[Presente-relativo]¿Respuestas o más enigmas?
#2
Habían pasado ya cuatro días desde el pronosticado encuentro entre los espadachines de humo y hollín. Por desgracia, había sido el primero el que se había hecho con la victoria en la contienda. Cuando Don Bambú se encontró con su comandante, éste yacía inconsciente en el suelo frente a las instalaciones del cuartel del Ejército y Ashura se había retirado a su barco para preparar su viaje hacia lo desconocido. Según decían las gentes de pueblo, el propio comandante había caminado él solo hasta allí y esto podía confirmarse por el rastro de sangre que había ido dejando desde el patio de armas, actualmente completamente destrozado, hasta el mismo cuartel. Naturalmente, Don Bambú se llevó a Kisuke a la enfermería del cuartel a toda velocidad y ordenó que le preparasen los utensilios necesarios para tratarle las heridas, que eran graves, sí, pero conociendo la legendaria incontinencia de la Catástrofe en lo relativo a la violencia, se podía decir que el comandante había tenido suerte. Mientras las enfermeras le preparaban una bandeja con gasas, aguja e hilo, Bambú limpiaba el corte que le había llevado a la inconsciencia y que adornaba su pecho junto con la vieja herida del almirante. Se encontró cómodo manejando la sutura, aunque no era un maestro en el arte ni por asomo. ¿Cuándo se había interesado por la medicina? Leía tanto y de tantos temas que ni siquiera se dio cuenta de lo que estaba aprendiendo. Se encontró extrayendo de su cabeza los pasos ordenados de lo que tenía que hacer en cada momento: limpiar, coser, desinfectar, vendar. Y no sólo el orden, que era lo sencillo, sino las técnicas para hacerlo mejor. El truco con la aguja para atravesar la piel en el ángulo adecuado y luego retirarla ligeramente para forzar el hilo a sellar la herida. La aplicación de un vendaje elegante, bien atado, que pudiera incluso varios días sin desprenderse fácilmente. A los quince minutos de poner sus manos sobre Kisuke, la herida de su pecho dejó de ser un problema sangrante. Era consciente, sin embargo, de que podía haberlo hecho mejor. De tener mayores conocimientos sobre el tema podría haberle aliviado el sangrado mucho antes, incluso podría haberle devuelto la consciencia, pero uno trabajaba con lo que tenía a mano.

—Puede que tenga que forzar la ingesta de agua, enfermera, al menos en el día de hoy. No creo que el comandante despierte hasta mañana. —Mientras se limpiaba las manos echaba un ojo a los medicamentos de los que disponían en los armarios de la propia enfermería. —Seguro que no le digo nada que no sepan, pero que se tome un par de pastillas de estas al despertar y que se aplique todos los días un ungüento cicatrizante de estos. —Con las manos limpias, sacó las medicinas y el ungüento en cuestión de los armarios. —Y que coma, que ese retrete tiene que trabajar, honhonhon. —

Y pasaron cuatro días desde entonces. Le llegaron noticias a través de las enfermeras de que Kisuke había despertado y que su estado físico mejoraba conforme sus ánimos empeoraban. —El comandante siempre ha sido un tanto gruñón, Gol D. Ick me perdone por hablar así de él. Tengan paciencia con él, honhonhon. —Sin embargo, cada vez que le visitaba, el pobre hombre estaba dormido de nuevo. Se limitaba a echarle un ojo a las heridas ya regresar a sus asuntos. Como el comandante estaba inconsciente, era su trabajo encargarse del papeleo, lo cual hacía con diligencia y gran alegría, pues no hay mayor honra en la vida de un mariscal que poder presentarle a su superior un trabajo perfectamente hecho. Cuando Kisuke tomase posesión de su vieja silla en el despacho, se encontraría con la burocracia de semanas satisfecha. El cuarto día, a las siete y poco de la mañana, Don Bambú se encontraba tomando un tazón de café solo de especialidad en su propio despacho mientras se preparaba para otra mañana de monótona y gloriosa burocracia. ¿Estaba convirtiéndose en el equivalente revolucionario del Vicealcaide de Impel Down? Bueno, ya le gustaría a Bambú tener ese bigote. La mencionada burocracia tendría que esperar, sin embargo, porque una de las enfermeras llamó a su puerta para avisarle de que el comandante Kageyama requería su presencia. —Oh, pues ahora mismo voy. Gracias. —Le sorprendió la llamada, sobre todo tan temprano, pero ¿quién era él para cuestionarlo? Sin más dilación, agarró su tazón de café y se encaminó hacia la enfermería sin apurarlo, porque el buen café no se apuraba, se paladeaba con una dedicación absoluta casi rayana con la devoción. Quizás sí estuviera convirtiéndose en Imsiul Kano, después de todo. Quedaría por ver amanecía algún día con una deslumbrante calva donde antes había un brillante pelaje blanco.

—Aquí estoy, comandante. —Anunció su llegada tocando en la puerta dos veces, pasando a la habitación, dejando el tazón a medio beber en una mesa y ejecutando el saludo revolucionario como era costumbre. Enfermo o no, seguía siendo su superior. —¿Qué necesitaba? Me alegro de verle en buenas condiciones. —Con las formalidades cumplidas recogió de nuevo su café, le dio un sorbo y pensó fugazmente en hojas de cálculo. Qué raro.

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RE: [Presente-relativo]¿Respuestas o más enigmas? - por Max D. Bambú - Hace 1 hora

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