01-10-2026, 04:38 PM
(Última modificación: 01-10-2026, 04:39 PM por Juan Sebastian.)
Hanayama, sin llegar a darse la vuelta, se detiene ante las palabras de Magnus. Se ha quedado sorprendida por los actos del caballero con el que ha intercambiado su pasión previamente. ¿Tuvo la osadía de dedicarse a plasmar sus sentimientos cuando tenía delante a quien bien podría haber sido su enemigo? En un sutil y veloz movimiento, agarra la hoja de papel que Magnus le tiende, guardándola en el bolsillo de su camisa de uniforme.
—Nfunfu… Lo leeré con gusto, a solas… Slayy… —le dice tras guiñarle el ojo y volver a caminar hacia el exterior del bar. Una vez sale, nota que el calor ha empezado a remitir y una suave brisa mueve su larga cabellera al viento mientras su elegante figura se pierde en el horizonte. El dúo de ancianos observa cómo avanza por la calle desde el carro mientras comen una deliciosa sopa de arroz que habían preparado para el almuerzo. Cuando pasa a su lado, es la anciana la que esta vez le silba de forma provocativa.
—Nfunfu, viejos descarados… —dice con una sonrisa, sin detener sus andares.
De vuelta en el bar, tenemos a Magnus junto con el resto de la división de Hanayama, las muchachas que se desmayaron durante la emoción del combate se volvían a incorporar. El camarero, que también es dueño del bar, aprovechando que el mujerón ha salido, se asoma por la barra y se dirige a los presentes con un tono enfurecido, pero algo cohibido aún por el miedo.
—Bueno, ¡¿quién va a hacerse cargo de los daños del local, eeeh?!
Cuando todos los presentes, se detienen a mirar a su alrededor, pueden observar cómo la madera del suelo está dañada, fruto de las poderosas pisadas de los combatientes. La puerta está rota junto a una buena cantidad de sillas y mesas, producto de la entrada violenta del pobre Eugenio. Cualquiera podría imaginar lo costoso que sería arreglar todos los desperfectos. Las chicas se hacen las locas, evitando cruzar sus miradas con el dueño del lugar.
—O sea… Todo esto es como muy super fuerte, ¿verdad? Acabamos de ver en primera fila un espectáculo de amor y pasión y te preocupas por esas tonterías… —le responde Patricia, tomando la iniciativa por sus compañeras. Tras eso, mira al imponente buccaneer, uno de los principales implicados en el destrozo del bar.
—¿Tú qué opinas, amor? —le pregunta con un aire de timidez.
El rostro del dependiente empieza a ponerse rojo por la furia, anticipando que puede que ninguno de los presentes quiera hacerse cargo de las reparaciones. Mientras tanto, Eugenio empieza a gatear para intentar salir del local sin ser visto.
—Nfunfu… Lo leeré con gusto, a solas… Slayy… —le dice tras guiñarle el ojo y volver a caminar hacia el exterior del bar. Una vez sale, nota que el calor ha empezado a remitir y una suave brisa mueve su larga cabellera al viento mientras su elegante figura se pierde en el horizonte. El dúo de ancianos observa cómo avanza por la calle desde el carro mientras comen una deliciosa sopa de arroz que habían preparado para el almuerzo. Cuando pasa a su lado, es la anciana la que esta vez le silba de forma provocativa.
—Nfunfu, viejos descarados… —dice con una sonrisa, sin detener sus andares.
De vuelta en el bar, tenemos a Magnus junto con el resto de la división de Hanayama, las muchachas que se desmayaron durante la emoción del combate se volvían a incorporar. El camarero, que también es dueño del bar, aprovechando que el mujerón ha salido, se asoma por la barra y se dirige a los presentes con un tono enfurecido, pero algo cohibido aún por el miedo.
—Bueno, ¡¿quién va a hacerse cargo de los daños del local, eeeh?!
Cuando todos los presentes, se detienen a mirar a su alrededor, pueden observar cómo la madera del suelo está dañada, fruto de las poderosas pisadas de los combatientes. La puerta está rota junto a una buena cantidad de sillas y mesas, producto de la entrada violenta del pobre Eugenio. Cualquiera podría imaginar lo costoso que sería arreglar todos los desperfectos. Las chicas se hacen las locas, evitando cruzar sus miradas con el dueño del lugar.
Contenido Oculto
—O sea… Todo esto es como muy super fuerte, ¿verdad? Acabamos de ver en primera fila un espectáculo de amor y pasión y te preocupas por esas tonterías… —le responde Patricia, tomando la iniciativa por sus compañeras. Tras eso, mira al imponente buccaneer, uno de los principales implicados en el destrozo del bar.
—¿Tú qué opinas, amor? —le pregunta con un aire de timidez.
El rostro del dependiente empieza a ponerse rojo por la furia, anticipando que puede que ninguno de los presentes quiera hacerse cargo de las reparaciones. Mientras tanto, Eugenio empieza a gatear para intentar salir del local sin ser visto.
Tortuga Narradora

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