— Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo]
#5
Debo admitir que la mañana estaba siendo sospechosamente tranquila. Tras un  episodio con unos bandidos en el mercado, la ciudad había vuelto a su rutina de niebla y tranquilidad, y yo, Centella, la Emisaria de la Justicia, patrullaba las calles con paso firme, el casco bien puesto y la cabeza llena de bandas sonoras épicas que ningún ciudadano podía apreciar. Su pérdida. Y entonces lo vi. Una aglomeración. Una masa de gente amontonada en la plaza como si el universo me estuviera regalando un aviso en letras gigantes: ¡AQUÍ PASA ALGO!.

— ¡AHÁ! — Exclamé apuntando dramáticamente con el dedo. ¿Qué clase de villanía está gestándose ahí? ¿Una reunión secreta? ¿Un culto? ¿Una subasta de objetos robados? Mi instinto heroico ruge como una guitarra eléctrica. DUM DUM DUUUM. Me abrí paso entre la multitud con la elegancia de quien nació para esto: — Perdón, disculpe, EMISARIA DE LA JUSTICIA PASANDO, cuidado con el casco, señora, disculpa— Y fue entonces cuando lo escuché. Una voz en el centro del corrillo. Un tono que sonaba a... ¿líder? ¿VILLANO?

Me acerqué con sigilo profesional, pegada a la pared de una frutería, moviéndome entre la gente como una sombra. Bueno, como una sombra con casco brillante y capa llamativa, que no es exactamente lo mismo, pero el espíritu estaba ahí. A medida que me abría paso entre el corrillo, fui recopilando información: nadie parecía asustado, nadie gritaba, nadie corría... lo cual era, paradójicamente, lo más sospechoso de todo. Si fuera un atraco, habría pánico. Si fuera un espectáculo, habría aplausos. Pero no. Solo había gente mirando hacia el centro del círculo con una atención que rozaba lo devota. Mis ojos se abrieron como platos. ¡CLARO! ¡Están reuniendo gente para sus fechorías!

— ¡ALTO AHÍ! — Grité alzando el brazo en mi pose de advertencia número 7, la de tres cuartos, muy dramática — ¡EMISARIA DE LA JUSTICIA! ¡SEPA TODA ESA GENTE QUE RECLUTAR TRIPULACIÓN EN PÚBLICO ES MUY SOSPECHOSO Y— Y ahí estaba. Mi capa. Mi eterna némesis. Se enredó entre mis piernas con la precisión de un villano profesional y el mundo entero se inclinó. Caí. Hacia delante. Directa al centro del círculo.

Abrí los ojos. Estaba mirando fijamente a un hombre. Un hombre con pintas de pelo estropajo rojo, de esos que parecen sacados de la portada del periódico por cometer canalladas. — ¡Oe, tu chaval! ¿Qué diantres está pasando aquí? — 
[Imagen: bpP6EeU.png]
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RE: — Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo] - por Fumi Gan - Hoy, 12:53 AM

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