02-10-2026, 07:08 AM
Mis ojos azules permanecieron sobre los suyos…
Me fijé en la manera en que sonreía, en cómo hablaba y, sobre todo, en el timbre de voz que empleaba para brindarme aquellas palabras llenas de ánimo, cada detalle parecía ir quedándose para siempre en mi cabeza, incluso aquellas donde su rostro parecía tornarse ligeramente colorado, provocándome ciertas dudas de su reacción mientras me cuestionaba a mí misma, casi de manera inconsciente, si había dicho algo fuera de lugar, incluso llegué a bajar la mirada por un instante, reflexionando sobre lo dicho antes, ¿fui impropia?, ¿dije algo vergonzoso?
Respondí en automático, sin pensarlo siquiera un segundo, cuando se trata de música, de componer, de escuchar o simplemente de compartirla con alguien más, mi corazón siempre parece despierto, expectante, aguardando cualquier oportunidad para responder con un inmediato sí. — Ah… disculpa, quise decir que sí, me encantaría componer algo contigo. — Aclaré enseguida, quizás por si mi respuesta había resultado demasiado ambigua, y con ello, una cálida sonrisa se dibujó en mis labios, emocionada por lo que implicaba su propuesta.— Es una promesa.
Parpadeé un par de veces mientras lo observaba corregir nervioso sus propias palabras después de haber dicho que nunca se cansaría de escucharme cantar, aquello consiguió que inclinara ligeramente la cabeza hacia un lado, como si intentara comprender la pequeña contradicción entre lo que había dicho primero y lo que finalmente quiso expresar, me parecía ser la misma cosa, aun así, decidí simplemente dejarme llevar por la conversación, no había nada de malo en escucharnos mutuamente, ¿verdad?, mi mundo su mundo — Yo también… — continué con serenidad, dejando escapar una pequeña sonrisa — Nunca me cansaría de escucharte cantar.
En ese momento, el artista de ojos esmeralda comenzó a relatar parte de sus experiencia del paso, hablándome de aquellas personas que alguna vez encontraron en su música, una bendición envuelta en poesía, un refugio para sus aflicciones. Al notar la pasión con la que hablaba simplemente permanecí atenta a cada una de sus expresiones, a sus movimientos y, a la forma en que sus propias palabras parecían transportarlo hacia aquellos recuerdos, era como si, mientras me hablaba, Garnet viajará por unos instantes a aquella época en la que apenas comenzaba a abrirse camino en su carrera musical, cuando todavía estaba descubriendo el verdadero alcance que podían tener sus canciones sobre los demás.
Y yo quería saber más… mucho más.
Aunque me hablaba de las islas cuyos nombres jamás había escuchado y de lugares que únicamente podían intentar imaginar en mi cabeza, de alguna manera, conseguía hacerme visualizar con su relato cómo eran esos lugares, podía imaginar sus paisajes, los habitantes y hasta las circunstancias que él había enfrentado. La primera historia, por lo que lograba comprender, parece estar relacionada con una especie de revolución musical, un hecho que poco a poco consiguió despertar mi curiosidad hasta que mis ojos se abrieran con mayor interés, y tan pronto como me pareció algo cruel, fruncí ligeramente el ceño con cierto puchero. ¿Una isla donde la música había sido silenciada?, me resultaba un mundo vacío, quizás antes de él había sido un sitio carente de vida, de alegría o incluso de propósitos, y entonces, surgían las preguntas que inevitablemente se acumulaban en mi mente, ¿cómo había podido soportar algo así?, ¿Qué tuvo que hacer para recuperar el alma de la música en ese suburbio olvidado?, y claro, mi admiración en Garnet fue creciendo.
— ¿Momoiro? — repetí con cierta duda, colocando el lateral de mi dedo índice sobre mis labios mientras forzaba mi cabeza a recordar ese nombre, me resultaba familiar, estaba casi segura de haberlo escuchado antes. — Creo que sí… Recientemente estuve allí, aunque fue por muy poco tiempo, me parece bien volver, sí.
Al continuar con su historia, mis ojos azules se abrieron de par en par al escuchar sobre el niño entre la multitud, no fue únicamente por la felicidad con la que él parecía revivir aquella experiencia, sino por algo mucho más específico, había mencionado que, durante ese concierto, utilizó su Haki de observación para percibir los corazones de las personas que componían su público, aquello hizo que mis ojos se llenaran de una ilusión a la vista, ¿realmente era posible utilizar aquella energía de semejante manera?, no, claro que es posible solo es que nunca había pensado en utilizarlo para encontrar corazones rotos, después de todo, sigo siendo relativamente nueva en el uso de aquella energía y aún me encontraba descubriendo sus posibilidades. La información que acaba de compartir conmigo consiguió arrancarme una sonrisa encantada. Garnet era realmente un genio, sin siquiera proponérselo, acababa de entregarme una herramienta que podía resultar invaluable para aquello que yo deseaba alcanzar. — Me alegra mucho que hayas podido ayudar al pequeño niño, la música puede sanarlo todo.
Y finalmente llegó aquella última historia, una que, a diferencia de las anteriores parece haber dejado una huella mucho más profunda al ser recordada, no solo en el corazón de una doncella de cabellos rojizos, sino también en el propio prodigio de la guitarra. Le escuché con el corazón completamente dispuesto a comprender la razón de sus expresiones, y pude darme cuenta que amar con todo lo que uno posee no siempre garantiza que las cosas vayan a salir bien.
Cuando sus ojos me mostraron esa tristeza profunda, al perderme en su expresión de melancolía que camuflaba con una sonrisa casi falsa, incómoda, en ese momento me sentí en el filo de la ignorancia… y por primera vez en mi vida, sentí envidia.
Aunque, para ser sincera, al principio tampoco había comprendido del todo aquello de querer echar un “polvo”, no fue sino hasta que mencionó lo de hacerlo “deliciosamente salvaje” con la chica de la historia que finalmente entendí a qué se refería. Y aquello me tomó tan desprevenida que, en cuestión de segundos sentí como el rostro se me encendía hasta tornarse completamente roja — C-comprendo… — murmuré, tratando de asimilarlo mientras desviaba ligeramente la mirada, todavía con las mejillas ardiendo.
Lo que había comenzado como una seducción compartida entre ambas personas, la marine y el pirata, terminó revelándose como una historia mucho mucho más compleja de lo que inicialmente parecía ser, y ahora, frente a mí, tenía a alguien que alguna vez había cargado con un corazón roto… o que quizas, todavía conservaba algunas cicatrices de aquello, por eso, cuando me devolvió la pregunta, permanecí en silencio durante varios segundos, busqué dentro de mí alguna palabra que pudiera estar a la altura pero… por más que lo intenté, tuve que admitir una cosa… no tenía respuesta.
Inmersa en mis pensamientos tras su última pregunta, comencé a desabotonar el bolero de encaje que traía encima, y dejé la prenda a un lado, sobre el suelo, después me apoyé hacia atrás utilizando la base lateral de la cama como un respaldo, mientras mi mirada se perdía en el techo de aquella habitación.
¿De verdad había estado enamorada?
Había llegado a la conclusión de que no.
Quizás el silencio se prolongó más de lo esperado pero no sentí incomodidad ante su curiosidad, y mucho menos era un tema que me molestara que indagara. La conversación simplemente había tomado aquel rumbo, y aun así, cada vez que alguien me hacía esa pregunta parecía encontrarme al borde del vacío, ¿por qué para otros era tan sencillo reconocerlo mientras que para mí resultaba tan difícil siquiera identificarlo?
Pensé un instante en Ryota y en Runnin como también logré pensar en Tezca y Jin, recordé la dinámica que tenía como pareja y me parecían algo precioso de ver.
— Una vez… — murmuré con lentitud, bajando la mirada hacia el suelo — pensé estarlo, pero con el tiempo creo que solo confundí la ilusión con el amor. — explicaba con calma mientras recordaba efímeramente todos esos momentos — No sé mucho sobre el amor… de hecho, no sé nada. — Confesé con tranquilidad.
Mis ojos azulinos se desviaron entonces hacia el ramo de rosas metálicas que descansaban sobre el buró, aquel pequeño obsequio que me había entregado Eros en Skypiea, y una sonrisa dulce nació en mis labios al contemplar las flores eternas, habían sentimientos que tardaban en encontrar un nombre, nacidos en destinos inciertos que, sin saberlo, terminaban floreciendo en emociones que en un inicio estaban aparentemente escondidas durante los años ya recorridos, fue encontrar en él lo que ahora puedo creer fue admiración, aprecio y gratitud cargado de amor. ¿Pero es a eso a lo que llaman amor verdadero?
Y con aquel pensamiento recordé también a Enji, en Baterilla.
La primera vez que lo conocí había sido en medio del caos y el fuego, cuando el infierno fue invocado en el muelle abrasando todo a su paso hasta volverlo cenizas, recordé el momento de cuando abracé su dolor tanto como él me permitió hacerlo… y quizás fue precisamente eso lo que hizo que aquella conexión significara tanto para mí hasta ahora, en ese desastre, lo acompañé en su ansiedad hasta haber convertido su trauma en algo que pudo soltar, lo ayudé a respirar.
Amo tanto a Enji como amo a mi familia, ese es un hecho, con él siempre he logrado desbordar emociones como amistad, confianza, afecto, ¿no se supone que la persona amada se convierte en familia también?, pero entonces… ¿por qué no puedo distinguir ese sentimiento cuando estoy con él?
— Dicen que por cada persona hay otra destinada… — dije mientras finalmente levantaba la mirada hacia la cámara del caracol — Y que, a pesar de las adversidades, ese vínculo se mantiene firme sin importar lo que pase… eso lo sé.
— Pero… — murmuré, llevando ligeramente mi diestra detrás de la nuca mientras desviaba la mirada algo conflictiva — No comprendo cómo se identifica ese sentimiento, ¿cómo sé si amo a una persona más que a otra?, ¿cómo se supone que se siente estar enamorada?
Lo pensé una y otra vez, dejando que distintos recuerdos cruzaran por mi mente, entre tantos como los besos impuestos sobre mis labios, la sensación cálida y dulce de algunas promesas juradas, recordé esos abrazos recibidos de diferentes personas, caricias, ánimos, una mano extendida para encontrar la mía… incluso el refugio de un latido junto al mío, todo aquello había significado algo para mí, pero no sabía si alguno de esos sentimientos podía llamarse amor.
— ¿Cómo se supone que distinga lo que significa amar..? — pregunté finalmente con cierta honestidad en mi voz, guardé silencio unos segundos antes de volver a mirarlo, y esa es la razón por la qué sentí envidia cuando escuché su historia de amor, porque carezco de ese sentimiento.
— Dime… ¿se siente como amar la música? — la pregunta quedó suspendida mientras mantenía mis ojos zafiros sobre aquel pirata artista, esperando encontrar en su respuesta una forma de comprender un sentimiento que me es completamente ajeno.
Me fijé en la manera en que sonreía, en cómo hablaba y, sobre todo, en el timbre de voz que empleaba para brindarme aquellas palabras llenas de ánimo, cada detalle parecía ir quedándose para siempre en mi cabeza, incluso aquellas donde su rostro parecía tornarse ligeramente colorado, provocándome ciertas dudas de su reacción mientras me cuestionaba a mí misma, casi de manera inconsciente, si había dicho algo fuera de lugar, incluso llegué a bajar la mirada por un instante, reflexionando sobre lo dicho antes, ¿fui impropia?, ¿dije algo vergonzoso?
“Ah, y tenlo clarinete, ¡tú y yo tenemos que tocar y componer algo juntos alguna vez! ¿Te ha—?”
—Sí.
Respondí en automático, sin pensarlo siquiera un segundo, cuando se trata de música, de componer, de escuchar o simplemente de compartirla con alguien más, mi corazón siempre parece despierto, expectante, aguardando cualquier oportunidad para responder con un inmediato sí. — Ah… disculpa, quise decir que sí, me encantaría componer algo contigo. — Aclaré enseguida, quizás por si mi respuesta había resultado demasiado ambigua, y con ello, una cálida sonrisa se dibujó en mis labios, emocionada por lo que implicaba su propuesta.— Es una promesa.
Parpadeé un par de veces mientras lo observaba corregir nervioso sus propias palabras después de haber dicho que nunca se cansaría de escucharme cantar, aquello consiguió que inclinara ligeramente la cabeza hacia un lado, como si intentara comprender la pequeña contradicción entre lo que había dicho primero y lo que finalmente quiso expresar, me parecía ser la misma cosa, aun así, decidí simplemente dejarme llevar por la conversación, no había nada de malo en escucharnos mutuamente, ¿verdad?, mi mundo su mundo — Yo también… — continué con serenidad, dejando escapar una pequeña sonrisa — Nunca me cansaría de escucharte cantar.
En ese momento, el artista de ojos esmeralda comenzó a relatar parte de sus experiencia del paso, hablándome de aquellas personas que alguna vez encontraron en su música, una bendición envuelta en poesía, un refugio para sus aflicciones. Al notar la pasión con la que hablaba simplemente permanecí atenta a cada una de sus expresiones, a sus movimientos y, a la forma en que sus propias palabras parecían transportarlo hacia aquellos recuerdos, era como si, mientras me hablaba, Garnet viajará por unos instantes a aquella época en la que apenas comenzaba a abrirse camino en su carrera musical, cuando todavía estaba descubriendo el verdadero alcance que podían tener sus canciones sobre los demás.
Y yo quería saber más… mucho más.
Aunque me hablaba de las islas cuyos nombres jamás había escuchado y de lugares que únicamente podían intentar imaginar en mi cabeza, de alguna manera, conseguía hacerme visualizar con su relato cómo eran esos lugares, podía imaginar sus paisajes, los habitantes y hasta las circunstancias que él había enfrentado. La primera historia, por lo que lograba comprender, parece estar relacionada con una especie de revolución musical, un hecho que poco a poco consiguió despertar mi curiosidad hasta que mis ojos se abrieran con mayor interés, y tan pronto como me pareció algo cruel, fruncí ligeramente el ceño con cierto puchero. ¿Una isla donde la música había sido silenciada?, me resultaba un mundo vacío, quizás antes de él había sido un sitio carente de vida, de alegría o incluso de propósitos, y entonces, surgían las preguntas que inevitablemente se acumulaban en mi mente, ¿cómo había podido soportar algo así?, ¿Qué tuvo que hacer para recuperar el alma de la música en ese suburbio olvidado?, y claro, mi admiración en Garnet fue creciendo.
— ¿Momoiro? — repetí con cierta duda, colocando el lateral de mi dedo índice sobre mis labios mientras forzaba mi cabeza a recordar ese nombre, me resultaba familiar, estaba casi segura de haberlo escuchado antes. — Creo que sí… Recientemente estuve allí, aunque fue por muy poco tiempo, me parece bien volver, sí.
Al continuar con su historia, mis ojos azules se abrieron de par en par al escuchar sobre el niño entre la multitud, no fue únicamente por la felicidad con la que él parecía revivir aquella experiencia, sino por algo mucho más específico, había mencionado que, durante ese concierto, utilizó su Haki de observación para percibir los corazones de las personas que componían su público, aquello hizo que mis ojos se llenaran de una ilusión a la vista, ¿realmente era posible utilizar aquella energía de semejante manera?, no, claro que es posible solo es que nunca había pensado en utilizarlo para encontrar corazones rotos, después de todo, sigo siendo relativamente nueva en el uso de aquella energía y aún me encontraba descubriendo sus posibilidades. La información que acaba de compartir conmigo consiguió arrancarme una sonrisa encantada. Garnet era realmente un genio, sin siquiera proponérselo, acababa de entregarme una herramienta que podía resultar invaluable para aquello que yo deseaba alcanzar. — Me alegra mucho que hayas podido ayudar al pequeño niño, la música puede sanarlo todo.
Y finalmente llegó aquella última historia, una que, a diferencia de las anteriores parece haber dejado una huella mucho más profunda al ser recordada, no solo en el corazón de una doncella de cabellos rojizos, sino también en el propio prodigio de la guitarra. Le escuché con el corazón completamente dispuesto a comprender la razón de sus expresiones, y pude darme cuenta que amar con todo lo que uno posee no siempre garantiza que las cosas vayan a salir bien.
Cuando sus ojos me mostraron esa tristeza profunda, al perderme en su expresión de melancolía que camuflaba con una sonrisa casi falsa, incómoda, en ese momento me sentí en el filo de la ignorancia… y por primera vez en mi vida, sentí envidia.
Aunque, para ser sincera, al principio tampoco había comprendido del todo aquello de querer echar un “polvo”, no fue sino hasta que mencionó lo de hacerlo “deliciosamente salvaje” con la chica de la historia que finalmente entendí a qué se refería. Y aquello me tomó tan desprevenida que, en cuestión de segundos sentí como el rostro se me encendía hasta tornarse completamente roja — C-comprendo… — murmuré, tratando de asimilarlo mientras desviaba ligeramente la mirada, todavía con las mejillas ardiendo.
Lo que había comenzado como una seducción compartida entre ambas personas, la marine y el pirata, terminó revelándose como una historia mucho mucho más compleja de lo que inicialmente parecía ser, y ahora, frente a mí, tenía a alguien que alguna vez había cargado con un corazón roto… o que quizas, todavía conservaba algunas cicatrices de aquello, por eso, cuando me devolvió la pregunta, permanecí en silencio durante varios segundos, busqué dentro de mí alguna palabra que pudiera estar a la altura pero… por más que lo intenté, tuve que admitir una cosa… no tenía respuesta.
¿Amor?
¿Qué es el amor?
¿Cómo se diferencia un sentimiento de otro?
¿Qué significa no estar hecho para el amor?
No lo entiendo…
Inmersa en mis pensamientos tras su última pregunta, comencé a desabotonar el bolero de encaje que traía encima, y dejé la prenda a un lado, sobre el suelo, después me apoyé hacia atrás utilizando la base lateral de la cama como un respaldo, mientras mi mirada se perdía en el techo de aquella habitación.
¿De verdad había estado enamorada?
Había llegado a la conclusión de que no.
Quizás el silencio se prolongó más de lo esperado pero no sentí incomodidad ante su curiosidad, y mucho menos era un tema que me molestara que indagara. La conversación simplemente había tomado aquel rumbo, y aun así, cada vez que alguien me hacía esa pregunta parecía encontrarme al borde del vacío, ¿por qué para otros era tan sencillo reconocerlo mientras que para mí resultaba tan difícil siquiera identificarlo?
Pensé un instante en Ryota y en Runnin como también logré pensar en Tezca y Jin, recordé la dinámica que tenía como pareja y me parecían algo precioso de ver.
— Una vez… — murmuré con lentitud, bajando la mirada hacia el suelo — pensé estarlo, pero con el tiempo creo que solo confundí la ilusión con el amor. — explicaba con calma mientras recordaba efímeramente todos esos momentos — No sé mucho sobre el amor… de hecho, no sé nada. — Confesé con tranquilidad.
Mis ojos azulinos se desviaron entonces hacia el ramo de rosas metálicas que descansaban sobre el buró, aquel pequeño obsequio que me había entregado Eros en Skypiea, y una sonrisa dulce nació en mis labios al contemplar las flores eternas, habían sentimientos que tardaban en encontrar un nombre, nacidos en destinos inciertos que, sin saberlo, terminaban floreciendo en emociones que en un inicio estaban aparentemente escondidas durante los años ya recorridos, fue encontrar en él lo que ahora puedo creer fue admiración, aprecio y gratitud cargado de amor. ¿Pero es a eso a lo que llaman amor verdadero?
Y con aquel pensamiento recordé también a Enji, en Baterilla.
La primera vez que lo conocí había sido en medio del caos y el fuego, cuando el infierno fue invocado en el muelle abrasando todo a su paso hasta volverlo cenizas, recordé el momento de cuando abracé su dolor tanto como él me permitió hacerlo… y quizás fue precisamente eso lo que hizo que aquella conexión significara tanto para mí hasta ahora, en ese desastre, lo acompañé en su ansiedad hasta haber convertido su trauma en algo que pudo soltar, lo ayudé a respirar.
Amo tanto a Enji como amo a mi familia, ese es un hecho, con él siempre he logrado desbordar emociones como amistad, confianza, afecto, ¿no se supone que la persona amada se convierte en familia también?, pero entonces… ¿por qué no puedo distinguir ese sentimiento cuando estoy con él?
Pero...
¿Qué hay de las demás personas que amo con todo mi corazón?
— Dicen que por cada persona hay otra destinada… — dije mientras finalmente levantaba la mirada hacia la cámara del caracol — Y que, a pesar de las adversidades, ese vínculo se mantiene firme sin importar lo que pase… eso lo sé.
— Pero… — murmuré, llevando ligeramente mi diestra detrás de la nuca mientras desviaba la mirada algo conflictiva — No comprendo cómo se identifica ese sentimiento, ¿cómo sé si amo a una persona más que a otra?, ¿cómo se supone que se siente estar enamorada?
Lo pensé una y otra vez, dejando que distintos recuerdos cruzaran por mi mente, entre tantos como los besos impuestos sobre mis labios, la sensación cálida y dulce de algunas promesas juradas, recordé esos abrazos recibidos de diferentes personas, caricias, ánimos, una mano extendida para encontrar la mía… incluso el refugio de un latido junto al mío, todo aquello había significado algo para mí, pero no sabía si alguno de esos sentimientos podía llamarse amor.
— ¿Cómo se supone que distinga lo que significa amar..? — pregunté finalmente con cierta honestidad en mi voz, guardé silencio unos segundos antes de volver a mirarlo, y esa es la razón por la qué sentí envidia cuando escuché su historia de amor, porque carezco de ese sentimiento.
— Dime… ¿se siente como amar la música? — la pregunta quedó suspendida mientras mantenía mis ojos zafiros sobre aquel pirata artista, esperando encontrar en su respuesta una forma de comprender un sentimiento que me es completamente ajeno.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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