Hace 2 horas
—AYYYYY LA CONCHA DEL MONOOOOO—
En esta vida hay pocos dolores mas feos que el de un garco atorado en el ojete. Y en consecuencia, no hay placer mas grande que el expulsar el garco del interior. Estaba sentado en el tablón con agujero de una letrina pública hecha, echando una cagada de esas que te queman y hacen arder la argolla.
Ya con el trabajo hecho, me palpe la panza y puede confirmar que ahora estaba menos hinchadito. —Uff.. ahora si...— Estire la mano para buscar el papel pero mis dedos solo tocaron el rollo de cartón vacío. El color se me fue de la cara y empecé a buscar algo con lo que limpiarme los cachetes, pero no había traído medias que sacrificar. Ya estaba por sacrificar la tanga cuando una gaviota se estampó contra el techo de chapa y dejó caer por la rendija un rollo de papel recién impreso. Lo agarré al vuelo y lo observe, lleno de letritas apretadas, fotos de tipos y un titular enorme.
—..........puta menos mal.—
Ni me gasté en leer lo que decía. Doblé la primera plana en cuatro y me limpié el orto con una tranquilidad absoluta, dejándole una dedicatoria bien pastosa a las noticias del día. Salí de la casilla acomodándome la zunga floreada, me mandé la mano cargada de anillos directo a la raja para detectar rastros de aquel asunto y me llevé los dedos a la nariz para pegarle una buena olfateada. En ese preciso momento vi el desfile: una caravana interminable de rufianes, piratas, ladrones y villeros que avanzaban a paso apurado hacia quien sabe donde. No tenía la más puta idea de qué carajo pasaba, pero mi instinto me decía que donde se junta gente se arma joda. Así que me sumé a la comitiva sin preguntar nada.
***
Llegamos al borde de los acantilados de basalto negro, donde el smog de la isla se mezclaba con la bruma salada del mar. El terreno caía en un precipicio, abajo del cual se abría una caverna gigantesca como una boca oscura entre peñascos afilados. Para bajar solo había dos senderos, toscamente picados en la roca viva. Sin mas remedio, tuve que bajar por uno de los senderos, apretando a los maleantes a mi costado contra una de las paredes del camino, mientras que los de adelante se iban abriendo a los codazos para no ser aplastados por mis zancadas.
Iba admirando el paisaje lleno de barcos en el mar, con mis anteojos negros apoyados en la frente para ver bien el cielo azul, cuando pisé una laja de piedra húmeda cubierta de verdín y la suela desgastada de mi ojota patinó como si le hubieran tirado manteca derretida.
—¡AY LA PUTA MADRE— Pegué el alarido agudo, mientras perdía el centro de gravedad. Todo mi cuerpo se fue hacia atras y el mundo se dio vuelta. Empecé a rodar ladera abajo como una roca desprendida de la montaña. Mi torso en forma de pelota solo aceleraba mas y mas en la pendiente. —¡CHE HIJOS DE PUTA, AYUDENME A FRENAR QUE NOS VAMOS A CAGAR MURIENDO TODOS!— Los cincuenta tipos que bajaban adelante sintieron el temblor en las piernas, se dieron vuelta y me vieron rodando con una violencia que venía barriendo el sendero a los rebotes. Empezaron a correr a los gritos desesperados pegados unos contra otros, revoleando mosquetes y botellas exactamente igual que en esa película vieja donde una bola de piedra gigante persigue a un arqueólogo por un túnel.
![[Imagen: imagen-2026-10-21-152314434.png]](https://i.ibb.co/DDKgCV2b/imagen-2026-10-21-152314434.png)
—¡¡¡¡WHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!!!!—
No tenia forma de frenar, agitaba mis patitas desesperado en el aire pero solo seguía girando y girando, dejando tras mi una estela de polvo, mientras me acercaba mas y mas al final del camino.
El sendero terminó de golpe en el piso de la caverna. Salí disparado por el aire los últimos cinco metros y aterricé con un estruendo seco sobre el lecho de grava y charcos de agua, patinando de panza varios metros hasta frenar contra una pila de cajones de madera podridos. Quedé clavado en el suelo con el mentón y los tres papadas aplastados contra el suelo frío de piedra, las rodillas dobladas clavadas en el barro y el culo apuntando directo al cielo, dejando la zunga floreada estirada al límite de la rotura y exhibiendo la zanja a los curiosos que se dieron vuelta a ver el bochinche.
Panza de Beto
