[Social] El honor de un pirata
#1
28 de otoño, Año 18
16:00h

No terminaba de recordar el sitio en el que había enterrado aquel tesoro que me encontré en la bodega de uno de los barcos que zarparon con nosotros de Impel Down. Llevaba toda la mañana pateando las distintas playas y calas que rodeaban la isla y ya se estaba acercando la hora de comer, y por lo tanto, se estaba agotando la poca paciencia que me quedaba. Me senté en la arena, derrotado y sin esperanza, y apoyé la espalda en el tronco de una palmera.

-Pero dónde lo habrás metido… -me dije a mí mismo mientras masajeaba las sienes con los dedos índice y pulgar de la mano derecha.

Mi estómago rugió antes de que pudiera darle otra vuelta al asunto. Bajé la mano y miré hacia el camino que llevaba al pequeño asentamiento que habían formado los fugitivos en la isla. El tesoro podía esperar un rato más; yo, en cambio, estaba empezando a considerar los cocos de aquella palmera como una opción bastante razonable. Me levanté, me sacudí la arena del pantalón y emprendí el camino de vuelta.

La taberna, si es que a eso se le podía llamar taberna, estaba formada con los restos de un barco naufragado y se encontraba casi vacía cuando llegué. Me dejé caer sobre un tonel y apoyé los brazos sobre la barra.

-Ponme algo de comer. Una col si tienes.

El tabernero asintió mientras secaba una jarra con un trapo. Iba a meterle prisa cuando me fijé en lo que tenía entre las manos. Era una jarra de oro con el asa en forma de serpiente y una abolladura junto al borde de la misma. Una abolladura que le había hecho yo al intentar cerrar el cofre a patadas. Me incorporé despacio y pregunté con tranquilidad.

-¿De dónde has sacado eso?

El hombre miró la jarra, después a mí.

-Me han pagado con ella esta mañana, capitán.

-¿Quién? -pregunté, cada vez con menos paciencia.

Señaló una mesa al fondo del local. Había alguien sentado de espaldas a la entrada, con un plato vacío delante. Sobre la mesa, junto a su mano, descansaban varias monedas de oro. Me acerqué sin apartar los ojos de ellas. Llevaba horas cavando bajo el sol y aquel individuo había estado comiendo a mi costa. No había dado todavía el último paso cuando habló.

-Antes de que hagas una tontería, escucha.

Entonces me detuve en seco.

-Más te vale tener una buena explicación.

Apartó la silla de enfrente con el pie y me miró directo a los ojos

-Yo he encontrado la jarra y unas cuantas monedas. Pero cuando llegué, alguien ya se había llevado el cofre.

Miré las monedas que tenía sobre la mesa y después volví a posar mi vista en el pobre desgraciado que tenía delante.

-Pero lo que quedaba sí te dio tiempo a recogerlo. -contesté. En realidad no me importaba lo más mínimo que cogieran el dinero que se encontraran y que hicieran lo que quisieran con él, pero ese tesoro en concreto era mío, yo lo había encontrado y yo lo había enterrado. El hombre se encogió de hombros.

-Estaba tirado en la arena capitán.

-Y claro, había que limpiarla

Alargué la mano y arrastré las monedas hacia mi lado de la mesa. Él abrió la boca para protestar, pero debió de pensárselo mejor al verme la cara.

-¿Dónde estaba el tesoro? -pregunté sin andarme con rodeos.

-En la cala del este, junto a un tocón. Había marcas de un carro, así que seguí el rastro.

Me quedé unos segundos mirándolo. Un tocón, yo había buscado una palmera toda la mañana y algún imbécil la había talado. -¿Y el cofre está allí?

-Esta mañana estaba. Lo estaban abriendo cuando llegué.

Aparté la silla de golpe y me giré para ir a buscar mi tesoro.

-Hay otra cosa que deberías saber, capitán.-dijo justo antes de que me detuviese con las monedas todavía en el puño. -Están diciendo que lo has donado tú.


Esperé a que se riera. Pero como no lo hizo, apoyé despacio la mano libre sobre la mesa.

-¿Que he hecho qué?

¿Cómo diablos se esperaban que donara mi propio tesoro? Los había liberado de Impel Down, dado un hogar, ¿y encima les iba a dar la única cosa que he enterrado en toda mi vida? En primer lugar, no tenía ni idea de por qué lo había enterrado… quizá me dejara llevar por las historias de piratas que me leía mi padre; y en segundo lugar y lo peor de todo, el contenido del cofre me daba igual, había una sola cosa que quería y ni siquiera era para mi.

-Para pagar las reparaciones. Comprar provisiones. Ese tipo de cosas. Alguien les ha dicho que lo habías dejado allí para ellos. -contestó el pirata que seguía sentado.

Miré hacia la barra. El tabernero acababa de salir con mi col sobre un plato.

-Guárdamela. -dije mientras le dejaba las monedas de oro que le había quitado al tipo de la mesa.

Volé a toda velocidad hasta la cala que me habían indicado y conforme llegaba se podían escuchar golpes de martillo y murmullos de la gente. Había fugitivos cargando tablones, otros arrastrando barriles y un grupo bastante numeroso mirando cómo trabajaban los demás. Reconocí el cofre al instante, estaba abierto junto a un gran número de cajas, con un hombre agachado delante que iba sacando monedas y formando montones sobre una tabla. Aterricé y me abrí paso entre los presentes.

-¿Quién está al cargo de esto? -pregunté, sin quitarle la vista de encima al tipo que estaba rebuscando en el cofre. Uno de los hombres dejó caer uno de los tablones que cargaba y gritó: “¡¡El capitán!!”. Los pocos que no se habían percatado de mi presencia dejaron de hablar y de trabajar, provocando un silencio y una tensión que se podía cortar con un cuchillo. El hombre que rebuscaba en el cofre levantó la cabeza con una sonrisa que duró hasta que asimiló que lo había pillado y me acerqué al cofre sin decir nada. Aquel hombre se apartó lo justo para dejarme mirar dentro y allí, en el fondo, encontré la espada, era lo único que quedaba. Aparté la tela con la que la había envuelto y comprobé que seguía en buen estado. Solo entonces solté el aire que llevaba un rato conteniendo y la saqué con cuidado antes de mirar al individuo que tenía delante.

[Imagen: 23VRkW4.png]

-¿Quién te ha dado permiso para abrir el cofre?

-Capitán, necesitábamos dinero para las reparaciones y…

-Te he preguntado quién te ha dado permiso.


El hombre bajó la vista hacia los montones de monedas, estaba completamente aterrado.

-Nadie. -contestó con la voz entrecortada.

Asentí despacio, el tipo era débil y un golpe de los míos lo haría papilla, por dentro y por fuera, no era necesario usar la fuerza en este momento.

-¿Y quién ha dicho que yo había donado el tesoro?


Tardó un poco más en contestar pero finalmente lo hizo.

-Yo. Pensé que, después de todo lo que has hecho por nosotros…


-Podías decidir por mí, ¿a qué sí?. -interrumpí su discurso mientras me giraba y lo dejaba a mi espalda, dirigiéndome al resto de piratas que habían dejado de trabajar. Me acomodé la espada bajo el brazo y señalé al resto con la mano libre.

-Coged el tesoro y gastarlo por ahí. -ordené. -En cuanto a este tipejo… no se, durante una semana es vuestro grumete. Sed imaginativos, me marcho.

Aleteé con fuerza y generé una tormenta de arena a mi pies mientras salía disparado a la cubierta del Solar Karma, nuestro imponente navío.

-Triaaanaaa… -cantureé. -Tengo un regalito para tiii…

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[Social] El honor de un pirata - por Yojimbo - Hace 1 hora

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