Ayer, 12:12 AM
El puerto que la protagonista había alcanzado, por la hora en la que se encontraban, no tenía tantas personas como debería, unas horas muertas agradecidas por ser la hora de comer sin contar algunos de los trabajadores que eran el único bullicio que pudera estar en esa zona. Sin embargo, el inesperado grito de una mujer, con aspecto distinto al que pudiera haber reconocido Valerie captó la atención de los que se encontraban allí, interrumpiendo momentáneamente las tareas que realizaban para buscar de dónde provenía dicha voz. No todos los días se podía ver a una muchacha con semejante energía y anunciar a los cuatro vientos lo que pudiera buscar. Hubo un silencio momentáneo, una silenciosa pausa hasta que, quienes no tenían nada que ver con la situación, se volvieron para así regresar a sus puestos con naturalidad.
Pronto hubo pequeñas risitas discretas, convencidos de una nueva anécdota para que pudieran contar más adelante. El resto de personas que todavía la observaban con interés trataban de adivinar. La persona a la que señaló parpadeó, solo para señalarse a sí misma, parpadeando confundido buscando confirmar que realmente se dirigía a él. Negó con la cabeza. —Conozco a Valerie, todos la conocemos, pero yo no-...
Intervino otra voz que estaba unos metros más atrás. Las miradas ahora fueron en dirección a la voz varonil del hombre. Era delgado, de cabello verde oscuro y el cuerpo fornido por las largas jornadas laborales al aire libre. Su sonrisa resplandecía en amabilidad y gracia. Se encontraba junto a un carro cargado de varios sacos, con un pañuelo alrededor de su cuello de color gris y una camisa verde, encajando a la perfección con el color de su cabello. Éste, al escuchar el nombre de Valerie, había dejado de revisar la carga para prestar atención a la escena.
A su alrededor, la gente pareció apartarse para darle así paso para acercarse hasta la muchacha, elevando su zurda por encima de su frente para ver mejor a la muchacha frente a él y evitar que el sol le diera de lleno a los ojos. —Puedes bajar para estar más cómoda si así quieres. — Extendió su otra mano libre por si aceptaba bajarse con él y estar así a la misma altura. Aparentemente los dos parecían ser igual de altos.
Consideró amable presentarse primero antes de hacer un movimiento con la cabeza para caminar a un lugar más apartado, pero sin dejar de hablar. —Recuerdo que hace unos días Valerie vino preguntando por aquí sobre algo de un carguero o una cosa así... Hablaba de algo desaparecido. Conozco un poco a sus trabajadores ya que es habitual que frecuenten esta zona y de vez en cuando me pidan algo de ayuda. Recuerdo creo que a... ¿tres? ¿Quizás cuatro? Algo así era, que iban a hacer una entrega o así. Hmmm, hmm. — Asintió con la cabeza para dar énfasis a sus palabras, cruzándose de brazos en aire pensativo, para luego volver la mirada de reojo hacia la pelirroja. —Valerie es algo caótica y desastrosa, pero hace muy buen trabajo, a saber si te habría dicho en qué sección estaba. Asumo que serás alguien que contrató, o no habrías preguntado por ella. — Descruzó los brazos, ahora sí, en la entrada del puerto. Seguía habiendo gente alrededor, pero no habían miradas extras ni nadie extraño. —Recuerdo que hace cuatro días coincidimos en un camino, llegué poco después de ellos, pero sí que fue extraño. — Frunció las cejas, moviendo ligeramente sus labios en aire pensativo. —Los noté extraños, como nerviosos. Ellos suelen ser muy específicos con las rutas, nunca toman desvíos, conocen bien los atajos, pero cuando coincidimos, caminamos un rato, y dijeron que tenían que ir a la casa de uno de ellos. — Se rascó la mejilla, elevando la mirada con aire pensativo, tratando de ordenar sus recuerdos. —Claro, tampoco me pareció asunto mío en ese momento, pensé que quizás alguien tenía que ir al baño, o vete a saber si buscar ayuda extra, incluso que alguien pudiera haberse dejado algo en casa, así que no le di importancia. Después de todo, aquí se mueve carga cada dos por tres y tampoco es raro que algunos comerciantes utilicen rutas distintas para ahorrarse tiempo extra... Pero era tan extraño... estaban cada dos por tres mirando o las cajas o los alrededores, como si los siguiera una especie de fantasma o algo así.
Hizo una pausa, bajando la voz y abriendo los ojos de forma más exagerada. —¡Ah! ¡Cierto! Me suena que uno tenía una chaqueta marrón bastante llamativa y una de las ruedas del carro chirriaba. Eso era extraño. Por caótica que sea Valerie siempre se encarga de que su material en las entregas esté en las mejores condiciones posibles... — Entonces, Milo hizo una pausa, señalando varios caminos frente a ellos. —Mira, normalmente esa es la ruta con la que empiezan, si giras a la derecha debería haber un atajo, que yo tomo de vez en cuando. Es verdad que parece tétrico, pero es seguro. Sin embargo... — Señaló el siguiente camino, a la izquierda. —Por allí se dice que mejor ni pases. No es raro que haya a veces vándalos o ladrones que quieran darnos problemas. — Señaló otro camino más, esta vez al lado opuesto. —Y por allí, aunque se está cerca de esa zona, se suele evitar problemas. Es un atajo rápido, pasas por muy poco por la zona de peligro, pero es zona segura, nunca ha pasado nada raro. Los hombres tomaron el primer camino. — Una nueva pausa, buscando la mirada de la joven, ahora buscando sus ojos con un aire más serio.
Suspiró, cerrando los ojos, rascando su mejilla una vez más. —Había un mapa que... Oh, ¿Vally no te dio uno? — Esperó a ver si la chica le mostraba el mapa y, al hacerlo, sonrió de nuevo con amabilidad, extendiendo su dedo índice por la ruta que estaba pintada en rojo. —Mira, justo allí. Esta ruta lleva al primer camino, parece que te lo marcaron bien. — Su dedo siguió el recorrido rojo hasta la mitad de este. —¿Ves ese bosquecito? Está algo lejos, pero nos cruzamos justo por aquí y, desde aquí... — Señaló el camino donde estaba el desvío de la ruta. —Y justo aquí, es donde nosotros nos separamos. Yo seguí camino abajo por la colina por el riachuelo que tiene allí dibujado. Esa fue la última vez que los vi tanto a ellos como lo que llevaban en cajas. — Una vez más hizo una pausa, colocando ambas manos a los lados de su cadera.
El varón parecía más que dispuesto a ello. Respiró profundamente, observando de vuelta el puerto por unos segundos, si la muchacha aceptaba, lo mejor sería recoger su puesto lo antes posible. Ahora además estaban lejos de las miradas del muelle, pero si Pucca observaba detenidamente, podía ver que no existían intenciones hostiles por parte de Milo, por el contrario, se veía francamente preocupado por la mujer.
Pronto hubo pequeñas risitas discretas, convencidos de una nueva anécdota para que pudieran contar más adelante. El resto de personas que todavía la observaban con interés trataban de adivinar. La persona a la que señaló parpadeó, solo para señalarse a sí misma, parpadeando confundido buscando confirmar que realmente se dirigía a él. Negó con la cabeza. —Conozco a Valerie, todos la conocemos, pero yo no-...

—Soy yo.
Intervino otra voz que estaba unos metros más atrás. Las miradas ahora fueron en dirección a la voz varonil del hombre. Era delgado, de cabello verde oscuro y el cuerpo fornido por las largas jornadas laborales al aire libre. Su sonrisa resplandecía en amabilidad y gracia. Se encontraba junto a un carro cargado de varios sacos, con un pañuelo alrededor de su cuello de color gris y una camisa verde, encajando a la perfección con el color de su cabello. Éste, al escuchar el nombre de Valerie, había dejado de revisar la carga para prestar atención a la escena.
A su alrededor, la gente pareció apartarse para darle así paso para acercarse hasta la muchacha, elevando su zurda por encima de su frente para ver mejor a la muchacha frente a él y evitar que el sol le diera de lleno a los ojos. —Puedes bajar para estar más cómoda si así quieres. — Extendió su otra mano libre por si aceptaba bajarse con él y estar así a la misma altura. Aparentemente los dos parecían ser igual de altos.

—Soy Milo, encantado.
Consideró amable presentarse primero antes de hacer un movimiento con la cabeza para caminar a un lugar más apartado, pero sin dejar de hablar. —Recuerdo que hace unos días Valerie vino preguntando por aquí sobre algo de un carguero o una cosa así... Hablaba de algo desaparecido. Conozco un poco a sus trabajadores ya que es habitual que frecuenten esta zona y de vez en cuando me pidan algo de ayuda. Recuerdo creo que a... ¿tres? ¿Quizás cuatro? Algo así era, que iban a hacer una entrega o así. Hmmm, hmm. — Asintió con la cabeza para dar énfasis a sus palabras, cruzándose de brazos en aire pensativo, para luego volver la mirada de reojo hacia la pelirroja. —Valerie es algo caótica y desastrosa, pero hace muy buen trabajo, a saber si te habría dicho en qué sección estaba. Asumo que serás alguien que contrató, o no habrías preguntado por ella. — Descruzó los brazos, ahora sí, en la entrada del puerto. Seguía habiendo gente alrededor, pero no habían miradas extras ni nadie extraño. —Recuerdo que hace cuatro días coincidimos en un camino, llegué poco después de ellos, pero sí que fue extraño. — Frunció las cejas, moviendo ligeramente sus labios en aire pensativo. —Los noté extraños, como nerviosos. Ellos suelen ser muy específicos con las rutas, nunca toman desvíos, conocen bien los atajos, pero cuando coincidimos, caminamos un rato, y dijeron que tenían que ir a la casa de uno de ellos. — Se rascó la mejilla, elevando la mirada con aire pensativo, tratando de ordenar sus recuerdos. —Claro, tampoco me pareció asunto mío en ese momento, pensé que quizás alguien tenía que ir al baño, o vete a saber si buscar ayuda extra, incluso que alguien pudiera haberse dejado algo en casa, así que no le di importancia. Después de todo, aquí se mueve carga cada dos por tres y tampoco es raro que algunos comerciantes utilicen rutas distintas para ahorrarse tiempo extra... Pero era tan extraño... estaban cada dos por tres mirando o las cajas o los alrededores, como si los siguiera una especie de fantasma o algo así.
Hizo una pausa, bajando la voz y abriendo los ojos de forma más exagerada. —¡Ah! ¡Cierto! Me suena que uno tenía una chaqueta marrón bastante llamativa y una de las ruedas del carro chirriaba. Eso era extraño. Por caótica que sea Valerie siempre se encarga de que su material en las entregas esté en las mejores condiciones posibles... — Entonces, Milo hizo una pausa, señalando varios caminos frente a ellos. —Mira, normalmente esa es la ruta con la que empiezan, si giras a la derecha debería haber un atajo, que yo tomo de vez en cuando. Es verdad que parece tétrico, pero es seguro. Sin embargo... — Señaló el siguiente camino, a la izquierda. —Por allí se dice que mejor ni pases. No es raro que haya a veces vándalos o ladrones que quieran darnos problemas. — Señaló otro camino más, esta vez al lado opuesto. —Y por allí, aunque se está cerca de esa zona, se suele evitar problemas. Es un atajo rápido, pasas por muy poco por la zona de peligro, pero es zona segura, nunca ha pasado nada raro. Los hombres tomaron el primer camino. — Una nueva pausa, buscando la mirada de la joven, ahora buscando sus ojos con un aire más serio.
—Tomaron la ruta más larga, pero la más segura... Es extraño y da miedo saber que gente desapareció.
Suspiró, cerrando los ojos, rascando su mejilla una vez más. —Había un mapa que... Oh, ¿Vally no te dio uno? — Esperó a ver si la chica le mostraba el mapa y, al hacerlo, sonrió de nuevo con amabilidad, extendiendo su dedo índice por la ruta que estaba pintada en rojo. —Mira, justo allí. Esta ruta lleva al primer camino, parece que te lo marcaron bien. — Su dedo siguió el recorrido rojo hasta la mitad de este. —¿Ves ese bosquecito? Está algo lejos, pero nos cruzamos justo por aquí y, desde aquí... — Señaló el camino donde estaba el desvío de la ruta. —Y justo aquí, es donde nosotros nos separamos. Yo seguí camino abajo por la colina por el riachuelo que tiene allí dibujado. Esa fue la última vez que los vi tanto a ellos como lo que llevaban en cajas. — Una vez más hizo una pausa, colocando ambas manos a los lados de su cadera.

—Solo una cosa: Ten mucho cuidado si vas a ir sola. ¿Estás segura de que no quieres que te acompañe?
El varón parecía más que dispuesto a ello. Respiró profundamente, observando de vuelta el puerto por unos segundos, si la muchacha aceptaba, lo mejor sería recoger su puesto lo antes posible. Ahora además estaban lejos de las miradas del muelle, pero si Pucca observaba detenidamente, podía ver que no existían intenciones hostiles por parte de Milo, por el contrario, se veía francamente preocupado por la mujer.
Cajita de Tabaco
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