El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#10
Decisiones, decisiones.
 
Las que se toman no siempre son las correctas y Mael lo aprendería por las malas.
 
No se supone que fuera tiempo para pensar o no en lo que se supone que debía o no haber hecho, pero ahí, en medio de la casita de madera y de la confusión del momento; esas orbes rosas que tenía como ojos se cerraron de golpe cuando su algo arremetió contra ella en un ataque que le pareció casi magia y fue ahí, en medio del dolor, en el que pensó que debió haber seguido a la tortuguita cuando esta se fue a quien sabe dónde.
 
Pero su rechazo hacia el humano la hizo actuar distinto. Lo quería fuera de la ecuación, quería someterlo, ponerlo a sus pies, como hacía con cualquiera de esa raza inferior, entonces… ¿Por qué no funcionaba?
 
Sus palabras se cortaron de golpe y lo que vino después no fue algo que tuviera tiempo de procesar.
 
No tuvo tiempo de reaccionar.
 
No hubo oportunidad de esquive o de contraataque.
 
¿Qué pasó entonces?
 
Creyó ver una “luz” y de ahí en adelante todo fue “oscuridad”, pues con sus ojos aun cerrados, lo único que podía sentir era la quemazón de algo en su cabeza, en su cuello y, sin que pasara ni siquiera un segundo de recuperación, otra sensación similar en su nuca.
 
Quemaba.
 
Quemaba tanto que cuando abrió la boca para gritar ningún sonido salió de su garganta, al contrario, el simple gesto le produjo un ardor que sintió la necesidad de aplacar de inmediato.
 
Agua.
 
Necesitaba agua.
 
De repente escuchó un pitido. Un sonido demasiado agudo que se apoderó de sus sistema auditivo por unos segundos y luego escuchó una voz, pero se oía lejos, demasiado lejos.
 
¿A quién pertenecía?
 
¿Fue el mismo marine que la atacó?
 
Y si era él… ¿Por qué le decía que se quedara quieta? ¿Qué no estaba viendo que ni siquiera tenía capacidad de pensar bien en ese momento? Además… ¿Cuándo se fue tan lejos para que su voz se escuchara a la distancia?
 
Sacudió su cabeza, llevó una de sus manos a su nuca y, finalmente, se decidió por abrir los ojos y mirar al frente, seguía confundida, pero estaba segura de que ahora el marine se había alejado más de ella, pero no tanto como para que su voz fuera más lejana.
 
—Tsk —. El sonido de su lengua chasqueando fue todo lo que pudo emitir antes de decidir rifársela en hacer algo más ahora que, poco a poco, la confusión de su mente empezaba a diluirse para dar espacio a la realidad, una en la que no se podía quedar.
 
No respondió con hostilidad a la petición del humano, pues no era tan estúpida como para no entender lo que sucedía: un usuario de fruta del diablo…esos malditos por el mar que representaban una buena parte de lo que detestaba. Frunció el ceño, sabía que sería difícil enfrentarlo en un uno a uno en donde la Tortuga y su mercancía no salieran afectados, así que optó por hacer lo que en ese momento le pareció más sensato: saltar.
 
En un movimiento hacia atrás, a pesar del dolor, la medusa cerró el espacio que había entre ella y el océano, cayendo a unos 15 metros de su posición original, lo que hacía que ahora estuviera separada de Juan, de Shin y de los niños, unos 29 metros; sin embargo, poco le importó en ese momento, pues se hundió enseguida en el agua fría de la noche para intentar aliviar un poco el ardor que aún sentía en su cabeza…por ahora, solo debía llegar al barco y buscar un botiquín.
 
Aunque quizá el barco es el que llegaría a ella.
 
No se había dado cuenta, quizá porque aún le costaba pensar con claridad luego del ataque, pero tras ella las masas de agua empezaron a moverse y una sombra enorme la cubrió cuando intentó girarse y entonces, al abrir sus ojos, a unos 5 metros de ella estaba el barco “pesquero” en el que viajaba.
 
Sus ojos se abrieron por la emoción y habría saltado de inmediato a cubierta, de no ser porque alguien más saltó directo del barco a unos 10 metros hacia el frente y, además, no estaba solo.
 
La figura se irguió y, a pesar de que en ese punto la marea ya cubriría hasta la cintura a cualquier humano promedio, el ser que ahora estaba frente a la casa de madera no tenía ese problema, el agua le llegaba al menos a las rodillas, aunque no era su altura lo único que destacaba, si no una especie de cola que salía de la parte baja de su espalda y que se movía, violentamente, de un lado a otro, provocando un ruido de chapoteo en el agua que era la menor de las preocupaciones de los marines.
 
—¡Oe! Quien esté del otro lado… ¿Por qué no se acerca? —En una de sus manos, sosteniéndola a su altura, estaba una chica inconsciente, a la que tenía sujeta del cuello y a la que movía de manera errática, como si fuera un simple juguete. —Han hecho todo un espectáculo de luces… ¿Por qué no vienen a buscar su premio? —El tipo sonrió de lado a lado, mostrando unos chuecos y afilados dientes.
 
—Les propongo algo, sea quienes sean —. Porque el gyojin que ahora se aparecía no tenía idea de a quienes se enfrentaban, solo sabia que Mael estaba en problema y que su mercancía corría riesgo de ser extraída por otros. —Si vienen aquí para negociar, tal vez considere no romperle el cuello a esta chica —. Sostuvo a la chica aún más alto, pues sabía bien que desde su posición, si los marines seguían en el puente de la casa, que se elevaba sobre el mar, no podrían ver con claridad a lo que se refería.
 
—Vamos, vamos, no sean tímidos.
 
Mercado de Mariscos
[Imagen: hyakocheja.png]
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hyákinthos - Ayer, 08:22 AM

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