04-10-2026, 04:16 AM
(Última modificación: 04-10-2026, 04:21 AM por Kibai.
Razón: Añadir gasto de energia
)
Los silbidos de las flechas de Bertram surcaron la distancia entre él y el mink, pues el arquero se las había arreglado para girar su cuerpo en pleno vuelo sin motor proporcionado por aerolíneas Kibai y disparar su arco de nuevo, demostrándole que sin duda alguna dejarle las flechas al alcance de la amno y una de estas liberada junto con un poco de espacio era todo lo que el arquero necesitaba para empezar a representar una amenaza muy digna de consideración.
Las flechas acertaron en Kibai, aunque este ya había tomado impulso, de modo que los dos impactos no frenaron su avance a medid que ascendía hacia la posición de Bertram y descargaba los golpes de su bokken contra el cuerpo del pelirrojo. Ambos marines aterrizaron de nuevo en el suelo, y su rival aún alcanzó a recuperarse lo suficiente como para dispararle una última flecha que impactó de nuevo contra su rodilla.
Aún con las fuerzas que le daba el Electro, todos aquellos impactos comenzaban a hacer mella en Kibai, el cual por suerte en aquella ocasión notó como su propia electricidad parecía combatir la de las flechas de Bertram, pues no notaba ningún agarrotamiento en sus músculos aparte del habitual por el cansacio y la sangre que seguía manando de las diversas heridas, las cuales continuaban enviándole agudas punzadas de dolor cada vez que se movía. Sin duda, iba a necesitar un par de puntos en alguna de ellas para que se curase como era debido. Lo bueno es que ahora podrí tirarse al mar y que la sal ayudase a limpiarlas y comenzar a cerrarlas.
Pero antes había un combate que terminar. Bertram había luchado con tesón, había impresioando a Kibai varias veces con su inventiva y su capacidad de revolverse en situaciones complicadas de combate a corto alcance, y el mink no pensaba faltarle al respeto a su rival no terminando con aquel enfrentamiento de la manera apropiada.
El Electro zumbó a su alrededor como mil pájaros trinando al unísono cuando Kibai alzó su bokken, a la vez que imbuía su pierna derecha en Busoshoku Haki, y cruzó en un parpadeo de un salto la distancia que los separaba a ambos, asestando una patada giratoria contra el filo izquierdo de la mandíbula de Bertram. Con aquel último golpe, el mink sacudió el bokken a un lado (más por costumbre que por aunténtica necesidad) y lo encjó en su cinturón.
— Moja, dónde quiera que estés, más vale que aparezcas pronto. — pensó Kibai mientras apretaba los dientes y se examinaba la herida del torso, dónde había recibido el flechazo más preocupante por parte de Bertram. — El contramaestre va a necesitarte.
Las flechas acertaron en Kibai, aunque este ya había tomado impulso, de modo que los dos impactos no frenaron su avance a medid que ascendía hacia la posición de Bertram y descargaba los golpes de su bokken contra el cuerpo del pelirrojo. Ambos marines aterrizaron de nuevo en el suelo, y su rival aún alcanzó a recuperarse lo suficiente como para dispararle una última flecha que impactó de nuevo contra su rodilla.
Aún con las fuerzas que le daba el Electro, todos aquellos impactos comenzaban a hacer mella en Kibai, el cual por suerte en aquella ocasión notó como su propia electricidad parecía combatir la de las flechas de Bertram, pues no notaba ningún agarrotamiento en sus músculos aparte del habitual por el cansacio y la sangre que seguía manando de las diversas heridas, las cuales continuaban enviándole agudas punzadas de dolor cada vez que se movía. Sin duda, iba a necesitar un par de puntos en alguna de ellas para que se curase como era debido. Lo bueno es que ahora podrí tirarse al mar y que la sal ayudase a limpiarlas y comenzar a cerrarlas.
Pero antes había un combate que terminar. Bertram había luchado con tesón, había impresioando a Kibai varias veces con su inventiva y su capacidad de revolverse en situaciones complicadas de combate a corto alcance, y el mink no pensaba faltarle al respeto a su rival no terminando con aquel enfrentamiento de la manera apropiada.
El Electro zumbó a su alrededor como mil pájaros trinando al unísono cuando Kibai alzó su bokken, a la vez que imbuía su pierna derecha en Busoshoku Haki, y cruzó en un parpadeo de un salto la distancia que los separaba a ambos, asestando una patada giratoria contra el filo izquierdo de la mandíbula de Bertram. Con aquel último golpe, el mink sacudió el bokken a un lado (más por costumbre que por aunténtica necesidad) y lo encjó en su cinturón.
— Moja, dónde quiera que estés, más vale que aparezcas pronto. — pensó Kibai mientras apretaba los dientes y se examinaba la herida del torso, dónde había recibido el flechazo más preocupante por parte de Bertram. — El contramaestre va a necesitarte.
La Caja de Pandora
