El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin]
#13
Antes de poder saltar al mar, una luz encandiló sus ojos. Como antes, Mael no pudo defenderse y el dolor, que de por sí se expandía ya desde su cabeza hasta su cuello, se intensificó aún más. Esta vez si gritó, pero ni el dolor ni su grito la detuvieron de saltar al agua, en donde su voz se perdió en las profundidades. No podía ver, aunque podía sentir con esa habilidad que su capitán le había enseñado meses atrás, de ese modo se enteró de la presencia del barco o, mejor dicho, de su compañero y de los otros niños, tras de ella.
 
—¡Maldito humano!
 
Su voz no llegó a la superficie; sin embargo, su aura, de dulzura pasó a verse turbulenta, caótica, aunque no tanto como la de su compañero, al que sintió saltar sobre ella, junto con la presencia de alguien más, alguien a quien podía distinguir como uno de los niños, en específico, de la chica mayor a la que habían atrapado días antes, lo sabía porque, aunque el aura de ambos niños fueran del mismo color naranja, la de ella era solo un poco más brillante que la del muchachito al que Gill había dejado en el pesquero.
 
Guiándose por el aura del muchachito, la medusa rodeó el barco y dio un salto que la llevó hasta la cubierta, en la cual, apenas se apoyó, se agachó para palpar con sus manos la madera.
 
—¿Por qué no puedo ver? ¿Por qué, por qué? —Sus ojos rosas seguían intactos, pero sus retinas se negaban a responder, lo único que podía “presenciar” eran siluetas borrosas que poco o nada le servían para guiarse. —¿Qué me hizo ese desgraciado humano? ¡Agh! ¡Capitán! —En un grito desesperado, llamó a quien se supone que servía, pero no hubo respuesta, pues, lejos estaba aquel hombre de esa isla y del bullicio que su compañero y ella pudieran estar armando en el mar.

Así que, sola, la chica siguió palpando la madera, guiándose por su conocimiento perfecto de aquella embarcación en el que había viajado en los últimos meses, para llegar, casi que, arrastrándose, hasta puertilla que la llevaba hasta la cabina del “capitán”.
 
Más temprano que tarde, logró abrir la perilla y se encerró en aquel cuarto, justo en el momento que sintió el peso violento de alguien más sobre el barco. La chica medusa dejó escapar un jadeo de sorpresa, por un momento creyó que irían por ella, pero no…algo más estaba pasando, algo que provocó que un escalofrío recorriera su espalda justo cuando logró tocar el auricular de su den den mushi. Tenía la intención de descolgarlo, pero su acción quedó a medias.
 
—¿Qué…?
 
Miedo.
 
El miedo la dejó sin habla y fuera del barco, las cosas no eran distintas.
 
Hay algo a lo que Gill no estaba acostumbrado: A que le respondieran.
 
Su apariencia solía ser suficiente para intimidar a más de uno, quizá no entre su propia tripulación, pero si cuando salía al mundo, mucho más cuando su voz se imponía combinada con su aura sanguinolenta y, como cereza sobre el pastel, un rehén.
 
Con todo eso a su favor, el solía ser quien imponía miedo, no al revés, entonces… ¿Por qué ahora estaba tan tenso?
 
Sus manos se cerraron en puños fuertes, aplicando sin querer toda su fuerza en un solo punto. Olvidó por completo a su rehén, olvidó que mantenerla con vida era parte de su propia supervivencia, pero no pudo evitarlo, no cuando su cuerpo respondía por cuenta propia ante aquella presencia que no podía comprender.
 
¿Quién era?
 
¿Por qué su presencia era tan fuerte?
 
Sin pensar dos veces, alzó a la niña frente a si, ni siquiera se dio cuenta de lo que había causado cuando intentó usarla como bandera blanca para una tregua…una tregua que no llegó.
 
Todo pasó en un parpadeo.
 
Una especie de balas lumínicas vinieron directamente hacia ellos, atravesaron su “escudo” y luego golpearon su hombro, haciendo que soltara a la niña al mismo tiempo que salía disparado 5 metros hacia atrás. No cayó sobre el agua solo porque las garras de sus pies lo mantuvieron fijo en la arena, aunque, de todos modos, se inclinó. Sus manos enguantadas sujetaron sus rodillas y jadeó por culpa de aquel golpe que el marine lumínico le había provocado.
 
Miró hacia el frente, el agua se había teñido de un color rojizo, pero ya no estaba el cuerpo de la niña a la que se supone que usaba como rehén…eso solo lo hizo pensar en una cosa.
 
—Je, eres un idiota —. A pesar de que aún temblaba, el pirata sonrió, nervioso, pero dispuesto a realizar un nuevo movimiento.
 
El gyojin, aun con el corazón en la boca, se giró para alcanzar al marine que se había atrevido a llevarse al niño que reposaba en el barco pesquero y a la otra niña y aceleró su paso, reduciendo en poco tiempo los 34 metros que lo separaba del marine peliblanco, al mismo tiempo que alzaba ambos brazos y los cerraba en puños que aprovecharon la humedad que le otorgaba la cercanía al mar para conectar, de frente contra el marine que antes lo había atacado a él.
 
Los puñetazos fueron inevitables, la velocidad a la que llegaron no pudo ser prevista por ninguno de los dos marines como para evitar el golpe; sin embargo, producto del miedo que sentía el gyojin morena, no se movió de su sitio más que para dar un salto que lo situaba justo al lado de los niños a los que tenía en el barco, incluyendo la niña a la que antes había tenido de rehén y que ahora, por un impulso, estaba muerta.
 
—Je… ¿Siempre eres así de caótico? —Movió el cuerpo de la niña para que el marine se diera cuenta de lo obvio: Lo que había llevado consigo en su afán de acabar con él no era más que un cadáver…un cadáver que pudo haberse evitado. —Yo sí quería negociar, pero mira lo que TÚ le hiciste a ella… ¿Vas a hacerle lo mismo a los demás si eso implica acabar con nosotros?
 
El silencio en la costa se intensificó, solo era opacado por la marea y la brisa marina que ahora arrastraba consigo un olor a sangre que venía desde el cuerpo de la niña y del mismo gyojin, ambos con heridas similares, aunque en un cuerpo, era más letal que en el otro, evidentemente; sin embargo, si se observaba bien, el cuello de la niña estaba morado, flácido, caía de manera poco natural con respecto a su cuerpo: estaba roto.
 
El gyojin entonces alzó ambas manos, seguía temblando, pero no era tan idiota como para dejarse morir o capturar cuando podía negociar, además, estaba claro que hiciera lo que hiciera, no era rival para el marine, de hecho, el golpe anterior simplemente fue para ganar su atención, para hacer que lo escuchara…bueno, también porque lo carcomía la rabia al saber que este asqueroso humano podía superarlo.
 
—Marines —. Esta vez habló más alto, dirigiéndose también a Juan, pues no había pasado por alto la enorme forma rojiza con uniforme de la marina. —Puedo darles información si es lo que buscan, incluso podría dejar ir al resto de los niños si ustedes prometen dejarme ir a mí ¿No les parece un precio justo? —Movió su cabeza, intentando señalar el barco pesquero en el que había llegado. —Tengo documentos y contactos en ese barco que podrían ayudarlos a atrapar algo más grande ¿Eh? ¿Qué dicen? ¡Ah! Y no se preocupen por Mael —. Ninguno se había presentado, pero podían asumir que hablaba de la chica medusa. —Si necesitan a un culpable, yo mismo puedo entregárselas…es médico ¿Saben? De esas que hacen experimentos raros, pueden comprobarlo en la cabina del barco, si la llevan y muestran su laboratorio, nadie dudaría que es la causante de todo esto —. El gyojin seguía con las manos arriba, en una posición de rendición. Estaba dispuesto a aceptar los términos, a fin de cuentas, él nunca le juró lealtad a ninguno de sus compañeros piratas, entonces… ¿Por qué debía arriesgarse por ellos?
 

 
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RE: El bueno, los malos y el feo [P.R - T4] [Juan & Shin] - por Hyákinthos - 16-10-2026, 07:07 AM

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