19-10-2026, 04:19 AM
Durante nuestro recorrido, pronto noté que el leopardo hecho hombre parecía sentirse atraído por unas flores de un brillante tono azul celeste, mi curiosidad despertó al verlo agazaparse para arrancar una de ellas y, acto seguido, acercarse nuevamente a mí para colocarla con delicadeza entre mis mechones de cabello naranja, con aquel gesto logró tomarme por sorpresa culminando en una dulce sonrisa en mis labios mientras llevaba una mano hacia la flor para rozar suavemente su pétalos — G-gracias… — murmuré con ternura en lo que mis ojos descendían al suelo con cierta timidez.
— Supongo que es una forma de ayudar, aunque siempre me ha parecido hermoso observar las flores en su estado natural… — respondí mientras caminaba lentamente a su lado, siempre he respetado la vida en todas sus formas por lo que arrancar flores no era precisamente algo que acostumbrara hacer, sin embargo, él desconocía aquel pequeño detalle y tampoco tenía intención mencionarlo, después de todo, si aquella flor aún podía contribuir con su polen a la naturaleza, supongo que no era tan malo.
Kibai decidió confiarme una pequeña parte de su historia, aunque comenzó advirtiéndome que se trataba de un asunto complicado, por un momento me pareció verle quedar absorto en sus propios pensamientos y recuerdos, como si reunir las palabras adecuadas no fuera una tarea sencilla, y ante ello, dejé escapar un suspiro tranquilo mientras mantenía la mirada fija en el sendero, no tenía motivos de apresularlo ni de exigirle explicaciones, fuera cual fuese su historia, estaba dispuesta a escucharle con el corazón abierto.
Su corazón seguía arraigado a las raíces de su hogar, a su familia, su gente y sus amigos, y por ese motivo comprendía lo que decía, era la preocupación de no volver a ver a quienes estimaba, extrañarles cada día como un sentimiento encajado en los más profundo de sus emociones, sí, le entendía por completo… pero ese era el sacrificio que se tuvo que tomar para emprender la aventura, uno de los más difíciles de dejar atrás a las personas que formaban parte de nuestra vida. ¿Vale la pena?, no lo sé… desconozco sus ambiciones y metas.
De vez en cuando, mi mirada se desviaba hacia las expresiones de Kibai, procurando comprender aquellos sentimientos que acompañaban sus palabras mientras prestaba especial atención al tono de su voz. Su relato continuó con la mención de alguien especial, una mujer que, según parecía tenía previsto llegar al Grand Line junto a él, pero había perdido toda comunicación. ¿Acaso sería alguien de quien estaba enamorado?, la duda despertó mi curiosidad aunque preferí no apresurarme a sacar conclusiones, ya que los vínculos entre las personas podían adoptar muchas formas, y tampoco soy tan entrometida como indagar en la vida sentimental de otros.
Asentí con la cabeza ante sus últimas palabras, desviando mi mirada hacia aquel río de marea blanca, su aspecto esponjoso resultaba fascinante, realmente podía comprender por qué alguien desearía sumergirse entre aquellas nubes, como algodón de azúcar. Al llegar a la orilla, Kibai continuó hbalando, esta vez sobre un deseo que anhelaba cumplir ahora que tenía la oportunidad, de encontrar al capitán que alguna vez le había salvado la vida y demostrarle que se había convertido en un marine digno de enorgullecer a quienes le habían tendido la mano. — Estoy segura de que ya eres alguien de quien hay que sentirse orgulloso… — expresé con dulzura, devolviéndole una sonrisa al joven de ojos esmeralda. — Tu familia seguramente también lo sabe, y por eso no te dan por perdido, ellos te han visto crecer, tomar tus propias decisiones y convertirte poco a poco en la persona que eres hoy… — expresaba sonriente mientras me quitaba el calzado para meter mis pies en el caudal de nubes blancas — El amor que te tienen les da motivos para confiar en que, tarde o temprano, volverán a verte o recibirán noticias tuyas… — añadí con serenidad, procurando transmitirle un poco de aquella esperanza en la que yo misma creía tras escuchar su historia e inquietudes. — ¿No crees?, es mejor siempre pensar en lo positivo que en posibilidades tristes, eso pienso…
Cuando el marine felino me confirmó que había peces, mis ojos se iluminaron tanto como los suyos, intercambié con él una mirada cómplice, compartiendo aquel entusiasmo inicial aunque pronto comencé a notar algo distinto en su expresión, había un matiz travieso en su comportamiento que despertó mis sospechas, las cuales no tardaron en confirmarse cuando me explicó su plan para conseguir que aquellos peces cayeran en la trampa, ¡¿Pretendía utilizarme como carnada?!
Pero aquello no era lo más sorprendente, sino el tamaño que aseguraba que tenía aquellos animales acuáticos, ¡¿Diez a doce metros de longitud?!, mis ojos se abrieron con asombro ante semejante revelación, haciendo que mi mirada observaba el río con incredulidad, ¡¿Pero qué clase de peces eran esos?! ¡Eso parecía más propio de ballenas o monstruos marinos!,
Parpadeé un par de veces ante su propuesta, ladeando ligeramente la cabeza mientras contemplaba el río, cuyo cauce se extendía entre un mano de nubes esponjosas, me quedé pensativa, tratando de determinar si aquello tenía algún sentido, y sobre todo, si realmente funcionaría para atraer las bestias marítimas. Considerando el tamaño que Kibai atribuía a aquellas criaturas, un cebo de dos o tres metros quizás bastaría para llamar su atención, sin embargo, yo ni siquiera alcanzaba esa estatura, finalmente, aparté la mirada del río para dirigirla hacia el leopardo, observándolo con una mezcla de incredulidad y cautela…. — ¿De verdad… quieres usarme de carnada? — pregunté, ladeando un poquito más la cabeza, como si todavía esperara que me aclarara que aquello era una broma.
Procedí a quitarme el sombrero de paja, con la flor azul celeste todavía adornando mis mechones naranjas, y lo deposité cuidadosamente sobre una roca cercana junto con las sandalías, acto seguido, desaté el cinturón azul de mi vestido para utilizarlo a modo de cinta para el cabello, peinándolo con los dedos hasta conseguir una coleta alta que mantuviera mi melena apartada del rostro. Una vez lista, dirigí nuevamente mis ojos azules hacia el leopardo, alternando mi mirada entre él y el río de nubes, si aquello iba a funcionar, al menos quería saber qué debía hacer exactamente — ¿Qué debo hacer?, ¿meterme a las nubes? — pregunté con una sonrisa ansiosa, la idea de pescar a la antigua me parecía algo divertida.
— Supongo que es una forma de ayudar, aunque siempre me ha parecido hermoso observar las flores en su estado natural… — respondí mientras caminaba lentamente a su lado, siempre he respetado la vida en todas sus formas por lo que arrancar flores no era precisamente algo que acostumbrara hacer, sin embargo, él desconocía aquel pequeño detalle y tampoco tenía intención mencionarlo, después de todo, si aquella flor aún podía contribuir con su polen a la naturaleza, supongo que no era tan malo.
Kibai decidió confiarme una pequeña parte de su historia, aunque comenzó advirtiéndome que se trataba de un asunto complicado, por un momento me pareció verle quedar absorto en sus propios pensamientos y recuerdos, como si reunir las palabras adecuadas no fuera una tarea sencilla, y ante ello, dejé escapar un suspiro tranquilo mientras mantenía la mirada fija en el sendero, no tenía motivos de apresularlo ni de exigirle explicaciones, fuera cual fuese su historia, estaba dispuesta a escucharle con el corazón abierto.
Su corazón seguía arraigado a las raíces de su hogar, a su familia, su gente y sus amigos, y por ese motivo comprendía lo que decía, era la preocupación de no volver a ver a quienes estimaba, extrañarles cada día como un sentimiento encajado en los más profundo de sus emociones, sí, le entendía por completo… pero ese era el sacrificio que se tuvo que tomar para emprender la aventura, uno de los más difíciles de dejar atrás a las personas que formaban parte de nuestra vida. ¿Vale la pena?, no lo sé… desconozco sus ambiciones y metas.
De vez en cuando, mi mirada se desviaba hacia las expresiones de Kibai, procurando comprender aquellos sentimientos que acompañaban sus palabras mientras prestaba especial atención al tono de su voz. Su relato continuó con la mención de alguien especial, una mujer que, según parecía tenía previsto llegar al Grand Line junto a él, pero había perdido toda comunicación. ¿Acaso sería alguien de quien estaba enamorado?, la duda despertó mi curiosidad aunque preferí no apresurarme a sacar conclusiones, ya que los vínculos entre las personas podían adoptar muchas formas, y tampoco soy tan entrometida como indagar en la vida sentimental de otros.
Asentí con la cabeza ante sus últimas palabras, desviando mi mirada hacia aquel río de marea blanca, su aspecto esponjoso resultaba fascinante, realmente podía comprender por qué alguien desearía sumergirse entre aquellas nubes, como algodón de azúcar. Al llegar a la orilla, Kibai continuó hbalando, esta vez sobre un deseo que anhelaba cumplir ahora que tenía la oportunidad, de encontrar al capitán que alguna vez le había salvado la vida y demostrarle que se había convertido en un marine digno de enorgullecer a quienes le habían tendido la mano. — Estoy segura de que ya eres alguien de quien hay que sentirse orgulloso… — expresé con dulzura, devolviéndole una sonrisa al joven de ojos esmeralda. — Tu familia seguramente también lo sabe, y por eso no te dan por perdido, ellos te han visto crecer, tomar tus propias decisiones y convertirte poco a poco en la persona que eres hoy… — expresaba sonriente mientras me quitaba el calzado para meter mis pies en el caudal de nubes blancas — El amor que te tienen les da motivos para confiar en que, tarde o temprano, volverán a verte o recibirán noticias tuyas… — añadí con serenidad, procurando transmitirle un poco de aquella esperanza en la que yo misma creía tras escuchar su historia e inquietudes. — ¿No crees?, es mejor siempre pensar en lo positivo que en posibilidades tristes, eso pienso…
Cuando el marine felino me confirmó que había peces, mis ojos se iluminaron tanto como los suyos, intercambié con él una mirada cómplice, compartiendo aquel entusiasmo inicial aunque pronto comencé a notar algo distinto en su expresión, había un matiz travieso en su comportamiento que despertó mis sospechas, las cuales no tardaron en confirmarse cuando me explicó su plan para conseguir que aquellos peces cayeran en la trampa, ¡¿Pretendía utilizarme como carnada?!
Pero aquello no era lo más sorprendente, sino el tamaño que aseguraba que tenía aquellos animales acuáticos, ¡¿Diez a doce metros de longitud?!, mis ojos se abrieron con asombro ante semejante revelación, haciendo que mi mirada observaba el río con incredulidad, ¡¿Pero qué clase de peces eran esos?! ¡Eso parecía más propio de ballenas o monstruos marinos!,
Parpadeé un par de veces ante su propuesta, ladeando ligeramente la cabeza mientras contemplaba el río, cuyo cauce se extendía entre un mano de nubes esponjosas, me quedé pensativa, tratando de determinar si aquello tenía algún sentido, y sobre todo, si realmente funcionaría para atraer las bestias marítimas. Considerando el tamaño que Kibai atribuía a aquellas criaturas, un cebo de dos o tres metros quizás bastaría para llamar su atención, sin embargo, yo ni siquiera alcanzaba esa estatura, finalmente, aparté la mirada del río para dirigirla hacia el leopardo, observándolo con una mezcla de incredulidad y cautela…. — ¿De verdad… quieres usarme de carnada? — pregunté, ladeando un poquito más la cabeza, como si todavía esperara que me aclarara que aquello era una broma.
Procedí a quitarme el sombrero de paja, con la flor azul celeste todavía adornando mis mechones naranjas, y lo deposité cuidadosamente sobre una roca cercana junto con las sandalías, acto seguido, desaté el cinturón azul de mi vestido para utilizarlo a modo de cinta para el cabello, peinándolo con los dedos hasta conseguir una coleta alta que mantuviera mi melena apartada del rostro. Una vez lista, dirigí nuevamente mis ojos azules hacia el leopardo, alternando mi mirada entre él y el río de nubes, si aquello iba a funcionar, al menos quería saber qué debía hacer exactamente — ¿Qué debo hacer?, ¿meterme a las nubes? — pregunté con una sonrisa ansiosa, la idea de pescar a la antigua me parecía algo divertida.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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