanto le desestresaba fumar, pero no le gustaba que se le impregnara tanto en la ropa. No demoro tanto, Maki aprovecho de afinar un poco su guitarra, de moverla por sus fantasías haciendo que se volcaran en su memoria inmediata. Quería cantar, quería gozar, la ansiedad de llegar al sitio le mordía y atenazaba la melancolía de un recuerdo que no pasaba aún. Deseos sin contemplar y palabras sin cumplir junto con promesas juradas a dioses que no escuchaban ni se dejaban venerar. Fumo tranquilamente, sin perder vista de donde estaba su compañera de aventuras ni el destino que les esperaba.
Miyori le dio una prenda, algo para cubrir su ropa con sangre. Maki le miro… —Mmm… nunca he tenido buen gusto para la ropa, pero gracias… procurare cuidarla.— Se cubrió con ella, era una especie de abrigo con mangas larguísimas. No hacia frio, ni tampoco un calor abrumador, pero sin duda no se lo pondría, se lo calzo como una especie de capa con las mangas sueltas cubriendo casi toda su ropa con sangre ajena.
El callejón de mierda tenía un aroma tan repulsivo y vomitivo que solo quería escapar, para su fortuna en poco tiempo ese impase ocurrió relativamente rápido. Atentamente Maki miraba a la muchacha como se iluminaba con cada paso hacia el violín y sus acordes. A su historia y su sazón metiéndose en su espíritu. Ella seguía con su habilidad activa y casi que podía saborear la felicidad de la hermosa joven y sin cansarse de ello se alimentaba de ello. Esto… esto era por lo que luchaba, por las sonrisas de sus Nakamas. Si había personas capaces de salvar al mundo por ver sonreír a sus seres amados. Maki estaba dispuesta a destruirlo por ellos.
La canción se le hacía conocida… ¿Dónde la había escuchado? ¿Será que recientemente? ¿En dónde?... no había escuchado demasiado, solo a Miyori y… Skypea, Momoiro… no tenía demasiados recuerdos. Casi nulos y si hubiera sido un violín se acordaría. La música era algo importante para ella. tanto o más que su propia vida.Las ansias de llegar al núcleo musical eran pronto insoportables, casi que se le salía el corazón. La música era fenomenal, cada nota tocada con maestría y cada acorde en su propio lugar. Reconocía la tonada, quizás no ponía una cara en ella, pero sí que le era muy, pero muy familiar, casi tanto como un timbre de voz, el estilo en que se toca un instrumento suele ser muy característico entre persona y persona. La música del violín provocaba un efecto adverso o contradictorio, mejor dicho. La basura desaparecía de su campo de visión. Similar a una especie de hechizo la chica quemada podía solo sentir aquello que vibraba y hacia enardecer su corazón y espíritu. Esto era dulce y embriagador. Maki aun así se sacudió la cabeza, atenta a cualquiera emoción o acción en su contra o con su protegida. Dos apariciones angelicales, difíciles de mostrar como seres humanos. Casi como diosas. Diosas gemelas. Como todas las que tenían la dicha de ser gemelas. Incluso… Mai y Maki.
¿He que pedo? Maki sintió que le daban una estocada le conocían?... mierda era probable y desde hace mucho tiempo tenia una regla… no partirle la cara a quienes le llamaban primero por su nombre, por que si bien tenia una muy buena memoria para la música, no así para los rostros. Por ello tenia claro que quien le llamaba le conocía. Solo había que averiguar bajo que términos. —Eeee…. Si… claro… soy… yo… Maki yeeeyy…— Menciono con voz nerviosa y cara visiblemente contrariada. Si bien la música era su vida y el son que dictaba sus pasos. Seguro que a quien le reconocía era otra artista. Y una que había visto pocas veces y aun no se gravaban en su atolondrada mente.
Aunque no les recordara claramente, algo de nación tenía… pero no basto demasiado para que Maki entonces sonriera con el calor de su propia sonrisa. Alta y enérgica. ¿Tocar juntos? Era genial compartir este furor. Su guitarra voló desde su espalda a sus manos en un giro casi demencial, sus cuerdas relampaguearon con gran fuerza y mirando a su compañera musical. Maki comenzó a tocar la guitarra con tanta fuerza que sentía que comenzaba ascender un calor, demasiado, sera el gas metano que se colaba en sus poros? Será al fin que la enfermedad de la locura le inundaba completamente?. No importaba. Era esto para lo que vivía, era esto para lo que se preparaba cada mañana, cada amanecer. La música lo era todo para ella y sin duda vivía para esto. Tocar, cantar y danzar. —Vamos cariño, mostremos lo que sabemos hacer!!— Dijo lanzando un riff cargado de emocion.
No solo se mantenía en un lugar tocando, Maki caminaba de un lado a otro, con ritmo, pasión y fervor, como un fuego secreto que le consumía deseaba vivir este momento para siempre, rondar en los sueños de todos los que le escuchaban En otras circunstancias se habría negado a participar, no sin un arreglo en dinero, pero sentía una pequeña euforia que poco a poco aumentaba. Quizás el efecto de su compañera. su... Amiga?... si,. era mas que eso. era un motor fuera de su propio cuerpo que le impulsaba a seguir adelante. casi como... como... sus Nakamas mas antiguos. esta... esta chica. ya era parte de su vida y no dejaría que sufra ni camine nunca mas por valle de sombras. La amaba... tanto o mas que a todos... que a Merlot, Hyak, Thrym, Jensen, Owen, Kiyoshi... incluso el idiota de Uker. todos parte de su vida en el mar en algún momento.
Gracias a los dioses que Miyori estaba presente, su actitud y sonrisa siempre tan destellante hizo que rápidamente se calmara que no buscase quizás tantos problemas. Que no fuera… bueno… tan Maki. Con las indicaciones ya dispuestas y ambas no siendo unas completas lerdas en cuanto a orientación. Simplemente continuaron con su travesía. Solo… un momento. Maki miro hacia atrás. El sendero recorrido, las calles por donde habían pasado ya. Esperaba volver pronto para recoger a Rochallor y Kazzu Di Ella. La gallina y el pato. Ambas monturas que por extrañas circunstancias ahora estaban bajo su cargo. —Ok ok… lo siento, es que…— Hizo el ademan nuevamente de querer lanzarles una piedra… aun estaban a tiro… pero mejor… mejor perderse en los profundos ojos de Miyori. No quería ver la expresión de “Decepción” de antes de la muchacha.
Cuando Naranjotas se separó de ella, Aprovecho de sacar un cigarrillo… dios cuanto le desestresaba fumar, pero no le gustaba que se le impregnara tanto en la ropa. No demoro tanto, Maki aprovecho de afinar un poco su guitarra, de moverla por sus fantasías haciendo que se volcaran en su memoria inmediata. Quería cantar, quería gozar, la ansiedad de llegar al sitio le mordía y atenazaba la melancolía de un recuerdo que no pasaba aún. Deseos sin contemplar y palabras sin cumplir junto con promesas juradas a dioses que no escuchaban ni se dejaban venerar. Fumo tranquilamente, sin perder vista de donde estaba su compañera de aventuras ni el destino que les esperaba.
Miyori le dio una prenda, algo para cubrir su ropa con sangre. Maki le miro… —Mmm… nunca he tenido buen gusto para la ropa, pero gracias… procurare cuidarla.— Se cubrió con ella, era una especie de abrigo con mangas larguísimas. No hacia frio, ni tampoco un calor abrumador, pero sin duda no se lo pondría, se lo calzo como una especie de capa con las mangas sueltas cubriendo casi toda su ropa con sangre ajena.
El callejón de mierda tenía un aroma tan repulsivo y vomitivo que solo quería escapar, para su fortuna en poco tiempo ese impase ocurrió relativamente rápido. Atentamente Maki miraba a la muchacha como se iluminaba con cada paso hacia el violín y sus acordes. A su historia y su sazón metiéndose en su espíritu. Ella seguía con su habilidad activa y casi que podía saborear la felicidad de la hermosa joven y sin cansarse de ello se alimentaba de ello. Esto… esto era por lo que luchaba, por las sonrisas de sus Nakamas. Si había personas capaces de salvar al mundo por ver sonreír a sus seres amados. Maki estaba dispuesta a destruirlo por ellos.
La canción se le hacía conocida… ¿Dónde la había escuchado? ¿Será que recientemente? ¿En dónde?... no había escuchado demasiado, solo a Miyori y… Skypea, Momoiro… no tenía demasiados recuerdos. Casi nulos y si hubiera sido un violín se acordaría. La música era algo importante para ella. tanto o más que su propia vida.Las ansias de llegar al núcleo musical eran pronto insoportables, casi que se le salía el corazón. La música era fenomenal, cada nota tocada con maestría y cada acorde en su propio lugar. Reconocía la tonada, quizás no ponía una cara en ella, pero sí que le era muy, pero muy familiar, casi tanto como un timbre de voz, el estilo en que se toca un instrumento suele ser muy característico entre persona y persona. La música del violín provocaba un efecto adverso o contradictorio, mejor dicho. La basura desaparecía de su campo de visión. Similar a una especie de hechizo la chica quemada podía solo sentir aquello que vibraba y hacia enardecer su corazón y espíritu. Esto era dulce y embriagador. Maki aun así se sacudió la cabeza, atenta a cualquiera emoción o acción en su contra o con su protegida. Dos apariciones angelicales, difíciles de mostrar como seres humanos. Casi como diosas. Diosas gemelas. Como todas las que tenían la dicha de ser gemelas. Incluso… Mai y Maki.
¿He que pedo? Maki sintió que le daban una estocada le conocían?... mierda era probable y desde hace mucho tiempo tenia una regla… no partirle la cara a quienes le llamaban primero por su nombre, por que si bien tenia una muy buena memoria para la música, no así para los rostros. Por ello tenia claro que quien le llamaba le conocía. Solo había que averiguar bajo que términos. —Eeee…. Si… claro… soy… yo… Maki yeeeyy…— Menciono con voz nerviosa y cara visiblemente contrariada. Si bien la música era su vida y el son que dictaba sus pasos. Seguro que a quien le reconocía era otra artista. Y una que había visto pocas veces y aun no se gravaban en su atolondrada mente.
Aunque no les recordara claramente, algo de nación tenía… pero no basto demasiado para que Maki entonces sonriera con el calor de su propia sonrisa. Alta y enérgica. ¿Tocar juntos? Era genial compartir este furor. Su guitarra voló desde su espalda a sus manos en un giro casi demencial, sus cuerdas relampaguearon con gran fuerza y mirando a su compañera musical. Maki comenzó a tocar la guitarra con tanta fuerza que sentía que comenzaba ascender un calor, demasiado, sera el gas metano que se colaba en sus poros? Será al fin que la enfermedad de la locura le inundaba completamente?. No importaba. Era esto para lo que vivía, era esto para lo que se preparaba cada mañana, cada amanecer. La música lo era todo para ella y sin duda vivía para esto. Tocar, cantar y danzar. —Vamos cariño, mostremos lo que sabemos hacer!!— Dijo lanzando un riff cargado de emocion.
No solo se mantenía en un lugar tocando, Maki caminaba de un lado a otro, con ritmo, pasión y fervor, como un fuego secreto que le consumía deseaba vivir este momento para siempre, rondar en los sueños de todos los que le escuchaban En otras circunstancias se habría negado a participar, no sin un arreglo en dinero, pero sentía una pequeña euforia que poco a poco aumentaba. Quizás el efecto de su compañera. su... Amiga?... si,. era mas que eso. era un motor fuera de su propio cuerpo que le impulsaba a seguir adelante. casi como... como... sus Nakamas mas antiguos. esta... esta chica. ya era parte de su vida y no dejaría que sufra ni camine nunca mas por valle de sombras. La amaba... tanto o mas que a todos... que a Merlot, Hyak, Thrym, Jensen, Owen, Kiyoshi... incluso el idiota de Uker. todos parte de su vida en el mar en algún momento.
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