Ayer, 10:03 AM
Los rumores que los habían empujado a aquella isla se habían incrementado en los últimos días. Historias sobre un pirata y una gran ambición. Historias que iban a agitar el mundo. Pero sobre todo, historias que prometían aventuras. Eso era lo que verdaderamente les había llevado a Eele y sus amigos a navegar hasta aquella isla y era lo que los había guiado hasta aquel extraño rincón en ella. Avanzaban siguiendo las instrucciones que habían oído aquí y allá, en tabernas y en lugares de mala reputación, pero es que en aquella isla era difícil encontrar otro tipo de lugares. Una bandada de gaviotas sobrevolaba la zona desde todas direcciones. Eele levantó la mirada hacia una de ellas y, de pasada, pudo ver varios barcos que se acercaban a la zona; sin duda, aquel era el lugar indicado.
—¡Eh, tú, pajarraco-ring! Suelta un par de panfletos si no quieres que suba a darte tu merecido —gritó con un puño en alto hacia una de las gaviotas.
El ave dejó caer los periódicos hacia el grupo. En realidad, solo necesitaban uno, pues solo Pucca y Eele sabían leer y normalmente uno de ellos lo hacía y le comentaba las noticias al resto. Sin embargo, el gyojin no leía al mismo ritmo que lo hacía su amiga, por lo que prefería tener uno para él mismo. Lo abrió y fue repasando las noticias a la par que su amiga daba los detalles.
—Nuevo almirante... Bastardo marine... Bastardo marine... Vieja... Ricachón... Iluso... Héroes caídos... —su dedo se iba deslizando sobre cada noticia a la vez que hacía ruido entre los «titulares» que le iba dando a las noticias. Su dedo se detuvo con un golpe sobre el papel—. ¡Aquí está! Jabjabjabjab
Leyó todo lo rápido que pudo la noticia a la vez que su amiga la iba comentando. Su sonrisa iba siendo cada vez más y más amplia. Todos sus dientes afilados asomaban entre sus labios. Al fin, su amiga había recibido el reconocimiento que merecía. Era una estrella. No al nivel de él mismo, claro, pero una estrella al fin y al cabo. Si salimos en este panfleto, entonces quiere decir que... Avanzó con prisa hasta la parte final del periódico, aquella en la que sabía que se adjuntaban los nuevos carteles de recompensa. Comenzó a pasar uno tras otro observando las caras y las recompensas que ofrecían por cada uno de ellos. Le sorprendió ver que Mika poseía una cifra menor que Road y que Pucca los superaba a ambos. Cada cartel que pasaba, lo hacía más ansioso. Aún no había visto su cara y eso solo podía suponer dos cosas; o bien su recompensa era altísima, o bien no se había ganado aquel reconocimiento. Llegó al penúltimo cartel. Las cifras ya eran desorbitadas. Pasó una hoja más. El cartel mostraba a otro desconocido más. Comenzó a arrugar con fuerza el periódico hasta dejarlo hecho un amasijo de arrugas de papel.
—¡Malditos cabrones! ¿Cómo han podido olvidarse del gran Eele Trick? Incluso ese bastardo de Hanma tiene un cartel. En cuanto toda esta mierda se termine, pienso enseñarle de lo que es capaz esto —gruñó mientras flexionaba su brazo marcando el bíceps —. Y a ese maldito «rey de los piratas» también.
Mientras buscaba su wanted, había ido descendiendo por el sendero tras sus amigos. De no haber estado tan enfadado, Eele se hubiese visto sorprendido por la altura de aquella cueva. Seguramente podría caber en ella cualquier edificio que hubiese visto antes. Sin embargo, su mente ya solo estaba fijada en acabar con aquel evento y poder superar a Hanma. Avanzó mientras simulaba que saltaba a la comba junto a Mika mientras esta cantaba y cuando se acercaron hasta los nuevos integrantes de los Hijos de la Libertad. Al llegar hasta ellos, Eele miró a Hanma y soltó un gruñido. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
—Sí, espero que ese farsante aparezca pronto. Quiero terminar ya con esta mierda y... —miró hacia Hanma de nuevo y bufó—. Busquemos alguien a quién golpear.
El gyojin se mantuvo gruñendo un rato más. Miraba al resto de piratas que se habían reunido allí, sopesando si alguno de ellos sería un rival a batir en un futuro próximo.
—¡Eh, tú, pajarraco-ring! Suelta un par de panfletos si no quieres que suba a darte tu merecido —gritó con un puño en alto hacia una de las gaviotas.
El ave dejó caer los periódicos hacia el grupo. En realidad, solo necesitaban uno, pues solo Pucca y Eele sabían leer y normalmente uno de ellos lo hacía y le comentaba las noticias al resto. Sin embargo, el gyojin no leía al mismo ritmo que lo hacía su amiga, por lo que prefería tener uno para él mismo. Lo abrió y fue repasando las noticias a la par que su amiga daba los detalles.
—Nuevo almirante... Bastardo marine... Bastardo marine... Vieja... Ricachón... Iluso... Héroes caídos... —su dedo se iba deslizando sobre cada noticia a la vez que hacía ruido entre los «titulares» que le iba dando a las noticias. Su dedo se detuvo con un golpe sobre el papel—. ¡Aquí está! Jabjabjabjab
Leyó todo lo rápido que pudo la noticia a la vez que su amiga la iba comentando. Su sonrisa iba siendo cada vez más y más amplia. Todos sus dientes afilados asomaban entre sus labios. Al fin, su amiga había recibido el reconocimiento que merecía. Era una estrella. No al nivel de él mismo, claro, pero una estrella al fin y al cabo. Si salimos en este panfleto, entonces quiere decir que... Avanzó con prisa hasta la parte final del periódico, aquella en la que sabía que se adjuntaban los nuevos carteles de recompensa. Comenzó a pasar uno tras otro observando las caras y las recompensas que ofrecían por cada uno de ellos. Le sorprendió ver que Mika poseía una cifra menor que Road y que Pucca los superaba a ambos. Cada cartel que pasaba, lo hacía más ansioso. Aún no había visto su cara y eso solo podía suponer dos cosas; o bien su recompensa era altísima, o bien no se había ganado aquel reconocimiento. Llegó al penúltimo cartel. Las cifras ya eran desorbitadas. Pasó una hoja más. El cartel mostraba a otro desconocido más. Comenzó a arrugar con fuerza el periódico hasta dejarlo hecho un amasijo de arrugas de papel.
—¡Malditos cabrones! ¿Cómo han podido olvidarse del gran Eele Trick? Incluso ese bastardo de Hanma tiene un cartel. En cuanto toda esta mierda se termine, pienso enseñarle de lo que es capaz esto —gruñó mientras flexionaba su brazo marcando el bíceps —. Y a ese maldito «rey de los piratas» también.
Mientras buscaba su wanted, había ido descendiendo por el sendero tras sus amigos. De no haber estado tan enfadado, Eele se hubiese visto sorprendido por la altura de aquella cueva. Seguramente podría caber en ella cualquier edificio que hubiese visto antes. Sin embargo, su mente ya solo estaba fijada en acabar con aquel evento y poder superar a Hanma. Avanzó mientras simulaba que saltaba a la comba junto a Mika mientras esta cantaba y cuando se acercaron hasta los nuevos integrantes de los Hijos de la Libertad. Al llegar hasta ellos, Eele miró a Hanma y soltó un gruñido. Se cruzó de brazos y miró hacia otro lado.
—Sí, espero que ese farsante aparezca pronto. Quiero terminar ya con esta mierda y... —miró hacia Hanma de nuevo y bufó—. Busquemos alguien a quién golpear.
El gyojin se mantuvo gruñendo un rato más. Miraba al resto de piratas que se habían reunido allí, sopesando si alguno de ellos sería un rival a batir en un futuro próximo.
Rincón de Eele
