01-10-2026, 12:38 AM
A pesar de la aparente incredulidad que se dibujaron tanto en los rostros de Mara y Dona al contemplar cómo Maki parecía no recordarlas con demasiada claridad, cuando la música estaba de por medio, todos los males y problemas parecían extinguirse de manera abrupta y momentánea ante la magia que ofrecía uno de los mayores artes y bienes que poseía la humanidad. Y es que, con una determinación que tanto caracterizaba a las dos artistas de las Valar cuando el asunto tenía que ver con la música, tanto Maki como Miyori se aproximaron hacia lo más alto del montículo de basura, junto a las intrépidas gemelas para unirse a lo que debía ser la última canción de ese improvisado recital.
Tomando la iniciativa en una primera instancia la rugiente guitarra eléctrica de Maki, seguida por la armoniosa melodía del violín de Miyori, tanto Mara como Dona no decidieron quedarse atrás en cuánto a mostrar todo su despliegue artístico. Siguiendo e improvisando el compás de la canción, la mujer de cabellos puros e inmaculados comenzó a rasgar las pocas cuerdas de su bajo, emitiendo notas graves y profundas que ayudaban a acentuar el ritmo de la canción tocada por las dos piratas, añadiéndole una capa de profundidad extra a la pieza que le dotaba de una tridimensionalidad exquisita. Por su parte, Dona, tras carraspear su garganta, comenzó a proyectar su voz con un tono agudo pero con tanta intensidad que parecía que hasta las paredes de las cavidades vibraban y se sacudían ante la resonancia de su canto. Siguiendo con su voz las improvisadas melodías de su hermana, Maki y Miyori, la mujer de cabello celesta aparentaba ser toda una "prima donna". Mientras tanto, el público aplaudía, bailaba, saltaba y tarareaba al son de la música que envolvía esa plaza rodeada e infestada de basura por doquier.
Después de varios minutos en los que el amor y la pasión por la música no hacía más que florecer en el corazón de los residentes - haciéndoles olvidar incluso en las condiciones deplorables e insalubres que muchos de ellos -, la última nota salió despedida de los distintos instrumentos o cuerdas vocales de las protagonistas del concierto causando que, en un primer momento, la plaza se quedara en un perpetuo silencio, silencio en el que sólo era posible escuchar los jadeos y respiraciones de toda la muchedumbre acumulada en el área. Sin embargo, pocos segundos después, tras el espectáculo que acababan de presenciar todas aquellas almas desdichadas, la plaza estalló de júbilo y alegría, colmando a las cuatro bellezas de toda clase de piropos, aplausos y vítores.
Mara y Dona, en primer lugar, hicieron una silenciosa reverencia, inclinando sus cuerpos hacia delante en señal de respeto y agradecimiento por su estimado público. Tras aquello, Dona tomó la voz cantante.- ¡Muchas gracias, estimado público! ¡Sois lo más gente de Chika! - exclamó a pleno pulmón la mujer del vestido turquesa, mientras se escuchaba algunas voces de fondo implorando tener un hijo con Maki o con Miyori.- ¡Jamás os olvidaremos! ¡Lo habéis dado todo en el concierto! ¡Esperamos volver a veros pronto! - añadió su hermana, colocando sus manos alrededor de su boca para proyectar aún más lejos la voz, para así cerciorarse de que nadie se quedaba sin escuchar su mensaje tras lo cuál, la gente que había alrededor de la plaza, atendiendo a las cuatro deslumbrantes mujeres, comenzaron a seguir con su vida pero con una sonrisa dibujada en su rostro.
Seguidamente, Miyori, con su característica luz, se dirigiría hacia las hermanas, comenzando a preguntarles sobre su estado además del momento en el que llegaron a la isla, además de aclararle a Maki sobre la identidad de las gemelas. Dona y Mara se miraron fijamente ante ese momento.- ¿No se acuerda Maki de nosotras? - se preguntaba mentalmente Mara, tras lo cuál Dona suspiró.- Eso parece, Mara... Eso parece... - respondió en su cabeza, como si estuvieran hablando por una especie de telepatía. Acto seguido, Dona volvió a focalizar su atención en la joven de cabellos rosados.- Pues después de que nos viéramos en Skypiea, descendimos de nuevo al mar azul, aterrizando justamente en la isla de Momoiro. - comenzó a explicar la mujer celeste.- Fue allí dónde justamente nos volvimos a encontrar, hace cosa de dos semanas... - prosiguió Mara, con una expresión seria hasta que se le iluminaron los ojos y dirigió la mirada hacia Maki.- Ah, ¿te acuerdas de los niños que dejaste a mi cuidado? Conseguimos dejarlos en una casa de acogida en Alubarna... Me quedé con ellos unos días para vigilar que estaban bien, ¡pero se les veía felices! - informó, terminando por esbozar una dulce sonrisa. - El caso es que, después de encontrarnos en Momoiro, llegamos aquí hace cosa de una semana... - comentó Dona, siendo interrumpida por Mara.- Fue entonces que al fin encontramos eso que estábamos busc... - Y en ese momento, Dona le agarró del brazo izquierdo, haciendo que no la bella princesa del pelo blanco no pudiera responder. - ¡Vamos, hermana! Podemos confiar en ellas y contárselo, ¿verdad? ¡La música nos ha unido y no miente" - intentó disuadir a la chica del vestido turquesa, quién exhalo un profundo suspiro.- Está bien... Pero aquí no podemos hablar... - le dijo a su hermana, dirigiendo su atención nuevamente hacia las dos protagonistas.- Lo cierto es que compartir nuestra música y tocar en diversos lugares... No es la única razón por la que nos hizo salir de viaje por el mundo... - Miró hacia sus alrededores, cerciorándose de que no hubiera ningún chismoso por allí.- Pero si queréis que os cuente... Acompañadnos a dónde nos estamos hospedando, ¿qué me decís, Maki, Miyori..? ¿Queréis conocer nuestra verdadera historia y ayudarnos? - Y tras aquellas palabras, Dona abría la veda a que pudieran conocer más acerca de las hermanas, además de hacerles una clase de favor que, sin lugar a dudas, podrían cambiar para siempre su destino. ¿Qué harían las valientes guerreras de las Valar?
Tomando la iniciativa en una primera instancia la rugiente guitarra eléctrica de Maki, seguida por la armoniosa melodía del violín de Miyori, tanto Mara como Dona no decidieron quedarse atrás en cuánto a mostrar todo su despliegue artístico. Siguiendo e improvisando el compás de la canción, la mujer de cabellos puros e inmaculados comenzó a rasgar las pocas cuerdas de su bajo, emitiendo notas graves y profundas que ayudaban a acentuar el ritmo de la canción tocada por las dos piratas, añadiéndole una capa de profundidad extra a la pieza que le dotaba de una tridimensionalidad exquisita. Por su parte, Dona, tras carraspear su garganta, comenzó a proyectar su voz con un tono agudo pero con tanta intensidad que parecía que hasta las paredes de las cavidades vibraban y se sacudían ante la resonancia de su canto. Siguiendo con su voz las improvisadas melodías de su hermana, Maki y Miyori, la mujer de cabello celesta aparentaba ser toda una "prima donna". Mientras tanto, el público aplaudía, bailaba, saltaba y tarareaba al son de la música que envolvía esa plaza rodeada e infestada de basura por doquier.
Después de varios minutos en los que el amor y la pasión por la música no hacía más que florecer en el corazón de los residentes - haciéndoles olvidar incluso en las condiciones deplorables e insalubres que muchos de ellos -, la última nota salió despedida de los distintos instrumentos o cuerdas vocales de las protagonistas del concierto causando que, en un primer momento, la plaza se quedara en un perpetuo silencio, silencio en el que sólo era posible escuchar los jadeos y respiraciones de toda la muchedumbre acumulada en el área. Sin embargo, pocos segundos después, tras el espectáculo que acababan de presenciar todas aquellas almas desdichadas, la plaza estalló de júbilo y alegría, colmando a las cuatro bellezas de toda clase de piropos, aplausos y vítores.
Mara y Dona, en primer lugar, hicieron una silenciosa reverencia, inclinando sus cuerpos hacia delante en señal de respeto y agradecimiento por su estimado público. Tras aquello, Dona tomó la voz cantante.- ¡Muchas gracias, estimado público! ¡Sois lo más gente de Chika! - exclamó a pleno pulmón la mujer del vestido turquesa, mientras se escuchaba algunas voces de fondo implorando tener un hijo con Maki o con Miyori.- ¡Jamás os olvidaremos! ¡Lo habéis dado todo en el concierto! ¡Esperamos volver a veros pronto! - añadió su hermana, colocando sus manos alrededor de su boca para proyectar aún más lejos la voz, para así cerciorarse de que nadie se quedaba sin escuchar su mensaje tras lo cuál, la gente que había alrededor de la plaza, atendiendo a las cuatro deslumbrantes mujeres, comenzaron a seguir con su vida pero con una sonrisa dibujada en su rostro.
Seguidamente, Miyori, con su característica luz, se dirigiría hacia las hermanas, comenzando a preguntarles sobre su estado además del momento en el que llegaron a la isla, además de aclararle a Maki sobre la identidad de las gemelas. Dona y Mara se miraron fijamente ante ese momento.- ¿No se acuerda Maki de nosotras? - se preguntaba mentalmente Mara, tras lo cuál Dona suspiró.- Eso parece, Mara... Eso parece... - respondió en su cabeza, como si estuvieran hablando por una especie de telepatía. Acto seguido, Dona volvió a focalizar su atención en la joven de cabellos rosados.- Pues después de que nos viéramos en Skypiea, descendimos de nuevo al mar azul, aterrizando justamente en la isla de Momoiro. - comenzó a explicar la mujer celeste.- Fue allí dónde justamente nos volvimos a encontrar, hace cosa de dos semanas... - prosiguió Mara, con una expresión seria hasta que se le iluminaron los ojos y dirigió la mirada hacia Maki.- Ah, ¿te acuerdas de los niños que dejaste a mi cuidado? Conseguimos dejarlos en una casa de acogida en Alubarna... Me quedé con ellos unos días para vigilar que estaban bien, ¡pero se les veía felices! - informó, terminando por esbozar una dulce sonrisa. - El caso es que, después de encontrarnos en Momoiro, llegamos aquí hace cosa de una semana... - comentó Dona, siendo interrumpida por Mara.- Fue entonces que al fin encontramos eso que estábamos busc... - Y en ese momento, Dona le agarró del brazo izquierdo, haciendo que no la bella princesa del pelo blanco no pudiera responder. - ¡Vamos, hermana! Podemos confiar en ellas y contárselo, ¿verdad? ¡La música nos ha unido y no miente" - intentó disuadir a la chica del vestido turquesa, quién exhalo un profundo suspiro.- Está bien... Pero aquí no podemos hablar... - le dijo a su hermana, dirigiendo su atención nuevamente hacia las dos protagonistas.- Lo cierto es que compartir nuestra música y tocar en diversos lugares... No es la única razón por la que nos hizo salir de viaje por el mundo... - Miró hacia sus alrededores, cerciorándose de que no hubiera ningún chismoso por allí.- Pero si queréis que os cuente... Acompañadnos a dónde nos estamos hospedando, ¿qué me decís, Maki, Miyori..? ¿Queréis conocer nuestra verdadera historia y ayudarnos? - Y tras aquellas palabras, Dona abría la veda a que pudieran conocer más acerca de las hermanas, además de hacerles una clase de favor que, sin lugar a dudas, podrían cambiar para siempre su destino. ¿Qué harían las valientes guerreras de las Valar?
INFO
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