Noté cuatro cosas.
La primera era una tipa haciendo el ridículo cantando con un micrófono tratando de hacer más ruido que ciento cincuenta personas cantando a gritos, con guitarras y dando palmas. Se notaban las carencias y la necesidad de protagonismo, pero no cualquiera podía cantar como un Wanga.
La segunda que ninguno de mis compañeros cercanos, - los cinco miembros oficiales de Wanga - se dispersaron ante la posibilidad que les di de hacerlo, y que, sumados a los ciento cuarenta y cinco que estaban conmigo festejando, ninguno de nosotros se dispersó, pese a que a algún despistado con los bolsillos fortuitamente bien cerrados pudiese parecerles que si.
La tercera fue a un tío gordo - muy gordo - caerse rodando por una linde. Me reí, no pude evitarlo, ver a los gordos caerse siempre me ha hecho mucha gracia. Por suerte mi risa no sonó por encima de los cánticos y la alegría del grupo, así que fue algo que me quedé para mi. Qué rato más bueno.
Y la cuarta fue, evidentemente, que la pared del fondo se vino abajo completamente. Miré en esa dirección al instante y arqueé una ceja, pudiendo comprobar como todos los guijarros o restos de las rocas que conformaban ese muro ahora eran un peligro puntiagudo en la entrada del mismo, y que a su vez destellos titilantes de luces cálidas surgían en dirección hacia el exterior de la gruta o pasillo que se acababa de generar.
— Pues es por ahí — dije mirando en esa dirección, sonriendo y a un tono que todos mis compañeros pudieran escuchar — ¡Basta amigos! — grité alzando la mano — Ya nos han escuchado — añadí, seguro de que los cantos habían sido más que suficiente indicativo - junto con los pasos del gigante sin duda - para evidenciar la presencia de cada vez más personas aquí. Poco a poco comenzaron a detener la música, las palmas, y las voces, pasando a un murmullo generalizado entre ellos y empezando a tener una conversación plana los unos con los otros, sin separarnos o disgregarnos, manteniéndonos los ciento cincuenta - y uno, conmigo - todos juntos — ¿Tú qué crees colega? — le pregunté a Grigori sobre mi hombro sin obtener respuesta. El cuervo miraba con atención hacia el sendero que se acababa de revelar. Entonces pasé a mirar a mis compañeros — Somos los que más cerca estamos de ese casual nuevo camino, pero vamos a esperar aquí. Dejad que se acerquen otros si quieren, apartémonos a un lado — eso sí fue una orden, levantándome y caminando hacia mi diestra, quedando a veinte metros de la entrada de que se había generado y a cuarenta y cinco y cincuenta y cinco respectivamente de las paredes, a la izquierda de la perspectiva de la boca de entrada demolida.
— Mi prima Mumu una vez se metió en una cueva y se la folló un oso, o eso dice ella. Hay que ser precavido —
La primera era una tipa haciendo el ridículo cantando con un micrófono tratando de hacer más ruido que ciento cincuenta personas cantando a gritos, con guitarras y dando palmas. Se notaban las carencias y la necesidad de protagonismo, pero no cualquiera podía cantar como un Wanga.
La segunda que ninguno de mis compañeros cercanos, - los cinco miembros oficiales de Wanga - se dispersaron ante la posibilidad que les di de hacerlo, y que, sumados a los ciento cuarenta y cinco que estaban conmigo festejando, ninguno de nosotros se dispersó, pese a que a algún despistado con los bolsillos fortuitamente bien cerrados pudiese parecerles que si.
La tercera fue a un tío gordo - muy gordo - caerse rodando por una linde. Me reí, no pude evitarlo, ver a los gordos caerse siempre me ha hecho mucha gracia. Por suerte mi risa no sonó por encima de los cánticos y la alegría del grupo, así que fue algo que me quedé para mi. Qué rato más bueno.
Y la cuarta fue, evidentemente, que la pared del fondo se vino abajo completamente. Miré en esa dirección al instante y arqueé una ceja, pudiendo comprobar como todos los guijarros o restos de las rocas que conformaban ese muro ahora eran un peligro puntiagudo en la entrada del mismo, y que a su vez destellos titilantes de luces cálidas surgían en dirección hacia el exterior de la gruta o pasillo que se acababa de generar.
— Pues es por ahí — dije mirando en esa dirección, sonriendo y a un tono que todos mis compañeros pudieran escuchar — ¡Basta amigos! — grité alzando la mano — Ya nos han escuchado — añadí, seguro de que los cantos habían sido más que suficiente indicativo - junto con los pasos del gigante sin duda - para evidenciar la presencia de cada vez más personas aquí. Poco a poco comenzaron a detener la música, las palmas, y las voces, pasando a un murmullo generalizado entre ellos y empezando a tener una conversación plana los unos con los otros, sin separarnos o disgregarnos, manteniéndonos los ciento cincuenta - y uno, conmigo - todos juntos — ¿Tú qué crees colega? — le pregunté a Grigori sobre mi hombro sin obtener respuesta. El cuervo miraba con atención hacia el sendero que se acababa de revelar. Entonces pasé a mirar a mis compañeros — Somos los que más cerca estamos de ese casual nuevo camino, pero vamos a esperar aquí. Dejad que se acerquen otros si quieren, apartémonos a un lado — eso sí fue una orden, levantándome y caminando hacia mi diestra, quedando a veinte metros de la entrada de que se había generado y a cuarenta y cinco y cincuenta y cinco respectivamente de las paredes, a la izquierda de la perspectiva de la boca de entrada demolida.
— Mi prima Mumu una vez se metió en una cueva y se la folló un oso, o eso dice ella. Hay que ser precavido —
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![[Imagen: ZO5XKaj.png]](https://imgur.com/ZO5XKaj.png)
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