Hoy, 06:15 AM
El mundo estaba lleno de rumores provocados por historias que viajaban de boca en boca, eso era algo que siempre me había fascinado pues dependiendo de quién las escuchara parecían adquirir un significado diferente. Algunas hablaban de tesoros escondidos en islas que ni siquiera aparecían en los mapas, otras de criaturas que habitaban las profundidades del océano y unas pocas, las más interesantes para mi gusto de personas que habían decidido desafiar al mundo con tal de perseguir sus propios sueños. Siempre me había gustado escuchar esa clase de historias, aunque no porque creyera en todo lo que contaban, si no por descubrir cuanta verdad había en ellas pues al fin y al cabo, nunca había encontrado una forma de conocer el mundo mejor que recorriéndolo por mis propios medios.
Por eso cuando aquellos rumores comenzaron a extenderse no pude evitar prestarles atención. Un hombre pretendía convertirse en el rey de los piratas y para conseguirlo estaba reuniendo a toda clase de personas dispuestas a escuchar su propuesta. No sabía quién era ni tampoco qué clase de planes tenía en mente, pero la mera posibilidad de que algo así estuviera a punto de suceder me resultaba suficientemente interesante ¿Qué clase de persona se atrevería a hacer semejante anuncio? ¿Y qué esperaba encontrar en quienes decidieran acudir a su llamada? Eran preguntas para las no tenía respuesta. Llevaba ya unos días en Kutsukku, una isla que no destacaba precisamente por su hospitalidad, aun no la había recorrido al completo, pero si era capaz de ubicar algunos lugares de la misma. El trayecto hasta allí no había sido precisamente agradable pero una vez en la costa no tardé en localizar el lugar que buscaba, la entrada del fondeadero se abría entre la roca y los escombros como una enorme herida en el paisaje, no era precisamente el sitio que habría elegido para pasar una tarde tranquila, pero debía reconocer que tenía cierto encanto. Guardé silencio durante un momento observando los alrededores antes de decidir cómo continuar, según había escuchado existían un par de senderos que permitían alcanzar el fondeadero desde tierra firme. No tenía especial interés en buscar un barco ni en llamar la atención de nadie, así que opté por uno de aquellos caminos excavados en la roca. El sendero era estrecho y serpenteaba por el acantilado, provocando que tuviera que prestar especial atención en donde pisaba.
Mientras descendía con tranquilidad no podía evitar preguntarme cuántos habrían decidido acudir por las mismas razones que yo. Quizás algunos buscasen una oportunidad para hacerse un nombre, otros persiguieran algún beneficio personal y no faltaría quien simplemente quisiera comprobar si todo aquello era una pérdida de tiempo. Finalmente al cabo de un rato el sendero finalizo desembocando en el interior de la caverna, el cambio de luz provoco que mis ojos tardaran un momento en acostumbrarse pero poco a poco pude comenzar a notar lo que me rodeaba mejor. Recorrí con la mirada el lugar con calma deteniéndome un momento en las cajas de madera apiladas hacia el fondo, lo cierto es que a simple vista después de escuchar tantos rumores me habría esperado algo más elaborado, aunque tampoco me sorprendía demasiado pues rara vez las expectativas coincidían con la realidad. No parecía haber ninguna señal evidente que me indicara dónde debía situarme o qué se esperaba de quienes llegaban, de modo que decidí no complicarme demasiado continué avanzando un poco sin apresurarme ni llamar la atención o al menos eso esperaba. Reconocía algunas caras pero no me acerque, si no que observe el lugar intentando reconocer un poco el terreno pues nunca estaba de mas y especialmente cuando desconocía las intenciones de quienes habían organizado semejante convocatoria. Al fin y al cabo solo estaba allí por mera curiosidad, no por una promesa de lealtad ni por la intención de comprometerme con alguien a quien ni siquiera conocía. Quería escuchar lo que aquel hombre tenía que decir, averiguar qué clase de propuesta podía reunir a tantas personas y decidir después si había algo que mereciera la pena. Hasta entonces no tenía ninguna prisa así que me limité a permanecer en silencio o al menos hasta que sentí a Furia moverse en mi cuello provocando que el collar se moviera - Tranquila, al parecer aun debemos esperar un poco, si no hay nada interesante nos iremos – Dije mostrándola una suave y pequeña sonrisa mientras movía mi mano para con mi índice acariciar suavemente su cabeza.
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