Hace 11 horas
El mordisco llegó sin avisar, tierno e infalible, clavado justo donde el escote hacía de frontera. A Vixen se le escapó un sonido entre gruñido y risa, y la descarga que le recorrió la columna de arriba abajo la hizo soltar a Taito más rápido de lo que le habría gustado admitir. «¡Qué sinvergüenza!», pensó. Cinco años esperando para verle y lo primero que se le ocurre es morderle una teta. Apenas lo soltó, Vixen lo vio escabullirse hacia un tipo enorme, azul, y trepar por él cual ardilla hasta plantarse en lo más alto, con Grigori aleteando a su hombro. Lo siguió con la mirada, mordiéndose el interior de la mejilla para no sonreír como una tonta. No funcionó. Cinco años preguntándose si el tío se acordaría de ella, y si aquello seguiría en pie... y el muy cabrón había reunido a un ejército de desconocidos para esto. Un calor tonto le subió por el pecho, de los que dan vergüencita.
Entonces un destello metálico le desvió la mirada. A unos metros, un casco brillaba entre la gente: una mujer plantada en el suelo como un saco de correo, enredada en su propia capa, soltando un sermón a un pelirrojo que no reconocía de nada. Vixen parpadeó. Parpadeó otra vez. No podía ser. Pero era. Casquita. Aquí. En la única cita que le importaba de verdad en cinco años, aparecía ella, con su casco de feria y su capa suicida.
Vixen se acercó con paso ligero, se agachó a su altura y le tendió una mano.
— Vaya, vaya... Casquita. De todos los sitios del mundo. ¿Me sigues o el destino tiene sentido del humor?
Extendió la mano y la puso en pie de un tirón, sin darle tiempo a protestar. En cuanto la tuvo delante, la sujetó por el brazo y se inclinó hacia ella, acercando la boca a su oído para hablarle en voz baja. —Escúchame una cosa, casquita. —Se inclinó hacia ella, con esa sonrisa de quien sabe algo que los demás todavía ni se huelen—. En unos minutos vas a presenciar una jodida maravilla, y te aseguro que no querrás perdértela por andar distraída. Así que quédate cerquita y abre bien esos ojos. —Le dio un toque al casco con los nudillos antes de apartarse, satisfecha consigo misma—. Y deja al pelirrojo tranquilo, mujer. Si quieres jugar con alguien que sea conmigo.
Vixen se abrió paso hasta plantarse al lado del sujeto azul, a la sombra directa de Taito, cruzando los brazos mientras la voz de él llovía sobre todos desde aquella atalaya improvisada. Caravana nueva. Camino que nadie había pisado. La multitud rugía y cada grito de júbilo le entraba por los oídos y le rebotaba dentro del pecho, donde algo llevaba cinco años golpeando una puerta. Cinco años de encargos raros, de mirar el mar de reojo y decirse que aquella promesa de borrachos no iba en serio. Mentira. Ella había contado los días. Había soñado con la línea más veces de las que admitiría en voz alta, con aguas que no salían en ningún mapa, con no tener ni idea de qué esperaba al otro lado. Y lo mejor era justo eso: no saberlo.
— Idiota —murmuró para sí, sin apartar los ojos de la espalda de Taito—. Al final se te ha ocurrido una cosa buena.
Y Vixen sonrió, con los dientes apretados y el corazón haciéndole de tambor contra las costillas, lista para que el mundo por fin se moviese.
![[Imagen: HC5Abkg.png]](https://imgur.com/HC5Abkg.png)
