Hace 3 horas
Deambulando por las calles comencé a escuchar una melodía en la distancia. Un coro de voces a unas pocas calles cantaba y celebraba festejando juntos, alegres. Su eco me llevó hasta la puerta de un establecimiento o un local, un edificio en el que pareciera que servían alcohol y otras dispensas y que, a todas luces, invitaba a entrar alegremente al público y los viandantes sin restricciones. Miré a Grigori y me encogí de hombros mientras él hizo lo propio con sus alas, y ambos entramos por mis propios pies en el edificio. No era especial por nada, ni bonito, ni grande, ni bien posicionado... lo cual me daba aun más curiosidad por ver qué sucedía dentro, por qué este jolgorio y sobre todo quien era el responsable.
En cuanto crucé las puertas me fue imposible obviar al gigantesco oso panda enorme y gordo que estaba al fondo de la sala, rodeado de otros tantos de todas las razas, sexos y tamaños, todos cantando a coro una canción que pareciera que seguía la voz del gigantesco mink. Arqueé la ceja, caminando discretamente hacia una de las esquinas del bar para sentarme, lejos de la mirada y la atención de todos los presentes poniendo mi mejor esfuerzo por pasar desapercibido... que no por ser sigiloso, pues con el estruendo natural de la sala no lo necesitaba. Grigori bajó a mi regazo y se acurrucó ahí, para apartarse de la vista de las miradas insidiosas y curiosas y desapareció de la vista de todos los presentes al estar sentado junto a esa mesa y con él bajo ella.
Desde ahí, simplemente escuché. Sólo quería poder escuchar algo de música tranquilo, evadirme, cerrar los ojos e imaginar mi hogar. Pensar en ella, en ellos, y en las posibilidades que el mañana tenía para mi e iba a poner frente a mi camino para que mis pasos lo recorriesen. No tenía ni idea de qué hacer aun, pero suponía que esto sería un problema para el Taito del futuro y que, de alguna forma - y como siempre - lo resolvería. Una de las personas que atendía las mesas me trajo una cerveza y mientras la bebía escuchando la música, acariciaba a Grigori en mi regazo, por primera vez en mucho tiempo, tranquilo y descansando.
En cuanto crucé las puertas me fue imposible obviar al gigantesco oso panda enorme y gordo que estaba al fondo de la sala, rodeado de otros tantos de todas las razas, sexos y tamaños, todos cantando a coro una canción que pareciera que seguía la voz del gigantesco mink. Arqueé la ceja, caminando discretamente hacia una de las esquinas del bar para sentarme, lejos de la mirada y la atención de todos los presentes poniendo mi mejor esfuerzo por pasar desapercibido... que no por ser sigiloso, pues con el estruendo natural de la sala no lo necesitaba. Grigori bajó a mi regazo y se acurrucó ahí, para apartarse de la vista de las miradas insidiosas y curiosas y desapareció de la vista de todos los presentes al estar sentado junto a esa mesa y con él bajo ella.
Desde ahí, simplemente escuché. Sólo quería poder escuchar algo de música tranquilo, evadirme, cerrar los ojos e imaginar mi hogar. Pensar en ella, en ellos, y en las posibilidades que el mañana tenía para mi e iba a poner frente a mi camino para que mis pasos lo recorriesen. No tenía ni idea de qué hacer aun, pero suponía que esto sería un problema para el Taito del futuro y que, de alguna forma - y como siempre - lo resolvería. Una de las personas que atendía las mesas me trajo una cerveza y mientras la bebía escuchando la música, acariciaba a Grigori en mi regazo, por primera vez en mucho tiempo, tranquilo y descansando.
![[Imagen: siCzVIk.png]](https://imgur.com/siCzVIk.png)
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