Hoy, 09:52 AM
—Mientras tus asuntos no incluyan ponerle cadenas a nadie, nos vamos a llevar de puta madre. A menos que sea consensuado, claro. ¡Gurororo!
Magnus lo dijo con naturalidad, acomodándose al cuerda del jamón sobre el hombro. Después intentó prestarle atención a la lista de compañeros, pero rádidamente se dio cuenta de que eran demasiados nombres como para recordarlos.
Lo de las gemelas consiguió que levantara las cejas mostrando especial interés.
—¿Cómo de suave?
La lista continuaba y continuaba. Magnus fue dando caladas mientras escuchaba hablar de gente que debía dinero, gente que no se lavaba y gente que aparentemente iba a ocupar bastante espacio en el barco. Cuando mencionó al que sabía salar jamón, miró de reojo el que llevaba a la espalda y asintió con aprobación.
Pero fue la descripción de la cocinera la que consiguió que se quitara el cigarrillo de la boca.
—¿Que puede ahorcarme con las piernas? Menudo mujerón tiene que ser. Ya veré cómo me presento, hay que saber estar a la altura de una dama así. No cualquiera es capaz al fin y al cabo.
Lo de los otros dos tipos grandes también le gustó. Por fin podría conocer a gente de su tamaño.
Cuando llegó la fecha, Magnus la repitió en voz baja.
Treinta de otoño. A las siete. Afueras de Ciudad Pinion.
Abrió la boca para contestar a la despedida, pero el pelirrojo ya estaba echando a correr.
—¡ALLÍ ESTARÉ, GINGER MOTHERFUCKER! ¡Y DILE A LA COCINERA QUE VA A CONOCER A UN HOMBRE DE VERDAD!
Levantó la mano del cigarrillo a modo de despedida y soltó una carcajada.
—¡Gurorororo!
Se quedó mirando al horizonte por donde Taito y Grigori desaparecieron rápidamente. Parecía un buen chaval. Puede que un poco acelerado, pero de palabra, generoso y con buen ojo para escoger compañeros.
Magnus apuró el cigarrillo, lo apagó en el punto habitual de la cicatriz del pecho y dejó la colilla en el suelo. Después apoyó el jamón envuelto contra una pared que le quedaba cerca y sacó la libreta. Anotó el lugar, el día y la hora con letras grandes.
Debajo añadió:
Contempló la nota unos segundos. Tendría que escribir algo bueno. Claramente parecía que se venía un punto de inflexión en su vida. Se acabó la tranquilidad que había vivido los últimos años.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Guardó la libreta y la pluma, recogió el jamón y volvió a echárselo al hombro.
Magnus salió caminando en busca de una taberna donde comer algo.
Magnus lo dijo con naturalidad, acomodándose al cuerda del jamón sobre el hombro. Después intentó prestarle atención a la lista de compañeros, pero rádidamente se dio cuenta de que eran demasiados nombres como para recordarlos.
Lo de las gemelas consiguió que levantara las cejas mostrando especial interés.
—¿Cómo de suave?
La lista continuaba y continuaba. Magnus fue dando caladas mientras escuchaba hablar de gente que debía dinero, gente que no se lavaba y gente que aparentemente iba a ocupar bastante espacio en el barco. Cuando mencionó al que sabía salar jamón, miró de reojo el que llevaba a la espalda y asintió con aprobación.
Pero fue la descripción de la cocinera la que consiguió que se quitara el cigarrillo de la boca.
—¿Que puede ahorcarme con las piernas? Menudo mujerón tiene que ser. Ya veré cómo me presento, hay que saber estar a la altura de una dama así. No cualquiera es capaz al fin y al cabo.
Lo de los otros dos tipos grandes también le gustó. Por fin podría conocer a gente de su tamaño.
Cuando llegó la fecha, Magnus la repitió en voz baja.
Treinta de otoño. A las siete. Afueras de Ciudad Pinion.
Abrió la boca para contestar a la despedida, pero el pelirrojo ya estaba echando a correr.
—¡ALLÍ ESTARÉ, GINGER MOTHERFUCKER! ¡Y DILE A LA COCINERA QUE VA A CONOCER A UN HOMBRE DE VERDAD!
Levantó la mano del cigarrillo a modo de despedida y soltó una carcajada.
—¡Gurorororo!
Se quedó mirando al horizonte por donde Taito y Grigori desaparecieron rápidamente. Parecía un buen chaval. Puede que un poco acelerado, pero de palabra, generoso y con buen ojo para escoger compañeros.
Magnus apuró el cigarrillo, lo apagó en el punto habitual de la cicatriz del pecho y dejó la colilla en el suelo. Después apoyó el jamón envuelto contra una pared que le quedaba cerca y sacó la libreta. Anotó el lugar, el día y la hora con letras grandes.
Debajo añadió:
"Preparar poema para la cocinera. Preguntar antes si tiene marido. O no."
Contempló la nota unos segundos. Tendría que escribir algo bueno. Claramente parecía que se venía un punto de inflexión en su vida. Se acabó la tranquilidad que había vivido los últimos años.
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.
Guardó la libreta y la pluma, recogió el jamón y volvió a echárselo al hombro.
Magnus salió caminando en busca de una taberna donde comer algo.

![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)