09-10-2026, 12:01 AM
La música que envolvió el ambiente, caló en el interior y en los corazones de todos los oyentes que estaban presentes en ese vertedero hecho plaza. Aunque no calaron tanto como la propia imagen de las cuatro doncellas guerreras, que deslumbraba cada una de ellas con una belleza sin parangón. Tras el agradecimientos de las gemelas ante tal dedicado público, la capitana de las Valar no quiso quedarse atrás, enunciando a todos los espectadores de que esparcieran el rumor de que, tanto las Valar como el grupo de The Cupids se encontraban en la desdichada ciudad subterránea de Chika. Un movimiento que, si bien te podía hacer ganar prestigio, también te imposibilitaba la opción de pasar desapercibido.
Con cada interacción que nacía entre Maki y las hermanas Mara y Dona, hacía que las gemelas se miraran en primer lugar entre ellas, con cara de circunstancia y confusión, para seguidamente asentir ante las palabras de la mujer del pelo verde- Definitivamente no nos recuerda… Mara… - pensó la mujer de cabellos azulados.- Sí… Tiene pinta hermana… - se dijo a sí misma inmediatamente después del pensamiento de Dona, como si estuvieran estableciendo una especie de conversación telepática. A Mara desde luego le estaba sonando a kaniense todo lo que estaba soltando Maki por su boca. No comprendía ni quién era ni Gala, ni Saru, ni Gan… Ni mucho menos que los niños tuvieran unos nombres en clave.- Sí… Cómo olvidar a Gan, Saru y Gala… Ha ha ha… - Le siguió la corriente a la pirata, mostrando al final una sonrisa un tanto nerviosa. ¿Qué le iba a decir si no?
Seguidamente, cuando llegó el momento de la verdad y que de verdad atañe a esta historia, tanto Maki como Miyori accedieron a aceptar las condiciones de las gemelas, alegando al mujer lagarta que, a ser posible, le gustaría pasar lo más desapercibida posible. Ante estas declaraciones, Dona le dedicó una mirada un tanto juzgona, mientras se cruzaba de brazos. - ¿Y lo dices después de haber clamado a los cuatro vientos que las Valar estaban aquí? - preguntó, tras lo cuál, la mujer del vestido turquesa agachó la cabeza.- Agradecemos mucho vuestra consideración y ayuda amigas, ¡vamos a nuestra casa! ¿Vale? - se acercó Mara, risueña hacia Miyori, cogiéndole con cariño y suavidad sus dos manos.- Está cerca de aquí, así que no tardaremos en llegar…¡Vamos, vamos! - Comenzó a caminar con energía, sin soltar una de sus manos a las de Miyori, invitándole a seguirla. Por su parte, Dona comenzó a caminar también en la misma dirección, esperando que la capitana de las Valar las siguiera.
Después de unos 10 minutos en los que deambularon por la callejuela por la que ingresaron a la plaza, volviendo de nuevo a la Avenida para seguidamente volver a introducirse por otra perpendicular distinta, las cuatro mujeres terminaron arribando a un edificio rectangular de no más de 10 metros de alto y dos plantas. Era una construcción de color arcillosa en cuya fachada rezaba la palabra “POSADA”. La pared contraria a la fachada, estaba apoyada justamente sobre un muro cavernario. Al cruzar por el umbral de la puerta, lo primero que se podría distinguir en una recepción cochambrosa, pudiendo vislumbrar varias telarañas en las esquinas de las paredes y en el techo. Nada más entrar en la recepción, se hallaba un mostrador de madera podrida, que se encontraba vacía, estando libre de cualquier tipo de vigilancia. A mano derecha, unas escaleras que daban al piso superior.- Este señor… ¿Es que nunca trabaja? - cuestionó Dona, en referencia a la ausencia del recepcionista, mientras que Mara - ya habiéndole soltado la mano a Miyori - comenzaba a encabezarse hacia las escaleras.- Nuestra habitación está en la planta de arriba, así que sólo queda un poco más, chicas. - animó a las piratas, empezando a subir los escalones de las putrefactas escaleras, produciendo un chirrido con cada paso que daba.
Nada más llegar a la planta superior, darían con un pasillo, con múltiples puertas siendo justamente la suya la que esta frente a las escaleras - de manera conveniente, como si el narrador no quisiera meter mucha más paja descriptiva, quién sabe -. Dona se acercó hacia la puerta, rezando en la parte superior del marco el número “196”. Introdujo las llaves en la cerradura y, tras darle dos vueltas, abrió la puerta.- Es aquí por favor… Pasad. - Se quedó fuera, esperando a que Maki y Miyori se introdujeran en la habitación.- Perdonad, no es muy acogedora pero es lo poco que podíamos permitirnos… - se disculpaba Mara, llevándose su diestra hacia su nuca.
La habitación de la posada tenía una sección cuadrada de 10x10 metros, poseyendo ahí todo lo útil y necesario para que pudieran llevar su vida. Una cama litera, dos sofás que rodeaban una mesa de madera y una pequeña estantería en la que poder guardar la ropa. Una vez que pasaran el umbral de la puerta, las dos hermanas hicieron lo mismo, sentándose las dos en el mismo sofá.- Tomad asiento por favor… Ya es seguro poder hablar aquí… - indicó Dona, con una suave y gentil sonrisa.- Os invitaríamos a beber algo… - miró hacia su alrededor.- Pero ya ves que no tenemos nada por aquí… He he… - concluyó, con una risa un tanto nerviosa, posando su mirada sobre las dos piratas.
Fue entonces que, tras juntar y entrelazar los dedos de sus manos, Dona comenzó a hablar.- Veréis… Cómo ya sabréis, mi hermana Mara y yo, salimos a la mar como artistas nómadas, con la intención de compartir con el mundo nuestra música… ¿Verdad? - comenzó a relatar, adoptando su expresión facial un tono algo serio pasando a mirar hacia su hermana gemela.- El caso es que esa información no está del todo completa… Hay otro motivo detrás. - dijo, con una aparente tristeza, hasta el punto de quedarse cabizbaja y pensativa. Dona volvió a tomar la voz cantante, mientras posaba su diestra sobre la espalda de Mara. - Lo cierto es que tenemos un hermano pequeño… De nombre Armando, de 10 años de edad… - Esbozó una tierna sonrisa.- Es casi como nuestro ojito derecho, el sol de nuestra familia… - añadió, apagándose esa sonrisa paulatinamente.- Pero un día, hace ya casi medio año y debido a un accidente, nuestro querido hermanito experimentó una dolencia terrible, hasta el punto de que no es capaz ni de moverse de la cama… - prosiguió Mara, volviendo a alzar la cabeza y humedeciéndoseles los ojos, pero sin llegar a llorar.- Por más que buscamos ayuda profesional… Médicos, cirujanos… Ninguno era capaz de tratarle esa dolencia… - Negó con la cabeza, a la par que apretaba los labios con fuerzas. Dona, sintiendo el dolor de su hermana, empezó a darle palmaditas suaves en la espalda. - Resulta que un día, investigando nosotras por nuestra cuenta, descubrimos que existe una fruta esas del diablo, capaz de concederte poderes sobrenaturales a cambio de no poder nadar, que te otorga la capacidad de curar y sanar toda clase de heridas… - explicó con decisión.- Cuando nos enteramos de que existía algo así, no dudamos ni mi hermana ni yo en echarnos a la mar para buscar tan ansiado tesoro. - Asintió, con los ojos cerrados, pasando a darle el turno de palabra a Mara.- El resto ya lo conocéis… Fuimos viajando de isla en isla, sin mucho éxito, hasta que en algún punto os conocimos y… Aquí estamos. - Pareció finalizar con el relato, exhalando un profundo suspiro.- Sin mucho éxito hasta hoy pues, nos ha llegado a nuestros oídos, que esa misma fruta está en esta misma isla… ¿Lo malo? Que la tienen unos piratas… ¿Lo bueno? Que la quieren vender… - Puso en una balanza imaginaria tanto los inconvenientes como ventajas que podía presentar aquella situación.- ¿Lo malo? Que esas frutas cuestan un pastizal… ¿Lo bueno? Que ya tienen un posible comprador, conocemos el lugar dónde se dará el intercambio y que, por lo visto, a esa banda pirata le gusta contratar artistas para que toquen música de ambiente para proceder con sus eventos. - terminó de explicar lo que parecía ser lo más relevante de la trama, mirando con decisión tanto a Maki como a Miyori.- Así que ya os imaginaréis los que os pediremos… Que nos acompañéis a ese evento, para ofrecer nuestros servicios como artistas y, en un momento de distracción, poder hacernos con esa fruta del diablo… Sabemos que es mucho pedir, y que no os tendríais que exponer así por alguien como nosotras… Pero hemos visto de que pasta estáis hechas, y creemos que, en caso de que la cosa se tuerza, contaréis con la fuerza necesaria para poder protegernos a nosotros como a vosotras mismas… - pareció concluir Dona.- ¿Qué nos decís..? ¿Os apuntáis a seguir tocando música? -
Con cada interacción que nacía entre Maki y las hermanas Mara y Dona, hacía que las gemelas se miraran en primer lugar entre ellas, con cara de circunstancia y confusión, para seguidamente asentir ante las palabras de la mujer del pelo verde- Definitivamente no nos recuerda… Mara… - pensó la mujer de cabellos azulados.- Sí… Tiene pinta hermana… - se dijo a sí misma inmediatamente después del pensamiento de Dona, como si estuvieran estableciendo una especie de conversación telepática. A Mara desde luego le estaba sonando a kaniense todo lo que estaba soltando Maki por su boca. No comprendía ni quién era ni Gala, ni Saru, ni Gan… Ni mucho menos que los niños tuvieran unos nombres en clave.- Sí… Cómo olvidar a Gan, Saru y Gala… Ha ha ha… - Le siguió la corriente a la pirata, mostrando al final una sonrisa un tanto nerviosa. ¿Qué le iba a decir si no?
Seguidamente, cuando llegó el momento de la verdad y que de verdad atañe a esta historia, tanto Maki como Miyori accedieron a aceptar las condiciones de las gemelas, alegando al mujer lagarta que, a ser posible, le gustaría pasar lo más desapercibida posible. Ante estas declaraciones, Dona le dedicó una mirada un tanto juzgona, mientras se cruzaba de brazos. - ¿Y lo dices después de haber clamado a los cuatro vientos que las Valar estaban aquí? - preguntó, tras lo cuál, la mujer del vestido turquesa agachó la cabeza.- Agradecemos mucho vuestra consideración y ayuda amigas, ¡vamos a nuestra casa! ¿Vale? - se acercó Mara, risueña hacia Miyori, cogiéndole con cariño y suavidad sus dos manos.- Está cerca de aquí, así que no tardaremos en llegar…¡Vamos, vamos! - Comenzó a caminar con energía, sin soltar una de sus manos a las de Miyori, invitándole a seguirla. Por su parte, Dona comenzó a caminar también en la misma dirección, esperando que la capitana de las Valar las siguiera.
Después de unos 10 minutos en los que deambularon por la callejuela por la que ingresaron a la plaza, volviendo de nuevo a la Avenida para seguidamente volver a introducirse por otra perpendicular distinta, las cuatro mujeres terminaron arribando a un edificio rectangular de no más de 10 metros de alto y dos plantas. Era una construcción de color arcillosa en cuya fachada rezaba la palabra “POSADA”. La pared contraria a la fachada, estaba apoyada justamente sobre un muro cavernario. Al cruzar por el umbral de la puerta, lo primero que se podría distinguir en una recepción cochambrosa, pudiendo vislumbrar varias telarañas en las esquinas de las paredes y en el techo. Nada más entrar en la recepción, se hallaba un mostrador de madera podrida, que se encontraba vacía, estando libre de cualquier tipo de vigilancia. A mano derecha, unas escaleras que daban al piso superior.- Este señor… ¿Es que nunca trabaja? - cuestionó Dona, en referencia a la ausencia del recepcionista, mientras que Mara - ya habiéndole soltado la mano a Miyori - comenzaba a encabezarse hacia las escaleras.- Nuestra habitación está en la planta de arriba, así que sólo queda un poco más, chicas. - animó a las piratas, empezando a subir los escalones de las putrefactas escaleras, produciendo un chirrido con cada paso que daba.
Nada más llegar a la planta superior, darían con un pasillo, con múltiples puertas siendo justamente la suya la que esta frente a las escaleras - de manera conveniente, como si el narrador no quisiera meter mucha más paja descriptiva, quién sabe -. Dona se acercó hacia la puerta, rezando en la parte superior del marco el número “196”. Introdujo las llaves en la cerradura y, tras darle dos vueltas, abrió la puerta.- Es aquí por favor… Pasad. - Se quedó fuera, esperando a que Maki y Miyori se introdujeran en la habitación.- Perdonad, no es muy acogedora pero es lo poco que podíamos permitirnos… - se disculpaba Mara, llevándose su diestra hacia su nuca.
La habitación de la posada tenía una sección cuadrada de 10x10 metros, poseyendo ahí todo lo útil y necesario para que pudieran llevar su vida. Una cama litera, dos sofás que rodeaban una mesa de madera y una pequeña estantería en la que poder guardar la ropa. Una vez que pasaran el umbral de la puerta, las dos hermanas hicieron lo mismo, sentándose las dos en el mismo sofá.- Tomad asiento por favor… Ya es seguro poder hablar aquí… - indicó Dona, con una suave y gentil sonrisa.- Os invitaríamos a beber algo… - miró hacia su alrededor.- Pero ya ves que no tenemos nada por aquí… He he… - concluyó, con una risa un tanto nerviosa, posando su mirada sobre las dos piratas.
Fue entonces que, tras juntar y entrelazar los dedos de sus manos, Dona comenzó a hablar.- Veréis… Cómo ya sabréis, mi hermana Mara y yo, salimos a la mar como artistas nómadas, con la intención de compartir con el mundo nuestra música… ¿Verdad? - comenzó a relatar, adoptando su expresión facial un tono algo serio pasando a mirar hacia su hermana gemela.- El caso es que esa información no está del todo completa… Hay otro motivo detrás. - dijo, con una aparente tristeza, hasta el punto de quedarse cabizbaja y pensativa. Dona volvió a tomar la voz cantante, mientras posaba su diestra sobre la espalda de Mara. - Lo cierto es que tenemos un hermano pequeño… De nombre Armando, de 10 años de edad… - Esbozó una tierna sonrisa.- Es casi como nuestro ojito derecho, el sol de nuestra familia… - añadió, apagándose esa sonrisa paulatinamente.- Pero un día, hace ya casi medio año y debido a un accidente, nuestro querido hermanito experimentó una dolencia terrible, hasta el punto de que no es capaz ni de moverse de la cama… - prosiguió Mara, volviendo a alzar la cabeza y humedeciéndoseles los ojos, pero sin llegar a llorar.- Por más que buscamos ayuda profesional… Médicos, cirujanos… Ninguno era capaz de tratarle esa dolencia… - Negó con la cabeza, a la par que apretaba los labios con fuerzas. Dona, sintiendo el dolor de su hermana, empezó a darle palmaditas suaves en la espalda. - Resulta que un día, investigando nosotras por nuestra cuenta, descubrimos que existe una fruta esas del diablo, capaz de concederte poderes sobrenaturales a cambio de no poder nadar, que te otorga la capacidad de curar y sanar toda clase de heridas… - explicó con decisión.- Cuando nos enteramos de que existía algo así, no dudamos ni mi hermana ni yo en echarnos a la mar para buscar tan ansiado tesoro. - Asintió, con los ojos cerrados, pasando a darle el turno de palabra a Mara.- El resto ya lo conocéis… Fuimos viajando de isla en isla, sin mucho éxito, hasta que en algún punto os conocimos y… Aquí estamos. - Pareció finalizar con el relato, exhalando un profundo suspiro.- Sin mucho éxito hasta hoy pues, nos ha llegado a nuestros oídos, que esa misma fruta está en esta misma isla… ¿Lo malo? Que la tienen unos piratas… ¿Lo bueno? Que la quieren vender… - Puso en una balanza imaginaria tanto los inconvenientes como ventajas que podía presentar aquella situación.- ¿Lo malo? Que esas frutas cuestan un pastizal… ¿Lo bueno? Que ya tienen un posible comprador, conocemos el lugar dónde se dará el intercambio y que, por lo visto, a esa banda pirata le gusta contratar artistas para que toquen música de ambiente para proceder con sus eventos. - terminó de explicar lo que parecía ser lo más relevante de la trama, mirando con decisión tanto a Maki como a Miyori.- Así que ya os imaginaréis los que os pediremos… Que nos acompañéis a ese evento, para ofrecer nuestros servicios como artistas y, en un momento de distracción, poder hacernos con esa fruta del diablo… Sabemos que es mucho pedir, y que no os tendríais que exponer así por alguien como nosotras… Pero hemos visto de que pasta estáis hechas, y creemos que, en caso de que la cosa se tuerza, contaréis con la fuerza necesaria para poder protegernos a nosotros como a vosotras mismas… - pareció concluir Dona.- ¿Qué nos decís..? ¿Os apuntáis a seguir tocando música? -
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![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)
