04-10-2026, 06:08 AM
¿Casarse?
La pregunta hizo que el pelirrosa levantara una ceja… ¿Qué tenía que ver eso con el entrenamiento? Él mismo, por más distraído que fuera, no era capaz de asociarlo en ese instante, hasta que, luego de escuchar la voz misma de Merlot entender lo que él había dicho, comprendió el juego de palabras en el que la ex peli celeste había caído…uno que lo hizo darse una palmada en la frente.
—Si piensas en matrimonio mientras estás entrenando no sé si consigas tocar el humo o el fuego —. El hombre se encogió de hombros al mismo tiempo que se alejaba al menos metro y medio de la comerciante de los Valar para, justamente, evitar cualquier accidente que pudiera darse dentro de esa estrecha cueva en la que las rocas puntiagudas abundaban, a fin de cuentas, su nakama tenía razón en algo y es que ninguna piedra debía caer sobre él, así que, ya desde su zona segura, el médico siguió hablando. —A fin de cuentas, el matrimonio no es más que una distracción…un vínculo que genera debilidad y no creo que quieras ser débil ¿O sí?
Para sorpresa del hombre, la chica ahora se veía más concentrada. Sus golpes fueron directo a las piedras y el médico, al contrario de lo que pudiera pensarse, no se distrajo con el color de las rocas o el sonido envolvente de las aguas contaminadas recorriendo el canal cercano, si no que evaluó cada movimiento de su compañera, todo con el fin de asegurarse de que en verdad estuviera concentrada en el ejercicio que él le había asignado.
—¿Quién lo diría? Parece que ya no piensa tanto en casarse como hace un rato —. Mencionó entre dientes, más para si que para su compañera, justo un par de segundos antes de escuchar el crack de una roca rompiéndose en varios cientos de pedazos que saltaron sobre el suelo, algunas incluso deslizándose por la tierra hasta alcanzar las corrientes de agua más cercanas.
El pelirrosa sonrió de medio lado y sus ojos brillaron con interés…Parecía que Merlot, por más que dijera que no era la más atlética, se estaba volviendo más fuerte de lo que ella misma creía. Era una situación de lo más interesante.
—¿Por qué te disculpas? No es que tenga sentimiento alguno, es más…golpéala con más fuerzas —. Le mencionó a la chica mientras volvía a acercarse a ella, hasta quedar frente a frente. —No aprenderás si tienes compasión de todo lo que te rodea, es más… ¿Por qué no imaginas que es alguien que no te agrada? No sé…podría ser…eh… —Miró hacia las estalactitas, buscando algún nombre, pero pronto se dio cuenta de que no podía encontrar a nadie en su mente a quien Merlot pudiera detestar y eso lo llevó a pensar en algo… ¿Qué tanto sabía del pasado de la muchacha? Casi nada, nunca le había preguntado sobre el mismo, ni siquiera por la razón por la que llegó más drogada que consciente a su barco la primera vez que la conoció…y hasta ahora creía que ese desconocimiento estaba bien, pero ahora el gusanito de la curiosidad empezaba a infestar su mente… ¿Por qué? Porque por primera vez se puso a analizar el sinsentido que era que alguien con tan buen corazón terminara aliándose con sucios piratas. —…Eh…Quien tú quieras —. Concluyó, sin atreverse a ahondar más en el tema para no desconcentrar ni a Merlot ni a él mismo de lo que importaba.
—Pero antes… —El médico, quien no se había alejado aún de la bella muchacha, alzó sus manos para sostener entre estas las manos delicadas de Merlot y poder examinar que la piel aún estuviera en óptimas condiciones para seguir el entrenamiento. —…Permíteme examinar que estés bien después de esos golpes —. Cuando comprobó que la piel de la chica solo estaba roja, la soltó y volvió a alejarse metro y medio, para que ella continuara con lo suyo.
—Estas bien, así que puedes continuar…esta vez imagina que la roca es un elemento que no deberías poder tocar y piensa en que, a pesar de la poca lógica que tenga, eres capaz de golpearlo —. Propuso un cambio de enfoque, para comprobar si de todos modos funcionaba el entrenamiento.
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