03-10-2026, 11:29 AM
La pasarela del crucero la remataba con una alfombrita de bienvenida con las esquinas mordidas. Hanma salió del muelle con el sol reventándole en la nuca y se agachó para no empalarse en el marco. El tablado se le dobló bajo los zapatos como una galleta recién horneada. El mocoso del cabrestante, que no pasaba de los quince años, se quedó con la mano en la manivela y la boca abierta mirando los tres palmos de techo que le sobraban al coloso. Ratatouille asomó el hocico sobre la mata de pelo rojo cobrizo y le enseñó dos dientes, más por educación que por aviso. -Suelta esa manivela, crío, que como se me arranque la pasarela por debajo me toca salir nadando y yo no nado. Hazle caso al bicho y no mires arriba, que el techo está más cerca de lo que te parece.-
La cubierta olía a brea, a pintura fresca y a colonia de perfumes. Vesper estaba en lo suyo: dando vueltas alrededor de la chimenea de proa con el laúd al hombro y soltando los nombres de la tripulación de uno en uno. El de Road, el del mono, el de la rata y el suyo, que salió el primero y con la voz más alta. Ratatouille se le erizó el lomo al oír su apodo y Hanma, sin apartar la vista de proa, respondió con la parsimonia de quien ya sabe todo de aquel muchacho. -Trovador. No creo que sea buena idea ir diciendo nuestros nombres asi-
Luego giró la cabeza hacia el otro lado de la cubierta, donde el lunarian llevaba la cuenta de los billetes y su mono tití le lamía las cejas desde la barandilla. -Canario. Gracias, pero la proxima vez pregunta no me gusta deber nada a nadie.- Lo soltó sin levantar el tono, echó los codos atrás y juntó los omóplatos hasta que la espalda le crujió como tabla verde. Bajó después los tres escalones de la toldilla hasta quedar a la altura del gyojin sentado en un rollo de cabo, con los nudillos apoyados en las rodillas.
El pez tenía los brazos del color del agua sucia, la aleta dorsal levantada y las manos vendadas en cuero engrasado. Entre los guantes le salía un rumor azul, la electricidad que lleva en la sangre, y olía a cobre quemado. Ratatouille se bajó del hombro del oni de un salto y se plantó a medio metro de la bota del gyojin, enseñando el hocico y la cola hecha un ovillo. Un pez así se traga una rata de un bocado, pero aquel ni se movió. Hanma le pasó un nudillo por el lomo. -Siéntate, que todavía no te toca.-
-Anguila. El trovador no se acuerda de cómo te llamas y yo no voy a preguntártelo dos veces, así que eres eso. El canario ha pagado doce mil de su bolsillo y dice que vas a ser los puños de la banda. Veamos si el discurso se sostiene. Cuando llegue el momento quiero comprobar eso.- Lo dijo con las manos abiertas y los brazos caídos, sin enseñar los dientes ni alzar la voz. Se giraria de nuevo a Road -Dime de una vez qué son Mika y Pucca, canario. Si van a ser los que nos reciben, quiero saberlo antes de entrar en Kutsukku, no después.-
La cubierta olía a brea, a pintura fresca y a colonia de perfumes. Vesper estaba en lo suyo: dando vueltas alrededor de la chimenea de proa con el laúd al hombro y soltando los nombres de la tripulación de uno en uno. El de Road, el del mono, el de la rata y el suyo, que salió el primero y con la voz más alta. Ratatouille se le erizó el lomo al oír su apodo y Hanma, sin apartar la vista de proa, respondió con la parsimonia de quien ya sabe todo de aquel muchacho. -Trovador. No creo que sea buena idea ir diciendo nuestros nombres asi-
Luego giró la cabeza hacia el otro lado de la cubierta, donde el lunarian llevaba la cuenta de los billetes y su mono tití le lamía las cejas desde la barandilla. -Canario. Gracias, pero la proxima vez pregunta no me gusta deber nada a nadie.- Lo soltó sin levantar el tono, echó los codos atrás y juntó los omóplatos hasta que la espalda le crujió como tabla verde. Bajó después los tres escalones de la toldilla hasta quedar a la altura del gyojin sentado en un rollo de cabo, con los nudillos apoyados en las rodillas.
El pez tenía los brazos del color del agua sucia, la aleta dorsal levantada y las manos vendadas en cuero engrasado. Entre los guantes le salía un rumor azul, la electricidad que lleva en la sangre, y olía a cobre quemado. Ratatouille se bajó del hombro del oni de un salto y se plantó a medio metro de la bota del gyojin, enseñando el hocico y la cola hecha un ovillo. Un pez así se traga una rata de un bocado, pero aquel ni se movió. Hanma le pasó un nudillo por el lomo. -Siéntate, que todavía no te toca.-
-Anguila. El trovador no se acuerda de cómo te llamas y yo no voy a preguntártelo dos veces, así que eres eso. El canario ha pagado doce mil de su bolsillo y dice que vas a ser los puños de la banda. Veamos si el discurso se sostiene. Cuando llegue el momento quiero comprobar eso.- Lo dijo con las manos abiertas y los brazos caídos, sin enseñar los dientes ni alzar la voz. Se giraria de nuevo a Road -Dime de una vez qué son Mika y Pucca, canario. Si van a ser los que nos reciben, quiero saberlo antes de entrar en Kutsukku, no después.-
