17-10-2026, 10:32 PM
Las gemelas intercambiaron una mirada que parecía reflejar cierta discordia, yo comprendía que para ellas resultara difícil renunciar a sus deseos solo porque la situación se complicara, entedía que estuvieran dispuestas a dar la vida por aquello que salvaría a su hermano, pero de poco serviría tanto sacrificio si no podían regresar a casa para aliviar la agonía de quién las esperaba día tras día.
Dona mencionó que, cuanto más raras eran las frutas más caras solían ser y mayor era su cotización en el mercado, era un dato del que desconocía su validez puesto que nunca había estudiado nada más allá de la música y la navegación, siendo lo último una habilidad que había comenzado a aprender recientemente durante mis primeros pasos en el Grand Line.
Maki en cambio parecía estar de acuerdo conmigo, pero añadió que no podía asegurarles que las protegería si algo salía mal durante nuestra intromisión en el evento, sonreí con cierta incomodidad pues sabía que aquellas palabras se debían a que no las recordaba en absoluto, sin embargo, a pesar de su actitud severa, estaba convencida de que jamás dejaría a nadie atrás. — Estaremos bien, solo debemos ser precavidas. — intenté apaciguar la tensión mientras me incorporaba del sofá.
Me acerqué al armario que Mara nos había señalado encontraríamos vestuarios para nuestra salida, ella tenía razón, debíamos ocultar nuestros rostros para evitar que nos reconocieran por nuestros carteles de búsqueda, aunque, pensándolo bien, ¿no sería suficiente con mi cabello rosado?, mi apariencia había cambiado bastante desde que me lo tiñó María. Ladeé ligeramente mi cabeza contemplando aquella posibilidad con cierta ingenuidad, ¿de verdad necesito disfrazarme si ya parezco otra persona?
De pronto, vi cómo Maki se deshacía de sus prendas con toda naturalidad delante de nosotras, aunque al principio me sorprendió un poco verla en ropa interior, no tardé en imitarla cuando las hermanas nos concedieron cierta privacidad. Me quité el abrigo junto con las demás prendas, quedándome en ropa interior mientras comenzaba a revisar el contenido del armario, examinando cada atuendo con curiosidad.
Era como aquella vez en Skypiea, había vestimentas de todo tipo, algunas propias de presentaciones teatrales y otras que parecían destinadas a espectáculos artísticos, al parecer en el estilo que estaba confeccionando la espadachina, decidí preparar un disfraz a juego con el suyo. Opté por un atuendo de gitana compuesto por telas blancas y doradas, acompañado de varios velo que permitieran ocultar el rostro. Para completar el conjunto, añadí algunas piezas de joyería dorada de utilería, adornadas con gemas falsas que tintineaban suavemente con cada movimiento. Una vez satisfecha con mi elección, contemplé mi reflejo, ladeando ligeramente la cabeza mientras acomodaba uno de los velos sobre mi cabello rosado, la idea de asistir a un evento disfrazada de tal manera me resultaba algo incómodo junto a un pequeño detalle que comenzaba a inquietarme internamente – ¿Crees que nos tocará bailar? — pregunté con cierta duda, alzando la mirada hacia el techo mientras me perdía en mis propios pensamientos, recordaba que las gitanas solían acompañar sus melodías con bailes, algo que me parecía hermoso pero que también despertaba mis inseguridades, después de todo, aunque la música formaba parte de mi vida, eso no significaba que tuviera la misma destreza para seguir el ritmo con los pies. — Espero que no, no soy tan buena para mover el esqueleto… — murmuré, dejando escapar una risita nerviosa mientras jugueteaba con uno de los adornos dorados de mi vestimenta.
Posteriormente, caminamos durante un tiempo prudente, luciendo nuestras nuevas vestimentas y con el maquillaje y los accesorios necesarios para dar la impresión de que estábamos preparadas para ofrecer un espectáculo, cuando finalmente llegamos frente a un local tan deteriorado comos los demás edificios de la zona, me di cuenta de que las paredes estaban sin pintar y su aspecto descuidado era inquietante pues no parecía ser un lugar donde la música estuviera para quedarse. Mis ojos azules comenzaron a recorrer cada rincón de los alrededores, examinando las ventanas, las puertas, y los laterales del edificio, hasta que mi atención terminó por centrarse en los dos guardias que custodiaban la entrada. Su presencia y actitud me daban la impresión de que eran ellos quienes decidían quién podía entrar y quién debía quedarse fuera.
Mientras Maki conversaba con ambos hombres, no pude evitar arquear una ceja al escucharla imitar aquel acento tan peculiar, apreté incluso ligeramente los labios, reprimiendo una sonrisa divertida ante su manera de expresarse. Resultaba curioso escucharla hablar de aquella forma aunque procuré disimular mi reacción para no arruinar su actuación, en su lugar aproveché la distracción para extender mi energía por los alrededores, algunos 30 metros, y hacia el interior del edificio, tratando de distinguir las presencias que se encontraban allí. Había muchas personas reunidas dentro, y me concentré en percibirlas una a una hasta caer en cuenta en alguien cuya presencia destacaba por la enorme magnitud de su poder. ¿Será ese el pirata que está al mando y custodia de la fruta?
No podía asegurarlo únicamente por aquella impresión de su energía, no obstante, preferí mantenerme alerta mientras desviaba mi atención hacia las gemelas, quienes conocían mejor que nosotras los detalles de nuestra intromisión. Me acerqué discretamente a Mara y Dona, procurando que mi voz no llamara la atención de los guardias ni de las personas que pudiera encontrarse cerca, quedando quizás a una distancia de medio metro de distancia de los guardias — Chicas, me parece que hay mucho movimiento dentro del edificio, así que no se aparten de nosotras… — les advertí en tono suave, antes de inclinar ligeramente la cabeza con curiosidad.
Dona mencionó que, cuanto más raras eran las frutas más caras solían ser y mayor era su cotización en el mercado, era un dato del que desconocía su validez puesto que nunca había estudiado nada más allá de la música y la navegación, siendo lo último una habilidad que había comenzado a aprender recientemente durante mis primeros pasos en el Grand Line.
Maki en cambio parecía estar de acuerdo conmigo, pero añadió que no podía asegurarles que las protegería si algo salía mal durante nuestra intromisión en el evento, sonreí con cierta incomodidad pues sabía que aquellas palabras se debían a que no las recordaba en absoluto, sin embargo, a pesar de su actitud severa, estaba convencida de que jamás dejaría a nadie atrás. — Estaremos bien, solo debemos ser precavidas. — intenté apaciguar la tensión mientras me incorporaba del sofá.
Me acerqué al armario que Mara nos había señalado encontraríamos vestuarios para nuestra salida, ella tenía razón, debíamos ocultar nuestros rostros para evitar que nos reconocieran por nuestros carteles de búsqueda, aunque, pensándolo bien, ¿no sería suficiente con mi cabello rosado?, mi apariencia había cambiado bastante desde que me lo tiñó María. Ladeé ligeramente mi cabeza contemplando aquella posibilidad con cierta ingenuidad, ¿de verdad necesito disfrazarme si ya parezco otra persona?
De pronto, vi cómo Maki se deshacía de sus prendas con toda naturalidad delante de nosotras, aunque al principio me sorprendió un poco verla en ropa interior, no tardé en imitarla cuando las hermanas nos concedieron cierta privacidad. Me quité el abrigo junto con las demás prendas, quedándome en ropa interior mientras comenzaba a revisar el contenido del armario, examinando cada atuendo con curiosidad.
Era como aquella vez en Skypiea, había vestimentas de todo tipo, algunas propias de presentaciones teatrales y otras que parecían destinadas a espectáculos artísticos, al parecer en el estilo que estaba confeccionando la espadachina, decidí preparar un disfraz a juego con el suyo. Opté por un atuendo de gitana compuesto por telas blancas y doradas, acompañado de varios velo que permitieran ocultar el rostro. Para completar el conjunto, añadí algunas piezas de joyería dorada de utilería, adornadas con gemas falsas que tintineaban suavemente con cada movimiento. Una vez satisfecha con mi elección, contemplé mi reflejo, ladeando ligeramente la cabeza mientras acomodaba uno de los velos sobre mi cabello rosado, la idea de asistir a un evento disfrazada de tal manera me resultaba algo incómodo junto a un pequeño detalle que comenzaba a inquietarme internamente – ¿Crees que nos tocará bailar? — pregunté con cierta duda, alzando la mirada hacia el techo mientras me perdía en mis propios pensamientos, recordaba que las gitanas solían acompañar sus melodías con bailes, algo que me parecía hermoso pero que también despertaba mis inseguridades, después de todo, aunque la música formaba parte de mi vida, eso no significaba que tuviera la misma destreza para seguir el ritmo con los pies. — Espero que no, no soy tan buena para mover el esqueleto… — murmuré, dejando escapar una risita nerviosa mientras jugueteaba con uno de los adornos dorados de mi vestimenta.
Posteriormente, caminamos durante un tiempo prudente, luciendo nuestras nuevas vestimentas y con el maquillaje y los accesorios necesarios para dar la impresión de que estábamos preparadas para ofrecer un espectáculo, cuando finalmente llegamos frente a un local tan deteriorado comos los demás edificios de la zona, me di cuenta de que las paredes estaban sin pintar y su aspecto descuidado era inquietante pues no parecía ser un lugar donde la música estuviera para quedarse. Mis ojos azules comenzaron a recorrer cada rincón de los alrededores, examinando las ventanas, las puertas, y los laterales del edificio, hasta que mi atención terminó por centrarse en los dos guardias que custodiaban la entrada. Su presencia y actitud me daban la impresión de que eran ellos quienes decidían quién podía entrar y quién debía quedarse fuera.
Mientras Maki conversaba con ambos hombres, no pude evitar arquear una ceja al escucharla imitar aquel acento tan peculiar, apreté incluso ligeramente los labios, reprimiendo una sonrisa divertida ante su manera de expresarse. Resultaba curioso escucharla hablar de aquella forma aunque procuré disimular mi reacción para no arruinar su actuación, en su lugar aproveché la distracción para extender mi energía por los alrededores, algunos 30 metros, y hacia el interior del edificio, tratando de distinguir las presencias que se encontraban allí. Había muchas personas reunidas dentro, y me concentré en percibirlas una a una hasta caer en cuenta en alguien cuya presencia destacaba por la enorme magnitud de su poder. ¿Será ese el pirata que está al mando y custodia de la fruta?
No podía asegurarlo únicamente por aquella impresión de su energía, no obstante, preferí mantenerme alerta mientras desviaba mi atención hacia las gemelas, quienes conocían mejor que nosotras los detalles de nuestra intromisión. Me acerqué discretamente a Mara y Dona, procurando que mi voz no llamara la atención de los guardias ni de las personas que pudiera encontrarse cerca, quedando quizás a una distancia de medio metro de distancia de los guardias — Chicas, me parece que hay mucho movimiento dentro del edificio, así que no se aparten de nosotras… — les advertí en tono suave, antes de inclinar ligeramente la cabeza con curiosidad.
Amphitrite Toca la Canción
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