18-10-2026, 08:58 PM
Los guardias de seguridad se mostraban impasibles frente a la presencia de las cuatro artistas y, sobre todo, frente a Maki, quién parecía llevar la voz cantante sobre la situación. Imitando un acento un tanto sibilino - que se basaba en arrastrar las “eses” - y adoptando una actitud más formal y educada, la capitana de las Valar se presentó ante los que parecían custodiar la puerta. Mientras tanto, una Miyori que no intentaba reírse ante la genialidad de su capitana, se quedó al margen junto a las gemelas, dejándoles en claro que no se apartaran las dos de las piratas para que, de este modo, pudieran ser capaces de protegerlas. Sin mediar palabra, tanto Mara como Dona, asintieron ante la sugerencia de la bella artista de cabellos rosados.
Ante la improvisada presentación de Maki, los dos guardias de seguridad se miraron entre sí, durante un lapso de apenas dos segundos, tras lo cuál, volvieron a mirar hacia la peliverde disfrazada de gitana. - Debéis ser las artistas que nos comentó el oyabun aunque… - comentó uno de ellos, de tez blanca y rubio, que comenzó a sacar una pequeña nota doblada de uno de los bolsillos de su pantalón. Desdobló el papel y, bajando ligeramente las gafas de la altura de sus ojos, leyó lo que había inscrito en la nota.- Aquí figura que eran dos las artistas que iban a tocar en nuestro evento… - espetó, volviendo a doblar aquella nota para volver a introducirla en el bolsillo de su pantalón.- Sin embargo… - irrumpió su compañero, moreno tanto de cabello como de piel, quién empezó a analizar - de arriba a abajo - a las cuatro señorita.- Creo que sería una pena dejar a dos de estas bellezas fuera del alcance del oyabun. - declaró causando que, a continuación, los dos guardias se echaran simultáneamente a un lado, dejando libre el acceso a la entrada del establecimiento.- Así que por favor… Pasad, encontraréis un pequeño escenario de madera a la izquierda de la planta baja y recordad, al oyabun le gusta sobre todo la música clásica. - finalizó de hablar, esperando a que entraran las cuatro mujeres. Tras eso, volverían a bloquear la entrada para todo aquel que quisiera entrar sin invitación.
Una vez que las chicas se introdujeran en el edificio, podrían observar una sala muy amplia, tan amplia como que ocupaba toda la primera planta del edificio. Dándole un toque de elegancia, inusual e inesperado teniendo en cuenta en la isla en la que estaban, tanto el suelo como las paredes estaban formados por azulejos y baldosas de color negro mate. En varias partes de la sala, pegado a las paredes, había colocadas varias macetas de arbustos cuya forma podían evocar a columnas salomónicas. Distribuidos por toda la planta, había varias mesas altas - envueltas en un mantel de color morado-rosado - dispuestas para que, los tripulantes de la banda pirata - los cuáles iban todos vestidos de traje -, pudieran estar tomando la comida y bebida necesaria en lo que durara el evento. Al fondo del todo, había un escalón a doble altura, que elevaba alguno centímetros por encima aquella parte de la sala respecto al resto, ubicándose ahí una gran mesa de madera ornamentada. Allí mismo, se encontraba el que, gracias al uso del Kenbunshoku Haki, se podría identificar como el líder de la banda pirata. Con una apariencia imponente al mismo tiempo que impoluta, aquella persona que se sentaba al fondo - casi a unos 19 metros de la entrada del local - era un hombre joven de piel clara, ojos amarillos y pelo de color negro peinado de costado, vistiendo un traje negro con el cuello bordado con gotas de color morado. El mismo traje contaba con varios detalles y adornos que podían hacer ver la importancia de aquella persona dentro de la banda, presentadno el forro interior del traje detalles de color morado y naranja, además de llevar en el bolsillo izquierdo de la chaqueta lleva un broche que llevaba incrustado una perla multicolor. Bajo el traje lleva una camisa de color púrpura y una corbata blanca con espinas moradas y, observando sus zapatos - los cuáles permanecían ocultos ya que estaba sentado tras la mesa -, estos eran de color morado. Su mirada afilada y penetrante de color ambar, se veía parcialmente oculta por unas gafas circulares sujetas por una cuerda de color magenta que cae como fluidos. Sobre su mesa, se hallaba un pequeño cofre de color rojo, y con bordes dorados, que desentonaba a la perfección al tener unos colores tan cálidos y vivos con respecto al resto de la sala. En cuanto al escenario que habían hablado los seguratas, tal y como habían advertido, a mano izquierda, en el extremo de esa misma pared y a 10 metros de distancia al frente, se encontraba una especie de tablao, de 3 metros de largo, 2 metros de ancho, y medio metro de altura. Era lo suficientemente grande como para que las cuatro artistas pudieran entrar en él y tocar con comodidad. Junto al escenario, un metro más hacia el fondo - tomando como punto de vista la entrada del local -, se encontrarían las escaleras que llevarían a la planta superior.
Al entrar las Valar, junto a Mara y Dona en el edificio, se podía apreciar algo de barullo en el local, barullo que, fue cortado de cuajo cuando, el líder de la banda pirata, se levantó y, con una copa de champán en su diestra y un cubierto en su siniestra, comenzó a chocar el utensilio con el vaso, llamando la atención de todos sus subordinados y, reinando así, el silencio.- Mis queridos piratas Centipede. - comenzó a hablar, momento en el que, desde sus pies, empezó a trepar una especie de bicho del tamaño de un pequeño perro. Recordaba a un pequeño ciempiés, de colores rojizos, verdes en la parte de su coraza, y de patas negras. Sus ojos, enormes y llamativos, eran de colores amarillentos. Aquel simpático bicho, se subió en el hombro del jefe, como si de un loro se tratara.- Muchas gracias a todos por asistir y formar parte de esta banda una vez más. Sin vosotros, este viaje no tendría ningún sentido, así que tenéis mi más sincero agradecimiento. - agradeció de todo corazón, con una voz tranquila y monótona, mientras inclinaba su cabeza hacia delante a modo de reverencia, acto que hizo que sus subordinados empezaran a aplaudir. Como veía que los vítores no paraban, volvió a llamar la atención con el truco del copazo. Funcionó, soltando tanto la copa como el cubierto sobre la mesa.- A partir de hoy, haremos historia, mis queridos subordinados. - declaró, desviando su atención al cofre que reposaba junto a él, agarrándolo con su siniestra para, seguidamente, alzarlo para que todo el mundo pudiera verlo. - Gracias a esta venta, los piratas Centipede podrá tener el suficiente dinero como para entrar de lleno en el Bajo Mundo. Podremos hacernos con el mercado que de verdad importa, el mercado negro, y así cambiar el mundo desde la parte más baja de la sociedad. - declaró con todo el entusiasmo que su tono de voz le permitía, volviendo a dejar el cofre sobre la mesa. - Hoy finalmente daremos el primer paso hacia la grandeza así que, hagamos de este evento algo inolvidable y disfrutemos de nuestra compañía y de una buena música, ¿os parece? - terminó de hablar, tras lo cuál, todos los subordinados rugieron en una oleada de vítores y aplausos que, en esta ocasión, el líder ni se dignó a intentar calmar. Aprovechando el jolgorio, dedicó una mirada a las cuatro jovencitas, esbozándoles una sonrisa tierna y asintiéndoles desde la lejanía, dándoles a entender de que podían empezar a hacer gala de su arte. Tras aquello, el capitán de los piratas Centipede, se volvió a sentar en el asiento y, esperó a que llegará el contacto de interés que le iba a dar tremenda fortuna por venderle la misteriosa fruta del diablo. En ese momento, aquellos que hicieran uso de su poder espiritual, podían sentir como, cerca de 200 personas, se empezaban a sentir aproximarse hacia las inmediaciones del edificio, ¿habrían llegado finalmente los piratas que iban a participar en aquel intercambio de bienes?
Ante la improvisada presentación de Maki, los dos guardias de seguridad se miraron entre sí, durante un lapso de apenas dos segundos, tras lo cuál, volvieron a mirar hacia la peliverde disfrazada de gitana. - Debéis ser las artistas que nos comentó el oyabun aunque… - comentó uno de ellos, de tez blanca y rubio, que comenzó a sacar una pequeña nota doblada de uno de los bolsillos de su pantalón. Desdobló el papel y, bajando ligeramente las gafas de la altura de sus ojos, leyó lo que había inscrito en la nota.- Aquí figura que eran dos las artistas que iban a tocar en nuestro evento… - espetó, volviendo a doblar aquella nota para volver a introducirla en el bolsillo de su pantalón.- Sin embargo… - irrumpió su compañero, moreno tanto de cabello como de piel, quién empezó a analizar - de arriba a abajo - a las cuatro señorita.- Creo que sería una pena dejar a dos de estas bellezas fuera del alcance del oyabun. - declaró causando que, a continuación, los dos guardias se echaran simultáneamente a un lado, dejando libre el acceso a la entrada del establecimiento.- Así que por favor… Pasad, encontraréis un pequeño escenario de madera a la izquierda de la planta baja y recordad, al oyabun le gusta sobre todo la música clásica. - finalizó de hablar, esperando a que entraran las cuatro mujeres. Tras eso, volverían a bloquear la entrada para todo aquel que quisiera entrar sin invitación.
Una vez que las chicas se introdujeran en el edificio, podrían observar una sala muy amplia, tan amplia como que ocupaba toda la primera planta del edificio. Dándole un toque de elegancia, inusual e inesperado teniendo en cuenta en la isla en la que estaban, tanto el suelo como las paredes estaban formados por azulejos y baldosas de color negro mate. En varias partes de la sala, pegado a las paredes, había colocadas varias macetas de arbustos cuya forma podían evocar a columnas salomónicas. Distribuidos por toda la planta, había varias mesas altas - envueltas en un mantel de color morado-rosado - dispuestas para que, los tripulantes de la banda pirata - los cuáles iban todos vestidos de traje -, pudieran estar tomando la comida y bebida necesaria en lo que durara el evento. Al fondo del todo, había un escalón a doble altura, que elevaba alguno centímetros por encima aquella parte de la sala respecto al resto, ubicándose ahí una gran mesa de madera ornamentada. Allí mismo, se encontraba el que, gracias al uso del Kenbunshoku Haki, se podría identificar como el líder de la banda pirata. Con una apariencia imponente al mismo tiempo que impoluta, aquella persona que se sentaba al fondo - casi a unos 19 metros de la entrada del local - era un hombre joven de piel clara, ojos amarillos y pelo de color negro peinado de costado, vistiendo un traje negro con el cuello bordado con gotas de color morado. El mismo traje contaba con varios detalles y adornos que podían hacer ver la importancia de aquella persona dentro de la banda, presentadno el forro interior del traje detalles de color morado y naranja, además de llevar en el bolsillo izquierdo de la chaqueta lleva un broche que llevaba incrustado una perla multicolor. Bajo el traje lleva una camisa de color púrpura y una corbata blanca con espinas moradas y, observando sus zapatos - los cuáles permanecían ocultos ya que estaba sentado tras la mesa -, estos eran de color morado. Su mirada afilada y penetrante de color ambar, se veía parcialmente oculta por unas gafas circulares sujetas por una cuerda de color magenta que cae como fluidos. Sobre su mesa, se hallaba un pequeño cofre de color rojo, y con bordes dorados, que desentonaba a la perfección al tener unos colores tan cálidos y vivos con respecto al resto de la sala. En cuanto al escenario que habían hablado los seguratas, tal y como habían advertido, a mano izquierda, en el extremo de esa misma pared y a 10 metros de distancia al frente, se encontraba una especie de tablao, de 3 metros de largo, 2 metros de ancho, y medio metro de altura. Era lo suficientemente grande como para que las cuatro artistas pudieran entrar en él y tocar con comodidad. Junto al escenario, un metro más hacia el fondo - tomando como punto de vista la entrada del local -, se encontrarían las escaleras que llevarían a la planta superior.
Al entrar las Valar, junto a Mara y Dona en el edificio, se podía apreciar algo de barullo en el local, barullo que, fue cortado de cuajo cuando, el líder de la banda pirata, se levantó y, con una copa de champán en su diestra y un cubierto en su siniestra, comenzó a chocar el utensilio con el vaso, llamando la atención de todos sus subordinados y, reinando así, el silencio.- Mis queridos piratas Centipede. - comenzó a hablar, momento en el que, desde sus pies, empezó a trepar una especie de bicho del tamaño de un pequeño perro. Recordaba a un pequeño ciempiés, de colores rojizos, verdes en la parte de su coraza, y de patas negras. Sus ojos, enormes y llamativos, eran de colores amarillentos. Aquel simpático bicho, se subió en el hombro del jefe, como si de un loro se tratara.- Muchas gracias a todos por asistir y formar parte de esta banda una vez más. Sin vosotros, este viaje no tendría ningún sentido, así que tenéis mi más sincero agradecimiento. - agradeció de todo corazón, con una voz tranquila y monótona, mientras inclinaba su cabeza hacia delante a modo de reverencia, acto que hizo que sus subordinados empezaran a aplaudir. Como veía que los vítores no paraban, volvió a llamar la atención con el truco del copazo. Funcionó, soltando tanto la copa como el cubierto sobre la mesa.- A partir de hoy, haremos historia, mis queridos subordinados. - declaró, desviando su atención al cofre que reposaba junto a él, agarrándolo con su siniestra para, seguidamente, alzarlo para que todo el mundo pudiera verlo. - Gracias a esta venta, los piratas Centipede podrá tener el suficiente dinero como para entrar de lleno en el Bajo Mundo. Podremos hacernos con el mercado que de verdad importa, el mercado negro, y así cambiar el mundo desde la parte más baja de la sociedad. - declaró con todo el entusiasmo que su tono de voz le permitía, volviendo a dejar el cofre sobre la mesa. - Hoy finalmente daremos el primer paso hacia la grandeza así que, hagamos de este evento algo inolvidable y disfrutemos de nuestra compañía y de una buena música, ¿os parece? - terminó de hablar, tras lo cuál, todos los subordinados rugieron en una oleada de vítores y aplausos que, en esta ocasión, el líder ni se dignó a intentar calmar. Aprovechando el jolgorio, dedicó una mirada a las cuatro jovencitas, esbozándoles una sonrisa tierna y asintiéndoles desde la lejanía, dándoles a entender de que podían empezar a hacer gala de su arte. Tras aquello, el capitán de los piratas Centipede, se volvió a sentar en el asiento y, esperó a que llegará el contacto de interés que le iba a dar tremenda fortuna por venderle la misteriosa fruta del diablo. En ese momento, aquellos que hicieran uso de su poder espiritual, podían sentir como, cerca de 200 personas, se empezaban a sentir aproximarse hacia las inmediaciones del edificio, ¿habrían llegado finalmente los piratas que iban a participar en aquel intercambio de bienes?
Contenido Oculto
INFO
![[Imagen: Tb4Z3O3.png]](https://imgur.com/Tb4Z3O3.png)

![[Imagen: E4rJFWM.png]](https://i.imgur.com/E4rJFWM.png)