02-10-2026, 08:18 PM
Los caminos del amor, caprichosos e irónicos en su justa medida, eran cuánto menos inescrutables. Uno no sabía cuando podía llegar el flechazo de Cupido. Garnet, ante la atenta mirada de Miyori, en lo que había estado conociendo de la mujer, escuchándola y viéndola, en ese poco tiempo, el pelirrojo notaba como en su interior comenzaba a devorarle algo por dentro. Una sensación que el skypiean, se había negado rotundamente a volver a sentir, encerrándose en una especie de coraza en la que, él mismo, no se veía ni suficiente para nadie, ni apto para el amor. Pero, por más que se propusiera escapar cobardemente de un destino que, igualmente, podría ser tachado de inevitable, ¿cuánto más duraría Garnet en no caer bajo la personalidad, el amor y los encantos de Miyori?
Ante la propuesta a futuro de que tocaran y compusieran algo juntos, la hermosa mujer no tardó en dar su afirmación, llegando incluso a interrumpir la frase de Garnet.- ¿Huh? - Pestañeó perplejo y confuso, ante la pronta y concisa respuesta de Miyori, quién no tardó en corregirse a sí misma añadiendo que le encantaría componer algo junto a él, dejando en claro que aquello era una promesa, algo que no dejaba un plan con proyección de futuro. La perplejidad de Garnet, entonces, se fue transformando, hasta tomar forma y convertirse en asombro y un calor que se acumulaba en sus mejillas. Sonrió con cierto nerviosismo. - Es una promesa, Miyo-chan, ¿es o no es? - reiteró, asintiendo con la cabeza. Por mucho que quisiera rechazar el nacimiento de un nuevo sentimiento, tendría que ser estúpido a negarse la idea de poder pasar tiempo con Miyori, y componiendo los dos. Lo que, en definitiva se traducía, como que crearan juntos algo nuevo.
Pero Miyori no se lo ponía para nada fácil pues, cuando Garnet mencionó que jamás se hartaría de escuchar el canto de la joven de ojos azules, la violinista, con una pequeña sonrisa en sus labios, también declaró que nunca dejaría de escucharle cantar. El rubor de sus mejillas se volvió a extender por toda su cabeza y cara, al mismo tiempo que un azote eléctrico envolvía cada nervio de su ser, mientras una sensación de esperanza comenzaba a surgir desde su interior, ¿estaba acaso sintiendo Miyori lo mismo que el pelirrojo? Esa sensación de ilusión fue efímera.- Para nai del paraguay… Recuerda lo que pasó las otras veces, ¿huh, Garnet? - se decía a sí mismo mientras sacudía su cabeza hacia los lados, evocando a los recuerdos de todas las pérdidas que sufrió a lo largo de su viaje. No quería volver a pasar lo mismo… Al mismo tiempo que no quería que aquella artista de corazón puro e ideales inquebrantables sufriera por su culpa. Lo fácil quizás era cortar la conversación de lleno, colgar la llamada y no volver a saber de ella.- Sí… Quizás el menda tendría que hacer eso antes de que fuera tarde… - Intentaba convencerse en su mente, como si tuviera claro que aquella era la solución más fácil. Y sin embargo, cada vez que la miraba, quería bañarse en sus ojos, y perderse en la inmensidad de su océano. Quería escuchar cada una de las notas que salieran de sus cuerdas vocales, o de su amado instrumento. Quería conocer cada parte de su vida, pensamiento y de ella. Ante esa respuesta y declaración de intenciones, el skypiean simplemente se limitó a sonreír y asintió.
Seguidamente, ante la pregunta de si había sanado corazones con su música, el pelirrojo de ojos esmeralda comenzó a enumerar las pocas veces en las que se podía haber dado cuenta de tal hazaña, viajando a los marginados distritos de isla Gyojin, a las rosadas plazas de Momoiro y a las idílicas nubes del imperio celestial. Miyori, escuchaba con suma atención a todas las anécdotas que salían de los labios, mente y corazón de Garnet, cerciorándose de que la pelinaranja, realmente, se interesaba genuinamente por las experiencias del pelirrojo. Conforme iba hablando, e iba recordando y entablando conversación con Miyori, la sensación de comodidad hacía ver al pelirrojo que no le importaría estar así toda su vida. De hecho, ¿qué hora era? ¿Cuánto tiempo llevaban hablando? Honestamente, sentía que junto a Miyori se perdía la noción del tiempo, con el importante matiz de que cada segundo empleado junto a ella era oro y valioso. Sí por él fuera, esa noche podría pasarla en vela. Cuando se alegró por el bienestar del niño de Momoiro y comentó que la música era capaz de sanarlo todo, Garnet volvió a sonreír, mientras un pensamiento efímero, que ni siquiera tuvo tiempo de procesar, cruzó su mente fugazmente.- Y tú también. -
Tras ahondar en la historia con Ikirami - y observar como Miyori en cierto punto se comenzó a sonrojar como un tomatito, cosa que a Garnet le pareció tiernamente adorable -, el pelirrojo abrió la veda a una pregunta que podría ocasionar múltiples y profundas reflexiones en el interior de la artista y es que, ¿cómo podía identificar lo que era el amor alguien que no lo había experimentado? Tras desprenderse del bolero de encaje que envolvía parte de sus partes y cuello, Miyori adoptó una postura meditativa y callada que se prolongaría durante un tiempo indeterminado mientras que, la mirada de Garnet, se centraba ahora en la reluciente piel de aquellas partes de cuerpo que permanecían parcialmente ocultas tras la prenda recién retirada. De manera casi instantánea, con sus ojos fijándose en los hombros de Miyori, la mente del skypiean maquinó con la posibilidad de rodear entre sus brazos a la artista, ¿se sentiría bien fundirse en un abrazo con ella? ¿Sería su piel tan suave tal y como podía parecer por llamada? Garnet tragaba saliva ante la elucubración de este hipotético escenario, hasta que, finalmente, la voz de la pelinaranja resonando a través del caracol, desvió la atención del músico hacia los ojos de la pirata.
Con sus pupilas ancladas en el infinito del suelo, Miyori murmuró que hubo una vez que pensó que estuvo enamorada mas que, finalmente, pareció confundir ese sentimiento con una mera ilusión, alegando que no sabía nada sobre el amor.- ¿Nunca ha tenido experiencia alguna? - pensó inmediatamente, llevando su diestra hacia su frondosa barbilla. Definitivamente, ¿estaba dispuesto Garnet a dejarse llevar y vulnerar aquella inocencia de alguien que nunca se había enamorado? Sólo ese dato, aumentaban las defensas del skypiean respecto al hecho de permitir que los incesantes ataques de amor indirecto de Miyori consiguieran penetrar hasta su corazón.
Y durante un tiempo indeterminado, la mente de Miyori pareció divagar y viajar hacia tiempos y lugares remotos, a saber dónde. El pelirrojo tan sólo podía ver como su mirada se enfocaba a un lugar determinado de su habitación, arqueando Garnet una ceja a la par que ladeaba su cuello hacia la derecha. - ¿Estará todo bien..? - No pudo evitar preocuparse por la chica de corazón puro, al no entender demasiado bien que era lo que ocurría. Hasta que finalmente, dirigió su mirada hacia el caracol, declarando que cada persona estaba destinada y ligada a otra, de forma que sin importar el que sucediera, ese vínculo se mantendría inquebrantable.- El hilo rojo… - musitó Garnet, anclando sus ojos en el tejado. Desviando nuevamente la mirada, y mostrando cierta duda, se cuestionó cómo sería capaz de identificar si amaba más a una persona frente al resto, preguntándose como se sentía estar enamorada. En ese momento, el pelirrojo cayó en la cuenta y es que, para alguien que amaba tanto la vida, para alguien que consideraba que todas las personas tenían bondad en sus corazones. Para alguien tan pura y que tenía tanto amor que repartir por el mundo, debía resultar complicado hacer una distinción, ver que había alguien que podía sobresalir por encima del resto.- Entiendo… - Acariciaba su barba, intentando buscar la respuesta más efectiva a su pregunta.
Sin embargo, antes de que pudiera dar con las palabras correctas, con aquello que podría esclarecer las dudas de Miyori, la pelinaranja siguió extendiendo sus comprensibles dudas, preguntando también como se suponía que distinguiría el significado del amor y, ante todo, si se sentía igual que amar a la música. Ante aquella reflexión, el pelirrojo no pudo hacer otra cosa sino apartar su mano de la barbilla, a la par que abrir sus ojos de par en par.- ¿Se siente igual que amar la música..? - repitió la misma pregunta pues, realmente, era algo que nunca se había planteado, a pesar de que él si se había enamorado varias veces. Como un acto reflejo, su mirada se desvió hacia Sabertones, dedicándole una tierna sonrisa y recordando el momento en el que llegó a su vida. Sí, probablemente fue uno de sus momentos más bajos, si no fue el que más. Como si de un impulsó fuera, como si tuviera y sintiera esa necesidad, Garnet volvió a empuñar con cariño su instrumento, agarrando con su siniestra el mástil de la guitarra y depositando su diestra sobre las cuerdas de la parte del cuerpo de Sabertones. Sí, sentía que sólo quería tocar algo.
Con un suave movimiento de mano por parte de Garnet, el primer acorde saldría emitido por su guitarra, dando lugar a una tonada algo lenta y con cierta melancolía, pero que no buscaba sonar triste, sino corresponder las dudas de Miyori con su propia música porque, a veces, la música era capaz de llegar más allá que las propias palabras. Sin embargo, y mientras la pieza musical seguía en curso, el skypiean decidió tomar cartas en el asunto, y responder también a las cuestiones de la persona que cada vez más anhelaba por seguir conociendo.- Ni el menda mismamente sabría decirte que es el amor, Miyo-chan. - Sus ojos de esmeralda, que se posaban en su mayor tesoro, se desplazaron hacia el rostro angelical de la chica.- Es algo que, hasta que no sientes en tu carne, ni te das cuenta que está ahí, ¿es o no es? - rió nasalmente, mientras la música seguía fluyendo por el ambiente.- Lo que si te puedo contar, Miyo-chan es que cuando uno está pillado de amor. - Una sonrisa tierna se dibujó en la cara de Garnet, que era incapaz de apartarle la mirada de Miyori.- Lo que más siente es admiración, anhelo e inspiración… Y como se quiere compartir todo su ser, toda su alma y corazón con la persona a la que ama. - Cerró los ojos momentáneamente.- Aunque claro, eso lo puedes hacer también por un ser querido… - Pensó inmediatamente en como Garnet estaría dispuesto a compartir todo su ser con sus nakamas, o sus hermanos de la revolución. Abrió los ojos, dedicándole una mirada llena de picardía a Miyori.- Ahí es cuando entra también en juego el deseo, en querer explorar límites que no harías con otra peña, ¿es o no es? - añadió aunque, pensándolo bien, eso también podía ir relacionado a un calentón casual y fortuito. Había algo aún más importante, sí.
- Pero, al loro, lo que te hace coscarte de que estás pillado a más no poder, es porque sientes continuamente un hambre voraz, como si algo te estuviera machacando el estómago por dentro… - Exhaló un suspiro profundo, al recordar ciertas emociones que había estado sintiendo justamente durante el trascurso de la llamada.- Y cuando no puedes estar con esa persona… Ese hambre te empieza a devorar por dentro, como si fuera un veneno que te derrite los órganos… - Negó con la cabeza.- Es algo chungo, pero precioso a la vez… - añadió, mirando con más fijación y con un brillo mayor a la deslumbrante figura de la joven.
- ¿Sabes algo? Dicen que hay muchas historias de amor enterradas en cada una de las islas del mundo, cómo si fueran pequeños tesoros puestos por piratas. - dijo Garnet, inspirado por el momento que había nacido a raíz de esa conversación.- A veces uno, sólo debe escarbar en la tierra para que puedan existir más tesoros desenterrados… Más historias de amor, ¿es o no es? - concluyó, bajando la mirada hacia sus manos, pensando en lo desgastadas que la sentían por haber sacado a la luz tesoros que o bien estaban vacíos, o tierra sin más.- Sólo tienes que tomarte el tiempo en encontrar tu propio tesoro, Miyo-chan, acabará apareciendo y, sabrás que estás pillada hasta los huesos por alguien, tranquila, ¿es o no es? - concluyó, dejando de tocar su canción justamente en ese preciso momento. Volvió a mirar con cierta ternura a Sabertones, antes de volver a depositar su mirada en Miyori.
- Ah sí… ¿Se siente igual el amor a la música? - Reiteró la pregunta de Miyori, mientras abrazaba con delicadeza a su instrumento, como quién abrazaba un peluche. Una mirada llena de tristeza asoló el semblante de Garnet- Verás, no sé si servirá, pero hubo una época en la que el menda estuvo con el corazón roto y sin música. - enunció, buscando llamar la atención de Miyori. Se sentía muy bien abrirse sentimentalmente con ella.- La marine esta que te mencioné me abandonó sin explicación y, antes de que Sabertones llegara a mi vida, un marine destrozó mi instrumento, dejándome sin la posibilidad de poder tocar siquiera nada de música, en el momento en el que más la necesitaba… - comenzó a explicar, esbozando entonces una risa un tanto incómoda.- Entre en una depresión de un par de narices, hasta el punto de que iba de bar en bar o que empecé hasta a vestirme, ¿te puedes creer? PUAJAJAJA - soltó una sonora carcajada.- Fue entonces que, gracias a mi hermano Tobías, Sabertones llegó a mi vida. - Depositó un beso en el mástil del instrumento para seguidamente, volver a mirar a la diosa de cabellos ardientes como el sol.- No sabes lo bien que hizo sentir al menda en ese entonces, fue mi salvación… - Se perdió en sus palabras, terminando por contar su anécdota, cuando se dio cuenta de que quizás había hablado de más.- El caso es que sentí tanto la pérdida del amor como la de la música como algo similar, aunque para mi hay diferencias entre el amor que se le tiene a alguien y a la música… ¡Perdona, Miyo-chan! ¡Igual me he enrollado de más puejeje! - se disculpó, llevando su diestra a su cuello, rascándoselo con nerviosismo. No sabía si había podido sacar algo en claro la joven. Pero sí que había algo que tenía claro Garnet. De nuevo, ese fuego que ardía, esa sustancia que le devoraba por dentro, empezó a emerger, fruto de lo agusto que se estaba sintiendo con la mujer que había decidido llamarle en aquella noche de verano. El pelirrojo exhaló un suspiro y, sin pensárselo dos veces, dijo.- Creo que podría estar así toda mi vida, Miyo-chan… - Tenía el corazón en un puño en ese momento.- ¿Te daría mucho palo si te diera mi Den Den personal? Quiero seguir hablando, tocando y componiendo contigo, mucho días más, y que puedas contar con el menda para lo que quieras… Pero no quiero que seas mi clienta. - pensó en darle su contacto personal, para así poder seguir entablando conversaciones como esas durante más días, y durante más momentos. Garnet comenzó a ponerse colorado como un tomate.- Creo que… Eres alguien especial y alguien a quién quiero tener en mi vida, mucho más de normal… Pueje. - Y con aquellas palabras lanzadas al aire, Garnet quedó expectante sobre cuál sería la respuesta de la mujer por la que se estaba empezando a interesar por mucho que quisiera negarlo.
Ante la propuesta a futuro de que tocaran y compusieran algo juntos, la hermosa mujer no tardó en dar su afirmación, llegando incluso a interrumpir la frase de Garnet.- ¿Huh? - Pestañeó perplejo y confuso, ante la pronta y concisa respuesta de Miyori, quién no tardó en corregirse a sí misma añadiendo que le encantaría componer algo junto a él, dejando en claro que aquello era una promesa, algo que no dejaba un plan con proyección de futuro. La perplejidad de Garnet, entonces, se fue transformando, hasta tomar forma y convertirse en asombro y un calor que se acumulaba en sus mejillas. Sonrió con cierto nerviosismo. - Es una promesa, Miyo-chan, ¿es o no es? - reiteró, asintiendo con la cabeza. Por mucho que quisiera rechazar el nacimiento de un nuevo sentimiento, tendría que ser estúpido a negarse la idea de poder pasar tiempo con Miyori, y componiendo los dos. Lo que, en definitiva se traducía, como que crearan juntos algo nuevo.
Pero Miyori no se lo ponía para nada fácil pues, cuando Garnet mencionó que jamás se hartaría de escuchar el canto de la joven de ojos azules, la violinista, con una pequeña sonrisa en sus labios, también declaró que nunca dejaría de escucharle cantar. El rubor de sus mejillas se volvió a extender por toda su cabeza y cara, al mismo tiempo que un azote eléctrico envolvía cada nervio de su ser, mientras una sensación de esperanza comenzaba a surgir desde su interior, ¿estaba acaso sintiendo Miyori lo mismo que el pelirrojo? Esa sensación de ilusión fue efímera.- Para nai del paraguay… Recuerda lo que pasó las otras veces, ¿huh, Garnet? - se decía a sí mismo mientras sacudía su cabeza hacia los lados, evocando a los recuerdos de todas las pérdidas que sufrió a lo largo de su viaje. No quería volver a pasar lo mismo… Al mismo tiempo que no quería que aquella artista de corazón puro e ideales inquebrantables sufriera por su culpa. Lo fácil quizás era cortar la conversación de lleno, colgar la llamada y no volver a saber de ella.- Sí… Quizás el menda tendría que hacer eso antes de que fuera tarde… - Intentaba convencerse en su mente, como si tuviera claro que aquella era la solución más fácil. Y sin embargo, cada vez que la miraba, quería bañarse en sus ojos, y perderse en la inmensidad de su océano. Quería escuchar cada una de las notas que salieran de sus cuerdas vocales, o de su amado instrumento. Quería conocer cada parte de su vida, pensamiento y de ella. Ante esa respuesta y declaración de intenciones, el skypiean simplemente se limitó a sonreír y asintió.
Seguidamente, ante la pregunta de si había sanado corazones con su música, el pelirrojo de ojos esmeralda comenzó a enumerar las pocas veces en las que se podía haber dado cuenta de tal hazaña, viajando a los marginados distritos de isla Gyojin, a las rosadas plazas de Momoiro y a las idílicas nubes del imperio celestial. Miyori, escuchaba con suma atención a todas las anécdotas que salían de los labios, mente y corazón de Garnet, cerciorándose de que la pelinaranja, realmente, se interesaba genuinamente por las experiencias del pelirrojo. Conforme iba hablando, e iba recordando y entablando conversación con Miyori, la sensación de comodidad hacía ver al pelirrojo que no le importaría estar así toda su vida. De hecho, ¿qué hora era? ¿Cuánto tiempo llevaban hablando? Honestamente, sentía que junto a Miyori se perdía la noción del tiempo, con el importante matiz de que cada segundo empleado junto a ella era oro y valioso. Sí por él fuera, esa noche podría pasarla en vela. Cuando se alegró por el bienestar del niño de Momoiro y comentó que la música era capaz de sanarlo todo, Garnet volvió a sonreír, mientras un pensamiento efímero, que ni siquiera tuvo tiempo de procesar, cruzó su mente fugazmente.- Y tú también. -
Tras ahondar en la historia con Ikirami - y observar como Miyori en cierto punto se comenzó a sonrojar como un tomatito, cosa que a Garnet le pareció tiernamente adorable -, el pelirrojo abrió la veda a una pregunta que podría ocasionar múltiples y profundas reflexiones en el interior de la artista y es que, ¿cómo podía identificar lo que era el amor alguien que no lo había experimentado? Tras desprenderse del bolero de encaje que envolvía parte de sus partes y cuello, Miyori adoptó una postura meditativa y callada que se prolongaría durante un tiempo indeterminado mientras que, la mirada de Garnet, se centraba ahora en la reluciente piel de aquellas partes de cuerpo que permanecían parcialmente ocultas tras la prenda recién retirada. De manera casi instantánea, con sus ojos fijándose en los hombros de Miyori, la mente del skypiean maquinó con la posibilidad de rodear entre sus brazos a la artista, ¿se sentiría bien fundirse en un abrazo con ella? ¿Sería su piel tan suave tal y como podía parecer por llamada? Garnet tragaba saliva ante la elucubración de este hipotético escenario, hasta que, finalmente, la voz de la pelinaranja resonando a través del caracol, desvió la atención del músico hacia los ojos de la pirata.
Con sus pupilas ancladas en el infinito del suelo, Miyori murmuró que hubo una vez que pensó que estuvo enamorada mas que, finalmente, pareció confundir ese sentimiento con una mera ilusión, alegando que no sabía nada sobre el amor.- ¿Nunca ha tenido experiencia alguna? - pensó inmediatamente, llevando su diestra hacia su frondosa barbilla. Definitivamente, ¿estaba dispuesto Garnet a dejarse llevar y vulnerar aquella inocencia de alguien que nunca se había enamorado? Sólo ese dato, aumentaban las defensas del skypiean respecto al hecho de permitir que los incesantes ataques de amor indirecto de Miyori consiguieran penetrar hasta su corazón.
Y durante un tiempo indeterminado, la mente de Miyori pareció divagar y viajar hacia tiempos y lugares remotos, a saber dónde. El pelirrojo tan sólo podía ver como su mirada se enfocaba a un lugar determinado de su habitación, arqueando Garnet una ceja a la par que ladeaba su cuello hacia la derecha. - ¿Estará todo bien..? - No pudo evitar preocuparse por la chica de corazón puro, al no entender demasiado bien que era lo que ocurría. Hasta que finalmente, dirigió su mirada hacia el caracol, declarando que cada persona estaba destinada y ligada a otra, de forma que sin importar el que sucediera, ese vínculo se mantendría inquebrantable.- El hilo rojo… - musitó Garnet, anclando sus ojos en el tejado. Desviando nuevamente la mirada, y mostrando cierta duda, se cuestionó cómo sería capaz de identificar si amaba más a una persona frente al resto, preguntándose como se sentía estar enamorada. En ese momento, el pelirrojo cayó en la cuenta y es que, para alguien que amaba tanto la vida, para alguien que consideraba que todas las personas tenían bondad en sus corazones. Para alguien tan pura y que tenía tanto amor que repartir por el mundo, debía resultar complicado hacer una distinción, ver que había alguien que podía sobresalir por encima del resto.- Entiendo… - Acariciaba su barba, intentando buscar la respuesta más efectiva a su pregunta.
Sin embargo, antes de que pudiera dar con las palabras correctas, con aquello que podría esclarecer las dudas de Miyori, la pelinaranja siguió extendiendo sus comprensibles dudas, preguntando también como se suponía que distinguiría el significado del amor y, ante todo, si se sentía igual que amar a la música. Ante aquella reflexión, el pelirrojo no pudo hacer otra cosa sino apartar su mano de la barbilla, a la par que abrir sus ojos de par en par.- ¿Se siente igual que amar la música..? - repitió la misma pregunta pues, realmente, era algo que nunca se había planteado, a pesar de que él si se había enamorado varias veces. Como un acto reflejo, su mirada se desvió hacia Sabertones, dedicándole una tierna sonrisa y recordando el momento en el que llegó a su vida. Sí, probablemente fue uno de sus momentos más bajos, si no fue el que más. Como si de un impulsó fuera, como si tuviera y sintiera esa necesidad, Garnet volvió a empuñar con cariño su instrumento, agarrando con su siniestra el mástil de la guitarra y depositando su diestra sobre las cuerdas de la parte del cuerpo de Sabertones. Sí, sentía que sólo quería tocar algo.
Con un suave movimiento de mano por parte de Garnet, el primer acorde saldría emitido por su guitarra, dando lugar a una tonada algo lenta y con cierta melancolía, pero que no buscaba sonar triste, sino corresponder las dudas de Miyori con su propia música porque, a veces, la música era capaz de llegar más allá que las propias palabras. Sin embargo, y mientras la pieza musical seguía en curso, el skypiean decidió tomar cartas en el asunto, y responder también a las cuestiones de la persona que cada vez más anhelaba por seguir conociendo.- Ni el menda mismamente sabría decirte que es el amor, Miyo-chan. - Sus ojos de esmeralda, que se posaban en su mayor tesoro, se desplazaron hacia el rostro angelical de la chica.- Es algo que, hasta que no sientes en tu carne, ni te das cuenta que está ahí, ¿es o no es? - rió nasalmente, mientras la música seguía fluyendo por el ambiente.- Lo que si te puedo contar, Miyo-chan es que cuando uno está pillado de amor. - Una sonrisa tierna se dibujó en la cara de Garnet, que era incapaz de apartarle la mirada de Miyori.- Lo que más siente es admiración, anhelo e inspiración… Y como se quiere compartir todo su ser, toda su alma y corazón con la persona a la que ama. - Cerró los ojos momentáneamente.- Aunque claro, eso lo puedes hacer también por un ser querido… - Pensó inmediatamente en como Garnet estaría dispuesto a compartir todo su ser con sus nakamas, o sus hermanos de la revolución. Abrió los ojos, dedicándole una mirada llena de picardía a Miyori.- Ahí es cuando entra también en juego el deseo, en querer explorar límites que no harías con otra peña, ¿es o no es? - añadió aunque, pensándolo bien, eso también podía ir relacionado a un calentón casual y fortuito. Había algo aún más importante, sí.
- Pero, al loro, lo que te hace coscarte de que estás pillado a más no poder, es porque sientes continuamente un hambre voraz, como si algo te estuviera machacando el estómago por dentro… - Exhaló un suspiro profundo, al recordar ciertas emociones que había estado sintiendo justamente durante el trascurso de la llamada.- Y cuando no puedes estar con esa persona… Ese hambre te empieza a devorar por dentro, como si fuera un veneno que te derrite los órganos… - Negó con la cabeza.- Es algo chungo, pero precioso a la vez… - añadió, mirando con más fijación y con un brillo mayor a la deslumbrante figura de la joven.
- ¿Sabes algo? Dicen que hay muchas historias de amor enterradas en cada una de las islas del mundo, cómo si fueran pequeños tesoros puestos por piratas. - dijo Garnet, inspirado por el momento que había nacido a raíz de esa conversación.- A veces uno, sólo debe escarbar en la tierra para que puedan existir más tesoros desenterrados… Más historias de amor, ¿es o no es? - concluyó, bajando la mirada hacia sus manos, pensando en lo desgastadas que la sentían por haber sacado a la luz tesoros que o bien estaban vacíos, o tierra sin más.- Sólo tienes que tomarte el tiempo en encontrar tu propio tesoro, Miyo-chan, acabará apareciendo y, sabrás que estás pillada hasta los huesos por alguien, tranquila, ¿es o no es? - concluyó, dejando de tocar su canción justamente en ese preciso momento. Volvió a mirar con cierta ternura a Sabertones, antes de volver a depositar su mirada en Miyori.
- Ah sí… ¿Se siente igual el amor a la música? - Reiteró la pregunta de Miyori, mientras abrazaba con delicadeza a su instrumento, como quién abrazaba un peluche. Una mirada llena de tristeza asoló el semblante de Garnet- Verás, no sé si servirá, pero hubo una época en la que el menda estuvo con el corazón roto y sin música. - enunció, buscando llamar la atención de Miyori. Se sentía muy bien abrirse sentimentalmente con ella.- La marine esta que te mencioné me abandonó sin explicación y, antes de que Sabertones llegara a mi vida, un marine destrozó mi instrumento, dejándome sin la posibilidad de poder tocar siquiera nada de música, en el momento en el que más la necesitaba… - comenzó a explicar, esbozando entonces una risa un tanto incómoda.- Entre en una depresión de un par de narices, hasta el punto de que iba de bar en bar o que empecé hasta a vestirme, ¿te puedes creer? PUAJAJAJA - soltó una sonora carcajada.- Fue entonces que, gracias a mi hermano Tobías, Sabertones llegó a mi vida. - Depositó un beso en el mástil del instrumento para seguidamente, volver a mirar a la diosa de cabellos ardientes como el sol.- No sabes lo bien que hizo sentir al menda en ese entonces, fue mi salvación… - Se perdió en sus palabras, terminando por contar su anécdota, cuando se dio cuenta de que quizás había hablado de más.- El caso es que sentí tanto la pérdida del amor como la de la música como algo similar, aunque para mi hay diferencias entre el amor que se le tiene a alguien y a la música… ¡Perdona, Miyo-chan! ¡Igual me he enrollado de más puejeje! - se disculpó, llevando su diestra a su cuello, rascándoselo con nerviosismo. No sabía si había podido sacar algo en claro la joven. Pero sí que había algo que tenía claro Garnet. De nuevo, ese fuego que ardía, esa sustancia que le devoraba por dentro, empezó a emerger, fruto de lo agusto que se estaba sintiendo con la mujer que había decidido llamarle en aquella noche de verano. El pelirrojo exhaló un suspiro y, sin pensárselo dos veces, dijo.- Creo que podría estar así toda mi vida, Miyo-chan… - Tenía el corazón en un puño en ese momento.- ¿Te daría mucho palo si te diera mi Den Den personal? Quiero seguir hablando, tocando y componiendo contigo, mucho días más, y que puedas contar con el menda para lo que quieras… Pero no quiero que seas mi clienta. - pensó en darle su contacto personal, para así poder seguir entablando conversaciones como esas durante más días, y durante más momentos. Garnet comenzó a ponerse colorado como un tomate.- Creo que… Eres alguien especial y alguien a quién quiero tener en mi vida, mucho más de normal… Pueje. - Y con aquellas palabras lanzadas al aire, Garnet quedó expectante sobre cuál sería la respuesta de la mujer por la que se estaba empezando a interesar por mucho que quisiera negarlo.
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![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
