Hace 4 horas
Las palabras de Kisuke no tardaron en aparecer. Insubordinas y rebeldes, negándose a decidir. Así era ellos, tenía que llevar la contraria a todos y de todas las maneras, una estirpe de demagogos que buscaba su bien poniendo a los necesitados como escudo.
- Quizás... - Medité mientras soltaba los agarres de humo con los que lo había apresado - Pero este triste castillo no es el lugar que pondrá el fin a tus días - finalicé. Dejando claro que una vez más su vida dependía de mi caprichos - ¿Sabes por que acepté este puesto? ¿Ser un mercenario de esos fascistas acomplejados? - le pregunté. Había estado esperando a este ese instante para contestarle. Había dejado pasar su mediocre provocación para ejemplificarlo - Por que yo entendí mucho antes que tú, que este mar doblega a los mediocres - Expliqué mientras levantaba mi parche con mi mano izquierda y le enseñaba mi ojo: su parpado fragmentado, su iris completamente blanco y sin vida, el globo ocular seco completamente menguaba sobre la cuenca visiblemente - Este mar solo te quita, no te da - El dominio sobre Hachinosu había salido muy caro - Por eso dejé que me fortalecieran, imbécil. Gracias a ellos pude hacer de Hachinosu algo más que la isla pirata, he dado cobijo a tripulaciones, llenado pueblos de armas y me he lucrado con su vicios en los casinos y burdeles y todo gracias a ser ¿su perro?- terminé asperando la voz con ironía - mientras ellos miraban para otro lado, mi influencia y poder ha crecido, sin reparar en que mientras me daban de comer yo miraba su mano y no la comida - todo gracias a saber aprovechar las oportunidades - Y ahora... Pequeño soldadito, llevaré el infierno al cielo. Tú y yo sabemos quién presidirá esa reunión... El verdadero motivo de que quisiera cerca a los marines. Ha caído uno, así que esos perros mueren ¿eh? - le pregunté dejando que el solo atase los cabos - Si salgo del cielo con vida, Kisuke... Nada ni nadie podrá parar mi ascenso, encontraré ese tesoro y reinaré sobre el mar y la tierra, todo será mío. El One Piece. Y tú vivirás para ver como asfixiaré este mundo con mi humo y mis manos, hasta que la esperanza solo sea un recuerdo. ¿Y sabes que es lo mejor soldado? Qué vivirás para verlo, que sabras que tuviste la oportunidad de detenerme y no fuiste capaz. Así qué - dije mientras empezaba a impulsarme sobre el humo y ascender sobre el suelo quebrado que hacía de nuestro escenario - la próxima vez será igual, héroe... Por que yo me dedico a matarlos - y con una fuerte explosión salí despedido por encima de las murallas, en dirección al puerto y el niebla. Era hora de dar la orden, nos largabamos de aquella isla, era momento de seguir ascendiendo y ahora tocaba tocar los límites.
- Quizás... - Medité mientras soltaba los agarres de humo con los que lo había apresado - Pero este triste castillo no es el lugar que pondrá el fin a tus días - finalicé. Dejando claro que una vez más su vida dependía de mi caprichos - ¿Sabes por que acepté este puesto? ¿Ser un mercenario de esos fascistas acomplejados? - le pregunté. Había estado esperando a este ese instante para contestarle. Había dejado pasar su mediocre provocación para ejemplificarlo - Por que yo entendí mucho antes que tú, que este mar doblega a los mediocres - Expliqué mientras levantaba mi parche con mi mano izquierda y le enseñaba mi ojo: su parpado fragmentado, su iris completamente blanco y sin vida, el globo ocular seco completamente menguaba sobre la cuenca visiblemente - Este mar solo te quita, no te da - El dominio sobre Hachinosu había salido muy caro - Por eso dejé que me fortalecieran, imbécil. Gracias a ellos pude hacer de Hachinosu algo más que la isla pirata, he dado cobijo a tripulaciones, llenado pueblos de armas y me he lucrado con su vicios en los casinos y burdeles y todo gracias a ser ¿su perro?- terminé asperando la voz con ironía - mientras ellos miraban para otro lado, mi influencia y poder ha crecido, sin reparar en que mientras me daban de comer yo miraba su mano y no la comida - todo gracias a saber aprovechar las oportunidades - Y ahora... Pequeño soldadito, llevaré el infierno al cielo. Tú y yo sabemos quién presidirá esa reunión... El verdadero motivo de que quisiera cerca a los marines. Ha caído uno, así que esos perros mueren ¿eh? - le pregunté dejando que el solo atase los cabos - Si salgo del cielo con vida, Kisuke... Nada ni nadie podrá parar mi ascenso, encontraré ese tesoro y reinaré sobre el mar y la tierra, todo será mío. El One Piece. Y tú vivirás para ver como asfixiaré este mundo con mi humo y mis manos, hasta que la esperanza solo sea un recuerdo. ¿Y sabes que es lo mejor soldado? Qué vivirás para verlo, que sabras que tuviste la oportunidad de detenerme y no fuiste capaz. Así qué - dije mientras empezaba a impulsarme sobre el humo y ascender sobre el suelo quebrado que hacía de nuestro escenario - la próxima vez será igual, héroe... Por que yo me dedico a matarlos - y con una fuerte explosión salí despedido por encima de las murallas, en dirección al puerto y el niebla. Era hora de dar la orden, nos largabamos de aquella isla, era momento de seguir ascendiendo y ahora tocaba tocar los límites.
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