04-10-2026, 05:14 AM
—¡Oye, rubia, no puedes pasar! —En un descuido de Bubble, quien solo miró hacia otro lado por un segundo, Tezca había logrado pasar su cinta de seguridad para colarse en la fila y acercarse al okama bajito de cabello rosáceo y ojos azules que miraba con algo de recelo a Bubble por su desplante con la bonita rubia que solo quería participar, como cualquier otro… ¿Qué estaba celosa?
—Para tu amargura por un rato, Bubble —espetó el okama antes de que sintiera la presencia de la rubia a un lado de él. —¿Eh? —Cuando miró hacia arriba vio que la mujer se inclinó hacia él y pronto escuchó un susurro de advertencia que lo hizo darse cuenta del brillo del arma que ella cargaba a sus espaldas. —¿Eeeh?
No lo pensó dos veces, el chico se hizo a un lado y se salió de la fila con toda la rapidez que pudo, ubicándose detrás de la cinta… ¿Por qué la obedeció así nada más? Tal vez ver que la chica cargaba un arma consigo lo hizo actuar con rapidez; sin embargo, quien parecía tener cero sentido de supervivencia, era Bubble, quien se ubicó al frente de la chica con toda la impertinencia que podía.
—No vas a arruinar la organización que he creado, chica…no importa que tan bonita seas —. Bubble se plantó en su lugar, aun cuando vio el brillo del tridente resplandecer en las manos de la rubia a la que estaba retando…lo que no pudo ver fue lo que le siguió a eso.
En un parpadeo, los que estaban en la fila, del último al primero, recibieron un ataque que hizo que la parte trasera de la tarima se llenara de lamentos de dolor y de voces confusas al no entender nada de lo que estaba pasando, en especial para aquellos que estaban en los primeros puestos de la fila, quienes no habían escuchado nada de lo que ocurría atrás y fueron tomados por completo desprevenidos.
Bubble intentó apartarse cuando notó aquel acto de salvajismo; sin embargo, antes de poder apartarse, el filo de aquella arma terminó impactando contra sus piernas, lo que hizo que la sangre que ya se esparcía por el suelo solo aumentara más.
—¡Eres una salvaje! —El grito entre dientes de Bubble, así como los quejidos de los demás y lo evidente de un ataque a 50 personas, no tardó en llamar la atención de los artistas que estaban alrededor de la carpa 9 e, incluso, de las personas que estaban delante de la tarima, al otro lado de la feria, pues, aunque hubiera música y algarabía, los gritos de tanta gente no iban a ser muy fáciles de ignorar.
—O…oye…eso no era necesario —. El okama bajito tragó saliva, temiendo que, al haberse salvado, pudieran acusarlo de complicidad con un crimen con el que nada tenía que ver. —Te meterás en problemas…nos…nos meterás en problemas —. Por cercanía, se incluyó en la ecuación y no se equivocaba, porque pronto la violenta escena pasó de ser algo que comentaban, horrorizados, entre los asistentes a la feria, a llegar a oídos del cuerpo de seguridad.
Entre gritos y empujones hacia aquellos curiosos que estaban más cerca pero que estorbaban en lugar de ayudar, diez okamas, todos de más de dos metros, rodearon al okama más bajito y a la forastera rubia, aunque no actuaron de inmediato, pues otras personas tenían más apuro de realizar sus acciones de emergencia.
—¡Con permiso, con permiso! —El que gritaba, en cambio, no era un guardia, si no un paramédico que, aprovechando el espacio que dejaron los de seguridad, entraron con más facilidad para atender a los heridos; sin embargo, al ser solo 10 en la unidad médica, no se daban abasto… ¿Qué clase de locura había orillado a que esto ocurriera? —Esto es…¡Ah! —. El paramédico que habló sacudió su cabeza y se puso en marcha para empezar a atender desde el más herido hasta el que pudiera aún levantarse sin tanta dificultad. —¡Aquellos que tengan mejor movilidad, por favor, déjense guiar por mi compañera Rosse! Ella los guiará con el doctor Alejo —. Volvió a gritar el paramédico antes de dirigirle una mirada al jefe de seguridad para que procediera con su operación de “captura” del culpable.
—¡Qué nadie se mueva! —Anunció un tipo de cabello celeste y maquillaje del mismo color. Era el más alto de los 10 y el de la voz más imponente. —El culpable de esto va a pagar las consecuencias de sus acciones —. Desde sus considerables 2.30 metros, el okama miró hacia abajo, escaneando el área, buscando al o los culpables, de entre aquellos que no estaban heridos.
Algunos artistas dieron un paso atrás, sin atreverse a entrar a sus carpas de nuevo, pero ese era un lujo que ni Tezca ni el okama bajito podían darse, a fin de cuentas, estaban justo al final de la fila de heridos, en frente del meollo del asunto, separados de la última herida, es decir, de Bubble, por apenas tres metros. Era claro que el okama solo tenía que sumar dos más dos para encontrar al culpable, más aún cuando desde su lugar podía ver el tridente de Tezca, con la punta manchada de sangre, aunque, de todos modos, prefería dar el beneficio de la duda o, al menos, dejar que la culpable más evidente se entregara por su cuenta; sin embargo, Bubble no dejaría que las cosas se quedaran así.
—¡FUE ELLA, OFICIAL! —El grito rasgó la garganta de la mujer del chicle, un grito que le ayudó a liberar el ardor de su herida, pero que provocó que, uno de los paramédicos que la atendía, tuviera que sostenerla con más fuerza para inmovilizarla, ya que la mujer insistía en moverse para señalar a la rubia pirata. —¡ELLA! ¡LA RUBIA!
Era evidente. Para todos los miembros de seguridad era evidente el culpable, pero ahora que Bubble había hablado, no podían ignorar al elefante en la habitación.
El de pelo celeste suspiró y miró hacia abajo para concentrarse por completo en la rubia, mientras que el okama bajito solo dio un paso atrás, aun temiendo que lo involucraran en el asunto, así que, nervioso, empezó a mirar a sus alrededores para buscar rutas de escape.
—¿Y bien, señorita? —El jefe de seguridad, el okama, Celeste, habló. —Puede empezar a explicar sus acciones, porque no quisiera tomar represalias contra alguien que tal vez tenga una razón tras sus acciones; sin embargo, elija bien esas palabras y esta oportunidad, pues no quisiera que las cosas escalaran a mayores y que su estancia en esta isla pueda verse perjudicada…ni para usted ni para los suyos —. Celeste se refería al okama bajito, al que asoció enseguida con la rubia, pero lo cierto es que el mensaje jugaba con una ambigüedad que haría a cualquiera cuestionarse si el okama acaso era consciente de la “profesión” de Tezca y el grupo pirata al cual pertenecía.
El okama bajito tragó saliva al escucharlo, su piel se erizó y sus ojos se movieron con más rapidez para encontrar un escape, hasta que por fin dio con un punto en el que los guardias no estaban tan unidos: justamente la ruta por la que los paramédicos se abrían paso…si tan solo pudiera llegar hasta allá, podría irse sin dejar rastro o, al menos, eso creía él.
El escenario de las estrellas
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