05-10-2026, 07:04 PM
—El gusto es todo mío, señorita. Es un nombre muy hermoso… Tal vez, si esperamos un poco, podremos ver el reflejo de la luna sobre el mar. ¿Así que este lugar se llama Valle del Silencio? Vaya que le pega un montón.
Dijo el burro, quien se tomó un momento para coger algo de aire, pues se había atragantado un poco al hablar.
—Creo que el silencio es hermoso también. Aprender a estar con nosotros mismos siempre será un reto.
Se detuvo por un instante mientras acariciaba la cabeza del pequeño, quien pronto escapó de sus manos y le dedicó varias sonrisas a la mujer gyojin.
Observó entonces cómo ella comenzaba a regar las plantas. Aquel gesto le reconfortó el cuerpo, y Zhang se sumó a las sonrisas de los presentes.
—¿Y ahora qué prefiere? —preguntó por reflejo, para luego sonreír por el comentario—. Pues a menos que sea alérgica al jazmín, no debería temer. El sabor ya será otra cosa.
—Hiaaa hia hiaaaaaa… ¿Peligroso yo? Si soy un pobre viejo. Los peligrosos son ellos. No sé qué habrá escuchado de mí, pero seguro se lo inventó algún marino.
Dijo Zhang, riéndose un poco por el comentario. No le agradaba del todo ser el malo, pero a veces era necesario.
Zhang sonrió tras verla sacar algo de sus provisiones. La gentileza siempre traía consigo cosas buenas, y actos como aquel empujaban al burro a seguir aquel sendero que años atrás había escogido.
—Tome, señorita. Esto le calienta el alma antes del entrenamiento.
Tomó entonces algunas pasas y, junto a un pan, abrió grande la trompa y los mascó de forma natural. Animal. Y puede que algo grotesca.
—Perdón, señorita, a veces soy algo descuidado. Muchas gracias por la comida —dijo el burro llevándose las manos a la boca, para luego tomar un sorbo de té.
Tragó lo que llevaba en la boca y después comenzó a comer con más sutileza. Aunque le rugía un poco la panza.
Por su lado, Silencio se encontraba alegre llenándose los cachetes con pasas, mientras saltaba de un lado al otro contento por la comida. Le dio un pequeño abrazo en el pie a la mujer y luego continuó con lo suyo.
—Un tiburón tigre… Eso explica su presencia. Yo, como podrá ver, soy un mink burro. ¿Sabía que los minks pueden tener hijos de otras razas? Por ejemplo, mi madre fue una mink leopardo. Hiaaa hia hiaaaaaa.
Bromeó Zhang, aunque él no podía decir mentiras.
Tras esto, Zhang se tomó unos segundos para entender lo que estaba sucediendo frente a él. Aquella chica se encontraba herida del corazón, y era algo por lo que un viejo médico como él no podía hacer mucho.
Las palabras de la chica le ardieron en el pecho, pues aquello que experimentaba era algo que él ya había vivido años atrás. Y aun así, para una gyojin debía de ser algo tan similar y tan diferente a la vez, que por un momento sintió un vacío en el estómago.
—Hablar de nuestros sentimientos nunca será una queja, señorita. Y a mí me encanta escuchar a las niñas quejarse —dijo Zhang, mientras movía las orejas. Era cierto: el viejo era un poco chismoso.
—Yo también extraño el abrazo del mar, la calidez de las olas… Hmmm, pero no me imagino lo que debe pasar por su ser. Sentirse de ese modo puede ser muy duro, y más en soledad. Me alegra poder escucharla, señorita Mizuki. Estoy seguro de que la vida siempre termina sonriendo, y puede encontrar en nosotros un lugar para conversar o para pasar un rato.
Luego de ello escuchó, y se limitó a sonreír mientras la frustración salía de su ser. Zhang y su costumbre de querer hablar de más; a veces las personas solo necesitaban desahogarse.
—Entiendo lo que me dice. Este es un lugar idóneo para romper un par de rocas… No lo había pensado, pero parece un buen plan.
Tomó un nuevo sorbo de té y por un momento continuó observando cómo el sol desaparecía frente a ellos, mientras sus rayos se perdían entre las nubes.
—Vaya que el destino es curioso. Yo también he estado aprendiendo algo de Hasshoken. Si le parece bien, ¿podría sacar la rabia junto a usted?
Preguntó Zhang. No tenía la oportunidad todos los días de practicar un poco de Hasshoken; aunque Heras lo sabía, el Wu Wei no era idóneo para ello. Por lo que allí, en el Valle del Silencio, parecía ser el plan que el destino tenía preparado.
—¿Sabe? Estuvimos en la isla del cielo hace poco, y conocí a una mujer que me enseñó una técnica de Hasshoken: Buto ranbu, Danza Salvaje. ¿Y usted dónde aprendió? —preguntó curioso.
Zhang se colocó de pie y entonces decidió comenzar a estirarse un poco.
—Si le parece bien, podríamos entrenar un poco más allá.
No quería lastimar aquellas plantas que tanto le había costado plantar.
—Y ya falta poco para que termine —dijo Zhang, refiriéndose al ocaso.
Luego de ello, entrenar parecía un excelente plan.
Dijo el burro, quien se tomó un momento para coger algo de aire, pues se había atragantado un poco al hablar.
—Creo que el silencio es hermoso también. Aprender a estar con nosotros mismos siempre será un reto.
Se detuvo por un instante mientras acariciaba la cabeza del pequeño, quien pronto escapó de sus manos y le dedicó varias sonrisas a la mujer gyojin.
Observó entonces cómo ella comenzaba a regar las plantas. Aquel gesto le reconfortó el cuerpo, y Zhang se sumó a las sonrisas de los presentes.
—¿Y ahora qué prefiere? —preguntó por reflejo, para luego sonreír por el comentario—. Pues a menos que sea alérgica al jazmín, no debería temer. El sabor ya será otra cosa.
—Hiaaa hia hiaaaaaa… ¿Peligroso yo? Si soy un pobre viejo. Los peligrosos son ellos. No sé qué habrá escuchado de mí, pero seguro se lo inventó algún marino.
Dijo Zhang, riéndose un poco por el comentario. No le agradaba del todo ser el malo, pero a veces era necesario.
Zhang sonrió tras verla sacar algo de sus provisiones. La gentileza siempre traía consigo cosas buenas, y actos como aquel empujaban al burro a seguir aquel sendero que años atrás había escogido.
—Tome, señorita. Esto le calienta el alma antes del entrenamiento.
Tomó entonces algunas pasas y, junto a un pan, abrió grande la trompa y los mascó de forma natural. Animal. Y puede que algo grotesca.
—Perdón, señorita, a veces soy algo descuidado. Muchas gracias por la comida —dijo el burro llevándose las manos a la boca, para luego tomar un sorbo de té.
Tragó lo que llevaba en la boca y después comenzó a comer con más sutileza. Aunque le rugía un poco la panza.
Por su lado, Silencio se encontraba alegre llenándose los cachetes con pasas, mientras saltaba de un lado al otro contento por la comida. Le dio un pequeño abrazo en el pie a la mujer y luego continuó con lo suyo.
—Un tiburón tigre… Eso explica su presencia. Yo, como podrá ver, soy un mink burro. ¿Sabía que los minks pueden tener hijos de otras razas? Por ejemplo, mi madre fue una mink leopardo. Hiaaa hia hiaaaaaa.
Bromeó Zhang, aunque él no podía decir mentiras.
Tras esto, Zhang se tomó unos segundos para entender lo que estaba sucediendo frente a él. Aquella chica se encontraba herida del corazón, y era algo por lo que un viejo médico como él no podía hacer mucho.
Las palabras de la chica le ardieron en el pecho, pues aquello que experimentaba era algo que él ya había vivido años atrás. Y aun así, para una gyojin debía de ser algo tan similar y tan diferente a la vez, que por un momento sintió un vacío en el estómago.
—Hablar de nuestros sentimientos nunca será una queja, señorita. Y a mí me encanta escuchar a las niñas quejarse —dijo Zhang, mientras movía las orejas. Era cierto: el viejo era un poco chismoso.
—Yo también extraño el abrazo del mar, la calidez de las olas… Hmmm, pero no me imagino lo que debe pasar por su ser. Sentirse de ese modo puede ser muy duro, y más en soledad. Me alegra poder escucharla, señorita Mizuki. Estoy seguro de que la vida siempre termina sonriendo, y puede encontrar en nosotros un lugar para conversar o para pasar un rato.
Luego de ello escuchó, y se limitó a sonreír mientras la frustración salía de su ser. Zhang y su costumbre de querer hablar de más; a veces las personas solo necesitaban desahogarse.
—Entiendo lo que me dice. Este es un lugar idóneo para romper un par de rocas… No lo había pensado, pero parece un buen plan.
Tomó un nuevo sorbo de té y por un momento continuó observando cómo el sol desaparecía frente a ellos, mientras sus rayos se perdían entre las nubes.
—Vaya que el destino es curioso. Yo también he estado aprendiendo algo de Hasshoken. Si le parece bien, ¿podría sacar la rabia junto a usted?
Preguntó Zhang. No tenía la oportunidad todos los días de practicar un poco de Hasshoken; aunque Heras lo sabía, el Wu Wei no era idóneo para ello. Por lo que allí, en el Valle del Silencio, parecía ser el plan que el destino tenía preparado.
—¿Sabe? Estuvimos en la isla del cielo hace poco, y conocí a una mujer que me enseñó una técnica de Hasshoken: Buto ranbu, Danza Salvaje. ¿Y usted dónde aprendió? —preguntó curioso.
Zhang se colocó de pie y entonces decidió comenzar a estirarse un poco.
—Si le parece bien, podríamos entrenar un poco más allá.
No quería lastimar aquellas plantas que tanto le había costado plantar.
—Y ya falta poco para que termine —dijo Zhang, refiriéndose al ocaso.
Luego de ello, entrenar parecía un excelente plan.
Off
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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