— Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo]
#8
Magnus llegó a las afueras de Ciudad Pinion con un cigarrillo en la boca y la libreta abierta por la página de la cita. Comprobó el día, la hora y el lugar antes de levantar la vista hacia aquella cantidad absurda de gente.

"Pues sí que había familia", pensó.

Cerró la libreta y se acercó a la muchedumbre. Por encima de las cabezas distinguió a un hombre azul de aproximadamente su misma altura, con un chavalito pelirrojo subido a los hombros. Este último estaba gritando algo sobre una caravana y un camino nuevo. Parecía que había llegado al sitio correcto.

Magnus se quitó el cigarrillo de los labios.
—Espero que no haya que presentarse uno por uno. Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto.

Había llegado dispuesto a embarcar, conocer mundo y compartir su talento con aquella gente. Solo necesitaba encontrar al hombre con el que había quedado. No recordaba su nombre. Tampoco su cara. Por suerte había apuntado lo importante y, por lo que veía, alguien estaba organizando todo aquello.

Se acercó al grupo del hombre azul y levantó la vista hacia el que llevaba encima.
—Eh, ginger motherfucker. Estoy buscando a un tipo que me invitó a viajar con él. Me dijo que viniera aquí hoy a las siete —Abrió la libreta y volvió a comprobarlo, por si acaso —Sí, a las siete. ¿Sabes quién puede ser?

Le dio una calada al cigarro mientras observaba al pelirrojo. Le sonaba su cara. Tal vez...
Ni puta idea.
—Lo conocí hace un par de semanas, me motivó para ganar un jamón. Un tío de palabra, bastante simpático. Me pagó diez mil berries por demostrarle cómo se metía un aro en una botella y yo le regalé un poema. Seguramente lo tenga guardado, si es que tiene buen gusto.

Se pasó la mano de la libreta por delante del pecho, señalándose con ella.
—Soy Magnus Brand. Poeta, galán y vuestro nuevo compañero de viaje. Me han hablado muy bien de vosotros. Había uno que no se lavaba y otro que debía dinero, pero supongo que todos tenemos nuestras cosas. ¡Gurorororo!

Al bajar la vista reparó en la mujer de orejas de conejo que estaba junto a ellos. 


Se detuvo un momento para mirar sus brazos y, por qué no admitirlo, el resto de su increíble musculatura. Y lo que no es musculatura. Cuando terminó la revisión se enderezó, sacando pecho. Claramente un instinto primitivo, como el de un pavo real cuando saca las plumas al comenzar un cortejo. 

Después consultó la siguiente línea de la libreta. "Preparar poema para la cocinera".

Pasó una página. Allí estaban los versos, con varias palabras tachadas y una mancha de tabaco en una esquina. Los revisó por encima, asintió satisfecho y cerró la libreta.
—También necesito encontrar a vuestra cocinera. Me gustaría presentarme como le corresponde a un hombre de mi calibre, y como seguro que se merece ella misma.

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RE: — Ciento cincuenta primos y subiendo [Presente Relativo] - por Magnus Brand - Hace 11 horas

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