Mi ojo se abrió de par en par.
- ¡¿ES UN SER ELEMENTAL?! -
Pensé completamente confuso. ¿Qué era? ¿Oscuridad? ¿La noche? No lo sabía, pero era otro ser como yo. Sus espadas acogieron a la oscuridad y la incluyeron en su filo, mientras su piernas se perdían en un torbellino negro como las mías acostumbraban a hacer.
Eso si que era una sorpresa, pero yo sabía bastante bien que nuestros movimientos siempre eran más lentos que nuestras manos.
El tañido del metal resonó potente, tanto que zumbó en mis oídos con un eco metálico estridente, casi produciéndome dentera. Mientras mi hoja, la Daña Almirantes se partía en pedazos que salían disparados como metralla hacia mi atravesándome el pecho por completo pues al ser separados de su agarre habían perdido mi haki y su capacidad de dañar.
Esa espada había nacido para matar a un Almirante y un triste comandante de la revolución la había destruido en su primer golpe. Patético. Dejé caer la empuñadura del arma ahora completamente inútil mientras Kisuke me miraba serio desde su golpe asegurando que no me lo pondría fácil y yo... Exploté.
El humo nació desde mi cuerpo, acompañado de la palabra, arrasando todo a su paso con una fuerza que nunca había sentido, mis poderes eran mucho más fuertes que nunca y sentía una conexión extraña con él. Mucho más pura que nunca. Mi esencia laceró el suelo arrasándolo por completo y la muralla del patio de armas sufrió cuando la embestida de mi explosión llego a su puerta, agrietándola y combando hacia a fuera las hojas el portón.
Este ataque era mucho más cómodo cuando no lo hacía en medio de mi propia ciudadela.
Agarré con mi diestra La Hoja del Luto y tiré de su sujeción en mi pantalón rompiendo el cuero desgastado que la amarraba con un brusco movimiento, que hizo que la venda que tapaba su filo se deshiciera, dejando su hoja al descubierto mientras volanteaba haciendo eses por el aire arremolinándose entre el humo que empezaba a disiparse del ambiente.
Mi espada se reía, se reía a carcajadas de su compañera, la cual había sucumbido ante el bestial golpe que había recibido.
Mi ojo estaba clavado en Kisuke, y le miré con furia. La furia de un padre que acababa de perder a un hijo.
No pronuncié ninguna palabra, no le insulté, simplemente quería seguir el combate. Había perdido una vez más un tripulante, cada paso significaba una perdida, cada escalón hacia la cima me quitaba algo de mi. Esa espada me había salvado la vida y ahora su pedazos descansaban en el terrazo de aquella isla. Pero no podía parar, por que el que quisiera generar dolor tiene que estar dispuesto a recibirlo. Esta victoria sería por ti, "Daña Almirantes".
- ¡¿ES UN SER ELEMENTAL?! -
Pensé completamente confuso. ¿Qué era? ¿Oscuridad? ¿La noche? No lo sabía, pero era otro ser como yo. Sus espadas acogieron a la oscuridad y la incluyeron en su filo, mientras su piernas se perdían en un torbellino negro como las mías acostumbraban a hacer.
Eso si que era una sorpresa, pero yo sabía bastante bien que nuestros movimientos siempre eran más lentos que nuestras manos.
- Deferencia -
Pronuncié mientras levantaba la postura de mi espada, elevándola junta a él y siguiendo su movimiento, pero aguantaba la postura de mis piernas, aferradas completamente al suelo, esperando su llegada e impacto. Cuando el rango acción lo permitió interpuse la hoja de la daña almirantes de por medio entre su ataque y mi pecho. El tañido del metal resonó potente, tanto que zumbó en mis oídos con un eco metálico estridente, casi produciéndome dentera. Mientras mi hoja, la Daña Almirantes se partía en pedazos que salían disparados como metralla hacia mi atravesándome el pecho por completo pues al ser separados de su agarre habían perdido mi haki y su capacidad de dañar.
Esa espada había nacido para matar a un Almirante y un triste comandante de la revolución la había destruido en su primer golpe. Patético. Dejé caer la empuñadura del arma ahora completamente inútil mientras Kisuke me miraba serio desde su golpe asegurando que no me lo pondría fácil y yo... Exploté.
- DEFLAGRACIÓN -
El humo nació desde mi cuerpo, acompañado de la palabra, arrasando todo a su paso con una fuerza que nunca había sentido, mis poderes eran mucho más fuertes que nunca y sentía una conexión extraña con él. Mucho más pura que nunca. Mi esencia laceró el suelo arrasándolo por completo y la muralla del patio de armas sufrió cuando la embestida de mi explosión llego a su puerta, agrietándola y combando hacia a fuera las hojas el portón.
Este ataque era mucho más cómodo cuando no lo hacía en medio de mi propia ciudadela.
Agarré con mi diestra La Hoja del Luto y tiré de su sujeción en mi pantalón rompiendo el cuero desgastado que la amarraba con un brusco movimiento, que hizo que la venda que tapaba su filo se deshiciera, dejando su hoja al descubierto mientras volanteaba haciendo eses por el aire arremolinándose entre el humo que empezaba a disiparse del ambiente.
Mi espada se reía, se reía a carcajadas de su compañera, la cual había sucumbido ante el bestial golpe que había recibido.
Mi ojo estaba clavado en Kisuke, y le miré con furia. La furia de un padre que acababa de perder a un hijo.
No pronuncié ninguna palabra, no le insulté, simplemente quería seguir el combate. Había perdido una vez más un tripulante, cada paso significaba una perdida, cada escalón hacia la cima me quitaba algo de mi. Esa espada me había salvado la vida y ahora su pedazos descansaban en el terrazo de aquella isla. Pero no podía parar, por que el que quisiera generar dolor tiene que estar dispuesto a recibirlo. Esta victoria sería por ti, "Daña Almirantes".
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