— Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo]
#4
30 de Otoño del Año 18, Isla Kutsukku.
07:00 Pm Afueras de Ciudad Pinion

Vixen llevaba un buen rato apoyada en un barril a medio pudrir, en el borde exterior de aquella feria, observando el espectáculo con una ceja ligeramente alzada, sin terminar de entender de dónde cojones había salido tantísima peña, aunque, conociendo a Taito, tampoco le costaba demasiado imaginárselo. Allí estaba Taito. Vixen no pudo evitar que una sonrisa conejil se le dibujara en los labios al reconocer aquella mata de pelo rojo entre la multitud. Hacía años que no lo veía. La nariz le empezó a temblar con ese tic involuntario tan suyo, arrugándosele ligeramente mientras intentaba contener el cosquilleo. Vixen se frotó la punta con el dorso de un dedo, frunciendo el ceño, como si aquello fuera a solucionar algo. Ni hablar de ponerse sentimental. Si los ojos le escocían, sería por cualquier otra cosa. Sobre su hombro, Grigori seguía tan campante como siempre, algo que recibió con bastante menos entusiasmo.

Cinco años. Cinco años desde aquella noche en el bar, desde el trato sellado con una mano sudorosa y una promesa que había sonado a broma de borrachos. Ella había llegado dos días antes, durmiendo en donde le cogiera la noche, y desde entonces no había hecho otra cosa que preguntarse si él se acordaría. Si siquiera seguiría vivo, o quién sabe. Pero ahí estaba. En medio de aquel circo de saludos y abrazos, con esa sonrisa de vendedor de humo que ella había echado tanto de menos. El corazón le dio un vuelco tan grande que por un segundo pensó que se le había quedado atascado en la garganta. Nervios. Se preguntó si alguno de aquellos pardillos tenía idea de en qué se estaba metiendo. Descartó el pensamiento al instante, ella tampoco era quién para juzgarlos. Ahí estaba, después de todo, una loca entusiasmada más que había acudido a la llamada de Taito. Terminó de masticar la zanahoria que había robado de un puesto del mercado, —el tío ni se enteró— y se sacudió las migas del chaleco. Ya estaba bien de teatro. El trato tenía fecha de caducidad y hoy tocaba consumirla.

Se abrió paso entre la multitud con la sutileza de un carrito de compra fuera de control. Codazos, pisotones, alguna maldición que ni contestó. La gente se giraba al verla pasar: una humink coneja con cara de tener hambre y mejor humor del que aparentaba.

Se plantó a su espalda. Le dio una palmada en el hombro, fuerte, de las que dejan marca.

— Kishishishi... — La risa se le escapó sola, suave, casi tierna. — Idiota... de verdad que viniste…

Y con eso, sin darse tiempo a arrepentirse, Vixen se lanzó a darle un abrazo, quizá apretándolo más de la cuenta.
[Imagen: HC5Abkg.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: — Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo] - por Vixen Ventress - Ayer, 11:49 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)