07-10-2026, 08:56 AM
Son gente con armas, son todo un problema. Recuerdo bien ver a personas armadas con habilidades de combate formidables. Me disgusta enfrentarme a personas que usan espadas y lanzas. No se siente nunca como una pelea justa cuando tu llevas tus manos y ellos llevan algo con lo que apuñalar. Por lo menos un poco de historia me evitaba sentirme tan acusatorio con las preguntas. Aunque si ya no decían nada yo me iba a molestar e iba a armar un zafarrancho ahora mismo.
Esta gente sufrió una sampablera y no ganaron. Contra otra tripulación de la que dicen es más desordenada, de otra tripulación que dicen que son unos bárbaros. Claramente estos muchachos me dan la impresión de que no deben haber luchado mucho tampoco. Nadie en los mares pelea por la medida justa. Nadie, ni siquiera los marines. Así es la vida del mar, no me gusta, preferiría que todo fuera por la vía pacífica, pero eso no ocurre y si no soy capaz de defender a mi o a mis amados compañeros, entonces nos van a vulnerar. Asentí entendiendo la historia, comprendiendo su situación pero no por ello justificando.
En un gesto más que obvio, seguramente no podríamos ir por la senda pacifica si somos encontrados. Hasta entonces, habrá que ser pacientes. Una mirada atenta a mi compañero Mink que parece estar ejecutando una fría operación en estos perros de agua. Escuché al otro compañero soltar un comentario importante. —¿A quién llamas pequeño?. Mosca con esas confianzas, que tu percepción de quien es grande pudo verse afectada por el sol. Yo soy un tipo muy grande, el más grande. — No es que defiende un orgullo herido, pero pero tienen que saber que los ayudaremos pero por ahora no somos amiguis. Tampoco vamos a bailar como las mujeres de la cantina.
—Lamento tu perdida Yusha, yo perdí a alguien a quien quería mucho. Espero que cuando te levantes me puedas hablar sobre él. Para que podamos recordarlo todos.— Quise darle aliento, pero es una mujer que no parece estar consiente o con nosotros. Mi espíritu marino me dejó en claro algo, estos chicos aun estan siendo buscados o así lo perciben y por algo debe ser. No soy el más astuto pero por algo el otro no quiere soltar el catalejo. Me moví un poco de la espalda de O.G. Sangolao. Este chico debe ser el explorador de esta tripulación, estaba atento, en guardia, siempre mirando. Si está atento es por que es alguien precavido. Extendí mi gran mano oscura hacia él.
—Prestame por un rato tu lupa. Creo que puedo cubrir una mejor área sin revelar tu posición o la de tus amigos. — Mire a mi amigo y me acerqué, parecía haber terminado con ella, pero no parece levantarse del suelo. — Si no son un grupo numeroso, daré una vuelta para ver si los puedo pescar. No gastes mucho hielo.—
Sabiendo que ha terminado podría encargarse de las negociaciones.
Una vez se me entregó el catalejo y tomé distancia abrí mis alas, majestuosas, imponentes, únicas, tras un potente salto alcé vuelo a unos quince metros de altura. Percibí la brisa bajo mis alas y cómo me moví con las corrientes de viento. Ajustando para hacer un vuelo de recorrido desde las alturas. Posar mi visión sobre las arenas de la isla. El movimiento de la misma. Si hubiera otro lunarian sería otro angel negro de cuatro o cinco metros. Sobre toda esa arena blanca era más que evidente que yo iba a reconocerlo cómo quien ve un grano de café en una bolsa de arroz. Abusé de la herramienta y mientras reconocía a los varios metros si percibía un movimiento extraño sobre las dunas aprovecharía esta herramienta prestada para detallar que era cada movimiento que me presente sospecha.
Desde lo alto seguro no tengo que ser reconocido y si algo aprendí que cuando la gente ve algo tan alto se delata pues con este sol tan intenso es difícil enfocar un cuerpo tan hermoso y tan oscuro como el mío. Con la lupa segura en mis manos cada cierto tiempo, trataba de ponerlo sobre mi ojo para ver puntos específicos donde pudieran venir. Sobre todo si veía superficies rocosas en las que se pudieran ocultar.
Las aves en los desiertos son curiosas y sus aleteos son lentos, así controlan mejor sobre que vuelan y puedo detallar mejor que hay debajo de mi. Un vuelo en óvalos grandes de más o menos 15 metros entre el punto más alejado y el punto más cercano a donde estaba mi nakama. Aunque estaba fresco el cielo ya me comenzaba a hacer la idea que si la cosa se ponía violenta debía responder.
Esta gente sufrió una sampablera y no ganaron. Contra otra tripulación de la que dicen es más desordenada, de otra tripulación que dicen que son unos bárbaros. Claramente estos muchachos me dan la impresión de que no deben haber luchado mucho tampoco. Nadie en los mares pelea por la medida justa. Nadie, ni siquiera los marines. Así es la vida del mar, no me gusta, preferiría que todo fuera por la vía pacífica, pero eso no ocurre y si no soy capaz de defender a mi o a mis amados compañeros, entonces nos van a vulnerar. Asentí entendiendo la historia, comprendiendo su situación pero no por ello justificando.
En un gesto más que obvio, seguramente no podríamos ir por la senda pacifica si somos encontrados. Hasta entonces, habrá que ser pacientes. Una mirada atenta a mi compañero Mink que parece estar ejecutando una fría operación en estos perros de agua. Escuché al otro compañero soltar un comentario importante. —¿A quién llamas pequeño?. Mosca con esas confianzas, que tu percepción de quien es grande pudo verse afectada por el sol. Yo soy un tipo muy grande, el más grande. — No es que defiende un orgullo herido, pero pero tienen que saber que los ayudaremos pero por ahora no somos amiguis. Tampoco vamos a bailar como las mujeres de la cantina.
—Lamento tu perdida Yusha, yo perdí a alguien a quien quería mucho. Espero que cuando te levantes me puedas hablar sobre él. Para que podamos recordarlo todos.— Quise darle aliento, pero es una mujer que no parece estar consiente o con nosotros. Mi espíritu marino me dejó en claro algo, estos chicos aun estan siendo buscados o así lo perciben y por algo debe ser. No soy el más astuto pero por algo el otro no quiere soltar el catalejo. Me moví un poco de la espalda de O.G. Sangolao. Este chico debe ser el explorador de esta tripulación, estaba atento, en guardia, siempre mirando. Si está atento es por que es alguien precavido. Extendí mi gran mano oscura hacia él.
—Prestame por un rato tu lupa. Creo que puedo cubrir una mejor área sin revelar tu posición o la de tus amigos. — Mire a mi amigo y me acerqué, parecía haber terminado con ella, pero no parece levantarse del suelo. — Si no son un grupo numeroso, daré una vuelta para ver si los puedo pescar. No gastes mucho hielo.—
Sabiendo que ha terminado podría encargarse de las negociaciones.
Una vez se me entregó el catalejo y tomé distancia abrí mis alas, majestuosas, imponentes, únicas, tras un potente salto alcé vuelo a unos quince metros de altura. Percibí la brisa bajo mis alas y cómo me moví con las corrientes de viento. Ajustando para hacer un vuelo de recorrido desde las alturas. Posar mi visión sobre las arenas de la isla. El movimiento de la misma. Si hubiera otro lunarian sería otro angel negro de cuatro o cinco metros. Sobre toda esa arena blanca era más que evidente que yo iba a reconocerlo cómo quien ve un grano de café en una bolsa de arroz. Abusé de la herramienta y mientras reconocía a los varios metros si percibía un movimiento extraño sobre las dunas aprovecharía esta herramienta prestada para detallar que era cada movimiento que me presente sospecha.
Desde lo alto seguro no tengo que ser reconocido y si algo aprendí que cuando la gente ve algo tan alto se delata pues con este sol tan intenso es difícil enfocar un cuerpo tan hermoso y tan oscuro como el mío. Con la lupa segura en mis manos cada cierto tiempo, trataba de ponerlo sobre mi ojo para ver puntos específicos donde pudieran venir. Sobre todo si veía superficies rocosas en las que se pudieran ocultar.
Las aves en los desiertos son curiosas y sus aleteos son lentos, así controlan mejor sobre que vuelan y puedo detallar mejor que hay debajo de mi. Un vuelo en óvalos grandes de más o menos 15 metros entre el punto más alejado y el punto más cercano a donde estaba mi nakama. Aunque estaba fresco el cielo ya me comenzaba a hacer la idea que si la cosa se ponía violenta debía responder.
Plumas negras de un hombre hermoso
