Ciento cincuenta y un personas, y un cuervo. Eso eran trescientas dos tetas, a cada cual su propio gusto.
La verdad es que tanto por el retumbar de los pasos de esa multitud como porque no nos íbamos cuidando de ser sigilosos ni nada por el estilo, se podría decir que los Piratas Wanga se notaban unos minutos antes de su llegada como tal como un murmullo lejano, un ruido blanco que rompía la armonía del lugar y del momento.
Yo caminaba al frente, con las manos metidas en los bolsillos, Zaraki en la cadera derecha y Grigori sobre el hombro izquierdo, acicalándose con el pico entre las plumas de una de sus alas. Un par de pasos por detrás y uno a la derecha, estaba Krave, quien se había convertido en mi fiel protector y guardaespaldas personal - y me encantaba, era grande, azul y daba mal rollito pese a tener ese bigote de chino revenío - y daba una mayor sensación de autoridad y de respeto hacia mi persona.
Detrás de Krave por igual estaban caminando a la par Vixen, Wheke y la loca enmascarada asaltadora de mercados que respondía al nombre de Centella. Tras ellos, caminaba Magnus - seguramente para mirarle el culo a Vixen - y detrás de él todos los demás.
Y cuando digo todos los demás digo las ciento cuarenta y cinco personas que había ido conociendo y reclutando a lo largo de nuestros viajes y que ahora viajaban con nosotros para servirme como su capitán. Claramente, era ese grupo el que estaba causando alegría y jolgorio ya que, en nuestra marcha, cantaban, daban palmas y un par de ellos o tres estaban tocando la guitarra para animar nuestra travesía. El ritmo era embriagador, y la letra de la canción aunque no la conocía era fácil de recordar, pues la habían tocado un par de veces antes, así que cuando llegó mi parte favorita, inhalé todo el aire que pude por la nariz y exhalé en un sólo grito.
Era una canción inspiracional sin duda, todos la cantaban con mucho frenesí y alegría, y a fin de cuentas era lo que quería traer conmigo: fiesta, alegría, diversión y aventura. Y estaba seguro de que esto transmitía exactamente esa intención y eso era lo que al final del día importante. Causar una increíble primera impresión, ya fuese buena o mala.
Nadie recuerda a los mediocres.
Cuando entramos por la apertura de aquella... ¿caverna? ¿cueva? ¿gruta? lo que fuere... pude apreciar que era lo suficientemente grande como par que cupiesen dentro varios barcos e incluso un gigante. Barcos con banderas de todos los colores, gente de todas las etnias y los tipos, dispersas por aquí y por allá, que sin duda habían escuchado el mismo rumor que nosotros y estaban aquí por las mismas cosas que nosotros. Sonreí mientras sacaba ambas manos de los bolsillos y me recolocaba el anillo y miré de reojo a Grigori — Te apuesto cien berries a que el gigante tiene un huevo más grande que yo-hmmm — aseguré para que sólo él pudiera escucharme, apostando como siempre con mi mejor amigo para pasar el rato y divertirnos más entre nosotros. Pero esta diversión se rompió con el graznar de unas gaviotas, que hicieron que Grigori las mirase con ira - las odiaba - mientras una de ellas tiraba uno de los periódicos hacia nosotros recogiendo este al vuelo — Uepaaa — dije tras atraparlo, y sin dejar de caminar - ni mi escolta de cantar - lo abrí y me puse a leerlo asintiendo con la cabeza un par de veces — Hmmm hmmm — pasaba las páginas — Qué interesante... — llegué hasta los wanteds, y cerré el periódico en seco — No se leer — afirmé desde mi posición, y comencé a reír mientras me giraba para darle el periódico a Krave — Wajajajajaja ¡ya me dirás si pone algo interesante Krave! — le pedí sin tener en cuenta si quería hacerlo o no. Era importante estar bien informado, pero yo no tenía ni puta idea de leer o escribir y nunca me había interesado aprender, así que para estar al tanto de las cosas tenía que usar otros trucos a mi alcance. Otros trucos llamados: amigos que saben leer.
Entonces, ya adentrados en aquel fondeadero, acabamos cerca de aquel gigante y me fijé más detenidamente en una pelinaranja que iba en su hombro, lamentando que dadas las perspectivas no llevase falda pero pudiendo apreciar que tenía — Vaya tetas la verdad, está bien buena — atributos especiales, algo que musité mientras pasábamos por delante y me fijaba en los demás. Un tipo grande con cuernos y con hipertrofia muscular hasta en la cara, un tipo de mi altura con pinta de ser de por aquí, otro hippie con un palo gordo y grande y muchas más personas con ellos. Suponía que todos estarían siguiendo el mismo rumor, pero era una pena para ellos que no supieran que el único que iba a conseguir esa información iba a ser yo. Al precio que fuese.
Para cuando quise alzar la mano para parar aquella comitiva debíamos estar en el centro del espacio mismo.
— ¡A ver gente! — dije tratando de hacer que se calmase — ¡No la lieis mucho y no os separéis, quedáos por aquí todos juntos! — ordené al grupo musical de chatarreros y basureros, y entonces bajé el tono y hable con mis compañeros más cercanos — Daos una vuelta si os apetece, a ver qué sacáis. Si os movéis nos vemos aquí en diez minutos — les susurré, y volví a mirar hacia el grupo grande esgrimiendo mi mejor sonrisa — ¡Pero por el amor de una madre! ¡Tocaos otra primos! — caminé hacia ellos para continuar con el jolgorio y la alegría, uniéndome a sus cantos y diversiones.
La verdad es que tanto por el retumbar de los pasos de esa multitud como porque no nos íbamos cuidando de ser sigilosos ni nada por el estilo, se podría decir que los Piratas Wanga se notaban unos minutos antes de su llegada como tal como un murmullo lejano, un ruido blanco que rompía la armonía del lugar y del momento.
Yo caminaba al frente, con las manos metidas en los bolsillos, Zaraki en la cadera derecha y Grigori sobre el hombro izquierdo, acicalándose con el pico entre las plumas de una de sus alas. Un par de pasos por detrás y uno a la derecha, estaba Krave, quien se había convertido en mi fiel protector y guardaespaldas personal - y me encantaba, era grande, azul y daba mal rollito pese a tener ese bigote de chino revenío - y daba una mayor sensación de autoridad y de respeto hacia mi persona.
Detrás de Krave por igual estaban caminando a la par Vixen, Wheke y la loca enmascarada asaltadora de mercados que respondía al nombre de Centella. Tras ellos, caminaba Magnus - seguramente para mirarle el culo a Vixen - y detrás de él todos los demás.
Y cuando digo todos los demás digo las ciento cuarenta y cinco personas que había ido conociendo y reclutando a lo largo de nuestros viajes y que ahora viajaban con nosotros para servirme como su capitán. Claramente, era ese grupo el que estaba causando alegría y jolgorio ya que, en nuestra marcha, cantaban, daban palmas y un par de ellos o tres estaban tocando la guitarra para animar nuestra travesía. El ritmo era embriagador, y la letra de la canción aunque no la conocía era fácil de recordar, pues la habían tocado un par de veces antes, así que cuando llegó mi parte favorita, inhalé todo el aire que pude por la nariz y exhalé en un sólo grito.
— ♪ ¡¡YAAAVECEES SEMEOOOLVIDAAAAAA!! ♬ —
Era una canción inspiracional sin duda, todos la cantaban con mucho frenesí y alegría, y a fin de cuentas era lo que quería traer conmigo: fiesta, alegría, diversión y aventura. Y estaba seguro de que esto transmitía exactamente esa intención y eso era lo que al final del día importante. Causar una increíble primera impresión, ya fuese buena o mala.
Nadie recuerda a los mediocres.
Cuando entramos por la apertura de aquella... ¿caverna? ¿cueva? ¿gruta? lo que fuere... pude apreciar que era lo suficientemente grande como par que cupiesen dentro varios barcos e incluso un gigante. Barcos con banderas de todos los colores, gente de todas las etnias y los tipos, dispersas por aquí y por allá, que sin duda habían escuchado el mismo rumor que nosotros y estaban aquí por las mismas cosas que nosotros. Sonreí mientras sacaba ambas manos de los bolsillos y me recolocaba el anillo y miré de reojo a Grigori — Te apuesto cien berries a que el gigante tiene un huevo más grande que yo-hmmm — aseguré para que sólo él pudiera escucharme, apostando como siempre con mi mejor amigo para pasar el rato y divertirnos más entre nosotros. Pero esta diversión se rompió con el graznar de unas gaviotas, que hicieron que Grigori las mirase con ira - las odiaba - mientras una de ellas tiraba uno de los periódicos hacia nosotros recogiendo este al vuelo — Uepaaa — dije tras atraparlo, y sin dejar de caminar - ni mi escolta de cantar - lo abrí y me puse a leerlo asintiendo con la cabeza un par de veces — Hmmm hmmm — pasaba las páginas — Qué interesante... — llegué hasta los wanteds, y cerré el periódico en seco — No se leer — afirmé desde mi posición, y comencé a reír mientras me giraba para darle el periódico a Krave — Wajajajajaja ¡ya me dirás si pone algo interesante Krave! — le pedí sin tener en cuenta si quería hacerlo o no. Era importante estar bien informado, pero yo no tenía ni puta idea de leer o escribir y nunca me había interesado aprender, así que para estar al tanto de las cosas tenía que usar otros trucos a mi alcance. Otros trucos llamados: amigos que saben leer.
Entonces, ya adentrados en aquel fondeadero, acabamos cerca de aquel gigante y me fijé más detenidamente en una pelinaranja que iba en su hombro, lamentando que dadas las perspectivas no llevase falda pero pudiendo apreciar que tenía — Vaya tetas la verdad, está bien buena — atributos especiales, algo que musité mientras pasábamos por delante y me fijaba en los demás. Un tipo grande con cuernos y con hipertrofia muscular hasta en la cara, un tipo de mi altura con pinta de ser de por aquí, otro hippie con un palo gordo y grande y muchas más personas con ellos. Suponía que todos estarían siguiendo el mismo rumor, pero era una pena para ellos que no supieran que el único que iba a conseguir esa información iba a ser yo. Al precio que fuese.
Para cuando quise alzar la mano para parar aquella comitiva debíamos estar en el centro del espacio mismo.
— ¡A ver gente! — dije tratando de hacer que se calmase — ¡No la lieis mucho y no os separéis, quedáos por aquí todos juntos! — ordené al grupo musical de chatarreros y basureros, y entonces bajé el tono y hable con mis compañeros más cercanos — Daos una vuelta si os apetece, a ver qué sacáis. Si os movéis nos vemos aquí en diez minutos — les susurré, y volví a mirar hacia el grupo grande esgrimiendo mi mejor sonrisa — ¡Pero por el amor de una madre! ¡Tocaos otra primos! — caminé hacia ellos para continuar con el jolgorio y la alegría, uniéndome a sus cantos y diversiones.
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