El mar tenía una curiosa manera de llevar los chismes y las noticias a buen puerto.
A veces lo hacía mediante historias de bar, otras por medio de rumores entre callejones y, en las ocasiones más entretenidas, a través de un borracho que juraba haber escuchado algo importante antes de quedarse dormido sobre la barra. Sin embargo en esta ocasión, sin embargo, el rumor había sobrevivido a demasiadas lenguas y llegó a los ojos del vagabundo por excelencia como para ser descartado sin más, la nota decía: un hombre pretendía convertirse en el Rey de los Piratas y había convocado a todo aquel que tuviera suficientes ambiciones, pocas neuronas o ambas cosas para escucharlo.
Vesper Nero había conocido a suficientes hombres que se creían destinados a la grandeza como para desconfiar de semejante declaración, sin embargo algunos acababan enterrados; otros, convertidos en canciones y quizá por eso había terminado en Kutsukku junto a su nueva tripulación...
Vesper quería entrar por el estrecho derecho, pero se confundió y fue a la izquierda, por lo que descendió por uno de los estrechos senderos excavados en la roca, con el sombrero ladeado para protegerse de la humedad y el laúd sujeto a la espalda. El Sahumerio descansaba contra su hombro, balanceándose al ritmo de sus pasos como si también estuviera impaciente por conocer al responsable de semejante convocatoria.
La isla era un espectáculo deplorable, el humo industrial ensuciaba el cielo, el suelo parecía empeñado en deshacerse bajo las botas y el aire tenía ese sabor desagradable que Vesper asociaba con los lugares donde alguien, en algún momento, había decidido que las ganancias importaban más que las personas.
-Un paraíso turístico... Claramente n esta cueva el ambiente es simplemente maravilloso, ya sabes siniestro, lugrubre, el sujeto debe ser un calabre o un gigante... como sea ese cabrón deberá tener cuidado...- //murmuró para si mismo//. -Voy a tener que presentarle al músico Vagabundo cuanto antes, que sepa que tiene competenca y somos... ¡LOS HIJOS DE LA LIBERTAD!-
Cuando alcanzó el fondeadero, se encontró con una cueva de basalto aproximadamente de 100 metros de lado y una altura de 65 aproximadamente, charcos dispersos y cajas podridas, algunos barcos reposaban en las aguas de la entrada, mientras sus tripulantes comenzaban a congregarse en el interior. Había banderas de distintos colores, rostros desconocidos y suficientes armas como para que cualquier conversación amistosa pudiera terminar convertida en una tragedia particularmente ruidosa.
Vesper se detuvo junto a la entrada y recorrió el lugar con la mirada, no había escenario, ni anfitrión, ni una señal que distinguiera aquel agujero de cualquier otro escondrijo utilizado por contrabandistas //Fue entonces que soltó una risita//.
-Nyejejejeje, el hombre es un genio de la discreción o se olvidó de hacer la invitación más expresa a todo aquel desquiciado a su propia reunión-.
Sin esperar respuesta de nadie en particular, avanzó unos pasos y siguió esperando más adentrandose a proximadamente a unos 4 metros dentro de la caverna, siempre atento escuchando con su buen oido y con el sahumerio en la mano, por cualquier cosa y comenzó a silbar aprovechando el eco de la cueva.
No era una canción de guerra ni un himno dedicado a ningún futuro monarca, era una melodía vieja, de esas que hablaban de barcos que nunca regresaban y hombres que abandonaban sus hogares convencidos de que el horizonte les debía algo.
Quizá aquella fuera la verdadera razón por la que había acudido.... Vesper entendía la fascinación de perseguir algo imposible y también conocía la facilidad con la que un sueño podía convertirse en una excusa para destruirlo todo a su paso.
Interrumpió la melodía antes de llegar al estribillo.
-Bueno, muchachos... de momento esta todo tan tranquilo...- //Se dijo, dirigiéndose a los presentes con una sonrisa despreocupada// -¿Alguien sabe si el futuro Rey de los Piratas piensa aparecer hoy o tendremos que elegirlo por votación? En dado caso me tomo la oportunidad de postularme voluntariamente...- //Exclamó Vesper a la nada mientras hacia una reverencia a la nada//.
//Se acomodó el sombrero y se acomodó su instrumento//.
Por primera vez desde que había llegado a la isla, Vesper permaneció en silencio, dispuesto a escuchar porque, si aquel hombre realmente pretendía cambiar el mundo, el músico vagabundo quería conocer la canción que pensaba tocar para conocerlo.
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A veces lo hacía mediante historias de bar, otras por medio de rumores entre callejones y, en las ocasiones más entretenidas, a través de un borracho que juraba haber escuchado algo importante antes de quedarse dormido sobre la barra. Sin embargo en esta ocasión, sin embargo, el rumor había sobrevivido a demasiadas lenguas y llegó a los ojos del vagabundo por excelencia como para ser descartado sin más, la nota decía: un hombre pretendía convertirse en el Rey de los Piratas y había convocado a todo aquel que tuviera suficientes ambiciones, pocas neuronas o ambas cosas para escucharlo.
Vesper Nero había conocido a suficientes hombres que se creían destinados a la grandeza como para desconfiar de semejante declaración, sin embargo algunos acababan enterrados; otros, convertidos en canciones y quizá por eso había terminado en Kutsukku junto a su nueva tripulación...
Vesper quería entrar por el estrecho derecho, pero se confundió y fue a la izquierda, por lo que descendió por uno de los estrechos senderos excavados en la roca, con el sombrero ladeado para protegerse de la humedad y el laúd sujeto a la espalda. El Sahumerio descansaba contra su hombro, balanceándose al ritmo de sus pasos como si también estuviera impaciente por conocer al responsable de semejante convocatoria.
La isla era un espectáculo deplorable, el humo industrial ensuciaba el cielo, el suelo parecía empeñado en deshacerse bajo las botas y el aire tenía ese sabor desagradable que Vesper asociaba con los lugares donde alguien, en algún momento, había decidido que las ganancias importaban más que las personas.
-Un paraíso turístico... Claramente n esta cueva el ambiente es simplemente maravilloso, ya sabes siniestro, lugrubre, el sujeto debe ser un calabre o un gigante... como sea ese cabrón deberá tener cuidado...- //murmuró para si mismo//. -Voy a tener que presentarle al músico Vagabundo cuanto antes, que sepa que tiene competenca y somos... ¡LOS HIJOS DE LA LIBERTAD!-
Cuando alcanzó el fondeadero, se encontró con una cueva de basalto aproximadamente de 100 metros de lado y una altura de 65 aproximadamente, charcos dispersos y cajas podridas, algunos barcos reposaban en las aguas de la entrada, mientras sus tripulantes comenzaban a congregarse en el interior. Había banderas de distintos colores, rostros desconocidos y suficientes armas como para que cualquier conversación amistosa pudiera terminar convertida en una tragedia particularmente ruidosa.
Vesper se detuvo junto a la entrada y recorrió el lugar con la mirada, no había escenario, ni anfitrión, ni una señal que distinguiera aquel agujero de cualquier otro escondrijo utilizado por contrabandistas //Fue entonces que soltó una risita//.
-Nyejejejeje, el hombre es un genio de la discreción o se olvidó de hacer la invitación más expresa a todo aquel desquiciado a su propia reunión-.
Sin esperar respuesta de nadie en particular, avanzó unos pasos y siguió esperando más adentrandose a proximadamente a unos 4 metros dentro de la caverna, siempre atento escuchando con su buen oido y con el sahumerio en la mano, por cualquier cosa y comenzó a silbar aprovechando el eco de la cueva.
No era una canción de guerra ni un himno dedicado a ningún futuro monarca, era una melodía vieja, de esas que hablaban de barcos que nunca regresaban y hombres que abandonaban sus hogares convencidos de que el horizonte les debía algo.
Quizá aquella fuera la verdadera razón por la que había acudido.... Vesper entendía la fascinación de perseguir algo imposible y también conocía la facilidad con la que un sueño podía convertirse en una excusa para destruirlo todo a su paso.
Interrumpió la melodía antes de llegar al estribillo.
-Bueno, muchachos... de momento esta todo tan tranquilo...- //Se dijo, dirigiéndose a los presentes con una sonrisa despreocupada// -¿Alguien sabe si el futuro Rey de los Piratas piensa aparecer hoy o tendremos que elegirlo por votación? En dado caso me tomo la oportunidad de postularme voluntariamente...- //Exclamó Vesper a la nada mientras hacia una reverencia a la nada//.
//Se acomodó el sombrero y se acomodó su instrumento//.
Por primera vez desde que había llegado a la isla, Vesper permaneció en silencio, dispuesto a escuchar porque, si aquel hombre realmente pretendía cambiar el mundo, el músico vagabundo quería conocer la canción que pensaba tocar para conocerlo.
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Paranoias de Vesper
CONTINUARÁ...
![[Imagen: VJzjPcg.png]](https://i.imgur.com/VJzjPcg.png)
Vesper_Nero
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Vesper_Nero
