09-10-2026, 11:26 AM
Abstraerse de todo. Cuando a un ser humano le quitaban uno de los cinco sentidos, le quedaban cuatro. Cuando le quitaban dos, le quedaban tres. Y así, hasta quedar sin ninguno. No era hasta ese momento que el cuerpo comenzaba a buscar en la dirección adecuada; había que dejar al cerebro sin nada a lo que asirse para que empezase a ponerse lo suficientemente creativo. Stroud sabía lo frustrante que podía llegar a ser aquello. No en vano, a él mismo le había costado todo un día de esfuerzo y sudor el mero hecho de siquiera comenzar a alcanzar con las puntas de sus dedos el concepto que ahora intentaba enseñar a Kael. Sin embargo, había algo que resultaba evidente: la teoría solo los llevaría hasta cierto punto. Para alcanzar lo que realmente estaba buscando, el soldado Omuyaga debía comenzar a percibirlo por sí mismo: ir probando, ir descartando, y que algo hiciese clic en algún momento. Encontrar aquel finísimo hilo y tirar de él. Hasta entonces, no había más que repetición.
Kael, que había comprendido tan bien la teoría, se había dado con el impasible muro de la práctica. Era de esperar. Tal vez aquello fuese demasiado para alguien sin las suficientes capacidades, o sin la suficiente voluntad férrea que un camino como aquel requería. Observó su aura púrpura, empantanada con la niebla de la frustración, inquieta. Si lograba encontrar el hilo, solo sería cuestión de tirar con la suficiente habilidad, pero aquella era precisamente la parte difícil de todo el asunto. Mostrar al ser humano la concepción de un nuevo sentido a través de las palabras era, pese a todo, un imposible. Las explicaciones solo lo llevarían hasta una idea, tal vez equivocada, pero aquel solo era el principio.
Stroud observó a Kael mientras caminaba a su alrededor pausadamente, sus manos detrás de la espalda, mientras la lluvia continuaba empapándolos a ellos y a la cubierta del Transit, con el velamen chorreando en mil direcciones. Cada paso hubiera resonado sobre los tablones de madera, de no haber sido por el mar de sonidos que parecía ahogarlo todo: los crujidos de los mástiles, los chirridos de la quilla, el incesante murmullo de la lluvia, las olas rompiendo y salpicando contra los costados del navío. Pasó a su lado, propinándole un capirotazo con su dedo corazón sobre la coronilla a medida que se desplazaba. "Concéntrese, soldado," dijo con firmeza Stroud, caminando con pesadez y contemplando cómo el pelinegro hacía por abstraerse del mundo que lo rodeaba. Su seriedad era total; aquel era, decididamente, un punto de inflexión para Kael si realmente quería dominar aquella habilidad. ¿Iba en la dirección adecuada? Tal vez. Solo sus próximas acciones lo dirían. "Olvídese de los sentidos. No existen, en lo que a usted respecta. Es ciego, sordo, anósmico, agéusico y anestésico. Limite su mundo a lo que existe: las dos voluntades sobre esta cubierta."
El Haki de Observación era la llave de una puerta a un mundo de infinitas posibilidades. Tal y como lo veía el joven comandante, cruzar aquel particular umbral implicaba, de una forma distinta al Busoshoku Haki, la necesaria admisión del alma humana y de la posibilidad de la manifestación real y visible de la voluntad propia. Desnudarse de prejuicios y de los sentidos que a uno lo han acompañado toda la vida, en pos de dar la oportunidad de que algo más se manifieste. Un absoluto cambio de paradigma para cualquiera: un salto de fe. Tal vez fuese eso lo que le faltase aún a Kael. Solo quedaba esperar.
Kael, que había comprendido tan bien la teoría, se había dado con el impasible muro de la práctica. Era de esperar. Tal vez aquello fuese demasiado para alguien sin las suficientes capacidades, o sin la suficiente voluntad férrea que un camino como aquel requería. Observó su aura púrpura, empantanada con la niebla de la frustración, inquieta. Si lograba encontrar el hilo, solo sería cuestión de tirar con la suficiente habilidad, pero aquella era precisamente la parte difícil de todo el asunto. Mostrar al ser humano la concepción de un nuevo sentido a través de las palabras era, pese a todo, un imposible. Las explicaciones solo lo llevarían hasta una idea, tal vez equivocada, pero aquel solo era el principio.
Stroud observó a Kael mientras caminaba a su alrededor pausadamente, sus manos detrás de la espalda, mientras la lluvia continuaba empapándolos a ellos y a la cubierta del Transit, con el velamen chorreando en mil direcciones. Cada paso hubiera resonado sobre los tablones de madera, de no haber sido por el mar de sonidos que parecía ahogarlo todo: los crujidos de los mástiles, los chirridos de la quilla, el incesante murmullo de la lluvia, las olas rompiendo y salpicando contra los costados del navío. Pasó a su lado, propinándole un capirotazo con su dedo corazón sobre la coronilla a medida que se desplazaba. "Concéntrese, soldado," dijo con firmeza Stroud, caminando con pesadez y contemplando cómo el pelinegro hacía por abstraerse del mundo que lo rodeaba. Su seriedad era total; aquel era, decididamente, un punto de inflexión para Kael si realmente quería dominar aquella habilidad. ¿Iba en la dirección adecuada? Tal vez. Solo sus próximas acciones lo dirían. "Olvídese de los sentidos. No existen, en lo que a usted respecta. Es ciego, sordo, anósmico, agéusico y anestésico. Limite su mundo a lo que existe: las dos voluntades sobre esta cubierta."
El Haki de Observación era la llave de una puerta a un mundo de infinitas posibilidades. Tal y como lo veía el joven comandante, cruzar aquel particular umbral implicaba, de una forma distinta al Busoshoku Haki, la necesaria admisión del alma humana y de la posibilidad de la manifestación real y visible de la voluntad propia. Desnudarse de prejuicios y de los sentidos que a uno lo han acompañado toda la vida, en pos de dar la oportunidad de que algo más se manifieste. Un absoluto cambio de paradigma para cualquiera: un salto de fe. Tal vez fuese eso lo que le faltase aún a Kael. Solo quedaba esperar.
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