[PASADO] Justicia Saltarina [Priv. Vixen]
#5
Me caí contra el suelo… ¡ME CAÍ CONTRA EL MALDITO SUELO!

Por un instante se hizo el silencio, un incómodo silencio que, comparado con lo que vendría a continuación, parecía el mismísimo paraíso. Y así como comenzó, el silencio fue brutalmente cortado por el sonido de su voz descojonándose a pleno pulmón… Tal vez, si no me muevo, se olvide de mí, o, aún mejor, que me trague la tierra para siempre. 

Mientras me concentraba, ocupada pensando las distintas formas de dejar de existir a mi disposición, la mujer se acercó a mí y me ofreció su mano. Por un instante me planteé quedarme ahí tirada antes que atreverme a mirarle a la cara, pero acabé cediendo, aceptando su mano y alzando la mirada para encontrarme con la suya. De pronto, el mundo se congeló por un segundo mientras nuestras manos se tocaban; su agarre era firme, pero, al mismo tiempo, esa firmeza estaba cubierta por una capa de delicadeza intencional…¡Dios! No sé por qué, pero ahora mismo desearía haber diseñado mi traje sin guantes.

Y, de pronto, fui traída a la realidad por un tirón que me dejó de pie en un segundo.

—G-Gracias — dije, aún procesando cómo me acababan de levantar con tanta facilidad en apenas un instante. Me quité la suciedad del traje como pude y me puse mi casco, todo mientras intentaba no hacer contacto visual; lo último que quería ver ahora mismo era esa maldita sonrisa ladeada suya.

—Igualmente, no sé qué ha tenido de gracioso — dije con mis brazos cruzados, con un tono que dejaba ver que, en verdad, estaba más avergonzada que ofendida. — Además, no sé qué le ves a esa pose, no tenía nada de heroico… Pfff —

Tras eso comenzamos a andar hacia la terraza. El camino fue uno silencioso, aunque no en un mal sentido. Lo disfruté y hubiese hablado a montones si el hambre no me estuviera consumiendo… pero, por suerte, llegamos pronto.

Al no haber estado nunca en ningún lugar como este, decidí entrar detrás de la coneja. Mientras nos adentrábamos a la terraza, pude oír cómo una amable camarera se dirigía a ella como si ya se hubiesen visto antes, así que decidí asomarme y saludarla.

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—¡AHÁ! Buenas. —

En cuanto me vio, noté cómo su cara se petrificaba mientras dejaba caer su bandeja en la barra. Por algún motivo, no quería atenderme en su local; al parecer, como era de esperar, mi nombre era conocido por el lugar y, como era comprensible, mi fama, exagerada, de dejar daños colaterales. Viendo esto, di un paso al frente e intenté calmarla dando una ligera reverencia a modo de disculpa. Al fin y al cabo, este tipo de sitios nunca han sido para gente como yo.

— No se preocupe, ciudadana, ahora mismo estoy fuera de servicio. Le pido disculpas si mi presencia le- — Pero de pronto fui interrumpida por mi compañera. 

—Marina, reina, presenta respeto: es Centella, la emisaria de la justicia — dijo mientras me ofrecía una silla.

No pude evitar sonrojarme mientras una tonta sonrisa se dibujaba en mis labios. Ella acababa de defenderme. ¡Sabía que no podía ser tan mala!, pensé mientras tomaba asiento.

Por algún motivo me sentía súper feliz, tanto que estaba dando pataditas como una tonta en mi asiento sin importarme nada. Mientras mi defensora pedía la comida y terminaba de sentarse, no pude evitar inclinarme hacia delante, con mi brazo colocado sobre la mesa y apoyando la cabeza sobre mi mano. Por un momento casi me pongo a jugar con mi pelo mientras me perdía mirándola, pero solo pude hacer lo segundo gracias a mi casco.

Al poco, nos sirvieron nuestras bebidas y una cesta de pan, la cual mi anfitriona no tardó en ofrecerme. Tenía tanta hambre que agarré un pan sin dudarlo y, meros segundos antes de devorarlo, me detuve. Esto es un restaurante, Fumi. Aquí la gente tiene un nivel de etiqueta. ¿A dónde vas comiéndote el pan como una salvaje? ¿Es esa la imagen que le quieres dar? Lo mínimo que puedes hacer por ella es comportarte acorde. Así que coloqué el pan sobre mi plato y me dispuse a cortarlo de la forma más elegante y refinada en la que alguien pudiese cortar un cacho de pan… No sé cómo coño la gente tiene paciencia pa' esto.

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Con el pan fuera del camino y un delicioso estofado ya ingerido, sentí cómo las energías volvían finalmente a mi cuerpo. Le debo una a esta mujer, pensé mientras bebía un trago de mi zumo de manzana, no pudiendo evitar lanzarle una mirada rápida disimulada, encontrándome directamente con sus ojos escarlata, los cuales se encontraban puestos totalmente en mí. En ese momento no pude evitar apartar la mirada rápidamente, haciendo como si nada hubiera pasado, a la par que mis mejillas se ponían rojas. ¿Se habrá dado cuenta?

—Se te pone la cara como un tomate cuando te miran fijamente, ¿sabes? —


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—¡EH, N-NO SÉ DE QUÉ HABLAS, TE CONFUNDIRÁS CON EL VISOR! —

Pero antes de que pudiera terminar de dar una excusa, la mujer continuó hablando. Quería saber mi historia, preguntándome de dónde había sacado mis poses heroicas, a la par que me ofrecía su copa a la espera de un brindis. Estando ya más calmada, correspondí su brindis e hice lo que mejor sabía hacer: sacar el modo Centella.

—Así que quieres saber mi historia, eh — dije, poniendo mi tono de voz ligeramente forzado y apoyando mi barbilla entre mis dedos pulgar e índice. — Verás, aquí donde me ves, soy toda una heroína de renombre en mi isla natal, y no, allí no había ninguna escuela de héroes; todo viene de casa JAJAJAHIIIJAJA —

Me paré un segundo a beber, aprovechando para volver a mirar a la mujer frente a mí, y ahí estaba, mirándome fijamente, intentando no perderse ni un detalle. En ese momento, algo en mí decidió salirse del guion que tan automatizado tenía en mi cabeza. Ella no solo ha mostrado en más de una ocasión interés genuino en mi profesión de heroína, ha incluso respetado tu identidad secreta todo este tiempo, pese a ya habérsela dicho, y te ha defendido. Y ahora, a cambio de todo eso y esta cena, lo único que te pide es saber más sobre ti… Sabes qué, al cuerno, ella se merece algo mejor que ese guion precocinado.

—No estaría mintiendo si te dijera que todas mis poses salen de esta cabecita loca, ¿sabes? — dije, volviendo a mi tono de voz normal, parando de hacer el tonto con las manos. — Pero estaría mintiendo si dijera que no tuve quien plantara esas ideas en mi cabeza. Tuve una buena maestra, se llamaba Hana… —

Agarré una copa, comenzando a acariciar el borde de esta con mis dedos, tratando de distraer mis manos, al mismo tiempo que mi mirada se apartaba hacia la mesa, como si mi cabeza estuviese más concentrada en mis propias palabras e historia que en nada alrededor.

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—Ella era mi heroína, aunque, más que eso, ella era mi hermana mayor… ¿Sabes? Cuando éramos unas renacuajas, siempre andábamos peleadas. Ella era la niña inquieta y yo, la tímida que se pasaba el día llorando por cualquier cosa— Una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara. — Sí, lo sé, lo sé. Yo, ¿una niña tímida y cobardica? Pues sí, es la pura verdad. Aún recuerdo las collejas que me daba cuando iba llorando a chivarme a nuestros padres de la última travesura que había hecho. JAJAJAHIIIJAJA. — Me llevé la mano al cuello, frotando ligeramente, como si aún escociera.

—El caso es que, tras el fallecimiento de nuestra madre, Hana fue quien pasó a tener que cuidarme, y yo… digamos que me caí en un pozo oscuro del que no supe salir, hasta que un día mi hermana me comenzó a contar montones de historias de héroes y heroínas luchando contra la adversidad.— 

Me detuve, dejando salir una pequeña carcajada, adelantándome a lo que iba a decir

—Al principio no me importaban lo más mínimo. Sabía que se las iba inventando sobre la marcha. De hecho, le pillé varias incongruencias más de una vez, jajajahiiijaja. Pero poco a poco sus esfuerzos fueron creciendo en mí y, cuando me di cuenta, mi vida volvía a estar repleta de luz y esas historietas ya formaban parte de nuestra rutina.—

De pronto volví en mí y comencé a procesar cómo había soltado un tostón sobre mi vida y mis mierdas a una persona que acabo de conocer. Rápidamente me recoloqué en mi silla, llena de energías, me aclaré la garganta y, descaradamente, cambié de tema.

—Pero bueno, es solo una historia aburrida—. Vamos, Fumi, tienes que remontar esto. —¿Y qué hay de ti? ¿Cómo llegó una hermosura como tú a una isla como esta? — dije, guiñándole un ojo a duras penas mientras intentaba no morirme de la vergüenza por lo que acababa de decir. Con la cara roja, me recoloqué hacia atrás en la silla, sujetando la copa desde abajo como un catador experimentado y procedí a beber elegantemente un trago, entrando este por el lado que no era de la garganta. —COF, COF, JODER, COF. — Y así todo mi carisma volvió a irse al traste.

Tras un rato, la mujer plantó su codo en la mesa y me retó a un pulso con una confianza que echaría a cualquiera atrás, pero yo no soy cualquiera, así que le respondí plantando mi codo en la mesa, equiparando su nivel de confianza. Agarré su mano con firmeza, mostrando una sonrisa ladeada propia de una ganadora. Esta vez no me iba a distraer por algo tan simple como agarrar su mano, ni siquiera mirándome desafiante con esos preciosos ojos rojos suyos… ¡FUMI, CÉNTRATE!

El pulso estaba bastante equilibrado. Diría que ella era sorprendentemente fuerte, pero cualquier ojo experto hubiese sabido la fuerza que escondía con solo verla. Una lástima que no fuera lo suficiente para esta heroína. Cerré mis ojos, usando toda la fuerza en mí para llevar su brazo hacia la mesa. Vamos, ya casi, solo unos centímetros más y… Abrí mis ojos para ver mi victoria cuando…

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...

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¡PUM!
En ese instante mi brazo tocó la mesa.

Tras la capa
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RE: [PASADO] Justicia Saltarina [Priv. Vixen] - por Fumi Gan - Ayer, 07:52 AM

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