Hace 3 horas
Magnus caminaba con una chica sentada en cada hombro, sujetándolas con una mano por las piernas. Claramente hacía esto para que fueran cómodas y no perdieran el equilibrio. Estas eran Fjora y Agnes, las gemelas de piel roja que Taito le había mencionado semanas atrás. Parecían haberle pillado el gusto al olor de Magnus, una mezcla muy reconocible de tabaco y una colonia muy potente.
Le había dado una pereza considerable ponerse en marcha. Estaba convencido de que subirse al barco y tirar en línea recta hacia cualquier sitio era mejor que acudir a la llamada de vete tú a saber quién. Pero había terminado ofreciéndose a llevarlas y ahora, evidentemente, caminaba bien erguido. Un hombre de su calibre no iba a estropearles el paseo con una mala postura.
Giró ligeramente la cabeza hacia una de ellas y acarició con el pulgar la pierna que sujetaba.
—El pelirrojo tenía razón. Qué piel más suave. Da gusto encontrarse con un hombre que no te miente en las cosas importantes. ¡Gurororo!
Por delante, Taito seguía caminando como si le pagasen por ello. Magnus no entendía de dónde sacaba tanta energía, pues el tío había reclutado a ciento y pico de personas y, de alguna manera, todavía le quedaban ganas para animarlas.
Intentó ordenar sus pensamientos sobre esta reunión. Un hombre quería convertirse en Rey de los Piratas y había reunido a toda aquella gente para explicarles cómo. A ver qué cojones se contaba. Magnus había venido desde Karate para escucharlo y más valía que-
Una palmada sonó detrás de su cabeza.
Luego otra.
Había venido desde Karate para-
— ♪ ¡¡YAAAVECEES SEMEOOOLVIDAAAAAA!! ♬
Rindiéndose en lo que Magnus llamaba "El noble arte de pensar", que en su opinión estaba bien pero no había que abusar, decidió unirse a las palmas y bailotear un poco, no sin antes ayudar a las señoritas a bajarse de sus hombros.
Con las manos libres, Magnus se encendió un cigarro y volvió a las palmas, sujetándo el cigarro entre los labios.
Mientras bailoteaba volvió la vista al frente, donde se encontraba Vixen caminando unos pasos por delante.
"No me acostumbro a ese trasero tan violento", pensó.
Permaneció unos segundos contemplándolo con el respeto que merecía una obra bien hecha. Vaya contoneo. Qué tamaño. Qué forma.
Antes de que se diera cuenta, llegaron a la cueva.
Al entrar en la cueva levantó la mirada, sorprendiéndose de que aquel techo se mantuviera a cierta distancia aún con él de pie. Había barcos, muchos desconocidos y un gigante difícil de pasar por alto. También había una interesante cantidad de señoritas de altísima calidad. Mucha gente esperando a alguien que, de existir, todavía no había llegado.
Al menos todos habían elegido estar allí. Eso le gustaba. Incluso los que habían elegido hacerlo tocándole las palmas en la nuca.
Cuando Taito levantó la mano para pedir atención y se dispuso a escuchar. Diez minutos para curiosear. Bien. Tal vez ahora…
— ¡Pero por el amor de una madre! ¡Tocaos otra primos!
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto —refunfuñó Magnus.
La punta de su bota ya estaba marcando el compás otra vez. Tocaban bien los cabrones.
Como artista consagrado que se consideraba, tenía la obligación de reconocer el talento ajeno.
Se giró hacia los músicos y empezó a acompañarlos con unas palmadas absolutamente desproporcionadas. Sacó pecho, tomó aire y berreó:
—¡Y A VECES SE ME OLVIDAAAA! —Seguía sin saberse el resto, pero estaba convencido de estar mejorando mucho la canción
Le había dado una pereza considerable ponerse en marcha. Estaba convencido de que subirse al barco y tirar en línea recta hacia cualquier sitio era mejor que acudir a la llamada de vete tú a saber quién. Pero había terminado ofreciéndose a llevarlas y ahora, evidentemente, caminaba bien erguido. Un hombre de su calibre no iba a estropearles el paseo con una mala postura.
Giró ligeramente la cabeza hacia una de ellas y acarició con el pulgar la pierna que sujetaba.
—El pelirrojo tenía razón. Qué piel más suave. Da gusto encontrarse con un hombre que no te miente en las cosas importantes. ¡Gurororo!
Por delante, Taito seguía caminando como si le pagasen por ello. Magnus no entendía de dónde sacaba tanta energía, pues el tío había reclutado a ciento y pico de personas y, de alguna manera, todavía le quedaban ganas para animarlas.
Intentó ordenar sus pensamientos sobre esta reunión. Un hombre quería convertirse en Rey de los Piratas y había reunido a toda aquella gente para explicarles cómo. A ver qué cojones se contaba. Magnus había venido desde Karate para escucharlo y más valía que-
Una palmada sonó detrás de su cabeza.
Luego otra.
Había venido desde Karate para-
— ♪ ¡¡YAAAVECEES SEMEOOOLVIDAAAAAA!! ♬
Rindiéndose en lo que Magnus llamaba "El noble arte de pensar", que en su opinión estaba bien pero no había que abusar, decidió unirse a las palmas y bailotear un poco, no sin antes ayudar a las señoritas a bajarse de sus hombros.
Con las manos libres, Magnus se encendió un cigarro y volvió a las palmas, sujetándo el cigarro entre los labios.
Mientras bailoteaba volvió la vista al frente, donde se encontraba Vixen caminando unos pasos por delante.
"No me acostumbro a ese trasero tan violento", pensó.
Permaneció unos segundos contemplándolo con el respeto que merecía una obra bien hecha. Vaya contoneo. Qué tamaño. Qué forma.
Antes de que se diera cuenta, llegaron a la cueva.
Al entrar en la cueva levantó la mirada, sorprendiéndose de que aquel techo se mantuviera a cierta distancia aún con él de pie. Había barcos, muchos desconocidos y un gigante difícil de pasar por alto. También había una interesante cantidad de señoritas de altísima calidad. Mucha gente esperando a alguien que, de existir, todavía no había llegado.
Al menos todos habían elegido estar allí. Eso le gustaba. Incluso los que habían elegido hacerlo tocándole las palmas en la nuca.
Cuando Taito levantó la mano para pedir atención y se dispuso a escuchar. Diez minutos para curiosear. Bien. Tal vez ahora…
— ¡Pero por el amor de una madre! ¡Tocaos otra primos!
—Estos niños de mierda van a matarme de un disgusto —refunfuñó Magnus.
La punta de su bota ya estaba marcando el compás otra vez. Tocaban bien los cabrones.
Como artista consagrado que se consideraba, tenía la obligación de reconocer el talento ajeno.
Se giró hacia los músicos y empezó a acompañarlos con unas palmadas absolutamente desproporcionadas. Sacó pecho, tomó aire y berreó:
—¡Y A VECES SE ME OLVIDAAAA! —Seguía sin saberse el resto, pero estaba convencido de estar mejorando mucho la canción
Off

![[Imagen: qWhXPFX.png]](https://i.imgur.com/qWhXPFX.png)