01-10-2026, 01:36 PM
Resultaba increíble el poder que podía contener una simple melodía. Increíble que a veces, una sencilla pieza musical, fuera capaz de expresar más que una frase, o un mar de palabras. Increíble como una tonada, podía ser capaz de decir un “estoy aquí para lo que haga falta”, o un “te quiero”. Sí, incluso era capaz de comunicarte la lista de la compra en caso de ser propicio.
Sin quererlo ni beberlo, y simplemente porque sintió que era lo necesitaba hacer Garnet, las notas emitidas por la guitarra eléctrica del pelirrojo, fluyeron y se introdujeron en el interior de la mujer de cerúleos ojos, otorgándole de una calidez y de una sensación de estar arropada que hizo hasta que cerrara los ojos en calma, sintiéndose querida y abrazada por la melancólica tonada del músico. Y después de que Garnet rasgara por última vez las cuerdas de su Sabertones, con la última nota fundiéndose en el corazón de la joven, Miyori, depositando su mirada hacia los ojos de esmeralda del pirata semidesnudo, y con una sonrisa que podría ser capaz de derretir hasta el mismísimo kairoseki, le dio las gracias con una suavidad y ternura que provocó que su corazón se saltara un latido para, seguidamente, que en su interior se sintiera invadido por una reconfortante sensación de placer. Era como si Garnet sintiera que quería proteger a toda costa a la chica, que no soportaba verla triste o desanimada. Y esa sonrisa, junto a cómo se sentía el pelirrojo en aquel momento, era la mayor prueba de que ese sentimiento y esa intención eran reales.- Nanai, gracias a ti Miyo-chan. - No quiso pronunciar ni exteriorizar aquellas palabras, guardándoselas con admiración en su interior, perdiéndose y desvaneciéndose en su recuerdo y en la calidez del momento.
Lo que no pudo callarse ni por asomo, era lo valiente y fuerte que le parecía la violinista pues, alguien que luchaba y perseguía cumplir sus ideales de la manera en la que ella lo hacía, no podía ser sinónimo de debilidad, en lo absoluto. Observó cómo se ponía algo nerviosa al respecto, desviando la mirada de Garnet y desplazando parte de su mechón por detrás de su oreja, dejando más a la vista su rostro de ángel. Y vaya que si era un ángel pues, cuando el skypiean soltó toda clase de ataques e improperios hacia los que otrora fueron los nakama de Miyori, la mujer de vestido inmaculado escogió defender la decisión que ellos tomaron tiempo atrás, alegando que lo hicieron para protegerla, debido a los peligros que se habían encontrado en su paso hacia el Grand Line. Y es que, ante aquella actitud, ¿cómo no iba la admiración de Garnet hacia ella sino aumentar? - Deja de brillar tanto… El menda siente que se va a quedar cegato como un topo. - Entrecerró los ojos de manera dramática, interponiendo sus manos ante la pantalla, debido a la forma en la que la figura y la personalidad tan bondadosa de Miyori deslumbraban como el mismo sol.
Y tal y como el astro reina brillaba con todo su esplendor, de manera paulatina comenzó a apagarse, pudiendo notar como la mirada de Miyori se entristecía, hasta el punto de que pequeñas lágrimas saltaron de sus orbes de color marino, llevando sus manos hacia su rostro para limpiárselas. Ante esta escena, Garnet se sobresaltó, hasta el punto de ponerse nervioso, pensando en que quizás había dicho algo indebido, cosa que no era de extrañar por lo bruto que podía llegar a ser el macarra.- ¡P-perdona Miyo-chan! ¡N-no sé si dij…! - titubeó, posicionando sus manos hacia delante, de forma que estas encaraban hacia la pantalla de la pelinaranja. Sin embargo, otra señal de agradecimiento interrumpió por completo el intento de disculparse por parte de Garnet. Aparentemente, sus palabras le habían subido el ánimo, cosa que hizo que Garnet mostrara una amplia sonrisa una vez más. - Te subiré el ánimo las veces que hagan falta, Miyo-chan, ¿es o no es? - dijo casi que sin pensar, pensando en lo mucho que quería preservar esa sonrisa que tanta sensación de hogar, de estar en casa, le había dado.
Cuando Garnet comenzó a explicar lo que debía ser la figura de una superestrella, siguiendo su discurso de la fama y como el pelirrojo - olvidando su propio sueño por unos instantes - declaró que Miyori tenía lo que debía tener para alzarse con ese título. Seguidamente, tras explicar que alguien no moría si es que no era olvidado, pudo otear como la joven colocaba su diestra sobre su pecho, en la posición donde debía estar su corazón, manteniendo como una expresión casi solemne y meditativa. Tras eso, Miyori procedió a soltar un discurso que Garnet sentía que, cada palabra que salía por la boca de la bella joven, le cautivaba de alguna manera. Comenzando por un tímido y discreto rubor en sus mejillas, Miyori declaró que siendo una artista que divagaba por el mundo, ella siempre compartiría su melodía, y su música allá donde estuviera, alegando que su forma de hacer que su música prevalezca no era convirtiéndose en un símbolo a nivel mundial, sino esparciendo su amor hacia los demás con su música momento en él cuál, ese rubor inicial que se había acumulado en las mejillas del músico, se extendieron por gran parte de su rostro, al mismo tiempo que llevaba su siniestra hacia su pecho, desviando su mirada hacia esa parte del cuerpo- Me huelo que lo conseguirás, sí… - pensó, con una sonrisa un tanto nerviosa, volviendo a alzar su mirada hacia Miyori, quién prosiguió con su discurso señalando que, si en algún momento sus canciones dejaran de existir, habría alguien que aún las recordara con amor y cariño. Y fue al terminar de escuchar a la pelinaranja usar la muletilla de Garnet, que sintió como éste se terminaba de morir. Tornándose su cara de un color rojizo que se llegaba incluso a asemejar con el tono de su cabello, la cabeza del pelirrojo estalló, soltando una bocanada de vapor y echando su cuerpo hacia atrás, como si acabara de recibir un tiro en la frente de su cabeza.- ¿Qué cojones acaba de pasar…? - se preguntaba Garnet, teniendo su rostro encarado completamente mirando hacia el techo pues, de la inercia de su exagerado y dramático gesto, su cuerpo había quedado apoyado en la parte más alta del respaldo, mientras dejaba caer bajo los efectos de la gravedad y como si fueran peso muerto sus brazos.- Miyo-chan… Tú… - enfocó su mirada en ella, sin moverse del sitio, mientras sentía como su órgano latiente amenazaba con escapar en cualquier momento de su prisión ósea.- Nanai Garnet, olvídalo… - Se enderezó, agitando y meneando su cabeza hacia los lados, para desprenderse de esa clase de pensamientos que, en ese momento, no tenían demasiado sentido recuperando la compostura al momento.
- Si dices que harás de cada parte del mundo tu escenario… - se cruzó de brazos, mientras mantenía una sonrisa tierna hacia la pelinaranja.- Tienes lo que hay que tener para lograrlo, Miyo-chan. - asintió con la cabeza.- Conseguirás que toda la peña del mundo se enamore de tu música, de verdad lo digo. - pronunció, con una sonrisa ladeada que denotaba confianza en sus palabras, hasta que una voz en su cabeza hizo que una mueca de incomodidad, acompañada de un ligero sonrojo, apareciera en su rostro.- Se enamore de tu música y de ti. - añadió su mente, ante el innegable brillo y carisma que desbordaba Miyori - a su manera -, invitando a que la gente encontrara en ella una fuente de inspiración y alguien a quién admirar. ¿Y no era el amor una forma de inspiración y admiración en sí misma? Sentía que, aquellas emociones y sentimientos que empezaban a aflorar en el interior de Garnet, podían ser el inicio de algo nuevo. En sí mismo, ya podía notar como empezaba a crearse una especie de conexión y vínculo entre los dos… Pero… ¿Quería el pelirrojo tener algo así? - Corta el rollo ya, Garnet, ¿huh? - se comenzó a recriminar en su cabeza, pensando en sendas vivencias que había experimentado en el pasado, vivencias que le hacían recordar lo que era el verdadero dolor, sufrimiento y tristeza, desembocando en que, si había una remota posibilidad de que algo surgiera en el interior de Garnet en aquel momento, muriera de forma abrupta.- Al loro, Miyo-chan, si la gente ya no se cosca de tus canciones ni de tu música, ¡eso será porque la humanidad entera la ha palmada! PUAJAJAJAJJAJA - recuperó el pelirrojo la compostura, haciendo una declaración de intenciones de que, la música de Miyori, siempre será recordada, terminando por alzar la voz en una sonora carcajada.- Ah, y tenlo clarinete, ¡tú y yo tenemos que tocar y componer algo juntos alguna vez! ¿Te hace? - propuso el skypiean, teniendo en cuenta la sinergia musical que había encontrado en el momento en el que los dos habían tocado el sake de binks, sintiendo como su corazón se calentaba ante la mera idea de tocar algo junto a ella, pero no con tanta intensidad como podría haberlo hecho antes.
Y hablando de componer, en el momento en el que Miyori preguntó por la vida del marrano número uno del Distrito del Placer lo cuál invitó a que Garnet, en vez de contar su vida tal y como hacía todo el mundo, la cantara en forma de una canción que acababa de improvisar justo en ese momento gracias a la fuente de inspiración que parecía emanar por cada poro de su piel la joven de cabellos anaranjados, quien se acercó a la cámara, con su cabeza apoyada sobre sus rodillas para prestar atención a su composición. Viajando entre la alegría y la tristeza, según la parte de la pieza musical que iba tocando, lo que mató de ternura al skypiean fue observar como la chica, con los ojos cerrados y una expresión que podrían encandilar hasta al más aguerrido de los bandidos, comenzó a mecer su cuerpo hacia los lados, entregando su cuerpo al ritmo del compás. Si era para volver a experimentar y poder verla disfrutar de aquella manera no le importaba entregarle cada una de sus canciones.
Una vez terminada la canción que se titulaba “Música y Amor”, los aplausos por parte de la deslumbrante musa llegaron, causando que una gran sonrisa se mostrara en el rostro de Garnet.- ¡Muchas gracias, Miyo-chan! ¡Encantronio de que te haya turboflipado, puejeje! - agradecía de todo corazón las palabras de la chica, soltando expresiones o palabras inventadas. Nuevamente, su corazón comenzó a luchar para liberarse de unas cadenas, tanto físicas como psicológicas, que el mismo Garnet se había autoimpuesto, al presenciar como Miyori empezaba a tararear parte de su canción para, seguidamente, empezar a cantar el estribillo, con una armonía y una voz tan dulce y tan tierna que hizo sonrojar al músico, además de erizar por completo el vello de su piel.- Joder… Es preciosa… Un día de estos me va a mandar al corral de los quietos, ¿es o no es? - admiraba por completo la entidad de la pelinaranja, como si de una especie de divinidad se tratara.- Creo que nunca me cansaría de escucharte cantar, Miyo-chan. - dijo con plena seriedad, y casi sin pensarlo para que, un segundo después, reculara.- ¡Q-quiero decir! ¡El menda se refería a que cantas que te cagas! Me hace mucha ilu además que te sepas ya hasta el estribillo, ¡se nota que somos dos locos de la música, Miyo-chan! - corrigió, respirando algo aliviado de pensar que había conseguido salir del paso.
Seguidamente, después de que Garnet le dijera que, si ella quería, podía contarle más cosas de su vida, Miyori mostró un genuino interés en la vida del pelirrojo, centrándose en una pregunta que, sin lugar a dudas, daba mucho para hablar.- ¿Que si he sanado algún corazón? - repitió la pregunta, fijando su mirada hacia el techo, mientras se quedaba cruzado de brazos, exhalando un profundo suspiro. Por supuesto, conocía la respuesta perfectamente de aquella pregunta una respuesta que era agridulce por lo que fuera. El pirata del tanga volvió a descender su mirada hasta que se encontró con la dulce faz de la violinista. Garnet sonrió de forma ladeada, mientras expulsaba un pequeño torrente de aire por la nariz.- Sí lo hice sí… Que yo sepa, mi música ayudó a sanar el corazón en tres situaciones distintas… - Cerró los ojos, buscando recordar, y viajar desde el tiempo más cercano, hasta el más distante, una vez que los tenía claro y ubicados, abrió los ojos, volviéndose a mezclar el verde de los orbes de Garnet con los azules de Miyori.- Hay una isla que está sumergida en el mar, ¿sabes? ¡Se llama la Isla Gyojin! ¡Es una movida llegar allí! No sé si te has dado un voltio por allí... - enunció, mientras se rascaba la cabeza con su diestra, prosiguiendo sin que dejara que la joven pudiera responder siquiera.- El caso es que allí, hay una zona marginal donde viven los parias de la isla. - Volvió a cruzarse de brazos, adoptando una expresión más seria, mientras recordaba como durante su niñez y adolescencia, fue prácticamente marginado y repudiado por la sociedad.- No me mola ni un pelo que la peña margine a otra peña… - espetó, de forma cargada.- Así que al igual que la música me echó un cable en mis peores momentos, me cosqué de que igual lo que les hacía falta para no pensar demasiado en lo que les faltaba, era enseñarles que la música siempre podía estar con ellos. - Obviamente, aquello no era algo que podía solucionarles la vida, pero sí que era algo que podría hacerla más sobre llevadera. Seguía sin entender porque la revolución permitía esta distinción de clases, pero esperaba que simplemente fuera algo que estaban procediendo a cambiar paulatinamente.- La peña de allí me lo puso chunguete, al mostrarse algo en contra de la música al principio. - Y finalmente, al recordar como sus melodías terminaron por cautivar los corazones de esos desdichados gyojin, Garnet volvió a sonreír.- Pero la turra mereció la pena y, al final pudieron sentir ese calor que sólo la música te puede hacer sentir… - concluyó, posando con más fijación su mirada sobre Miyori.
- El otro caso en el que me cosqué de que ayudé a alguien con mi música fue en Momoiro… Una isla muy colorida, ¡si no te has paseado por allí seguro de que te fliparía! - comentó ilusionado Garnet, pensando en como su buen amigo y rival Aspros era justamente la antigua reina de aquella isla.- Tengo algún que otro enchufe allí, así que llegado el momento podemos bichear de ir juntos y dar algún concierto chulo los dos, ¿es o no es? - propuso, sin darse demasiado cuenta en que era lo que estaba proponiendo, dejándose llevar simplemente por el mero hecho de hacer música.- La cosa es que, en uno de mis arrebatos, me dio por dar un concierto guapísimo en una placita rosa e iba todo bien, ¡el público gritaba mi nombre! - exclamaba con ilusión al recordar aquel momento, teniendo en cuenta que fue justamente después de que el pelirrojo resurgiera de sus cenizas tras haber estado algo de bajona por todo el incidente de Finn Slingerland.- Pero gracias a mi Haki de Observación, pude coscarme de que de entre toda la peña, había alguien, un criajo, que estaba triste y solo, ¿y qué clase de artista sería si no pudiera hacer sentir bien a todo mi público, huh? ¡Cómo si era sólo uno entre mil! - declaró, soltando aire por la nariz a presión.- Así que leyendo sus emociones, intenté tocar la música que más podía ayudarle en ese mismo momento. - amplió su sonrisa, mientras se echaba hacia atrás, hasta quedar apoyada su espalda en el respaldo, al mismo tiempo que depositaba sus manos tras su cabeza.- ¡Le vino como anillo al dedo! Se empezó a sentir mejor después de eso, puejeje… - comentó con una sonrisa tierna, terminando de explicar el segundo caso conocido en el que había sanado el alma de alguna persona aunque fuera. Pero era el momento del caso más trágico.
- Y por último… - sus párpados se entrecerraron, dejando en el rostro de Garnet una expresión de cierta melancolía y tristeza.- Has dicho que estuviste en Skypiea, ¿es o no es? - retiró su siniestra de detrás de su cabeza, para chasquear los dedos de esa mano y señalar a la pantalla con el índice izquierdo.- Dime, Miyo-chan, ¿estuviste en los Juegos del mono ese? - intentaba recordar el nombre del Shichibukai, pero no le salía ni a tiros.- Yo también estuve, pero muchos años atrás… - comentó con pesadez, siendo preso de los recuerdos que comenzaban a aflorar la mente de Garnet.- Verás, allí conocí a una marine, pelirroja, con curvas que quitaban el hipo y una personalidad que podía camelarse a quién quisiera. - esbozó una sonrisa algo incómoda, irguiéndose para acercarse más a la pantalla.- No te voy a mentir, el menda simplemente quería echarle un polvazo, y ella matarme… Vaya cruz, ¿huh? Puejejeje - rió con cierta incomodidad, desviando su mirada hacia el suelo.- Pues la cosa es que terminamos quedando después de estos juegos allí en Skypiea, cada uno con nuestras mismas intenciones. - alzó nuevamente los ojos hacia Miyori, con una mirada y sonrisa que denotaba cierta picardía.- Al final ganó el menda… Puejejeje - rió de forma perversa y, seguidamente, volvió su expresión llena de melancolía.- Sí, hicimos el delicioso de forma salvaje y, después de eso, a la marine le salió un trauma que tenía guardado en su corazón, una carga y un peso que era demasiado para ella sola. - recordaba a la perfección cada una de las palabras de Ikirami, además de la promesa que le hizo de que jamás le contaría a nadie que fue lo que le pasó en su infancia.- Así que, en un momento de pánico en el que parecía no responder a nada externo, le toqué una tonada llena de tristeza y melancolía para que pudiera llorar en paz… - extendió la palma de sus manos al frente, fijando su mirada en ellas.- En ese momento no sé muy bien cómo lo hice ni por qué… Simplemente al menda le salió del alma hacerlo y punto. - exhaló un profundo suspiro, volviendo a cruzar miradas con el infinito océano que descansaba en los orbes de Miyori.- Tras eso, idiotas de nosotros, nos pillamos el uno por el otro y empezamos a tener una relación… - cerró los ojos, al mismo tiempo que negaba con la cabeza, recordando el momento en el que Ikirami abandonó sin explicación al pelirrojo.- ¿Qué podía salir bien entre un pirata y una marine? - abrió los ojos, con cierta tristeza en su mirada.- A veces uno tiene que entender que no está hecho para el amor, ¿es o no es? - sonrió, de forma incómoda, preparándose para preguntarle lo siguiente a Miyori.
- Dime, Miyo-chan… - miró de arriba a abajo la pantalla que contenía a la belleza pelinaranja.- Me rayaría a muerte que no fuera así, ¿pero te has enamorado alguna vez? ¿Y cómo te fue, huh? -
Sin quererlo ni beberlo, y simplemente porque sintió que era lo necesitaba hacer Garnet, las notas emitidas por la guitarra eléctrica del pelirrojo, fluyeron y se introdujeron en el interior de la mujer de cerúleos ojos, otorgándole de una calidez y de una sensación de estar arropada que hizo hasta que cerrara los ojos en calma, sintiéndose querida y abrazada por la melancólica tonada del músico. Y después de que Garnet rasgara por última vez las cuerdas de su Sabertones, con la última nota fundiéndose en el corazón de la joven, Miyori, depositando su mirada hacia los ojos de esmeralda del pirata semidesnudo, y con una sonrisa que podría ser capaz de derretir hasta el mismísimo kairoseki, le dio las gracias con una suavidad y ternura que provocó que su corazón se saltara un latido para, seguidamente, que en su interior se sintiera invadido por una reconfortante sensación de placer. Era como si Garnet sintiera que quería proteger a toda costa a la chica, que no soportaba verla triste o desanimada. Y esa sonrisa, junto a cómo se sentía el pelirrojo en aquel momento, era la mayor prueba de que ese sentimiento y esa intención eran reales.- Nanai, gracias a ti Miyo-chan. - No quiso pronunciar ni exteriorizar aquellas palabras, guardándoselas con admiración en su interior, perdiéndose y desvaneciéndose en su recuerdo y en la calidez del momento.
Lo que no pudo callarse ni por asomo, era lo valiente y fuerte que le parecía la violinista pues, alguien que luchaba y perseguía cumplir sus ideales de la manera en la que ella lo hacía, no podía ser sinónimo de debilidad, en lo absoluto. Observó cómo se ponía algo nerviosa al respecto, desviando la mirada de Garnet y desplazando parte de su mechón por detrás de su oreja, dejando más a la vista su rostro de ángel. Y vaya que si era un ángel pues, cuando el skypiean soltó toda clase de ataques e improperios hacia los que otrora fueron los nakama de Miyori, la mujer de vestido inmaculado escogió defender la decisión que ellos tomaron tiempo atrás, alegando que lo hicieron para protegerla, debido a los peligros que se habían encontrado en su paso hacia el Grand Line. Y es que, ante aquella actitud, ¿cómo no iba la admiración de Garnet hacia ella sino aumentar? - Deja de brillar tanto… El menda siente que se va a quedar cegato como un topo. - Entrecerró los ojos de manera dramática, interponiendo sus manos ante la pantalla, debido a la forma en la que la figura y la personalidad tan bondadosa de Miyori deslumbraban como el mismo sol.
Y tal y como el astro reina brillaba con todo su esplendor, de manera paulatina comenzó a apagarse, pudiendo notar como la mirada de Miyori se entristecía, hasta el punto de que pequeñas lágrimas saltaron de sus orbes de color marino, llevando sus manos hacia su rostro para limpiárselas. Ante esta escena, Garnet se sobresaltó, hasta el punto de ponerse nervioso, pensando en que quizás había dicho algo indebido, cosa que no era de extrañar por lo bruto que podía llegar a ser el macarra.- ¡P-perdona Miyo-chan! ¡N-no sé si dij…! - titubeó, posicionando sus manos hacia delante, de forma que estas encaraban hacia la pantalla de la pelinaranja. Sin embargo, otra señal de agradecimiento interrumpió por completo el intento de disculparse por parte de Garnet. Aparentemente, sus palabras le habían subido el ánimo, cosa que hizo que Garnet mostrara una amplia sonrisa una vez más. - Te subiré el ánimo las veces que hagan falta, Miyo-chan, ¿es o no es? - dijo casi que sin pensar, pensando en lo mucho que quería preservar esa sonrisa que tanta sensación de hogar, de estar en casa, le había dado.
Cuando Garnet comenzó a explicar lo que debía ser la figura de una superestrella, siguiendo su discurso de la fama y como el pelirrojo - olvidando su propio sueño por unos instantes - declaró que Miyori tenía lo que debía tener para alzarse con ese título. Seguidamente, tras explicar que alguien no moría si es que no era olvidado, pudo otear como la joven colocaba su diestra sobre su pecho, en la posición donde debía estar su corazón, manteniendo como una expresión casi solemne y meditativa. Tras eso, Miyori procedió a soltar un discurso que Garnet sentía que, cada palabra que salía por la boca de la bella joven, le cautivaba de alguna manera. Comenzando por un tímido y discreto rubor en sus mejillas, Miyori declaró que siendo una artista que divagaba por el mundo, ella siempre compartiría su melodía, y su música allá donde estuviera, alegando que su forma de hacer que su música prevalezca no era convirtiéndose en un símbolo a nivel mundial, sino esparciendo su amor hacia los demás con su música momento en él cuál, ese rubor inicial que se había acumulado en las mejillas del músico, se extendieron por gran parte de su rostro, al mismo tiempo que llevaba su siniestra hacia su pecho, desviando su mirada hacia esa parte del cuerpo- Me huelo que lo conseguirás, sí… - pensó, con una sonrisa un tanto nerviosa, volviendo a alzar su mirada hacia Miyori, quién prosiguió con su discurso señalando que, si en algún momento sus canciones dejaran de existir, habría alguien que aún las recordara con amor y cariño. Y fue al terminar de escuchar a la pelinaranja usar la muletilla de Garnet, que sintió como éste se terminaba de morir. Tornándose su cara de un color rojizo que se llegaba incluso a asemejar con el tono de su cabello, la cabeza del pelirrojo estalló, soltando una bocanada de vapor y echando su cuerpo hacia atrás, como si acabara de recibir un tiro en la frente de su cabeza.- ¿Qué cojones acaba de pasar…? - se preguntaba Garnet, teniendo su rostro encarado completamente mirando hacia el techo pues, de la inercia de su exagerado y dramático gesto, su cuerpo había quedado apoyado en la parte más alta del respaldo, mientras dejaba caer bajo los efectos de la gravedad y como si fueran peso muerto sus brazos.- Miyo-chan… Tú… - enfocó su mirada en ella, sin moverse del sitio, mientras sentía como su órgano latiente amenazaba con escapar en cualquier momento de su prisión ósea.- Nanai Garnet, olvídalo… - Se enderezó, agitando y meneando su cabeza hacia los lados, para desprenderse de esa clase de pensamientos que, en ese momento, no tenían demasiado sentido recuperando la compostura al momento.
- Si dices que harás de cada parte del mundo tu escenario… - se cruzó de brazos, mientras mantenía una sonrisa tierna hacia la pelinaranja.- Tienes lo que hay que tener para lograrlo, Miyo-chan. - asintió con la cabeza.- Conseguirás que toda la peña del mundo se enamore de tu música, de verdad lo digo. - pronunció, con una sonrisa ladeada que denotaba confianza en sus palabras, hasta que una voz en su cabeza hizo que una mueca de incomodidad, acompañada de un ligero sonrojo, apareciera en su rostro.- Se enamore de tu música y de ti. - añadió su mente, ante el innegable brillo y carisma que desbordaba Miyori - a su manera -, invitando a que la gente encontrara en ella una fuente de inspiración y alguien a quién admirar. ¿Y no era el amor una forma de inspiración y admiración en sí misma? Sentía que, aquellas emociones y sentimientos que empezaban a aflorar en el interior de Garnet, podían ser el inicio de algo nuevo. En sí mismo, ya podía notar como empezaba a crearse una especie de conexión y vínculo entre los dos… Pero… ¿Quería el pelirrojo tener algo así? - Corta el rollo ya, Garnet, ¿huh? - se comenzó a recriminar en su cabeza, pensando en sendas vivencias que había experimentado en el pasado, vivencias que le hacían recordar lo que era el verdadero dolor, sufrimiento y tristeza, desembocando en que, si había una remota posibilidad de que algo surgiera en el interior de Garnet en aquel momento, muriera de forma abrupta.- Al loro, Miyo-chan, si la gente ya no se cosca de tus canciones ni de tu música, ¡eso será porque la humanidad entera la ha palmada! PUAJAJAJAJJAJA - recuperó el pelirrojo la compostura, haciendo una declaración de intenciones de que, la música de Miyori, siempre será recordada, terminando por alzar la voz en una sonora carcajada.- Ah, y tenlo clarinete, ¡tú y yo tenemos que tocar y componer algo juntos alguna vez! ¿Te hace? - propuso el skypiean, teniendo en cuenta la sinergia musical que había encontrado en el momento en el que los dos habían tocado el sake de binks, sintiendo como su corazón se calentaba ante la mera idea de tocar algo junto a ella, pero no con tanta intensidad como podría haberlo hecho antes.
Y hablando de componer, en el momento en el que Miyori preguntó por la vida del marrano número uno del Distrito del Placer lo cuál invitó a que Garnet, en vez de contar su vida tal y como hacía todo el mundo, la cantara en forma de una canción que acababa de improvisar justo en ese momento gracias a la fuente de inspiración que parecía emanar por cada poro de su piel la joven de cabellos anaranjados, quien se acercó a la cámara, con su cabeza apoyada sobre sus rodillas para prestar atención a su composición. Viajando entre la alegría y la tristeza, según la parte de la pieza musical que iba tocando, lo que mató de ternura al skypiean fue observar como la chica, con los ojos cerrados y una expresión que podrían encandilar hasta al más aguerrido de los bandidos, comenzó a mecer su cuerpo hacia los lados, entregando su cuerpo al ritmo del compás. Si era para volver a experimentar y poder verla disfrutar de aquella manera no le importaba entregarle cada una de sus canciones.
Una vez terminada la canción que se titulaba “Música y Amor”, los aplausos por parte de la deslumbrante musa llegaron, causando que una gran sonrisa se mostrara en el rostro de Garnet.- ¡Muchas gracias, Miyo-chan! ¡Encantronio de que te haya turboflipado, puejeje! - agradecía de todo corazón las palabras de la chica, soltando expresiones o palabras inventadas. Nuevamente, su corazón comenzó a luchar para liberarse de unas cadenas, tanto físicas como psicológicas, que el mismo Garnet se había autoimpuesto, al presenciar como Miyori empezaba a tararear parte de su canción para, seguidamente, empezar a cantar el estribillo, con una armonía y una voz tan dulce y tan tierna que hizo sonrojar al músico, además de erizar por completo el vello de su piel.- Joder… Es preciosa… Un día de estos me va a mandar al corral de los quietos, ¿es o no es? - admiraba por completo la entidad de la pelinaranja, como si de una especie de divinidad se tratara.- Creo que nunca me cansaría de escucharte cantar, Miyo-chan. - dijo con plena seriedad, y casi sin pensarlo para que, un segundo después, reculara.- ¡Q-quiero decir! ¡El menda se refería a que cantas que te cagas! Me hace mucha ilu además que te sepas ya hasta el estribillo, ¡se nota que somos dos locos de la música, Miyo-chan! - corrigió, respirando algo aliviado de pensar que había conseguido salir del paso.
Seguidamente, después de que Garnet le dijera que, si ella quería, podía contarle más cosas de su vida, Miyori mostró un genuino interés en la vida del pelirrojo, centrándose en una pregunta que, sin lugar a dudas, daba mucho para hablar.- ¿Que si he sanado algún corazón? - repitió la pregunta, fijando su mirada hacia el techo, mientras se quedaba cruzado de brazos, exhalando un profundo suspiro. Por supuesto, conocía la respuesta perfectamente de aquella pregunta una respuesta que era agridulce por lo que fuera. El pirata del tanga volvió a descender su mirada hasta que se encontró con la dulce faz de la violinista. Garnet sonrió de forma ladeada, mientras expulsaba un pequeño torrente de aire por la nariz.- Sí lo hice sí… Que yo sepa, mi música ayudó a sanar el corazón en tres situaciones distintas… - Cerró los ojos, buscando recordar, y viajar desde el tiempo más cercano, hasta el más distante, una vez que los tenía claro y ubicados, abrió los ojos, volviéndose a mezclar el verde de los orbes de Garnet con los azules de Miyori.- Hay una isla que está sumergida en el mar, ¿sabes? ¡Se llama la Isla Gyojin! ¡Es una movida llegar allí! No sé si te has dado un voltio por allí... - enunció, mientras se rascaba la cabeza con su diestra, prosiguiendo sin que dejara que la joven pudiera responder siquiera.- El caso es que allí, hay una zona marginal donde viven los parias de la isla. - Volvió a cruzarse de brazos, adoptando una expresión más seria, mientras recordaba como durante su niñez y adolescencia, fue prácticamente marginado y repudiado por la sociedad.- No me mola ni un pelo que la peña margine a otra peña… - espetó, de forma cargada.- Así que al igual que la música me echó un cable en mis peores momentos, me cosqué de que igual lo que les hacía falta para no pensar demasiado en lo que les faltaba, era enseñarles que la música siempre podía estar con ellos. - Obviamente, aquello no era algo que podía solucionarles la vida, pero sí que era algo que podría hacerla más sobre llevadera. Seguía sin entender porque la revolución permitía esta distinción de clases, pero esperaba que simplemente fuera algo que estaban procediendo a cambiar paulatinamente.- La peña de allí me lo puso chunguete, al mostrarse algo en contra de la música al principio. - Y finalmente, al recordar como sus melodías terminaron por cautivar los corazones de esos desdichados gyojin, Garnet volvió a sonreír.- Pero la turra mereció la pena y, al final pudieron sentir ese calor que sólo la música te puede hacer sentir… - concluyó, posando con más fijación su mirada sobre Miyori.
- El otro caso en el que me cosqué de que ayudé a alguien con mi música fue en Momoiro… Una isla muy colorida, ¡si no te has paseado por allí seguro de que te fliparía! - comentó ilusionado Garnet, pensando en como su buen amigo y rival Aspros era justamente la antigua reina de aquella isla.- Tengo algún que otro enchufe allí, así que llegado el momento podemos bichear de ir juntos y dar algún concierto chulo los dos, ¿es o no es? - propuso, sin darse demasiado cuenta en que era lo que estaba proponiendo, dejándose llevar simplemente por el mero hecho de hacer música.- La cosa es que, en uno de mis arrebatos, me dio por dar un concierto guapísimo en una placita rosa e iba todo bien, ¡el público gritaba mi nombre! - exclamaba con ilusión al recordar aquel momento, teniendo en cuenta que fue justamente después de que el pelirrojo resurgiera de sus cenizas tras haber estado algo de bajona por todo el incidente de Finn Slingerland.- Pero gracias a mi Haki de Observación, pude coscarme de que de entre toda la peña, había alguien, un criajo, que estaba triste y solo, ¿y qué clase de artista sería si no pudiera hacer sentir bien a todo mi público, huh? ¡Cómo si era sólo uno entre mil! - declaró, soltando aire por la nariz a presión.- Así que leyendo sus emociones, intenté tocar la música que más podía ayudarle en ese mismo momento. - amplió su sonrisa, mientras se echaba hacia atrás, hasta quedar apoyada su espalda en el respaldo, al mismo tiempo que depositaba sus manos tras su cabeza.- ¡Le vino como anillo al dedo! Se empezó a sentir mejor después de eso, puejeje… - comentó con una sonrisa tierna, terminando de explicar el segundo caso conocido en el que había sanado el alma de alguna persona aunque fuera. Pero era el momento del caso más trágico.
- Y por último… - sus párpados se entrecerraron, dejando en el rostro de Garnet una expresión de cierta melancolía y tristeza.- Has dicho que estuviste en Skypiea, ¿es o no es? - retiró su siniestra de detrás de su cabeza, para chasquear los dedos de esa mano y señalar a la pantalla con el índice izquierdo.- Dime, Miyo-chan, ¿estuviste en los Juegos del mono ese? - intentaba recordar el nombre del Shichibukai, pero no le salía ni a tiros.- Yo también estuve, pero muchos años atrás… - comentó con pesadez, siendo preso de los recuerdos que comenzaban a aflorar la mente de Garnet.- Verás, allí conocí a una marine, pelirroja, con curvas que quitaban el hipo y una personalidad que podía camelarse a quién quisiera. - esbozó una sonrisa algo incómoda, irguiéndose para acercarse más a la pantalla.- No te voy a mentir, el menda simplemente quería echarle un polvazo, y ella matarme… Vaya cruz, ¿huh? Puejejeje - rió con cierta incomodidad, desviando su mirada hacia el suelo.- Pues la cosa es que terminamos quedando después de estos juegos allí en Skypiea, cada uno con nuestras mismas intenciones. - alzó nuevamente los ojos hacia Miyori, con una mirada y sonrisa que denotaba cierta picardía.- Al final ganó el menda… Puejejeje - rió de forma perversa y, seguidamente, volvió su expresión llena de melancolía.- Sí, hicimos el delicioso de forma salvaje y, después de eso, a la marine le salió un trauma que tenía guardado en su corazón, una carga y un peso que era demasiado para ella sola. - recordaba a la perfección cada una de las palabras de Ikirami, además de la promesa que le hizo de que jamás le contaría a nadie que fue lo que le pasó en su infancia.- Así que, en un momento de pánico en el que parecía no responder a nada externo, le toqué una tonada llena de tristeza y melancolía para que pudiera llorar en paz… - extendió la palma de sus manos al frente, fijando su mirada en ellas.- En ese momento no sé muy bien cómo lo hice ni por qué… Simplemente al menda le salió del alma hacerlo y punto. - exhaló un profundo suspiro, volviendo a cruzar miradas con el infinito océano que descansaba en los orbes de Miyori.- Tras eso, idiotas de nosotros, nos pillamos el uno por el otro y empezamos a tener una relación… - cerró los ojos, al mismo tiempo que negaba con la cabeza, recordando el momento en el que Ikirami abandonó sin explicación al pelirrojo.- ¿Qué podía salir bien entre un pirata y una marine? - abrió los ojos, con cierta tristeza en su mirada.- A veces uno tiene que entender que no está hecho para el amor, ¿es o no es? - sonrió, de forma incómoda, preparándose para preguntarle lo siguiente a Miyori.
- Dime, Miyo-chan… - miró de arriba a abajo la pantalla que contenía a la belleza pelinaranja.- Me rayaría a muerte que no fuera así, ¿pero te has enamorado alguna vez? ¿Y cómo te fue, huh? -
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