09-10-2026, 12:09 AM
Nunca me había gustado lidiar con niños.
Menos con esos que no dejan de hablar durante todo el camino, por mala suerte o una jugarreta del destino, no tenía opción con el hombre a mi lado que había adoptado una postura infantil probablemente solo para desesperarme. Por mala suerte para el pirata yo soy increíblemente perfecta en todos los aspectos. Incluso en la paciencia. —Se te olvida que no te verás satisfecho con mil berries ¿Me entiendes? ¡Te estoy haciendo un favor! Es hora que dejes de apostar tanto, un dia apostarás nuestras vidas. — Sostenía la bola con fuerza al pasar entre la multitud mientras volteaba para asegurarme de que Tocho Morocho siguiera con nosotros.
Y el capi seguía y seguía; Si pusiera toda esa energía en ganar dinero en lugar de gastarlo, Barald no tendría que ser el que traiga en pan a esta familia tripulación. Me detuve abruptamente cuando escuché la mención a mi persona, volteándome para mirarlo con ofensa: Mi rostro se deformó en una linda mueca de molestia, apuntándolo con el índice. —De mis chichis no vas a estar hablando, Ryota, déjalas en paz ¿Qué no sabías que los millones vienen de mil en mil, Apostador de pacotilla? — Juraba que la próxima vez que me pidiera dinero le iba a dar un saco lleno de piedras.
Miré a Tocho Morocho aún con molestia, terminando por soltar un suspiro. —y tu ni te metas, con uno tengo suficiente. — Ni idea, no hablaba caballo pero por si se le ocurría defender a Ryota, ya sabía.
Continué caminando por aquellas calles menos transitadas, alejándonos, por suerte, de aquella tentadora maquina de azar: A este punto, el cúmulo de gente parecía haberse reducido mientras buscaba con la mirada la tienda de especias y hierbas que me había recomendado esa okama la noche anterior pero lo que llamó mi atención fue un campo abierto, una especie de terreno donde solo había pasto y algunos arboles a su alrededor, perfecto para descansar. —Esos arboles se ven frescos… Necesito relajarme, escuchar tus quejas hace el camino 3 veces más largo. — Caminé debajo de la copa de uno de los árboles, señalando el espacio a mi lado, no importaba que tanto pudiera quejarse, aquel hombre seguía siendo mi compañero.
Esperé el silencio, la calma, el momento se prestaba a aquello ¿no? Mientras miraba de reojo que Tocho Morocho no se comiera las zanahorias. —A ver… Lavar la espalda del cerdo ese de la marina que aparece en los periódicos o… aguantar los golpes de Runin por tres meses, uno diario. No, espera un segundo, ese estuvo muy fácil, olvidaba que eres un masoquista. —
Menos con esos que no dejan de hablar durante todo el camino, por mala suerte o una jugarreta del destino, no tenía opción con el hombre a mi lado que había adoptado una postura infantil probablemente solo para desesperarme. Por mala suerte para el pirata yo soy increíblemente perfecta en todos los aspectos. Incluso en la paciencia. —Se te olvida que no te verás satisfecho con mil berries ¿Me entiendes? ¡Te estoy haciendo un favor! Es hora que dejes de apostar tanto, un dia apostarás nuestras vidas. — Sostenía la bola con fuerza al pasar entre la multitud mientras volteaba para asegurarme de que Tocho Morocho siguiera con nosotros.
Y el capi seguía y seguía; Si pusiera toda esa energía en ganar dinero en lugar de gastarlo, Barald no tendría que ser el que traiga en pan a esta familia tripulación. Me detuve abruptamente cuando escuché la mención a mi persona, volteándome para mirarlo con ofensa: Mi rostro se deformó en una linda mueca de molestia, apuntándolo con el índice. —De mis chichis no vas a estar hablando, Ryota, déjalas en paz ¿Qué no sabías que los millones vienen de mil en mil, Apostador de pacotilla? — Juraba que la próxima vez que me pidiera dinero le iba a dar un saco lleno de piedras.
Miré a Tocho Morocho aún con molestia, terminando por soltar un suspiro. —y tu ni te metas, con uno tengo suficiente. — Ni idea, no hablaba caballo pero por si se le ocurría defender a Ryota, ya sabía.
Continué caminando por aquellas calles menos transitadas, alejándonos, por suerte, de aquella tentadora maquina de azar: A este punto, el cúmulo de gente parecía haberse reducido mientras buscaba con la mirada la tienda de especias y hierbas que me había recomendado esa okama la noche anterior pero lo que llamó mi atención fue un campo abierto, una especie de terreno donde solo había pasto y algunos arboles a su alrededor, perfecto para descansar. —Esos arboles se ven frescos… Necesito relajarme, escuchar tus quejas hace el camino 3 veces más largo. — Caminé debajo de la copa de uno de los árboles, señalando el espacio a mi lado, no importaba que tanto pudiera quejarse, aquel hombre seguía siendo mi compañero.
Esperé el silencio, la calma, el momento se prestaba a aquello ¿no? Mientras miraba de reojo que Tocho Morocho no se comiera las zanahorias. —A ver… Lavar la espalda del cerdo ese de la marina que aparece en los periódicos o… aguantar los golpes de Runin por tres meses, uno diario. No, espera un segundo, ese estuvo muy fácil, olvidaba que eres un masoquista. —
Contrato confidencial: Tezca Norova

![[Imagen: Firma-Tezca.png]](https://i.ibb.co/sJMGWw7F/Firma-Tezca.png)
