Hace 9 horas
(Última modificación: Hace 8 horas por Juan Sebastian.)
Pude observar cómo mis compañeros volvían de forma triunfante tras realizar la entrega de aquellos perversos piratas con éxito. Enji y Stroud subieron al barco, correspondiendo mi saludo cada uno con su distanciada personalidad. —¡Muy buenas, Stroud! —le respondí con un aire casi familiar. Mi alegría natural dio paso a un toque algo más serio en cuanto mencionó lo del periódico, por lo que asentí cuando me invitó a acompañarles a la bodega del Transit.
En ese momento, Enji me saludó con un choque de manos con mi pinza. Él tenía la capacidad de subirme el ánimo en cualquier momento con esa personalidad arrolladora suya. Pero sin dudas también era capaz de hundirme solo con un par de palabras.
—No estoy gordo… Soy de coraza ancha… Mi madre decía que… —Susurré de forma casi ininteligible. La muerte de un shichibukai como Ren era algo grave que valía la pena comentar, pero sin dudas no era algo tan grave como para que evitase hacer el tonto un rato. Después de todo, seguían siendo piratas…
De camino a la bodega, Stroud mencionó los detalles que me helaron la sangre. —¿Impel Down? ¿Tucrow? Pero sí… —Pensé mientras sacaba el periódico que había estado leyendo aquella mañana. Al abrirlo de nuevo, me percaté de la fecha. Era un periódico viejo, de años atrás. Lo tiré al suelo intentando que nadie se diese cuenta mientras aún trataba de asimilar las palabras del comandante Renanashi. El grito de Enji me alertó, me decía que llamase a todo el mundo, pero sin dudas su tono elevado ya debería ser suficiente para atraer a todos los que estuviesen interesados en las noticias.
Ya en la bodega, nos acomodamos para leer con detalle lo ocurrido, todo es un poco caótico, lo que hace que mi cabeza dé tumbos entre la información. —¿29 de verano? —Le pregunté justo antes de asomarme a su lado para leer la fecha de cerca. —El tiempo vuela…
Tras eso, llegaron Shin y Akira a la bodega, aportando aún más caos al club de lectura improvisado. Cuando el comandante albino mencionó lo de su búsqueda del remanente de los Sepultura, asentí con confianza, dejando que sintiera la confianza que tenía en él para esa heróica tarea. Con todos atentos, Stroud empezó a leer todo en voz alta de forma solemne.
Escuché sus palabras una por una de pie, en un lado de la sala iluminada por la penumbra de la luz que había encendido Enji anteriormente. “asaltada, vulnerada y atacada sin compasión..." Apreté mis brazos cruzados con furia, negando con la cabeza sin decir palabra. —¿Yojimbo no sé qué tercero? No fue ese el criminal que fue derrotado por el mismísimo héroe de los Cabos Gemelos, Joe Joestar? —menciono sin omitir ni un ápice del título del vicealmirante mientras Stroud parecía tener problemas con seguir leyendo.
Fue lo siguiente lo que dejó mi coraza carmesí pálida. —Mil tres…. —Intenté gritar, pero solo siendo capaz de soltar un murmullo ahogado. ¿Cuántos sueños segados, cuántos ideales nobles aplastados, cuántas familias destrozadas? Lo que en el periódico se veía como un número, para mí era una marea de compañeros, camaradas que luchaban a mi lado y por los que daría la vida sin dudar ni un segundo. Aun con los brazos cruzados y los ojos cerrados con fuerza, apreté mis dientes con fuerza como para hacerme sangrar, como si cada uno de esos números fuese un puñal en mi pecho.
Finalmente, cuando de la boca de Stroud salieron los nombres de Joe Joestar y Tucrow, perdí la compostura, abandonando mi postura con los brazos cruzados para aporrear con mi pinza uno de los barriles de vino que tenía a mi lado, rompiéndolo y derramando el alcohol por el suelo. Mi voz temblorosa, explotaba con una rabia que era incapaz de contener.
En ese momento, Enji me saludó con un choque de manos con mi pinza. Él tenía la capacidad de subirme el ánimo en cualquier momento con esa personalidad arrolladora suya. Pero sin dudas también era capaz de hundirme solo con un par de palabras.
—No estoy gordo… Soy de coraza ancha… Mi madre decía que… —Susurré de forma casi ininteligible. La muerte de un shichibukai como Ren era algo grave que valía la pena comentar, pero sin dudas no era algo tan grave como para que evitase hacer el tonto un rato. Después de todo, seguían siendo piratas…
De camino a la bodega, Stroud mencionó los detalles que me helaron la sangre. —¿Impel Down? ¿Tucrow? Pero sí… —Pensé mientras sacaba el periódico que había estado leyendo aquella mañana. Al abrirlo de nuevo, me percaté de la fecha. Era un periódico viejo, de años atrás. Lo tiré al suelo intentando que nadie se diese cuenta mientras aún trataba de asimilar las palabras del comandante Renanashi. El grito de Enji me alertó, me decía que llamase a todo el mundo, pero sin dudas su tono elevado ya debería ser suficiente para atraer a todos los que estuviesen interesados en las noticias.
Ya en la bodega, nos acomodamos para leer con detalle lo ocurrido, todo es un poco caótico, lo que hace que mi cabeza dé tumbos entre la información. —¿29 de verano? —Le pregunté justo antes de asomarme a su lado para leer la fecha de cerca. —El tiempo vuela…
Tras eso, llegaron Shin y Akira a la bodega, aportando aún más caos al club de lectura improvisado. Cuando el comandante albino mencionó lo de su búsqueda del remanente de los Sepultura, asentí con confianza, dejando que sintiera la confianza que tenía en él para esa heróica tarea. Con todos atentos, Stroud empezó a leer todo en voz alta de forma solemne.
Escuché sus palabras una por una de pie, en un lado de la sala iluminada por la penumbra de la luz que había encendido Enji anteriormente. “asaltada, vulnerada y atacada sin compasión..." Apreté mis brazos cruzados con furia, negando con la cabeza sin decir palabra. —¿Yojimbo no sé qué tercero? No fue ese el criminal que fue derrotado por el mismísimo héroe de los Cabos Gemelos, Joe Joestar? —menciono sin omitir ni un ápice del título del vicealmirante mientras Stroud parecía tener problemas con seguir leyendo.
Fue lo siguiente lo que dejó mi coraza carmesí pálida. —Mil tres…. —Intenté gritar, pero solo siendo capaz de soltar un murmullo ahogado. ¿Cuántos sueños segados, cuántos ideales nobles aplastados, cuántas familias destrozadas? Lo que en el periódico se veía como un número, para mí era una marea de compañeros, camaradas que luchaban a mi lado y por los que daría la vida sin dudar ni un segundo. Aun con los brazos cruzados y los ojos cerrados con fuerza, apreté mis dientes con fuerza como para hacerme sangrar, como si cada uno de esos números fuese un puñal en mi pecho.
Finalmente, cuando de la boca de Stroud salieron los nombres de Joe Joestar y Tucrow, perdí la compostura, abandonando mi postura con los brazos cruzados para aporrear con mi pinza uno de los barriles de vino que tenía a mi lado, rompiéndolo y derramando el alcohol por el suelo. Mi voz temblorosa, explotaba con una rabia que era incapaz de contener.
—¡¿QUÉ MIERDA SIGNIFICA TODO ESTO?!

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