[Pasado] | What? A little bunny? | [Priv. Vixen] | [+18]
#9
Allí estaba, esa conejita que, pese a superarlo en altura, claramente sabía lo que buscaba y, por supuesto, él mismo coincidía en dicha opinión, pero no esperó que las llaves le fueran literalmente arrebatadas de entre sus dedos. Verla beber de un trago lo que quedaba del contenido de su tequila no hizo sino ensanchar todavía más su sonrisa de lo que lo había hecho antes. Oh, desde luego que iba a resultar en una noche espléndida.

—Veo que usted, señorita Vi, sabe muy bien lo que elige.

La imitó, en su caso con el whisky. Permitió que los hielos tintinearan en el cristal de la copa cuanto más elevaba la misma hasta vaciar su contenido de un solo trago. No tardó en ponerse en pie, viendo cómo los pasos de sus tacones marcaban el ritmo de cómo iba a culminar esa deliciosa noche. Pocas veces podía decir que tuviera la fortuna de disfrutar de una mujer Humink. Su mente viajaba en una silenciosa fantasía. No tenía miedo, eso estaba claro, esa mujer era de las pocas que sabían captar su apetito con solo su furia y rudeza. Esas eran siempre las mejores. Introdujo despacio la mano en el bolsillo interior de su abrigo, rebuscando algo en el interior de cara al camarero.

—Que nadie nos interrumpa. 

Retiró lo que tenía en el interior, su propia cartera de cuero, abriéndola para sacar una buena y generosa cantidad de Berries que dejó sobre la barra. El camarero abrió los ojos de par en par, solo para tomar el dinero en silencio e inclinar su cabeza con un “Por supuesto, señor”. Pese al inicio de la noche, ese hombre comenzaba a pensar que estaba terminando bien.

Jin no esperó, en cuanto escuchó a la mujer siguió su paso tras ella. Se permitió disfrutar de las vistas de su espalda, desde la zona superior, con el largo cabello descendiendo por su cuerpo hasta debajo de la cintura hasta esa colita justo encima de sus glúteos. ¿Sentiría la sensación si apretaba esa bolita de pelitos? Se relamió para sí mismo, en su propia imaginación. Sus ojos pronto alcanzaron a ver la alfombra roja y el sonido de sus tacones se amortiguaba con la tela bajo sus pies. Divisó la puerta que ya conocía de sobra, viéndola introducir la llave por sí misma con una seguridad de lo más sublime. No pudo evitar dejar escapar una leve risita en su tono grave al escuchar la provocación, sin perder detalle en su mirada. —Qué cortés de su parte, señorita... — Hizo una pausa, caminando, solo frenando los segundos en los que la tenía a su lado, volviendo a acercar su rostro al suyo, cerca, tan cerca que podría sentirla respirar. 

—Aunque admito que soy más de dejar pasar a las señoritas, haré una excepción por esta vez.

Le dio la espalda no a la mujer, sino a la habitación que, a diferencia de donde acababan de salir, se veía exuberante, perfecto, el sofá lo suficientemente grande para los dos, cristales en los lados con varios licores, vasos, una mesa... Una zona que cualquiera podría envidiar. Sin embargo no perdió detalle en la mujer, quien esta vez la sintió empujarlo en el interior. Esa iba a ser una noche inolvidable, podía presentirlo solo con la presencia de esa coneja. 

No pudo evitar descender la mirada una vez la puerta fue cerrada hacia donde la llave se dirigía, esos atributos que, lejos de pasar desapercibidos, ahora contemplaba con descaro por ese increíble tamaño. Por mucho que quisiera empujarla contra la misma puerta allí mismo por provocarla hizo alusión a su autocontrol. Desvió la mirada de vuelta a la habitación, viéndose al espejo y, por supuesto, a la mujer conejo. La sola idea de poder imaginar qué hacer ya lo estaba encendiendo, apretando sus pantalones de una forma única e inigualable. —¿Yo, nervioso? En absoluto, señorita. — caminó, paseándose despreocupadamente hasta el sofá, donde la mujer parecía pasear. —Debo admitir... Que estoy intrigado. — Sus ojos descendieron, apreciando el tacto delicado de la mujer con esas increíbles manos, hasta que su cuerpo se sacudió tras el empujón, cayendo sentado sobre el mismo sofá. Así que le gustaba llevar la delantera... ¿Qué había mejor que eso? Pese al mal humor inicial, ahora parecía que eso había quedado completamente atrás gracias a la presencia de aquella conejita. Lo mejor fue sentir el peso sobre sí mismo, eso no lo ayudó a aliviar el dolor que apretaba sus pantalones, sino a hacerlo crecer incluso más. Mordió su labio inferior, con un tenue rojo que volvía vivo su tez pálida ante el roce.

“Mierda...”

Ese pensamiento cruzó por su mente en un intento de autocontrol. Ambas de sus manos ascendiendo para encontrar sus caderas, queriendo apretarla más hacia sí, mover él mismo sus caderas para aumentar la velocidad, aunque solo fuera un poco.

Abrió lentamente sus ojos, una vez más, tratando de mantener el control, sintiendo cómo su corbata se elevaba y tanto su cuello como su cabeza se elevaron, con una respiración ligeramente agitada, solo para sentir los colmillos. Dejó escapar un suspiro de placer, su oreja podría estar sangrando pero... Ahhh mierda... Ese cosquilleo le estaba volviendo loco. Toda su piel se erizó debajo de la tela de su ropa, ansioso por más, queriendo sentir más. Sus propias caderas comenzaron a moverse, queriendo sentir mejor el roce de su sexo, en una desesperación silenciosa. Su voz contra su oído no hacía más que empeorarlo todo, más teniendo en cuenta que su sentido del oído era extremadamente sensible.

Sus ojos descendieron, con el pecho al descubierto al sentir botones volar por... vete a saber dónde. El movimiento de las caderas ajenas las acompasaba con su propio movimiento, ahora encontrando la erección tan dolorosa como ninguna. No era orgasmo, no estaba ni cerca de empezar, su estamina era envidiable, él lo sabía bien, su experiencia ya daba para mucho. Se relamió, elevando la mirada de nuevo hacia el rostro de la mujer, apretando sus glúteos con ambas manos, acompañándola en el vaivén hasta que, repentinamente, frenó una vez más. ¿Cuánto más lo iba a torturar? A este paso iba a volverse loco... Su respiración se encontraba agitada, la vista de la mujer podría ser muy clara. El vaho escapaba de entre sus labios, sus ojos buscaban encontrarse con los ajenos, el calor de sus mejillas encendidas estaba resaltando.

—Todavía queda mucho por... delante, Vi.

Pese a la seguridad de su voz, se sentía más y más ansioso. Lo peor fue la distancia que tomó para sustituir sus caderas por la suela de su tacón. Cerró nuevamente los ojos, apretando la mandíbula y su cuello resaltó las venas por contener esa mezcla que resultaba ser tanto el dolor como el ascenso de temperatura que se volvió severamente drástico.

—Hahh... V-Vi...

¿Dolía? Probablemente para alguien que no fuera él sería motivo de huida, dolor suficiente para apartarla, pero no él. Su sadomasoquismo era una de sus mayores ventajas en este momento. Respiró, abriendo los ojos para buscar la mirada de la coneja, solo encontrándose con los atributos frente a él. Quería apretarlos, estrujarlos, verlos por completo, morderlos... Tragó saliva. El sudor corría por su rostro, pero su sonrisa confianda no parecía desvanecerse.

—¿Debería darte las gracias? Creo que más que eso debo sentirme afortunado, y no creas que no lo hago, Vi.

En algún punto la formalidad se había desvanecido, divertido por la situación. Dejó escapar un jadeo al momento de la liberación de su erección, no porque fuera un alivio, sino porque no sabía qué más esperar de ella, o qué más se le venía encima. Sus ojos descendieron, ahora permitiéndose ver a la mujer pasear sus manos por sus muslos, ascenderlos, acariciar con sus dígitos esa zona... Sus ojos no se apartaban de esas manos, ansioso por más, por mucho más. El pantalón ahora estaba siendo no solo una molestia, sino una carga. Una silenciosa tortura casi o tanto como la que le provocaba la mujer. La humedad de su lengua lo hizo volver cerrar sus ojos, dejando escapar un suspiro de excitación. El calor por encima de la tela le daba una silenciosa sensación eléctrica por todo su cuerpo.

Su desgracia, sí, desgracia lo llevó a que esa lengua no llegara ni a brindarle el calor que tanto deseaba su miembro, viendo su cuerpo acercarse a su rostro, su lengua pasear por la cicatriz que pocos osaban tocar o mencionar. La sensibilidad erizaba tanto su erección como su piel. Sus palabras, además, no tenían una respuesta. Cierto, la había provocado a este punto, ¿se lo merecía? Quién sabe, ahora solo sentía la desesperación. La respiración no parecía calmarse en el varón, por el contrario, sus ojos se cruzaron con esos rojos suyos que la contemplaban directamente. Buscó palabras que no salieron, ya que nuevamente esa mujer supo silenciarlo con sus dientes y sus labios. No rechazó su lengua, abrió su boca, elevando su diestra hasta la nuca ajena, sin quejarse por el jalón en su cabello. La atrajo, besándola intensamente con la misma hambruna que sentía su zona inferior. Permitió que explorase su boca, que ambas lenguas se rozasen pese a la sangre que pudiera descender de su labio inferior.


La separación repentina, una vez más, lo estaba desesperando. No podía ver nada más que... Ni él lo sabía, solo deseaba más, que la temperatura de ambos se volviera uno, fundirse en ese excelente cuerpo y esa mujer que parecía saber apretar todos y cada uno de sus botones. Sintió su tacón contra su cuerpo, elevando la mirada hacia la mujer. El rojo todavía manteniéndose entre sus mejillas, el calor sin cesar y las palabras no pasaban desapercibidas. Sus ojos, por primera vez, descendieron hasta la ropa inferior. Esa pose cubría lo que podría ser tan revelador como el bulto que estaba cargando entre sus piernas, un tamaño que parecía no tener fin por cada vez que crecía. ¿Cómo diantres una mujer podía ser tan malditamente sensual? El tacón contra su pecho, su rostro, su mentón, la forma dominante en la que hablaba...

—Te garantizo que no te vas a arrepentir, Vi.

Sus palabras sonaban en tono ronco, pero divertido. Elevó una de sus manos, despacio, retirando con suavidad el tacón sobre él. No era pudor ni asco, por el contrario, fue lento, exageradamente lento. No apartó la mirada de ella cuando su pie, bajo sus medias, se apreciaba con más claridad, una movilidad silenciosa que aprovechó para acercar a sus labios y besarla. La zona superior de su pie se sentía suave, sin contar la tela que la cubría. Aprovechó esa pequeña ventaja para mover la pierna, tratando de abrirla si así se lo permitía la mujer y besarla una vez más, ascendiendo sus labios, sin apartar la mirada de ella. Un beso tras otro, y otro, y otro... y así hasta que sus labios se encontraron entre sus muslos, cerca de su zona íntima. Su respiración estuvo cerca de ella, elevó la mirada, con una sonrisa traviesa, sin apartar la mirada pero del rostro de la mujer.

—¿Crees que me lo haya ganado ya? ¿O tengo que torturarte un poco más, Vi?

Sí, una nueva y divertida provocación que no iba a dejar pasar, una silenciosa venganza que, pese a parecer terminar, no era el caso. Lo contrario, su mano libre ascendió, con la misma lentitud que ella previamente lo hizo con él, por un costado de sus muslos, apretando bruscamente su sexo con los dedos, rozando los corazón y anular donde podía encontrarse el botón inferior. Sus dientes, por otro lado, se acercaron al pantalón de la mujer, desabrochando así la parte que mantenía la sujeción de la tela con sus propios dientes. —Y, por mucho que hables, Vi, puedo sentir que mis dedos se están mojando... Qué húmeda y preparada pareces para mí. — Se permitió esas palabras, divertido, sin apartar la mirada de la mujer, logrando desabrochar el botón y relamiéndose, directamente.

—Me pregunto a qué sabrá...

Divertido, ahora fue directamente por la cremallera de la mujer y, si lo dejaba, descendería los pantalones de la chica, queriendo ver más y mejor el cuerpo de aquella coneja que tanto gritaba por un silencioso gusto que ambos deseaban. Porque, claro, su erección apretaba todavía, desesperado y ansioso. Ahora la pregunta residía en... ¿Qué tanto sería capaz el yakuza de aguantar todo ese juego de provocaciones? Se permitió pasear su lengua por la zona expuesta, una vez más, sin alcanzar el sexo de la fémina en una provocación divertida y ansiosa que no parecía que fuera a terminar, al menos no pronto.

Cajita de Tabaco
[Imagen: bTjgVIr.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [Pasado] | What? A little bunny? | [Priv. Vixen] | [+18] - por Onizuka Jin - 04-10-2026, 01:32 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 3 invitado(s)