El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#7
El cuchillo dejó de moverse de repente.
 
Las piernas de la niña quedaron estáticas y sus brazos cayeron a sus lados, a modo de rendición.
 
Lo que acababa de observar debía ser una alucinación, debía ser magia.
 
¿Cómo le explicaría a sus amigos que un “Leviatán” se había convertido en una adorable tortuga?
 
Su mente quedó en blanco por un segundo hasta que escuchó que el “animalito” habló, lo que provocó que la niña abriera su boca para gritar, pero el sonido murió en su garganta antes de que saliera por completo, escuchándose, en medio de la tranquilidad de la noche un simple gasp, al que le siguió una debilidad en las piernas de la niña que la hizo caer sentada, nuevamente, sobre el piso de madera.
 
El cuchillo reposaba a un lado de ella, aun en su mano, pero sin el ánimo de ser blandido, mientras que la chica, con la respiración agitada, tenía los ojos clavados en los recién llegados, en especial en la tortuguita.
 
De repente, la calma que el marine tortuga parecía haber conseguido, se rompió cuando los ojos de la infante empezaron a llenarse de lágrimas y, ahora sí, de su boca si salió un llanto fuerte, sonoro, a gritos.
 
¿Por qué?
 
Sus amigos…pensó en sus amigos, en su familia.
 
Ver a Juan transformarse la hizo pensar en un truco de magia que, si bien no le creería, tampoco tendría oportunidad de contar si no salía de ese sitio.
 
No pudo responder a la pregunta, pues el llanto, producto de la nostalgia y el miedo, ni siquiera le permitieron notar cuando Shin se transformó en algo más que ella también habría considerado como magia, pues su llanto nubló sus ojos…una lástima, porque la niña, desde su lugar, sí que habría tenido una visión más amplia del ser que se acercaba desde el mar.
 

 
Lo que pasó después fue demasiado rápido como para que cualquiera de los presentes pudiera reaccionar a tiempo.
 
En un instante, la distancia de 20 metros que separaba a ambos marines de la criatura en el agua, se redujo solo a 10 metros, pero no era eso lo peligroso, si no la corriente en forma de lanza que, desde esos 10 metros, fue lanzada con una precisión casi perfecta hacia donde estaba Juan Sebastián, transformado en tortuga.
 
El agua rompió la distancia en apenas un instante, de paso, sirvió para ocultar al causante de aquella lanza de agua de mar que más bien parecía una ola, pues lo que golpeó a la “tortuguita” eran nada más y nada menos que 240 litros de agua que no solo lo bañaron a él, si no que se deslizaron por su caparazón hasta alcanzar también a Shin, quien usaba al otro para cubrirse; sin embargo, aquello no terminó ahí.
 
Cuando la niña se dio cuenta de la ola que venía hacia ellos, no tuvo tiempo de reaccionar para escapar, aunque tampoco es que hubiera podido hacer algo, pues aquella masa de agua se extendió con facilidad por el interior de la casa, arrastrando consigo a la niña que antes lloraba y al niño que seguía dormido a unos 7 metros de los marines, sin enterarse de nada de lo que ocurría.
 
La fuerza con la que vino el agua fue tal que ambos menores hubieran chocado contra la pared de madera de la casa si no fuera porque en esa pared trasera, la ventana, cubierta solo con una cortina de caracolitos del mismo estilo que la de la puerta, abarcaba casi toda la pared, lo que facilitó que ambos niños terminaran en el exterior de la casa, sobre uno de los puentes que conectaba las chozas de madera que componían aquel paisaje.
 
Un quejido se escuchó afuera, así como el golpe seco de los cuerpos siendo arrastrados por la potencia de aquella ola que había sido mandada por un ser que por ahora no tenía ni rostro ni nombre…algo que cambiaría muy pronto.
 
De la espuma del mar, en un parpadeo, apareció el culpable o, mejor dicho, la culpable de aquel ataque a quemarropa.
 
Un movimiento grácil, elegante, casi etéreo, fue todo lo que Juan y Shin pudieron visualizar que venía hacia ellos antes de que aquella chiquilla, una gyojin de grandes ojos rosas y una cabeza que recordaba al cuerpo de las medusas, de un tono traslúcido que dejaba ver parte de sus órganos internos, terminó sentada justo encima del caparazón de Juan, mientras que, con una sonrisa en su rostro que más que intimidar parecía que solo quería jugar, apuntaba con sus dedos delgados hacia la cabeza flotante de Shin.
 
—¡UNA TORTUGUITA! ¡Tuve que venir a verla apenas noté la transformación! —Con la mano que no apuntaba, dio un par de golpes, demasiado fuertes para su apariencia, justo en la cabeza de tortuga de Juan, aunque, para cualquiera con haki de observación, podrían notar que sus intenciones, lejos de parecer bélicas, tenían un aura mucho más juguetona. —¿Por qué tienes una gorra de la marina? ¿Los humanos te han tomado como su mascota? ¿Quieres que me encargue del humano? ¿Quieres, quieres? ¡Ah! Aunque sería una lástima —. En ese momento, la chica medusa miró a Shin. —Eres muy lindo, para ser un humano corrupto, seguramente mi capitán estaría feliz si te tuviera entre sus productos…o quizá Randall también estaría feliz… ¡Oye, oye! ¿Qué tal si vienes conmigo, humano? Jmmm, por cierto... ¿Vieron a mis amigos? —En ese momento, los grandes ojos rosas de la gyojin medusa se alzaron para escanear la habitación, solo para darse cuenta de que ninguno de los dos niños que estaban bajo su cuidado se encontraban en el sitio.
 
 —No puede ser… ¿Qué…qué les hicieron? —En ese momento recordó que, desde el mar, había logrado ver a dos uniformados, pero en el suelo, mojado, solo estaba un humano, el peliblanco al que deseaba llevar como regalo para su capitán. —¡El otro marine! ¡El otro marine debió habérselos llevado! —Gritó sin darse cuenta de que ella estaba sentada justamente sobre "el otro marine".
 
De un salto, la chica gyojin se puso de pie para quedar justo en medio de la habitación, a tres metros de Shin y a tres metros y medio de Juan, en línea recta, desde su lugar podía observar mejor al peliblanco, quien la hizo entrecerrar los ojos antes de que su mano, se elevara para apuntar de nuevo al marine y disparar, no a su cabeza, si no al costado derecho del cuerpo transformado en lo que sea que fuera, pues para ella no tenía una forma exacta.
 
—Los humanos son crueles, así como esclavizas a esa tortuguita también harían con su propia especie ¿No es así? —Hablaba mientras de que, de sus manos, aprovechando el agua de mar que la cubría, salían varias gotitas de agua de apariencia inofensiva…hasta que chocaban con la piel y la atravesaban como a un simple papel.
 
Y, mientras todo aquello ocurría, en el mar, dejando atrás las rocas que se veían a 200 metros, una embarcación que parecía un barco pesquero de considerable tamaño, se reveló en el horizonte, este había avanzado al menos unos 100 metros y se dirigía justo hacia la costa. En este, para cualquiera que prestara atención, había 3 auras: Dos tan tranquilas como la del niño dormido, ambas de un tono naranja pálido y otra más de un tono rojizo que se asemejaba más al color de la sangre coagulada. Era violenta, casi asquerosa…no disimulaba la sed de sangre que dominaba a su dueño.


 
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[Imagen: hyakocheja.png]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hyákinthos - 08-10-2026, 07:02 AM

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