05-10-2026, 05:26 PM
80 de verano, Año 18 ❥ Tabjin, a las afueras
Breaking all the rules 'cause they were only habits
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A la Archeron le costaba creer que la marina había vuelto a colocarla en una misión. ¿No la habían vetado de cualquier intento de “ayuda” después del desenlace de su última misión en Baquella? No los culpaba… a fin de cuentas, ya llevaba una muerte a su haber.
¿Le importaba? No. El fantasma de ese hombre no la atormentaba.
Ya tenia sus propios demonios que se encargaban de eso.
El mar de sus ojos se encontró con quien se autoproclamaba el mejor espadachín de ese reino helado que la había conquistado; en medio de la vorágine de vítores y abucheos de quienes gritaban a su alrededor expectantes, como si ella pudiese darle una lección de humildad al hombre que otros antes que ella, habían subestimado en medio de la molestia ciega. ¿Era su problema? No, ciertamente no lo era.
Ni tampoco su patética educación detrás de un buen apellido.
Como un pavo real se pavoneó de su habilidad frente a ella, frente al público que solo se había reunido con la intención de verlo caer. Y, Nyxara Archeron, se mantuvo erguida con esa serenidad gélida y la barbilla alzada en respuesta, el orgullo que corría por sus venas era una cuchilla más afilada que el propio acero –Hablas demasiado Bloodmoon – lentamente ladeo el rostro con elegancia, permitiendo que parte de esos mechones azabaches, aquellos que escapaban de su larga trenza, acariciaran su pómulo enmarcando aquel rostro de líneas finas y pecas dispersas – Para ser alguien que depende del dinero de sus padres para no ser un vulgar vagabundo – La Archeron había lidiado con demasiados hombres de su calaña en su vida como para dejarse impresionar por las palabras y el lujo.
Hacía falta más, mucho más, para impresionarla.
Lentamente sus manos desenvainaron sus espadas y el silbido seductor, limpio, de su propio acero se materializó en la arena circular a la cual se había visto reducida su existencia.El silencio precedió a su acción, como si el mundo hubiese decidido contener el aliento, expectante, a lo que estaba por ocurrir entre ambos. Ella estaba a exactos cuatro metros de Bloodmoon, el mejor espadachín de Roshwan y estaba segura, que el aroma de Astra, su aroma, lo había alcanzado – ¿O acaso presumir del acero en voz alta es tú única manera de convencerte a ti mismo que no eres un cobarde? – la muñeca que cargaba a Astra se movió lentamente y la constelación de estrellas grabada en el acero de ónix, fulguró bajo las miradas a su alrededor – Muévete tú si te urge sangrar Bloodmoon, yo no gasto energía en críos malcriados y mantenidos –
Al momento que el mar de sus ojos fue directamente a la espada, su postura se volvió la de una depredadora. Con la mirada fija en su objetivo, analizó la posible trayectoria de su adversario.
Pongo una carta boca abajo y termina mi turno
